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Full text of "Folk-lore español : Biblioteca de las tradiciones populares españolas"

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connecticut 

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CIRCÚLATE 



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This book paper is highly acidic due to the I 

methods and ingredients used in its manufac- 
ture. As a result it has become brittle with age. 
Please handle with care so that information 
will not be lost to future readers. 

A long-range goal of the Library is to pur- 
chase an acid-free reprint or microform copy 
to replace this volume, or to reproduce it in- 
house on acid-free paper. 

Thank you for helping to preserve the Univer- 
sity's research collections. 

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^^FOLK-LORE ESPAÑOL' 



BIBLIOTKCA 



DE LAS 



TRADICIONES POPULARES 

es:p.a.:&ol^^s 



T03X0 III 



El Mito del Basilisco , por Alejandro 
Guichot y Sierra. 

Juegas infantiles de Extremadura, 
recogidos y anotados por Sergio Her- 
nández de Soto. 

De los maleficios y los demonios , de 
Fr. Juan Nyder, siglo xv. Obra verti- 
da del latín al castellano, por J. M. 
Montoto. 



irector: 



)iN10 MACHADO í ALVAUEZ 



AÍADRID 

Lit,í^i:.aLA DE FERNANDO FÉ 
Carrera San Jerónimo , 2 

1884 



EL FOLK-LORE ESPAÑOL 

SOCIEDAD PARA LA RECOPILACIÓN Y ESTUDIO DEL SABER 

Y DE LAS TRADICIONES POPULARES 

l.a Esta Sociedad tiene por objeto recoger, acopiar y publicar todos 
los conocimientos de nuestro pueblo en los diversos ramos de la cien- 
cia ( medicina , higiene , botánica , política , moral , agricultura , etc.); los 
proverbios, cantares, adivinanzas, cuentos, leyendas, fábulas, tradi- 
ciones y demás formas poéticas y literarias ; los usos , costumbres , ce- 
remonias, espectáculos y fiestas familiares, locales y nacionales ; los 
ritos, creencias, supersticiones, mitos y juegos infantiles en que se 
conservan más principalmente los vestigios de las civilizaciones pasa- 
das ; las locuciones , giros , traba-lenguas , frases hechas , motes y apo- 
dos, modismos, provincialismos y voces infantiles ; los nombres de si- 
tios, pueblos y lugares, de piedras, animales y plantas; y, en suma, 
todos los elementos constitutivos del genio , del saber y del idioma pa- 
trios, contenidos en la tradición oral y en los monumentos escritos, 
como materiales indispensables para el conocimiento y reconstrucción 
científica de la historia y de la cultura españolas. 

2.a Esta Sociedad constará de tantos centros cuantas son las regio- 
nes que constituyen la nacionalidad española. Estas regiones, son: 

La Castellana. ( Dos Castillas. ) — La Gallega. — La Aragonesa. — La 
Asturiana. — La Andaluza. — La Extremeña. — La Leonesa. — La Cata- 
lana. — La Valenciana. — La Murciana. — La Vasco-Navarra. — La Ba- 
lear. — La Canaria. — La Cubana. — La Puerto-Riqueña , y — La Filipina. 
Todas estas regiones, verdaderos miembros del Folk-Lore Español, 
contraerán la ineludible obligación de dar cuenta de sus trabajos anua- 
les á todos los centros regionales análogos, á los que remitirán también 
un ejemplar por lo menos de todos los periódicos , revistas ó libros que 
publiquen. A excepción de esta obligación y de la aceptación del fin que 
esta Sociedad se propone , cada centro se constituirá del modo y foirma 
que tenga por conveniente. 

Si dos ó más de las regiones mencionadas, por su homogeneidad de 
dialecto, analogía de costum,bres, condiciones geográficas ó cualquiera 
otra causa análoga, desearan unirse constituyendo un solo centro, po- 
drán hacerlo adoptando un nombre que comprenda los do las regiones 
componentes, como por ejemplo: Extremadura y Andalucía, se deno- 
minaría Bético-Extremeña, etc. 

3.a En la recolección de materiales, todos y cada uno do los centros 
del Folk-Lore que se constituyan, tendrán como principal objetivo, la 
fidelidad en la transcripción y la mayor escrupulosidad en declarar la 
procedencia de las tradiciones ó datos, etc., que recojan, utilizando, 
cuando el estado de sus recursos lo consienta, la escritura musical , di- 



BIBLIOTECA 



DE LAS 



TRADICIONES POPULARES ESPAÑOLAS 



R. D. CORTINA, 

Acaderny cf Unguages, 

Librar fj. 
44 W. 34th ST., N. Y. 



MADKID.— EsT. TiP. DU IIicardo Fe, Cedaceros, 11. 



FOLK-LORE 



BIBLIOTECA 



DE LAS 



TRADICIONES POPULARES 



Es:p^isroiLiA.s 



TO^ÜO III 



Director: ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ 



SEVILLA 

ALEJANDRO GUICHOT Y COMPAÑÍA, EDITORES 
Calle de Teodosio, 63 

1884 






Las obras publicadas en esta 
Biblioteca son propiedad do sus 
autores , y esta edición de los 
Sres. Alcjaudi'O Guicbot y Com- 
pañía. 



LO MARAVILLOSO POPULAR 



EL BASILISCO 



DATOS Y MATEBIALES RECOGIDOS Y ORDENADOS; 

PARA EL ESTUDIO DEL MITO 

POR 

ALEJANDRO GUICHOT Y SIERRA, 

Secretario geneial del Folk-Lore Xni»lnz 



Á jlNTONIO MACHADO Y ÁLVAI^EZ 

* 
(Fundador del Folk-Lore Español) 

Alejandro. 



PROLOGO 



Entre mi oficial y yo 
Hicimos este retablo : 
Si está bueuo lo hice yo, 
Y mi oficial si está malo. 

( Copla popiclar. ) 



El trabajo que verán mis lectores á continuación 
nada tiene de literario ni de original: conducido de 
uno en otro, todo me lo encontré hecho. Su objeto es 
reunir los datos y materiales que he podido acaparar 
acerca de un mito , cuya reconocida importancia es 
muy superior á sus condiciones de amenidad y entre- 
tenimiento. Nada añado por mi cuenta. Mero reco- 
lector, entusiasta por la ciencia moderna, huyo de la 
influencia que aún pugna por ejercer la loca de la casa 
y algunas primas hermanas suyas, quienes pronto 
tendrán que buscar nuevas y lejanas tierras, si no 
quieren ver labrar su estrecha y tranquila sepultura 
en los momentos en que, según la más feliz expresión 
de un querido amigo mío , « acaba el reinado de los 
llamados genios y comienza el de los hombres. » 

Este trabajo, repito, no es otra cosa que la peque- 



10 BIBLIOTECA 



lia parte que le tocaría eu la obra general á cualquier 
obrero d ponófilo, Á otros corresponde ampliar, acla- 
rar y deducir. 

Eu uno de esos días en que revolvía libros y pa- 
peles y ponía á contribución mi actividad para hallar 
nuevos datos y hechos, díjome algún amigo que per- 
día lastimosamente el tiempo al ocuparme en asuntos 
tan triviales. Aplacé la contestación para este mo- 
mento. Y al efecto, llamo su atención sobre las pre- 
guntas con que yo comenzaba en Diciembre del 83 
un artículo encaminado á conseguir la formación del 
centro folk-lórico de la isla de San Fernando; pre- 
guntas que reproduzco y que decían : 

¿Nunca habéis pensado en la'manera y los medios 
de que se vale la abeja para fabricar su panal? 

¿Habéis observado alguna vez cómo la golondrina 
elabora y construye su nido en los aleros y patios de 
nuestras casas? ¿Cómo una á una el avecilla va co- 
locando las bolitas de barro que trae en el pico, sin 
dejar hueco ni vacío, volviendo cada día sobre la 
parte construida y rehaciendo el trozo que se des- 
prende? 

¿Os habéis fijado, tomándola como elocuente lec- 
ción , en la constancia de la hormiga, tan inteligente 
como previsora, para reunir poco apoco el grano de 
trigo, la migaja de pan, la semilla de la flor y el in- 
secto muerto, que le sirven de alimento durante la 
invernada ? 



DEL FOLK-LOBE 11 



¿Os acordáis, acto seguido, de la conocida fabuli- 
11a que comienza 

Cantando la cigarra 
Pasó el verano entero , 
Sin hacer provisiones 
Allá para el invierno ? etc. 

Con esto basta al propósito de un obrero mecánico 
del Fólk-Lore Universal, que^ como institución concre- 
tada á nuestra patria , ha sido llamado « el despertar 
de la conciencia nacional por los más nobles y legítimos 
motivos ; el de archivar las tradiciones que se van con 
la generalización de la cultura, y el de reconstruir la 
historia española, de que el pueblo ha sido factor tan 
importante como olvidado hasta aquí. » 

Sevilla y Mayo de 1884, 



EL MITO DEL BASILISCO 



CAPITULO I. 

Lo que sabe nuestro pueblo acerca del basilisco. 

I. Material folJdórico. — ¿Tiene nuestro pueblo 
idea del basilisco? ¿Conserva memoria de lo que otros 
hombres lian pensado ó creído sobre aquella sabandi- 
ja? Sí; la tiene y la muestra en distintas formas de 
expresión : hay que reconocer la fuerza de la supervi- 
vencia en el cuidado y aun el amor conque unas ra- 
zas trasmiten á otras sus principales legados para 
que se conserven y se enserien de nuevo , sin preca- 
ver nunca puedan ser modificados ó destruidos. El 
pueblo tiene aún en la copla, en la superstición, en 
la frase , los detalles más salientes que caracteriza- 
ban el mito en edades pasadas, donde se creía más 
firmemente la existencia real y las manifestaciones 
de vida orgánica de un ser extraño que la ciencia 
tiene como engendro de lo maravilloso popular. En- 
tremos desde luego en el conocimiento de lo creído y 
pensado sobre el basilisco. Los materiales folklóricos 



14 BIBLIOTECA 



españoles á él relativos no son muclios, pero sí muy 
expresivos. Conocemos tres frases, una copla, una 
adivinanza, una tradición y una superstición. 

II. Frases. — 1.*'^ Estm' liecJio un hasilisco: se 
aplica á la persona que se encuentra airada é inquie- 
ta, que se mueve con insistencia ó intranquilidad. 

2.'^ Tener ojos de hasilisco: dícese del que mira con 
furia ó parece desear penetrar en nuestro interior 
para escudriñarlo. { 1 ) 

3.^ ¡Estáte quieto, hasilisco, demonio coronado! Fra- 
se, consagrada por el hábito, que dirigen las madres á 
los niños, como para reprenderlos, cuando lo revuel- 
ven todo y no dejan títere con cabeza. 

III. Coiüas. — Si yo faera basilisco 
Con la vista te matara, 

Y te sacara del mundo 
Porque nadie te gozara. (2) 

IV. Adivinanza. — No tengo ni tuve madre, 
Yo mismo maté á mi padre , 

Y soy de condición tal, 
Que tiene pena de la vida 
El que yo Uego á mirar. ( 3 ) 

( 1 ) En la sección de xoiropos á los ojos , de la colección 
andaluza que publica Díaz Martín, encuentro uno, cuj'a pri- 
mera parte es irónica , que dice : Mala sangre : miración : hace 
usted más daño que tina rasj^a^en un ojo. 

(2) Citada por Machado y Alvarez en su primer artículo 
de coplas populares. (Bevista de Filosofía, Literatura y 
Ciencias. Sevilla. Año 18ü0.) 

(3) Reproducida en los Ca7itos populares españoles , reco- 
gidos y ordenados por Eodríguez Marín é ilustrada con una 
cita bibliográfica en la pág. 335 del tomo primero. 



DEL FOLK-LORE 15 



V. Tradición. — Preguntando á un hombre del 
pueblo qué sabía sobre el animal que nos ocupa, me 
dijo: «El basilisco es un bicho muy raro y feroz que 
está junto al palacio del Padre Santo en Eoma. » ¿A 
qué se refiere esta tradición? ¿Se sabe algo de ella 
en Italia? 

VI. Siqyerstición. — «Debe matarse al gallo an- 
tes de los siete años ( 1 ) , pues en esta edad pone un 
huevo pequeño y veteado ; lo empolla, saca un basi- 
lisco y muere en el acto. La alimaña mata á la per- 
sona á quien mire , sucediendo lo contrario si la per- 
sona ve primero al basilisco, entonces éste es el que 
muere. » (2) 

VII. Eesumen. — Despréndese del material trans- 
crito las siguientes conclusiones: 1.^ El pueblo an- 
daluz de nuestros días cree como cierta la existencia 
real del basilisco. — 2.a La frase marcada con el nú- 
mero 3 parece indicar relación inmediata entre basi- 
lisco y demonio con corona; relación afirmada por las 
creencias y descripciones de otros tiempos. — 3.a Con- 
cordando entre sí la copla, la adivinanza y la supers- 
tición, afírmase en ellas que aquel animal mata con 



(1) Aunque el gallo es animal de mucha vida, pues se le 
marcan veinte años en estado doméstico, es comente que 
muera joven en virtud de la disipación que experimenta, de- 
dicándose con afán á la reproducción de su especie. 

(2) Esta superstición tiene el número 34 de mi colección, 
comenzada á publicar en El Folk-Lore Andakcz y ampliada 
en el tomo primero de esta Biblioteca, 



16 BIBLIOTECA 



la vista mirando, y es engendrado por el gallo. — 
4.a La tradición asegura que el basilisco vive aún. — 
5.a Para librarse de su terrible influencia y también 
matarlo , hay que verlo antes que él vea. 

CAPÍTULO II. 

Creencias y supersticiones acerca del basilisco 
en oíros pueblos actuales. 

I. Material jóllddrico. — En Portugal, Italia, In- 
glaterra y Francia existen supersticiones que con- 
cuerdan con su homologa la andaluza y demuestran 
la generalización de la creencia popular entre gentes 
que, por las distancias que las separan y sus pecu- 
liares condiciones, no pueden tener fácil comunica- 
ción. 

II. Síipersticiones portuguesas. — 1.a « Los gallos 
en llegando á viejos ponen un huevo , de donde nace 
un lagarto verde (sic) que mata al dueño de la casa. » 
(Recogida con la siguiente en Tafe, Guimaraes y 
Briteiros.) 

2.a « El gallo estando siete años en una casa pone 
un huevo, de donde sale una serpiente. Si ésta mira 
primero al dueño de la casa , el dueño muere. Si su- 
cede lo contrario, la serpiente muere. » ( 1) 



(1) Tradiqoes pojmlares poriugnezas , de Consiglieri Pe- 
droso. (FoUeto VIII. Lisboa. 1881.) 



DEL FOLK-LOEE 17 



3 a « Los gallos viejos ponen un huevo, de donde 
nace un lagarto que mata al dueño de la casa. » (Re- 
cogida en Minho.) 

4.a « El gallo á los siete años pone un huevo, de 
donde sale un bicho malo. » (Recogida en Moncorvo.) 

b.^ « Dice el pueblo que el gallo á los siete años 
pone un huevo, del cual nace una culebra. » (1) 

III. Superstición italiana. — « El gallo cuando pasa 
de la edad de siete años pone un huevo , lo empolla y 
de él nace el basilisco. » (2) 

IV. Superstición inglesa. — « Cuando un gallo lle- 
ga á la edad de siete anos se cree que pone un hue- 
vecito,del que sale, si lo empolla, una implacable 
sierpe llamada basilisco. » (3) 

V. Sujyersticiones francesas. — 1.^ «Las gallinas 
ponen algunas veces un huevo muy pequeño y redon- 
do con el cascarón duro. Es general en Francia la 
creencia de que este huevo es puesto por un gallo vir- 
gen y enterrado por él mismo en el estiércol. (4) Del 



(1) Tradicoes x>opulares de Portugal^ de Leite de Vas- 
concellos. (Pag. 148. Porto. 1882.) La superstición quinta es- 
tá tomada del Livro de Le ¿tur a de Luso. 

(2) Credenze ed usi popolari siciliani de Castelli. (Pa- 
lermo. 1878.) Cit. por Kolland. 

(3) Notes on tke FolJc-Lore of the North-East of Scot- 
land de V. Gregor. ( Pag. 140 del tomo correspondiente á 1881, 
de las publicaciones de la Folk-Lore Society.) Dato y traduc- 
ción que debemos á Machado y . Ivarez. 

( 4 ) Adviértase que las culebras depositan frecuentemen- 
te sus huevos en el estiércol y que este hecho ha podido ejer- 
cer influencia en la misma superstición. 

TOMO in 2 



18 BIBLIOTECA 



huevo sale una terrible serpiente llamada basilisco. 
Si ella os apercibe, sois liombre perdido; pero si le 
miráis primero , ella muere en el instante. » 

2.^ « Se llama coulouohre ó coidóbre (couleuvre) la 
serpiente alada que sale del huevo del gallo. » (Reco- 
gida en Aveyron.) 

3.a «Un huevo de gallo empollado por un ánade 
hembra ó por una oca produce una serpiente. » (Re- 
cogida en el Cabo de Finisterre. ) ( 1 ) 

4.a « Créese que algunos huevos más pequeños 
que los ordinarios son puestos por los gallos. Si una 
gallina los empolla, hace que salgan serpientes. » 

5.a «Si un V Un (reptil) coge un huevo de gallo 
y lo empolla , sale de él una bestia, provista de ojos 
en todo el cuerpo. Si ve á un hombre, este muere in- 
mediatamente ; si por el contrario un hombre la ve á 
ella, revienta al instante. » 

VI. Frácticas supersticiosas en Francia.- 1 .a « Cuan- 
do un gallo pone un huevo, es preciso que el que lo 
vea grite : ¡ basilisco ! ¡ basilisco ! Si el gallo ve pri- 
mero el huevo , sale de él un basilisco , especie de bes- 
tia que come á la gente á quien el gallo pertenece. » (2) 

2.a «El huevo del gallo produce el basilisco ? (3). 



(1) Faunc ijopidairc de la Francc de Kollancl. (Pag. 89 
del tomo sexto. París. 1883. ) 

(2) Traditions et swpcrstitions de la Haiite-Brctagnc 
de SebiUot. (Pág. 136 del tomo segmido. París. 1882.) 

(3) Dice así el texto: L'oeu de jan 2^roduit la cocadri- 
llc, — Jan en la Lombardía es el coq: no hemos hallado la 



DEL FOLK-LORE 



19 



Para encantar el huevo, es decir, para neutralizar 
su influencia maligna, se introduce en el estiércol un 
palo del árbol llamado ojaranzo. » (1) 

VII. Tradición francesa. — «Había una vez un 
basilisco en el fondo de un pozo , y cuanta persona se 
acercaba para sacar agua moría en el acto. Un señor 
de las cercanías que oyó hablar del suceso , hizo cons- 
truir un espejo que colocó sobre el pozo. Miró dentro 
y vio á la bestia que reventó en seguida. » ( 2 ) 

VIII. Besumen. — Del material reproducido se 
desprenden estas conclusiones: 1.^ En los pueblos de 
Portugal, Francia, Italia é Inglaterra se cree tam- 
bién como real la existencia del basilisco. — 2.^ Todas 
las supersticiones afirman que el basilisco sale del 
huevo puesto por el gallo á los siete años y que mata 
mirando. — S.^^- El huevo que produce este animal 
puede ser empollado para el efecto por una gallina 
ánade, oca y v' Un (reptil). — 4.a La segunda supers- 
tición francesa da alas á la serpiente nacida. — 
5.a Para librarse del terrible animal se indican aquí 
cuatro medios: verlo antes que él vea: gritar su nom- 
bre; meter en el estiércol un palo de ojaranzo, y po- 



traducción de cocadrille , que debe ser otro vocablo provin- 
cial. (Jaubert. Glossaire dio centre de la Francc. París. 
1864 y 69.) 

( 1 ) Ojaranzo es un árbol pequeño , de mucha dureza. La 
práctica en que se usa ha sido recogida por RoUand. 

(2) Becogida por Súbillot á un natural del Gouray. 



20 BIBLIOTECA 



nerle un espejo delante para que, viéndose á sí mismo, 
se mate. — 6.a El basilisco vive también en ó al lado 
del agua. 

Si se compara el material folklórico extranjero con 
el de nuestro pueblo , se observará la más exacta co- 
rrespondencia; aumentándose en aquéllas noticias y 
procedimientos para librarse del basilisco y los rela- 
tivos á su generación. 

CAPÍTULO III 
£1 nombre basilisco en nuestros dias. 

I. Etimología. — Basilisco viene del sustantivo 
griego hasilishos, que significa reyezuelo, por ser di- 
minutivo de Basileiis ó rey. ¿Por qué se le aplicó este 
nombre al fabuloso animal? T¿il vez por el pretendido 
poder que se le atribuía y la extraordinaria fuerza de 
que se le creía dotado , apareciendo como rey de to- 
dos los animales , ó porque se le señalaban en la ca- 
beza unas eminencias , á modo de corona. 

Pero no solo se nombra al basilisco con su nombre 
propio , sino que también , en todos los escritos que he 
examinado, se le aplican, por semejanza con la es- 
tructura de su cuerpo y algunas de sus propiedades, 
vocablos distintos, tales como ser^nenfo, sahanclija^ 
culebra, lagarto, fiera, hostia y hicJio, siquiera sea este 
Último nombre aplicable metafóricamente , en núes- 



DEL I*OLK-LORE 21 



tro país al menos , á todo ser ó cosa que cause re- 
pugnancia ó se oponga á las reglas de estética que 
se tenga trazadas el observador. 

Y en efecto, decimos, hiclio malo, hiclio feo, y ¡va- 
liente hiclio! de toda persona, animal, y aun cosa que 
nos causa repugnancia ó daño ó está mal conforma- 
da: (1) conformación mala, añado, que solo existe 
en un convencionalismo, más ó menos general, dado 
que en la Naturaleza nada hay deforme, ni se en- 
cuentra razón para juzgar así, en absoluto, de cosa 
alguna. 

II. — Elnomlre en otros idiomas. — La voz basilis- 
co figura en algunos idiomas y dialectos modernos 
europeos con un mismo significado y construcción 
semejante; liecbo que corrobora la supervivencia del 
nombre , y , por lo tanto , del mito antiguo á que se 
refiere. 

(Confírmase por el cuadro que sigue : 

Griego. — Basilis'kos, 

Latín — Basiliscus. (Bégulus — rej^eznelo. ) 

Portugués — Basilisco. 

Italiano. — Basilisco. 

Francés. — Basilio. 



(1) '¥A Diccionario de la loigua castellana, de la Aca- 
demia Española, (Madrid. 18C9. 11.* edición), dice: a Bicho 
es sustantivo masculino que se da á las sabandijas ó animales 
pequeños. Bicha es femenino anticuado. Metafóricamente se 
aplica la palabra bicho á la persona de figura ridicula. La 
ñ-ase mal bicho se refire á la persona que es mal inclinada y 
enredadora, » 



22 BIBUOTECA 



Inglés. — Basilislc. ( 1 ) 
Alemán. — Basilislc. 

Y también: 

Catalán — Basilicli. 
Jitano. — Bengojí. ( 2 ) 

CAPÍTULO lY 
Aplicaciones del nombre basilisco. 

I. La gen'eralimción del nomlre. — Aún no se re- 
duce á lo anterior, ó sea á los elementos que conser- 
va nuestro pueblo y el de otros países del mito y ma- 
nifestación de su nombre , lo que se sabe y existe en 
nuestros días acerca del basilisco. Su nombre, casi 
umversalmente entendido, tuvo y tiene variadas 
aplicaciones en las ciencias , conociéndose por él seres 
y cosas reales de opuesta índole. Yéase á continua- 
ción lo que lie podido averiguar sobre esta fase. 

II. Arte é industria militar. — Basilisco es una 
antigua pieza de artillería, muy larga y de crecido 
calibre. A este propósito cito un manuscrito existen- 
te en la Dirección General de la Guerra en Francia, 
el cual , hablando del ataque dado en 1556 por el em- 
perador Fernando contra los turcos sitiadores del 



(1) En inglés Uámaso también cocTiatricc el mismo 
animal. 

(2) Vocabulario del dialecto jitano^ por Augusto Jimé- 
nez. (Sevilla. 184G.) 



DEL FOLK-LORE 23 



castillo y villa de Siget, dice: «entre la gruesa arti- 
llería que llevaba el emperador había tres hasiUscos, 
que lanzaban balas de 66 libras , pesando cada uno 
de ellos 7.500 libras. » (1) 

Además, me informan de que entre los cañones 
que remitió á Madrid el general O'Donnell (D. Leo- 
poldo), cogidos á los moros en la guerra de África, 
había algunos basiliscos , que estuvieron algún tiem- 
po en la plaza del Museo de Artillería. 

III. Astronomía. — Llámase basilisco á la her- 
mosa estrella fija, conocida también por corazón de 
León, que pertenece á la constelación primaveral de 
este nombre. (2) 

ly. Blasón. — He visto en un diccionario enci- 
clopédico la afirmación de que la vigilancia y el pres- 
tigio se simbolizan en Heráldica con la figura del 
animal tantas veces nombrado. Dudaba fuese esto 
cierto, y al efecto, consultando con persona perita, 
hube de saber que los autores heráldicos , que tra- 
tan en determinados capítulos de figuras quiméricas 
como el águila de dos cabezas, el dragón, la hidra, 
la sirena, el centauro, el argos, la harpía y otras (3), 



(1) Etudes sur le 2)<^ssé et V avenir de V artillerie. Obra 
comenzada á escribir en el ñierte de Ham por el Príncipe Na- 
poleón Luis Bonaparte , después último Eey de los firanceses, 
cuando era prisionero en Mayo de 1846. 

(2) Así lo dicen algunas enciclopedias. 

( 3 ) Fácihuente se comprenderá la importancia de un es- 
tudio particular de cada uno de los animales quiméricos nom- 



24 BIBLIOTECA 



no mencionan particularmente al basilisco , cuya fi- 
gura en Heráldica es un cañón de gran longitud. 

y. Botcmica. — «Basilisco es una planta labiada 
de los indios, anua, olorosa, cordial, cefálica, que 
tiene la virtud de alejar las hormigas.» (1). Equi- 
vocado ó mal interpretado debe estar lo transcrito, 
pues el nombre tal y como él es , no he podido hallar- 
lo utilizado en botánica, después de haber consultado 
varias obras acl Jioc. Tan solo se hace constar en ellas 
la planta anual que clasificó Linneo Ocymiim hasili- 
ciim, originaria de la India. (2) 

yi. Farmacia. — Mal guiado, creí se utilizaba 
el nombre basilisco en la Farmacia: mejor informado, 
supe que «se conoce un ungíiento real, soberano hasi- 
licon ( nombre que comparte con otras drogas á que 
se atribuyen virtudes extraordinarias) que servía 
para favorecer la formación del pús: los antiguos bo- 
ticarios lo vendían bajo la denominación de letra- 
píw.rmacon, voz que significa cu2itro drogas, porque se 
componía de resina de pino, pez negra, cei'a amarilla 
y aceite de olivas. Hoy ya no está en uso. » (3) 

yil. Historia. — El nombre que nos ocupa lo ha 



brados , cuyo estudio constituye una rica mina de conocimien- 
tos, toda\áa no explotada suficientemente. 

(1) Primer Diccionario general etimológico déla lengua 
española^ por Boque Barcia. (Madrid. 1880-83.) 

(2) Los tres reinos de la naturaleza (pá<?. 331 del tomo 
octavo. — Madrid. 1857.) LaCreación. Historia natural (pá- 
gina 434 del tomo sétimo. — Barcelona. 187G.) 

(3) Tomado del Diccionario de Larousse. 



DEL FOLK-LORE 25 



tenido un rey. Zenón el Isaurio, regente y luego em- 
perador de Oriente, fué destronado en 475 por Basi- 
lisco, hermano de la suegra de Zenón. Habiendo re- 
cobrado éste el trono, en el mismo año, condenó á 
Basilisco y su familia á morir de hambre , dentro de 
una cisterna. (1) 

VIII. * Zoología. — Varios animales de existencia 
real que figuran entre las aves, peces y reptiles, se dis- 
tinguen con el nombre de basilisco ó ana equivalen- 
cia suya. 

En el género de los pájaros hay un ave pequeña 
llamada Beyezuélo. 

También hay un pescado de mar nombrado hasilis- 
co. ¿Pertenecerá al género Sauro, familia de los sal- 
monoideos , de los peces malacopterigios abdomina- 
les? Y se pregunta esto, porque el sauro común 
(Saiinis lacerta de Eisso ) se conoce en Canarias con 
el nombre de lagarto ele tierra, y, á mayor abunda- 
miento , el Saiinis myoi)s de Valenciennes se conoce 
por lagarto de la Martinica. (2) 

En los reptiles saurios ó lagartos, familia de los 



(1) Así lo vemos en Los héroes y las grandezas de la 
¿-¿e?*?-», por el doctor D. Manuel Ortiz déla Vega. (Madrid. 
1856.) La. fecha marcada en el texto, relativa á la lucha de 
Zenón y BasiHsco, es la que señaló razonadamente Murato- 
ri , erudito archivero de Módena , de principios del siglo pa- 
sado. 

(2) Los tres reinos de la Naturaleza, por una sociedad 
de naturalistas (pág. 633 del tomo quinto. — Madrid, 1855.) 



26 BIBLIOTECA 



dendrobates ó trepadores , figura el genero Basilisco 
con el Basíliscus miirahis ó de capucha, y el Basüiscus 
vUtaüís, habitante el primero ele la Martinica y Gu- 
3^ana, y el segundo de Méjico. 

¿Tiene alguno de estos reptiles los caracteres dis- 
tintivos del célebre animal? ííinguno. Ni entre ellos, 
ni entre todas las clases zoológicas, hay un represen- 
tante siguiera que se iguale con el animal fabuloso. 

CAPÍTULO V 

Representaciones artísticas del basilisco. 
Paréntesis. 

I. El basilisco díhujado, — Cuantas indagaciones 
he hecho para hallar representaciones de aquel ani- 
mal, han sido casi infructuosas, pues lo único que 
encontré es el dibujo que más adelante aparece gra- 
bado, y cuyo examen dejo para el momento oportuno. 
Parece anómalo que habiendo sido el basilisco moti- 
vo de tantas preocupaciones, y tan traído y llevado 
en letras de molde, en todos tiempos, se carezca de 
representaciones gráficas y corpóreas de él, cuando 
con tanta profusión se repiten sus descripciones á plu- 
ma. Por esto, natural es preguntar si existen dibujos 
ó modelos del basilisco, que, al existir, deberán ser 
poco conocidos. 

II. Pregunfas. — ¿Hay en bellas artes alguna 



DEL POLK-LORE 27 



muestra del animal, ora como lo pinta la antigua 
tradición, ora diferente? No sería extraño que en 
los Museos de pintura y escultura se conservasen una 
ó varias, aisladas ó formando parte de un cuadro ó 
grupo modelado. Tampoco lo sería hallar una simple 
composición ó ejecución artística del basilisco como 
accesorio en la decoración de muebles y utensilios 
antiguos ó en la ornamentación arquitectónica de 
ciertos estilos, alternando con los adornos y figuras 
quiméricas y mitológicas de frisos, columnas y zóca- 
los. Los artistas y arqueólogos, pueden dar luz al 
asunto. 

La estampería popular es probable tenga el dibu- 
jo, más ó menos grotesco, del basilisco en alguno de 
los llamados j?;?ieí/05 de estampas, viñetas de antiguas 
publicaciones ó láminas para cuadros con cristal. Yo 
recuerdo perfectamente, entre otras, dos láminas li- 
tografiadas intitulada la primera la muerte del justo ^ 
que se halla rodeado de sacerdotes y gerarquíns y 
grupos de ángeles, apareciendo en último término la 
Trinidad cristiana entre nubes , y la segunda la muer- 
te del pecador. En ésta , si bien no aparece la figura 
del basilisco, hay, en cambio, una serie tal de UcJia- 
rracos, demonios y monstruos, que circundan el le- 
cho mortuorio , que acude sin querer la risa á los la- 
bios del observador, y el pavor más cómico á los fa- 
náticos que contribuyen al comercio con la ignorancia 
y la infelicidad entre gentes, azás desgraciadas, que 



28 BIBLIOTECA 



les lian imbuido la existencia, no de uno, sino de dos 
seres todopoderosos , de los cuales , el malo puede mu- 
chas veces más que el hueno. 

Según me informan, si mal no se recuerda, hace unos 
cuarenta anos se veía el dibujo del basilisco en unos 
jeroglíficos místicos de la vida de San Antonio, san- 
to muy popular, que tiene gran prestigio en el ramo 
de la superstición y lo maravilloso. Dícenme también 
que algunos viejos romances triiían á nuestro animal, 
á modo de caricatura, á la cabeza del texto, y que lo 
representaban «con cabeza de sierpe, boca abierta, 
lengua lanceolada, garras de león ó tigre, alas de 
murciélago y cola enroscada que terminaba como 
tridente neptuniano. » ( 1 ) Pero en esta descripción 
creo se confundía al dragón con el basilisco. 

III. Paréntesis — En el siguiente capítulo conti- 
nuaré la recopilación y estudio de lo que dicen las 
fuentes escritas, que me ha sido dable consultar, 
acerca del basilisco, anteponiendo los recopiladores 
de nuestro siglo á los naturalistas, con objeto de acu- 
mular todos los datos necesarios y conocer lo que la 
ciencia pronuncia sobre la pretendida existencia real 
de tan extraño ser. Después nos ocupará el conoci- 
miento de lo sabido y pensado en siglos anteriores al 
XIX, descendiendo gradualmente hasta llegar al lí- 



( 1 ) Esta noticia me la comunicó , entre datos y citas 
muy aprcciables, el ilustrado catedrático y distinguido amigo 
mío, Sr. D. Romualdo xVlvarez Espino. 



DEL FOLK-LORE 29 



mite que la propia insuficiencia me traza; límite en 
el que se cree ver algo más allá, no siendo, por tanto, 
las columnas de Hércules, que otros más avisados y 
emprendedores rebasarán. 

Ahora bien, como al pueblo de los siglos pasados 
no podemos oirle, ni él nos lia dejado otro testimo- 
nio, (1) que conozcamos al menos, que la tradición, 
ya recogida, hay necesidad de tomar lo que consta en 
los escritos de otros tiempos, examinar los libros, pa- 
ra conseguir el propósito. Las mismas palabras que 
han usado los escritores, comentadores y copistas, 
nos servirán y auxiliarán ; de unos en otros , ya he 
dicho, somos conducidos por la mano; todo lo tene- 
mos hecho. 

CAPÍTULO VI 

Qué dicen las fuentes escritas de nuestros dias 
sobre el basilisco. 

I. Los recoinladores del siglo XIX. — Lo En 
nuestro Diccionario la palabra basilisco tiene sencilla 
explicación. «Animal fabuloso, dice, al cual se atri- 
buye que mata con la vista.» (2) 

2.0 « Los cazadores, dicen, se servían para coger 



(1) Se comprenderá desde luego que tales palabras del 
texto refiérense únicamente á lo relativo al basilisco. 

(2) Diccionario de la lengua castellana ^ de la Acade- 
mia. (Undécima edición.) 



30 BIBLIOTECA 



al basilisco de un espejo , en donde , desde que el animal 
llegaba á mirarse, el efecto del veneno obraba sobre 
él mismo. Algunos charlatanes , que vivían á expen- 
sas de la credulidad pública, daban alas Eayas pe- 
queñas la figura que es atribuida al dragón, y, des- 
pués de disecadas y barnizadas , las vendían por ver- 
daderos basiliscos: de estas preparaciones fraudu- 
lentas, no faltaban ejemplares en todos los gabinetes 
de curiosidades. Aldrovando y Seba lucieron dibujar 
este ser extraordinario , que , según todavía creen al- 
gunos, nace de los huevos de cascara blanda, de- 
puestos, según dicen, por un gallo vetusto; pero tales 
puerilidades no son propias js, de la ilustración de 
este siglo: dejemos á un lado los tremebundos basi- 
liscos de la crédula antigüedad, toda vez que los ver- 
daderos son unos animales muy inocentes. » ( 1 ) 

3.0 «El basilisco es un animal fabuloso, cu3'a mi- 
rada era mortal. En los salmos hállase colocado como 
animal malhechor al lado del áspid, el león y el dra- 
gón. Entre los hombres rudos de Francia y todo el 
centro de Europa, se encuentra aún la creencia de que 
los gallos viejos suelen poner un huevo que produce 
una especie de basilisco. Usóse este nombre cuando se 
quería evocar el recuerdo de los monstruos, y se en- 
tendía que era una especie de dragón en miniatura, 
cuya mordedura, siempre mortal, era no obstante 



(1) Enciclopedia moderna, publicada por Francisco de 
P. Mellado. (Tomo cuarto. Madrid. 1851.) 



^DEL FOLK-LOEE 31 



menos temible que la mirada. El poder fatal de ésta 
quedaba neutralizado si, antes que él viese, se le veía. 
Cualquier animal sobre quien se posaba la mirada del 
basilisco^ caía como herido por un rayo. Todavía po- 
dían volverse contra el mismo reptil los fatales efec- 
tos de su mirada , para lo cual bastaba con presentar- 
le un espejo, porque apenas percibía su propia figura, 
reflejada por el metal ó el vidrio, caía muerto. Creían 
también algunos que las mujeres se hallaban libres 
de sus ataques, hasta el punto de poderles coger vi- 
vos sin peligro alguno. Felizmente los basiliscos 
no fueron nunca muy comunes ; porque como la opi- 
nión general les hacía nacer de un huevo de gallo, 
incubado por un sapo, ni los gallos que pongan hue- 
vos son frecuentes, ni dejan de ser cosa rara los sapos 
incubadores. Sea de esto lo que quiera, veíanse basi- 
liscos en los gabinetes de ciertos pretendidos sabios y 
aun de aquellos farmacéuticos que decían componer 
con ellos sus medicamentos más maravillosos» (1). 

4.0 « Los artistas de la Edad Media representa- 
ban al basilisco bajo la forma de un gallo con cola de 
dragón, que, según algunos Padres de la Iglesia, era 
la imagen de la mujer desenfrenada, porque solo su 
vista bastaba para corromper» (2). 

5.0 «Aquel basilisco que era tan célebre, así en- 

( 1 ) Grand dictionnaire enciclopediqíie du XIX sicclc, 
por Pedro Larousse (pág. 308 del tomo segundo.) 

(2) Diccionai'io etimológico é histórico de ¿os prover- 
bios f.'anceses , por Pedro M.* Quitard. (1842.) 



32 BIBLIOTECA 



tre los antiguos como en la Edad Media, nos es hoy 
completamente desconocido, ó al menos no se puede 
establecer relación alguna entre él y el Basüiscus nii- 
tratus^ pequeño reptil que se encuentra en la Guya- 
na (1). El basilisco de los autores antiguos lanzaba 
por sus ojos el fuego y la muerte, con tal violencia, 
que si se le ponía delante un espejo, la reflexión de su 
propia mirada le hacía morir al punto. Su aliento 
bastaba para asfixiar, ninguna planta podía vegetar 
cerca de su madriguera, y sus trozos, colgados en un 
templo , preservaban á éste de las telas de araña y 
nidos de golondrinas. Este terrible monstruo tenía 
miedo, sin embargo, á la comadreja y, sobretodo, al 
canto matinal del gallo. De varios modos se ha repre- 
sentado al basilisco. Unos le figuran bajo la forma 
de una serpiente con ó sin alas ; otros le dan cabeza, 
cuello y patas de gallo, atendiendo á que se le supo- 
ne nacido de un huevo de gallo, empollado por un 
sapo. En algunos monumentos se le ve con alas de ma- 
riposa. Cuentan que habiéndose declarado un basilis- 
co campeón de una ciudad sitiada por Alejandro el 
Grande, se puso entre dos piedras de la muralla, y 
empezó á mover sus ojos, de tal suerte, que desde 
allí mató á doscientos macedonios que tenían la vista 
fija en aquel punto» (2). 



( 1 ) Eecuérdese lo dicho en el par. VII clcl capítulo cuarto. 

(2) Dictionnaire des stqjcrstitioiis , crrcurs ct 2J?Y|y?¿^fs 
jjojjulaires, por Chesncl. 



DEL FOLK-LOEE 33 



II. Los naturalistas. — Todos los que he podido 
consultar están conformes en afirmar que el basilisco 
es animal fabuloso, no Scxbiéndose á qué especie refe- 
rirlo. Sin embargo, ha habido algunos que se aparta- 
ron de la opinión común; pudiéndose contar entre ellos 
al doctor Tilomas Brown (1) quien, esforzándose por 
hallar una explicación á la facultad atribuida al basi- 
lisco de matar con su mirada, y á pesar de haber es- 
crito una obra sobre los errores del pueblo con objeto 
de combatirlos, parece que se declara partidario déla 
existencia real del basilisco. Véanse sus palabras: 

« Si es verdad que con frecuencia son transporta- 
dos por el aire, á grandes distancias, diversos áto- 
mos pestilenciales; si se han visto hombres y poblacio- 
nes enteras ser infestadas desde lejos; si la sombra 
de algunos árboles es funesta ; si los torpedos tienen 
la facultad de herirnos por efecto de un contacto ape- 
nas sensible; ¿podría dudarse que á más de los vene- 
nos groseros y materiales , que solo obran por contac- 
to, puede haber otros más delicados y sutiles, cuyas 
rápidas emanaciones no reconozcan esta ley? No es, 
pues, imposible que el veneno que salga de los ojos de 
un basilisco mate á cierta distancia á un hombre, 
aunque no todos los autores convienen en este hecho, 
pues algunos atribuyen la muerte á su aliento y otros 
á su mordedura. Yo estoy por creer que los rayos vi- 



( 1 ) Citado y copiado por Chesnel. 

TOMO III 



34 BIBLIOTECA 



suales de sus ojos se cargan de la porción más sutil 
del veneno, alcanzan los ojos del espectador, atacan 
primero su cerebro y después su corazón, lo cual trae 
necesariamente la muerte. » 

En oposición de io que creen y dicen los que pode- 
mos llamar partidarios del basilisco, aparecen las 
opiniones de cuantos autores se citan en los capítulos 
anteriores á éste y el fallo de naturalistas distingui- 
dos. He aquí lo que dice una sociedad, de los mismos: 

«Con el nombre basilisco, idearon los antiguos 
griegos y romanos un monstruo horroroso (1) en 
figura de serpiente, dotado de fuerzas sobrenaturales 
y engendrado contra las leyes de la naturaleza ; el 
gallo, la serpiente y el sapo eran considerados como 
sus progenitores: la gallina ponía huevos disformes 
y la serpiente y el sapo los recogían para incubarlos. 
Tan absurdos cuentos no han dejado de encontrar 
gentes crédulas , no sólo entre los profanos, sino tam- 
bién en los llamados hombres de ciencia. Lutero tam- 
bién (y en éste es menos de extrañar) empleó el nom- 
bre del basilisco para traducir algunos pasajes oscu- 
ros del Antiguo Testamento, sobre todo al hacer 
ciertas citas de Jeremías y de Isaías. Difícil sería 
averiguar hoy á qué clase de animales se podían refe- 
rir esos profetas; mas es lo cierto que la zoología mo- 



(1) Paréceme temeraria la afirmación desque el mito, si 
lo es , ha sido ideado por romanos ó griegos. Estos ya del)ie- 
ron hallárselo formado; habrá que buscar su origen más lejos. 



DEL FOLK-LOEE 35 



tierna se ha apropiado un nombre tan conocido j cé- 
lebre desde muy antiguo, como no ha desdeñado tam- 
poco los de antiguos dioses, héroes, ninfas y otros 
abortos de la fantasía » ( 1 ). 

El conde de Buffón escribió acerca del basilisco fa- 
buloso lo siguiente: 

« La ignorancia se ha servido de este nombre para 
designar un animal terrible que á veces se ha presenta- 
do como una culebra, y á veces como un dragón peque- 
ño y cuya vista penetrante privaba de la vida. Islada 
hay más fabuloso que este animal^ del cual se han es- 
parcido tantos cuentos ridículos, á quien se han atri- 
buido tantas cualidades maravillosas, y cuya repre- 
sentación sirve todavía para hacer admirar, en manos 
de charlatanes, á un pueblo ignorante y crédulo^ la piel 
seca de una Eaya, contorneada de un modo caprichoso, 
decorándola con el nombre famoso del animal quimé- 
rico.» Y añade, hablando de la especie basilisco real: 
« El lagarto basilisco que habita en América, lejos de 
matar con su vista como se dice del animal cuyo nom- 
bre se le ha dado, debe ser mirado con gusto, cuando, 
animando la soledad de los inmensos bosques de Amé- 
rica, salta con rapidez de rama en rama, etc. » (2). 

III. Besumen. — Las fuentes escritas de nuestros 



(1) La Creación. Historia natural, por una sociedad de 
naturalistas, bajo la dirección de Vilanova y Piera (pág. 50 
del tomo cuarto. — Barcelona. 1874.) 

(2) Ohras completas de Buffón. Historia Natural (pá-^ 
gina 199 del tomo XIV. Madiid. 1843.) 



36 BIBLIOTECA 



días, en conformidad con la tradición oral, amplían 
los detalles relativos al mito. En algunas de ellas se 
leen noticias , nuevas para nosotros , como la que dice 
que las mujeres se hallaban libres de los ataques del 
basilisco, y si por ellas liubiéramos de prestcirle parti- 
cular atención, así como á otras que se refieren á la 
extensión de la creencia , por otras razones no se la 
prestamos, consistiendo la primera en que no se sabe 
á qué primitiva fuente acudieron los recopiladores 
para insertar las especies que se apartan del cuerpo 
de la creencia común en todos los tiempos; y la se- 
gunda, en que los autores griegos y romanos, lejos de 
extenderse en el estudio del basilisco, sólo dan des- 
cripciones sucintas y parece como que tienen poco 
material de que disponer. ¿Es que entonces se sabía 
menos respecto de aquel animal? Evidentemente no. 
Otras serán las causas. Tal vez sea una de ellas que 
la tradición ha ido engrosando y modificándose, aun- 
que levemente, por los distintos pueblos que ha atra- 
vesado , y ha ido tomando más carácter local en con- 
sonancia con la vida que rodeaba á los narradores. 
Acerca de los naturalistas nada hay que añadir. 



DEL FOLK-LORE 37 



CAPITULO VII. 
El basilisco en el siglo xviii. 

I. Saher2)opuIar. — Según el testinmnio del Padre 
Feijóo, el vulgo creía en su tiempo que el gallo ancia- 
no ponía un huevo , del cual nacía el basilisco. Tal 
creencia la combate aquél al hablar de los animales fa- 
bulosos, teniéndola como cuento de viejas. « Si la vejez 
del gallo, dice, nos hiciese tan mala obra y el basi- 
lisco fuese tan maligno como se pinta, 3- a q\ mundo 
estuviera poblado de basiliscos y despoblado de hom- 
bres. Es verdad que el gallo, en su última vejez, pone 
un huevo (1); pero es falso que este huevo sea de tan 
malas consecuencias como aquel que, según la fábula, 
puso Leda, mujer de Tíndriro^ y del cual nació la fa- 
mosa Helena, verdadero basilisco de aquella edad.» 

II. Los recojñlaclores. — l.o «Xo me opongo á 
que haj^a una sabandija llamada basilisco de tan ac- 
tiva ponzoña, que con solo el vapor que exhala infi- 
cione á alguna distancia ; que sea enemiga de toda la 
naturaleza, que tale los campos, marchite las selvas, 
rompa los pedernales, ahuyente ó mate todos los ani- 
males ponzoñosos (exceptuando únicamente la coma- 
dreja, que dicen le acomete intrépida; pero quedan 



(1) Paréeeme que Feijóo está en un error: el gallo no 
pone huevos. Los naturalistas dirán. 



38 BIBLIOTECA 



entrambos muertos en la batalla, como Petreyo y 
Juba) : que tenga en la cabeza una especie de corona, 
por cuya razón se llama Eégulo, como en señal de su- 
perioridad á todos los demás vivientes venenosos; 
pero negaré constantemente, por más que lo afirmen 
muchos autores, que mata con la vista y con el silbo. 
La vista no es activa, sino dentro del propio órgano; 
el objeto le envía especies, pero ella nada envía al 
objeto. El silbo tampoco imprime cualidad alguna, ni 
en el ambiente, ni en otro cuerpo; solo mueve el aire 
con determinadas ondulaciones, las cuales, propagán- 
dose, llegan á producir un movimiento semejante en 
el tímpano del oído. Con más razón se debe repudiar 
como falso que esta sabandija sea veneno de sí misma, 
mirándose en un espejo, como algunos quieren decir, 
pues sobre la imposibilidad de que la vista mate, se 
aííade la de que sea al sujeto propio. 

» La fábula del basilisco puede ser que liaj^a en- 
gendrado la de la catoblepa, que es correlativa suya 
en la ponzoña, porque así como los ojos del basilisco 
matan á quien miran, los de la catoblepa matan á 
quien los mira. Esto es lo que dice Plinio^ aunque al- 
gunos autores modernos, citando infielmente á Plinio, 
la atribuyen la misma actividad que al basilisco de 
matar mirando: entre los cuales Tracastorio la en- 
grandece tanto, que dice que á mil pasos de distancia 
son mortales las heridas de sus ojos. jOh, cuantos 
mayores monstruos produce el hombre en su fanta- 



DEL POLK-LORE 39 



sía, que la naturaleza en los desiertos del África! 

» Añade Feijóo que en la Biblioteca regia de Ma- 
drid se encontraba un basilisco artificial, aunque el 
vulgo creíalo natural» (1). 

2.0 Gaspar de los Eeyes (2) cita á un tal Porta, 
que decía era colega del Sacro colegio , y de él copia 
que estando Alejandro en el sitio de una ciudad de 
Asia, un basilisco, anidado en un agujero del muro 
frente al ejército, le mató con su vista mucha gente, 
habiendo día que morían 200 soldados. Feijóo niega 
el hecho , y se apoya en que ninguno de los famosos 
escritores de las conquistas de Alejandro (Plutarco, 
Arriano y Quinto Curcio), lo refiere; en que es creen- 
cia peregrina considerar al basilisco como habitante 
del Asia, porque los naturalistas le suponen indíge- 
na del África, restringiéndolo algunos á la provincia 
de Cirene; y en que aquella historia es tan verdad 
como la contenida en x^berto Magno, acerca de los 
dragones metidos entre unos montes de Armenia que, 
inficionando el ambiente á larga distancia, mataban 
muchos caminantes. 

3.0 El autor de quien se copia el grabado que 
hago público, estudiando la historia natural contenida 



(1) Teatro crUicG ítniversal , por fray Benito Jerónimo 
Feijóo y Montenegro (págs. 36 y 87 del tomo segimdo. Ma- 
drid. 1779. Edición de Ibarra.) 

(2) Citado por Feijóo. — Ignoro quién es Gaspar de los 
Eeyes y las obras qne escribiera. 



40 BIBLIOTECA 



en la Biblia, en la sección de reptiles, compuesta por 
la culebra, serpiente, cerasta (ó serpiente de dos 
cuernos en la frente), víbora, áspid, basilisco y dra- 
gón, nos da nuevos datos y algún otro punto de vis- 
ta. «El basilisco, dice, de quien el rey profeta lia 
lieclio mención, también es nombrado en Jeremías 
que amenaza á los judíos con enviarles las ser- 
pientes y los basiliscos contra los cuales los encan- 
tadores no tienen poder alguno, y cuyas mordedu- 
ras causan la muerte. El sabio , condenando los ex- 
cesos del vino, dice que ellos producenel mismo efecto 
que la mordedura de la serpiente , contienen un ve- 
neno maiy peligroso que es el mismo del Basilisco. 
Isaías declama contra los judíos que se obstinan en 
retirarse á una tierra de aflicción y de miseria, don- 
de viven el león y la leona, la víbora y el basi- 
lisco.» 

Continúa Joly con la recopilación de lo dicho por 
autores antiguos acerca del animal en cuestión, cuyos 
autores y textos se incluirán con arreglo á orden 
cronológico , en la serie de estos capítulos. Y luego 
termina: «Los modernos han considerado al basi- 
lisco como un animal fabuloso. Mas después que la 
Escritura ha hecho mención de él, como de un rep- 
til existente, que es nombrado con los otros ani- 
males dañinos, su existencia es incontestable, Si no 
se encuentra en los gabinetes de curiosidades natu- 
rales, es por la rareza de la especie y el peligro de 



DEL FOLIv-LORE 41 



acercarse á él, que no permite cogerlo. Dios ha per- 
mitido que este monstruo lance dos ó tres gritos 
cuando sale de su caverna, á manera de lamentos, 
que inspiran tal terror, que ponen en huida á to- 
dos los animales. ¿Cabe en lo posible que un viajero 
curioso se acercase á él para estudiarlo?» ( 1). 
III. Beswnen. — De los textos copiados en este 
capítulo se deduce, en primer término, que el pueblo 
del siglo pasado tenía acerca del basilisco la misma 
creencia supersticiosa que el del actual, y, después, que 
las opiniones délos autores se encontraban divididas. 
Así mientras Feijóo se esfuerza en probar, con racio- 
nal criterio, que'la cualidad maravillosa atribuida al 
basilisco no existe, dando á este animal caracteres 
ordinarios, y deseando hacer ver que su existencia y 
manifestaciones de vida no pugnan contra las leyes 
de la naturaleza, á fin de no verse precisado á ne- 
garlo, Joly, por el contrario, apoyándose en la Biblia 
é inspirado en el criterio propio de su clase y con- 
dición , admite el basilisco con todas las cualidades 
que la tradición y lo maravilloso le señalan. En este 
lugar es donde podemos distinguir con más claridad 
la diversidad de opiniones apuntada, mejor que en los 
pareceres de algunos escritores de nuestros días, 
puesto que hoy , dejando á un lado algún que otro vi- 



(1) La GeograjjJiie Sacrée et les momiments de V his- 
toire sainte. — Cartas del P. capuchino Josepli-Ilomain Joly 
(págs. 855 y 356. París. 1784.) 



42 BIBLIOTECA 



sionario que sigue lo que vio escrito , sin estudiarlo, . 
la ciencia y la razón no sólo quitan al basilisco sus 
cualidades maravillosas, sino que tienen que negar 
también su existencia real. Y esto es tan cierto, que 
la evidencia de los lieclios así lo demuestra.- hoy ni 
existe, ni se conoce, ni, por tanto^, aparece en la es- 
cala zoológica el fabuloso animal. 

Mas, como varios de los autores citados y copiados, 
citan y parafrasean á su vez ciertos pasajes de la 
Biblia donde se nombra el basilisco, no estará fuera 
de lugar que veamos lo que en ésta se contiene, al 
menos en los sitios que he podido consultar, no obs- 
tando esto para que en otros que yo no conozca, se 
pueda nombrar también á nuestro asendereado ba- 
silisco. 

CAPÍTULO VIII 
El basilisco en la Biblia. 

I. Beyes y profetas que lo citan. — David, Salo- 
món, Isaías y Jeremías, según nos lo demuéstrala 
Yulgata (1), no solo nombran al basilisco, sino que 
también sus palabras parece le restituyen su maravi- 
lloso poder, acentuándolo el mismo traductor en los 
comentarios é interpretaciones que escribe. Veámoslo 
á continuación : 



(1) La Santa Bihlia, traducida de la vulgata latina, 
por el P. hielo. (Madrid. 1852-54.) 



DEL FOLK-LORE 43 



II. JEl libro de los Fsalmos. — (1) Sujoer aspídem, 
et hasiUsmm amhulaMs: et concidcabis leoneni^ et draco- 
nem. — Sobre el áspid y el basilisco andarás y pisarás 
al león y al dragón. — Y anota el traductor: « Esto 
se ha verificado á la letra con muchos santos, á quie- 
nes el Señor dio dominio sobre las bestias más crue- 
les y feroces;.... Por basilisco se entiende aquí una 
especie de serpiente muy venenosa. » 

III. El libro de los Proverbios. — (2)'.... et sicut 
regulas venena diffiíndet.... — y derramará veneno co- 
mo basilisco. — 

ly. La profecía de Isaías. — (3) In térra tribii- 
¡ationis et angusiice le^ena, et leo exeis, vípera et regidas 
volans.... — Van en una tierra de tribulación y de an- 
gustia (el Egipto) de donde salen la leona y el león^ 
la víbora y el basilisco volador.... — 

Y. La profecía de Jeremías. — (4) Qiiia ecce ego 
mittam vobis serpentes , regidos, quibtis non estincanta- 
tio: et mordebiint ws, ait Domimis. — Porque, he aquí 
que 3^0 os enviaré serpientes, basiliscos, para los 
cuales no hay encantamiento: y os morderán, dice el 
Señor. — Y anota el traductor, interpretando la pa- 
labra basilisco: «Los Chaldeos que solamente con el 
terror de su vista os harán morir, para los cuales no 
vale encantamiento.» 

(1) Psalmo 90. Y. 13. 

(2) Cap. 23. V. 32. 
(8) Cap. 30. V. 6. 
(4) Cap. 8., Y. 17. 



44 BIBLIOTECA 



yi. Besumen. — Según estos escritores bíblicos, 
el basilisco derrama veneno; por tanto, es animal ve- 
nenoso. (Los reptiles que hoy conocemos con ese nom- 
bre, ni tienen veneno ni son ofensivos.) El basilisco 
está en el Egipto. (Este dato debemos relacionarlo 
con otra tradición local que apuntamos en otro capí- 
tulo. Todos los autores convienen en hacerlo nacer 
en África, con la diferencia de ser en la península 
cirenáica ó Egipto.) La frase el hasilifsco volador, pa- 
rece dar razón á los que han descrito ó representado 
al basilisco con alas. El basilisco, según Jeremías y 
el traductor, cuyas interpretaciones deben ser cier- 
tas, muerde y mxata con la vista, puesto que silos 
caldeos hacían morir con su mirada, y á ellos se rela- 
ciona el animal, claro es que éste poseía tal cualidad. 

VIL Una cuestión. — Pasemos por alto la contra- 
dicción en que se hallan los naturalistas modernos, y 
lo que dicen las corrientes científicas con lo expuesto 
en la Biblia; las causas de ella son conocidas, y no 
debemos detenernos en su examen. ¡Quién sabe si al- 
gunos podrán argüir que unos y otra dicen verdad; 
los primeros porque, en efecto, no existe el basilisco, 
y la Biblia, porque antes existiera, debiéndose de- 
ducir que la especie ha desaparecido del globo terrá- 
queo! Y aunque es tan oscuro eso de que una especie 
animal desaparezca tan repentinamente, repito que 
debemos pasar á otra cosa. Ella es la cuestión que 
indicamos como título. 



DEL FOLK-LOKE 45 



La Biblia se hermana con la tradición y con los 
autores que la siguen con un se dice, en lo relativo al 
basilisco. Por el padre Joly yd liemos observado co- 
mo se presentan sus defensores. Mas en el mismo si- 
glo XVIII aparece el padre Feijóo, y niega el poder más 
característico del basilisco, el de matar con la vista 
y el silbo. ¿Ha interpretado mal el padre Scío? La 
Biblia y Feijóo, sino, dicen cosas contrarias. ¿Cuál 
de las dos es verdad? 

CAPÍTULO IX 
El basilisco en el siglo XYII. 

I. Escritores. — Lo Martín del Eío, citando á 
los autores más antiguos que él conoce (los cuales 
aparecen también en el lugar que les corresponde en 
esta recolección) dice, después de copiarlos: «La 
narración del aspecto -del basilisco es más mitológica 
que real. JDlcese que si se acerca alguna persona á es- 
te animal, se inficiona con su fuerte y venenoso 
aliento, y muere. Pero si el basilisco mira al agua 
pura y cristalina , entonces él es quien se muere , lo 
cual es ridículo creerlo. » ( 1 ) 

2.0 Mr. Borel, que, al decir de un escritor mo- 
derno, es uno de los que más han delirado acerca del 



(1) Disquisitionum magicarum ^ por el jesuíta Martín 
del Eío. (Cuestión cuarta del cap. tercero, libro I. — Lugdu- 
ni. 1634.) 



46 BIBLIOTECA 



poder misterioso del basilisco , manifiesta sus extrava- 
gancias por comparación. «Habla de un individuo 
cuyas miradas estaban dotadas de tan terrible malig- 
nidad, que hacían perecer á los niños pequeños, seca- 
ban los pechos de sus madres y nodrizas, y traspa- 
saban y corroían los objetos de vidrio.» (1) De lo 
cual se burla Quitard, diciendo : « ¡ Apurado se vería 
ese hombre si hubiera tenido necesidad de usar ga- 
fas ! » Aquí no parece fuera de propósito reproducir 
una nota de mi colección de Supersticiones ])opulares, 
con objeto de apuntar una simple concordancia, y sin 
detenernos en lo que pueda deducirse y estudiarse, 
pues aun perteneciendo al mismo género de lo mara- 
villoso popular, es otra rama que nos apartaría mucho 
del estudio que hacemos sobre el basilisco, al cual 
debemos ceñirnos por hoy. Decía en la nota: (2) «De 
unos en otros corre entre el pueblo la creencia de que 
existen personas que tienen un fluido especial para 
magnetizar. Unos magnetizadores atraen á las fieras, 
sumisas y temblando, mirándolas tan solo con insis- 
tencia. Otros se valen de los ojos y las manos para 
magnetizar á las personas. » 

II. Deducciones. — Por el dícese subrayado de 
las palabras de Martín del Eío , para el vulgo de la 



( 1 ) Tesoro de las investigaciones y antigüedades galas, 
por el médico y anticuario í'ranccs Pedro Borel. 1C55. 

(2) Página 245 del tomo i)rimero dü esta Biblioteca del 
FolJc-Lore Esimñol. 



DEL FOLK-LORE 47 



décimo-séptima centuria^ como diría un académico ó 
poeta, la tradición existía como en los tiempos pos- 
teriores, y la creencia de que el basilisco á sí mismo 
se producía la muerte, por la reflexión de un raj^o 
visual, con la diferencia de que en vez de suceder 
frente á un espejo ó lámina de metal (que supongo 
deberá ser bruñida) lo era mirando al agua pura y 
cristalina. Recordemos aquí la tradición francesa , da- 
da á conocer en el material folklórico del capítulo II, 
que habla de un basilisco habitando el fondo de un 
pozo. Si el pozo estaba seco , nada había que añadir; 
pero si era al contrario, ¿cómo relacionar esto con 
lo dicho por Martín del Eío? ¿Es que el agua de 
aquel pozo no era pura y cristalina? De cualquier 
modo, resulta admisible lo que dije al final del párra- 
fo III del capítulo VI. 

Mr. Borel pretende , para dar condiciones de vero- 
similitud á la existencia del basilisco^ hacer extensi- 
vo su horrible poder á otros seres. Y al efecto, se lo 
endosa nada menos que á un hombre. La cuestión 
tácita que en esto se contiene, ó sea relacionar al 
basilisco con otros asuntos de la tierra, veremos de 
observarla con más detención al final. 



48 



BIBLIOTECA 



CAPITULO X 
El basilisco en el siglo XVI. 

I. Saber pojmJar. — Lo hacen constar dos autores 
respetados del siglo xvi. Laguna dice que « era vul- 
gar opinión y ridicula la de que el basilisco nacía del 
huevo de un gallo viejo , y por eso le pintaban seme- 
jante á un galio, con cola natural de serpiente, la cual 
forma de animal no se halla in rerum natura, de modo 
que la debemos tener por quimera. » Aldrovando di- 
ce: « El vulgo , describiendo al basilisco, le alude con 
el nombre de diosa coronada; pues aquél se distingue 
por la mancha blanca en la cabeza, como dice Plinio, 
ó por las tres crestas en la frente, como dice Galeno.» 

II. Viajeros. — Joly, ya conocido nuestro, am- 
plia Tas noticias que hemos transcrito en el capítulo 
último, con el testimonio de dos viajeros. Según él, 
Thevet , ( 1 ) señala al basilisco dos pies de longi. 
tud, y lo describe diciendo que <c es grueso hasta la 
mitad del cuerpo, su cabeza es monstruosa en pro. 
porción con aquél; tiene los ojos relucientes, dos 
manchas blancas sobre la cabeza, y el color leonado.» 
El padre Rocher vio, en su viaje á la Palestina, un 
basilisco muerto, «largo de pie y medio, tirando ¿í 



( 1 ) Creo se refiere Joly íi un viajero francés del siglo xvi, 
llamado José Thevet. 



DEL FOLK-LORE 49 



rojo; su piel era áspera, su cabeza sobradamente lar- 
ga, apercibiéndose sobre ella una especie de cresta 
formada por seis tubérculos ó escrecencias , á modo 
de corona. » 

Feijóo, repitiendo que niega sea el veneno del ba- 
silisco tan eficaz como se decía ; cita otros dos auto- 
res, colocando en primer término á Jerónimo Mercu- 
rial, médico italiano del siglo xvi, quien dice vio el 
cadáver de un basilisco entre las cosas raras del ga. 
binete del emperador Maximiliano (1). A lo cual 
responde aquél que lo visto por Mercurial podría ser 
una de las serpezuelas que cita Lemnio , ó tal vez ar- 
tificial como el de la Biblioteca real de Madrid. El 
otro autor citado es Levino Lemnio, el cual dice (2) 
que en Sajonia hay un género de serpezuelas seme- 
jantes en la figura, pero muy inferior en la ponzoña 
al basilisco , pues los rústicos del país las acometen 
y matan á cada paso. 



(1) Mercurial escribió un libro intitulado De venenis. 
Según la época en que vivió este médico, parece referirse al 
gabinete de Maximiliano II de Alemania. 

(2) En su obra De ocultis 7iaturce miracuUs j libro 4, 
cap. 12. Feijóo no da más noticias acerca de Lemnio , citado 
también por Aldrovando como médico eminente , j yo sé en 
qué tiempo vivió : mas copiando el primero de los nombrados 
las palabras de Lemnio al lado de las de Mercurial , dejólas en 
el orden que las vi. ¡ Eran tan parcos nuestros abuelos en de- 
cir de donde tomaban ó habían aprendido lo que escribían! 
De tal modo se puede ser á poca costa gran inventor ó sa,bio. 
No se tacharcá de tal pretensión á la mayoría de los que hoy 
escriben. 

TOMO III 4 



50 BIBLIOTECA 



III. Becopiladores. — l.o El doctor Andrés de 
Laguna, en la traducción que liace del libro de Dios- 
corides , libro tan curioso como raro , amplía las noti- 
cias queda el segundo, diciendo: «El basilisco, no 
solo mordiéndonos introduce su ponzoña por los 
miembros mordidos, empero también de hito en hito 
mirándonos, le suele arrojar como saeta de amor por 
nuestros ojos á las entrañas: aunque para que pueda 
enclavarnos, cumple que le miremos juntamente nos- 
otros, de arte que los rajaos visuales se encuentren: 
y este es el más sutil y delicado veneno de todos. Es 
el basilisco una serpiente luenga de un palmo y algún 
tanto roja, la cual tiene encima de la cabeza tres 
puntas de carne un poquito elevadas, y en derredor 
de ellas un blanco círculo , á manera de una corona; 
por razón de lo cual le llamaron Basilisco los grie- 
gos, y Eégulo los latinos, que quiere decir reyezue- 
lo. Nace y hállase muy frecuentemente esta fiera en 
la región Cyrenáica ; su malignidad es de tanta efica- 
cia, que con su resuello corrompe todas las plantas por 
donde pasa, y con su silbido extermina las otras fie- 
ras. La misma facultad de matar tiene la llamada Ca- 
toblepa que describe Plinio. Es enemiga capital del ba- 
silisco la Comadreja, porque no solamente viva le ma- 
ta ó persigue, empero también quemada y bebida con 
vino es remedio único contra sus mordeduras.» (1) 



(1) Acerca de la tnateria 'ínedicinal y de los venoios 
mortíferos^ escrito eu griego por Pedacio Dioscóriiles Ana- 



DEL FOLK-LORE 51 



2.0 En las anotaciones é ilustraciones que en la 
traducción del libro V del Rormigiiero de Nj^der, puso 
el Sr. Montoto y Vigil (1) se lee en la Velada cuar- 
ta que una D.a Oliva Sabuco deNantes Barrera, na- 
tural de Alcaráz , publicó en el siglo x\t: un libro de 
filosofía y medicina, sumamente peregrino (2), don- 
de, hablando del aojar, ó sea de un veneno que se 
pega al aire y entra por los ojos, boca ó narices, lle- 
gando hasta el cerebro, se ocupa también del basilis- 
co copiando la descripción de Plinio; y añade que 
también la Catoblepa «mata con la vista, y por esto 
tiene (providente natura) tan gran cabeza y pesada, 
que siempre mira á la tierra y con dificultad la alza, 
criándose cerca de la fuente Nigris, cabeza del río 
Nilo. » 

3.0 Uno de los recopiladores que más han dicho 



zarbeo , y traducido al castellano por el doctor Andrés de La- 
guna , médico del Papa Julio III ( págs. 573 y 609. — Sala- 
manca. 1856. ) En la parte que copio de esta obra , que tradu- 
jo el reputado médico español á principios del siglo xvi, su- 
primo la escritura ortográfica de su tiempo, en gracia á la 
claridad. 

(1) Este libro quinto, De los maleficios y los demonios, 
escrito en la primera mitad del siglo xv, por fray Juan Ny- 
der , y traducido poco antes de morir por I). José M.* Monto- 
to , ha estado en manuscrito hasta que , por galante cesión de 
BU señor hijo D. Luis, se comenzó á imprimir en el tomo se- 
gundo de esta biblioteca. 

(2) La escritora mencionada hizo acompañar su Hbro de 
una carta dirigida al Rey Fehpe II , en la que decía , entre 
otras cosas sui generis : « Este hbro faltaba en el mundo , co- 
mo otros muchos sobran. » 



52 BIBLIOTECA 



acerca del basilisco ha sido el célebre naturalista Al- 
drovaudo ( 1 ) , ocupándose de él en varios de los ca- 
pítulos y libros de su colosal Ornitlwlogla. (2) «Los 
griegos llaman á cierta serpiente basilisco, y los lati- 
nos Eeyezuelo, teniéndose tal animal por mitológico. 
Es tan dañoso , que ai decir de varios , mata al ser 
humano con la mirada, el silbo ó un mordisco. JSío 
falta quien siga la opinión de los antiguos, creyendo 
nace la cruelísima fiera del huevo del gallo. Galeno 
hace mención del basilisco. Hemos leído la historia de 
esta serpiente en Plinio y también en Eliano, pero 
Plinio no dice que esté fortificada con tres crestas en 
la cabeza, como dice Galeno, sino que ostenta una. 
mancha blanca en la misma, á modo de notable dia- 
dema. » (3) 

«Nicandro describió el basilisco silvestre, conti- 



( 1 ) Ulises Aldrovando , llamado el Plinio Moderno , na- 
ció en 1527. Según los datos biográficos que tengo á la vista, 
pasó toda su vida y gastó su hacienda en viajar por Europa, 
reuniendo materiales para su Historia Natural, y murió po- 
bre y ciego en 1605 en el hospital de Bolonia , su ciudad na- 
tal. — Tributemos un cariñoso recuerdo á aquel desgraciado 
2)07iófilo , que dejó al morir una parte publicada de su Orni- 
tJiologia, monumento de ciencia en 30 tomos en folio; obra 
poco común, cuya confección, aunque deficiente en nuestros 
días , pasma y maravilla. 

(2) La edición que consultamos, escrita en 7in latín de 
todos los diablos , está hecha en Bolonia desde fines del siglo 
XVI á principios del xvii , é impresa é ilustrada con miütitud 
de grabados por varios artífices. — Debo la traducción, que pu- 
blico del mismo original , á mi amigo D. José Villegas. 

(3) Libro 17. Cap. 1.0 



DEL FOLK-LORE 63 



núa Aldrovando, y otros autores describen los domés- 
ticos, que también los hay, diciendo que carecen de 
huesos y es raH^ dura su piel , como para resistir 
golpes bastante fuertes. El basilisco se excluye del 
género de las ranas venenosas y del género de los 
sapos. En Marchia y en la jurisdicción del abad de 
Zinnenzis, juQto á la ciudad de Luckunuvaldam , me 
tocó ver tal serpiente, muerta por un pastor. Tenía 
la cabeza aguzada, color rojo más ó menos azafrana- 
do^ su longitud era de más de tres palmos, estaba 
muy gorda, los pelos del costado encrespados, mu- 
chas motas blancas muy hermosas en el vientre, su 
-piel tirando á color celeste, boca desproporcionada al 
cuerpo. El pastor que la mató con una hacha afilada, 
me contó que aquella suerte de basiliscos se comía á 
las serpientes y otros animales, excepto á los lona- 
zos^ de cuya raza ha nacido (1); habita generalmen- 
te entre los árboles, y con especialidad en el lugar 
que hay avellanos , se deleita con la leche , y por lo 
tanto, hiere con su veneno las tetas de las vacas, y 
éstas mueren. Todas estas cosas las cree el que quie- 
ra creerlas , yo pienso permanecer firme en mi creen- 
cia, y nadie me persuadirá de ella. Ciertamente la 
fábula de la concepción de los gallos es parecida á la 



( r) Segiiii Aldrovando , los bonazos son las gallinas sil- 
vestres, llamadas con más proj)iedad avellanas (por habitar 
entre los avellanos) , y las cuales ponen sus huevos entre los 
leños. 



54 BIBLIOTECA 



de que cierta esperma echada en la tierra, produce la 
generación de las serpientes. » (1) 

IV. Uesimien y consideraciones. — Iff enemos ya ad- 
mitido que la tradición relativa á la generación del 
basilisco , se encontraba también en el pueblo del si- 
glo XVI. Aldrovando dice que en su tiempo se aludía 
al animal coíi el dictado de diosa coronada, y éste tie- 
ne mucbos puntos de contacto con el demonio corona- 
do que hoy se le da de vez en cuando. Recuérdese 
para el caso la frase tercera del material folklórico 
inserto en el primer capítulo. 

En este otro observamos varias descripciones que 
convienen en señalarle la forma de serpiente, y se 
detienen en particular en la cabeza , donde se dividen 
las opiniones en si tiene corona ó mancha. Entre los 
que dicen que tiene corona, formada por tubérculos ó 
escrecencias , hay unos que las numeran en seis y 
otros en tres. El dibujo que veremos después marca 
siete. Todos están conformes en reconocer el fuerte 
y característico poder del basilisco , y sin embargo, 
algunos dicen lo han visto y examinado. ¿Y cómo no 
han muerto ? 

Parece desprenderse de aquí que se ha querido ver 
en reptiles reales*, que entre ellos los hay llamados 
del mismo modo , al basilisco célebre. Detiénese Al- 
drovando en referir el suceso del pastor y describir 



(1) Libro 13. Cap. 11. 



DEL FOLK-LORE 65 



el animal , y esto aumentaría la duda , si no observá- 
semos que las cualidades señaladas al reptil que vio 
en Marchia no son sobrenaturales , y que establece la 
extraña división de basiliscos silvestres y domésticos» 
que yo tomaría, sin querer equivocarme, como fabu- 
losos , ó sean los del mito y reales , ó sean los que se 
ven, se matan y se conservan, como se hace con 
otros animales venenosos ó no. 

En este capítulo es donde podemos ver más acen- 
tuado el deseo de extender á algún otro ser la cuali- 
dad característica del basilisco , y así se hace señalán- 
dola también á la catoblepa. Eepítese que la coma- 
dreja es enemiga irreconciliable de aquél, y en gene- 
ral, todo lo demás transcrito se hermana con lo di- 
cho por otros autores posteriores y pensado en otros 
tiempos. 

CAPÍTULO XI. 

El basilisco en el siglo de oro 
de nuestra literatura. 

I. Pretinihido. — En los siglos xvi y xvn la poe- 
sía del llamado siglo de oro de nuestra literatura se 
ocupó también del basilisco, del mismo modo que se 
aprovechó de cuantos elementos populares tuvo á 
bien , y de las mitologías y de lo maravilloso que pro- 
porcionaba ancho campo para el efecto poético. Mu- 
chas citas pudieran hacerse y no menos pasajes pu- 



56 BIBLIOTECA 



dieran señalarse de las obras de aquel tiempo ( 1 ) 
que demostrasen la generalización de una idea y la 
influencia del mito en todas las esferas de la publica- 
ción. Basten los trozos que siguen y los nombres im- 
perecederos que los apadrinan. 

II. Los prosistas. — Mateo Alera án dice en el Giiz- 
man de Alfar acJie (2): «La gente villana siempre 
tiene á la noble (por propiedad oculta) un odio na- 
tural , como el lagarto á la culebra , el cisne al águi- 
la, el gallo al francolín , el langostín al pulpo, el del- 
fín á la ballena, el aceite á la pez, la vid á la berza, 
y otros deste modo, que si preguntáis deseando saber 
qué sea la causa natural, no se sabe otra más de 
que la piedra imán atrae á sí el acero, el elio tropo 
sigue al sol, él hasíUsco mata mirando, la celidonia 
favorece la vista. » 

Fernando de Rojas, en el prólogo de La Celes- 
tina, dice : « Entre las serpientes , el hasilisco crió la 
natura tan ponzoñoso y conquistador de todas las 
otras, que con su silbo las asombra y con su ve- 
nida las ahuyenta y disparce y con su vista las 
mata. » 

III. Los podas. — Eojas Zorrilla pone en boca 



( 1 ) Mi querido amigo D. Juan A. de Torre Salvador, 
Presidente del centro folklórico de Guadalcanal , á quien debo 
las citas y copias que transcribo , tiene numerosas acotaciones 
en las obras de los AA. españoles acerca del basilisco; pero 
nos falta tiempo material para irlas entresacando. 

(2) Parte primera, libro I, cap. VIII. 



DEL FOLK-LORE 57 



de un personaje de su comedia La traición busca el 
castigo, esta amenazadora pregunta: 

« ¿ No sabéis que si me indigno, 
Serán mi voz y mis ojos 
Para daros el castigo, 
Si ella incapaz , rayos eUos, 
Inmortales basiliscos ? » 

El Fénix de nuestros ingenios , Lope de Vega, 
abunda, como en todo, en alusiones y referencias al 
basilisco. Véanse á continuación los trozos de sus co- 
medias en que esto sucede , seguidos de los títulos de 
las mismas. 

«¿Cómo el hasilisco mata 
Con solo llegar á ver? 

{El mejor alcalde el rey.) 

« Si matan los Castelvines 
Con hasiliscos mirando, 
¡ Oh , quién fuera de su bando ! » 

(Castelvines y Monteses.) 

« porque un príncipe 

Tiene en la voz la espada , de la suerte 
Que el hasilisco en la mirada fiera.» 

(El gran duque de Moscovia.) 

«Ya hasilisco en la vista. 
Ya cocodrilo en el llanto.» 

(D. Juan de Castro. — 2.* parte, j 



68 BIBLIOTECA 



«Advierte que es basilisco: 
Pon á tus ojos defensa.» 

( Adonis y Venus.) 

No des gritos, 
Sino advierte que tú eres 
Niño pequeño, Cupido, 
y que en piccando en los ojos, 
Como fiero basiliscOy 
Dejas en el alma y pecho 
Más fuego que en el abismo. » 

(Adonis y Venus.) 
— « Basiliscos en Arabia. 



— Cocodrilos, basiliscos 
Y leones albaneses 
En un serafín divino. » 



(Mirad a quien alabais.) 



« De los reyes el poder 
Es basilisco en la vista.» 



(El hombre de 6¿cn.) 



t¿No hay Beltrán secreto fuego? 
¿No hay minas? ¿No hay basiliscos.^» 

(La Portuguesa y dicha del forastero.) 

«Tiene el duque de Alanzón 
Una hermana, un basilisco 
De las almas por los ojos. » 

{Más pueden celos que amor.) 



DEL FOLK-LORE 69 



«Amor sin ojos nació 

Y así al basilisco fiero 
Los hurtó, porque primero 
Mata el que al otro miró. » 

{El des]}recio agradecido.) 

Nuestro gran Calderón de la Barca, dice: 

« Hecho de heridos despojos, 
Tiene de Sirena el canto, 

Y de cocodrilo el llanto, 
De basilisco los ojos 
Los oídos, para enojos, 
Del áspid. » 

(El mayor monstruo los celos.) 

«¡Ojalá ftiera 

Basilisco de amor á mis despojos. 
Áspid de celos á mi primavera. » 

(El médico de su honra.) 

IV. Un romance. — Nada menos que los honores 
de un i'omance, dedicado exclusivamente al basilisco, 
mereció éste del inmortal Quevedo, ingenio español 
de quien tanto tendrá que ocuparse la rama literaria 
del FoIJc-Lore. Con la exquisita gracia que distingue 
á Quevedo, búrlase éste de la tradición y sus deta- 
lles en el romance XXIII (1). Helo aquí: 



(1) Thalia. Musa VL 



60 BIBLIOTECA 



EL BASILISCO. 



Escándalo del Egipto : 
tú que infamando la Libya 
miras para la salud 
con médicos y boticas : 

Tú que acechas con guadañas, 
y tienes peste por niñas ; 
y no hay en GaHcia pueblo 
que tenga tan malas vistas: 

Tú , que el campo de Cirene , 
embarazas con insidias , 
y á toda vida tus ojos 
hacen oficio de espías: 

Tú, que con los pasos matas 
todas las yerbas que pisas, 
y sobre difuntas flores 
llora Mayo sus primicias: 

A la Primavera borras 
los pinceles que anticipas, 
y el año recién nacido 
en columbrándote espira : 

Tú , con el agua que bebes 
no matas la sed prolixa ; 
que tu sed mata las aguas , 
si las bebes , ó las miras. 

Enfermas con respirar 
toda la región vacía, 
y vuelan muertas las aves 
que te pasan por encima. 

De todos los animales , 



DEL FOLK-LORE 61 



en quien la salud peligra , 
y su veneno la tierra 
flecha contra nuestras vidas. 

Tanto peligran contigo {'■'•') 
los que en veneno te imitan , 
como los que son contrarios 
al tósigo que te anima. 

Ansí, pues, nunca á tu cueva 
Se 9,some Santa Lucía , 
( que si el mal quita á los ojos 
desarmará tu malicia. ) 

Que me digas si aprendiste 
á mirar de mala guisa 
del ruin que se mira en honra , 
de los celos , ó la envidia. 

Dime si te dieron leche 
las cegijuntas, las vizcas; 
si desciendes de los zurdos, 
si te empollaron las tías. 

Ojos que matan sin duda 
serán negros como endrinas; 
que los azules y verdes 
huelen á páxara pinta. 

Si está vivo quien te vio, 
toda tu historia es mentira; 
pues si no murió , te ignora ; 
y si murió, no lo afirma. 



(-:-) González de Sala anotó el romance, en el verso se- 
ñalado con el asterisco , diciendo : « La qualidad venenosa con- 
siste en el exceso de calor ó frialdad. Es, pues, la sentencia 
de esta copla que tiene la ponzoña del Basilisco fuerza para 
ofender á todos los otros animales ponzoñosos , ansí sea su ve- 
neno excesivamente frío , ó cahente con exceso , como es el 
propio Basilisco, Ansí lo enseñan los Escritores Naturales.» 



62 BIBLIOTECA 



Si no es que algún basilisco 
cegó en alguna provincia, 
y con bordón y con perro 
andaba por las ermitas. 

Para pisado eres bueno, 
que la Escritura lo afirma; 
pues sobre tí y sobre el áspid 
dice que el justo camina. 

Llevarte en cas de busconas 
es solo tu medicina , 
pues te sacarán los ojos 
por cualquiera niñería. 

CAPÍTULO XII. 
El Basilisco en el siglo III. 

I. Los autores latinos. — Cayo Julio Solino, ma- 
compendiador dePlinio, dice: «El aliento del basilis- 
co es tan pestilencial, que corrompe el aire; si un 
pájaro vuela á poca distancia, es en seguida solea- 
do. Las serpientes se estremecen al oir su silbido; las 
aves de rapiña le tienen el mismo horror ; lo que el 
basilisco ha tocado no puede ser comido por ningún 
animal. Cuando anda, la mitad de su cuerpo se arras- 
tra, la otra se sostiene recta. Asóla y quema la tie- 
rra por donde pasa. » (1) 

II. Los griegos. — El compilador Claudio Aeliano 

( 1 ) Pohjhistor , lib. 40. Citado y traducido por J. E. Joly. 



DEL FOLK-LORE 63 



escribe; »E1 basilisco, poseedor de innúmeros privi- 
legios, sólo teme al gallo, el cual con su canto parece 
impone respeto al generoso león y otras fieras. Nin- 
guna otra ave pasaba al lado del basilisco sin ser 
castigada, es decir, dividida con su aliento pestilen- 
cial. También todas las serpientes se horrorizan con 
su silbido, y nadie, absolutamente nadie, puede tole- 
rar su presencia, á excepción del gallo, que si al co- 
rrer es visto por el basilisco, se estremece éste, y 
tanto temor se apodera de su ánimo, que muere. Ha- 
ce cría el basilisco en las inmensas soledades de la 
Cirenaica, en aquellos malos terrenos donde no se 
puede soportar la peste. Los naturales marchan por 
ellos, llevando de compañero un gallo que va delan- 
te, á fin de espantar con su canto á la cruelísima 
fiera. > (1) 

III. Ampliación. — Hemos dado un salto no pe- 
queño, que recuerda el que un andaluz refirió á un 
titiritero, desde el siglo xvi al ni: viéndome precisa- 
do á ello por carecer de datos que sean del tiempo 
callado, crej^endo, no obstante, los habrá muy nume- 
rosos. 

M Solino ni Aeliano se detienen á describir el ba- 
silisco , sino á referir los terribles efectos de su exis- 
tencia. Márcase expresamente en sus escritos la in- 
combatible superioridad del gallo, que la tradición 



( 1) Historia de los animales, cap. 5 del lib. II. (Cita- 
do y copiado por Aldrovando en el lib. 14 de su Orthinologia.) 



64 BIBLIOTECA 



hace progenitor , liacia el animal que no tiene igual 
en la tierra. 

Y ya desde estos autores comenzamos á notar más 
puro el mito, si cabe; menos extensión en las rela- 
ciones del mismo, y la tradición más concretada á la 
causa que la motivó , pareciendo como que se va des- 
cartando de adiciones y enmiendas posteriores. Po- 
sible es que tal cosa suceda porque no hayamos con- 
sultado todo lo necesario, ó porque los autores , al 
copiarse anos de otros, ha5^an suprimido parte de 
sus noticias. Sea de ello lo que quiera, reproducido 
está lo que sé. 

CAPÍTULO XIII 
El basilisco en los siglos II y I. 

T. Descripción de Plínio. — «El basilisco tiene la 
fuerza de la serpiente , se cría en la provincia de (Pi- 
rene, su magnitud no es grande, tiene una mancha 
Jblanca en la cabeza, como cierta diadema hermosa. 
Todas las serpientes se ahuyentan con su silbo, no 
empuja el cuerpo con vueltas multiplicadas como las 
demás, sino que, apoyado en su parte media, marcha 
con la cabeza erguida. Destruye los arbustos, no con 
el contacto, sino con el aliento ; quema las yerbas y to- 
do lo rompe ó destruye. Su fuerza es terrible. Creen 
algunos que si pasa cerca de él un hombre montado 



DEL rOLK-LOKE Oí 



sobre un caballo, éste muere y aquél no. Tal mons- 
truo, que se le ve como rey de los demás, reparte su 
ponzoña por todos lados, agradando á la naturaleza 
criar este reptil sin igual , que habita en cavernas 
llenas de podedumbre. » ( 1 ) 

Y añade el mismo, en otro lugar, (2): «El basi- 
lisco , que mata á los reptiles con el olfato^ y mama ó 
chupa como las serpientes, dícese que produce la 
muerte al hombre con solo mirarlo. Los Magos cele- 
bran la sangre del basilisco con muchas alabanzas; 
reunida con peces de varios colores y gran cantidad 
de agua clara, hacen un licor rojo que brindan á las 
Potestades para que les concedan todas sus peticio- 
nes, y ruegan á los Dioses para que sirva aquella 
mezcla ó manjar de remedio á todos los males: llá- 
manla amúlelo de los henejicios, y otros le denominan 
sangre de Saturno. » 

II. Descri]}ciün de Galeno. — « El basilisco es una 
bestia corrompida, y está fortificada con tres crestas en 
la frente : con su silbido y su mirada mata á cuantos le 
oyen y ven, y si cualquier animal le toca, aun estando 
muerto, al punto muere. De aquí que todo género de 
animales se guarda de habitar próximo á él. » (3) 



( 1) Naturalis Historicc con notas y comentarios de Gro- 
novio. — Libro 8, cap. 21. — (Lugdmii, Batavia et Eotevoda- 
mi. 1669. — Librería Hackiana.) 

(2) Libro 20, cap. 4. 

(3) En su libro de Theriaca. — Citado y copiado por Al- 
drovando. 

TOMO iii .5 



60 BBLIOTECA 



III. Indicaciones. — Dioscorides Anazarbeo, cé- 
lebre médico y botánico griego, de fines del siglo i, 
cuya obra nos ocupó en el párrafo III del capítulo X^ 
sigue á Erasistrato al recetar contra la mordedura 
del basilisco. 

La descripción de Plinio abre ancho campo de in- 
vestigación á los mitógrafos y entendidos en la histo- 
ria primitiva de la humanidad. En esa descripción 
parece distinguirse una base de comparación con 
otros mitos y antiguas creaciones de razas amigas de 
contemplar la naturaleza virgen y potente, y expli- 
cándose sus observaciones celestes con los signos que 
juzgaban más adecuados, y que podían ma,nejar con 
facilidad. 

CAPÍTULO XIV 
Nuestra lámina y las descripciones del basilisco. 

I. El grabado. — Lo he calcado, y hecho repro- 
ducir exactamente en la piedra, del dibujo que, con 
otros de arquitectura, botánica y zoología sagrada, 
tiene Joly (1), al final de su obra. Éste dice que lo 
ha tomado de Aldrovando, y, sin embargo, yo no he 
podido dar con él en la Ornltholo(jla ; llena de graba- 
dos y figuras , de las que algunas son tan raras y es- 
trambóticas, que merecen reproducii-se; á pesar de 



(1) La Geograj^híc Sacrce, etc., ya citaela. 



DEL FOLK-LORE 67 



haber examiiiaclo dos ejemplares, en sus distintos to- 
mos, de la misma. Tal vez aquellos ejemplares no es- 
tarían completos, mas parece anómalo que no se in- 
serte el dibujo del basilisco en los volúmenes donde 
se habla de él tan extensamente. 

II. Las descripciones comparadas. — Como las va- 
rias descripciones que conocemos ya del basilisco di- 
fieren entre sí, vamos á tener que convenir en que 
no se conoce al basilisco , ó que los hay de distintas 
clases , por la forma. Opino que ninguno de los auto- 
res ha visto el basilisco , sino que ha tomado como tal 
cualquier animal poco conocido , y á él le han colgado 
el milagro. Teniendo nosotros al lado la lámina, ésta 
nos servirá de punto de comparación relativa , y no 
digo cierta , porque no sé en qué se pueda íundar tam- 
poco la creencia de que este dibujo sea el que repre- 
sente al animal mitológico , tal y como lo concibieran 
en su principio. 

Nuestro pueblo dice que es un Ucho muy raro. En 
las enciclopedias consultadas del presente siglo he- 
mos visto que se le aplican formas diferentes, las 
cuales son: 1.^, dragón en miniatura; 2.^, gallo con 
cola de dragón , según lo pintaban los artistas de la 
Edad Media (1); 3.a, serpiente con ó sin alas, vién- 
dose también con alas de mariposa, concordando con 
estos datos el dictado de volador de la Biblia; 4.a con 



( 1 ) Véase , para recordar estos ciatos , todo el cap. VI. 



68 BIBLIOTECx\. 



cabeza , cuello y patas de gallo , en señal de ser éste 
el progenitor del basilisco. Nuestro grabado carece 
de todos estos caracteres. Veamos, repitiéndolas, las 
descripciones del siglo xvi. 

1.a El basilisco, según Tlievet, es grueso liasta 
la mitad del cuerpo, su cabeza es monstruosa en pro- 
porción con aquél; tiene los ojos relucientes, dos 
manchas blancas sobre la cabeza, y el color leonado. 

2.a Según el padre Eoclier, era largo de pie y 
medio, tirando á rojo; su piel era áspera, su cabeza 
sobradamente larga , apercibiéndose sobre ella una 
especie de cresta formada por seis tubérculos ó es- 
crecencias, á modo de corona. 

3.a Según Laguna, traduciendo á Dioscórides, es 
una serpiente luenga de un palmo y algún tanto roja, 
la cual tiene encima de la cabeza tres puntas de car- 
ne un poquito elevadas , y enrededor de ellas un blan- 
co círculo, á manera de una corona. 

4.a Según Aldrovando , la suerte de basilisco que 
vio tenía la cabeza aguzada, color rojo más ó menos 
azafranado, su longitud era de más de tres palmos, 
estaba muy gordo , los pelos del costado encrespados, 
muchas motas blancas muy hermosas en el vientre, 
su piel tirando á color celeste y boca desproporciona- 
da al cuerpo. (Esta descripciór* se me antoja es de 
un reptil que nada tenía que ver con el basilisco céle- 
bre, como dejo apuntado en el párrafo IV del capí- 
tulo X.) 



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DEL FOLK-LOEE 69 



De estas descripciones, la primera conviene con la 
de Plinio; la segunda con la de Galeno; y la tercera 
con ambas , puesto que reúne en la cabeza del basilis- 
co las puntas y la mancha. En efecto, el naturalista 
romano dice que «la magnitud del basilisco no es 
grande, tiene una mancha blanca en la cabeza, como 
cierta diadema notable, y no empuja el cuerpo con 
vueltas multiplicadas como las demás serpientes, sino 
que, apoyado en su parte media, marcha con la cabe- 
za erguida. » Y Galeno dice que la tal bestia está 
fortificada con tres crestas en la frente. 

2suestro grabado, pues, conforma, en huJto al me- 
nos, con lo dicho por Plinio, á excepción de las pun- 
tas en la cabeza, apareciendo con siete en vez de las 
tres que le señala Galeno. Tanto el uno como el otro 
número, sabido es que tienen gran prestigio y figura- 
ción en lo maravilloso popular^ y en todas las con- 
cepciones religiosas. 

CAPÍTULO XY 
El basilisco antes de nuestra Era. 

I. Modo de cifrar su mordedura. — Erasistrato 
(1)^ en el libro que hizo acerca de los venenos mor- 
tíferos y sus remedios, dice: « Al morder el basilisco, 
la herida se vuelve amarilla, y cuasi de la color del 



( 1 ) Médico griego nacido 257 años antes de J. C. 



70 BIBLIOTECA 



oro^ siendo remedio saludable contra la moidedura, 
una dracraa de castóreo bebida con vino, y también 
el opio.» (1) 

II. EJ iasilisco en Egipto ^ — Aldrovando, en su 
obra citada, (2) dice, hablando del ave Ibis: «To- 
dos los de la antigüedad, refiriéndose á Prierio, nos 
lian trasmitido que el basilisco nace del huevo del 
Ibis, el cual, estando lleno de toda clase de venenos, 
hace que el basilisco sea tan venenoso. » (3) 

Abundando en lo mismo algunas obras modernas 
de Historia v^Tatural, amplían la noticia en estos ó 
parecidos términos: 

El ave Ibis, del orden de las zancudas, que se ali- 
menta de toda clase de reptiles, era sagrada en Egip- 
to , donde se castigaba fuertemente á* quien matare 
una. Natural es que el pueblo la adorase y supusiere 
divina, pues , al decir de antiguos historiadores, « en- 
jambres de pequeñas serpientes venenosas, salidas 
del légamo caliente de los pantanos, que oscurecían 
la luz del día, hubieran causado la ruina del Egipto, íl 
no haber salido las Ibis á su encuent;o, para comba- 



(1 ) Tomado de la citada traducción de Andrés Laguna 
en la nota 54. 

(2) Ornithologia. Libro 20, cap. III. 

(3) Al Ibis se tributó culto en Egipto como á otros ani- 
n imales , del mismo modo que se formaron los mitos solares 
de tanta popularidad como el de Osiris y el de Bá. ( Puede 
consultarse e\Co7niJendio de Historia Universal, por Manuel 
Hales y Ferré. Tomo I. 1883.) 



DEL FOLK-LOEE 71 



tirios y exterminarlos.» (1) Prierio dice que el ba- 
silisco nacía de un huevo del Ibis , formado dentro de 
esta ave por los venenos de todas las serpientes que 
devora. Y parece que algo del terrible poder del basi- 
lisco tiene su progenitora, pues tocando con una de 
sus plumas al cocodrilo j las serpientes, quedaban in- 
movibles, como por encanto, y hasta solían morir en 
el acto.» (2) 

III. Una conjetura extraña. — Citando de nuevo 
á Joly, capuchino francés del siglo xvni (3), trans- 
cribo una nota suja, concebida en estos términos: 
«Eugubino (4) cree que la serpiente que tentó á 
Eva era un basilisco, ó por mejor decir, que el diablo 
había tomado la forma del basilisco. » 



(1) En la casa vulgarmente llamada de Pilatos, en Sevi- 
lla , existe , y se tiene en cuenta para conocer como en His- 
palis se profesó el culto egipcio durante los primeros siglos de 
la dominación romana, existe, repito, un precioso pedestal, 
en va-no buscado mucho tiempo , que sostuvo una estatua de 
la diosa Isis , diosa del cielo , esposa y hermana de Osiris , cu- 
ya estatua era del peso de ciento y doce y "inedia libras de 
'jplata. En el pedestal se encuentra esculpido el Ibis, con Anu- 
bis, hijo de Osiris y, en otro lado, este mismo con el Alcón 
consagrado. (Consúltese la Historia de la ciudad de Sevilla, 
por Joaquín Guichot, tomo I y Atlas, 1875.) 

(2) La precipitación con que preparo el original para su 
impresión en esta Biblioteca, á fin de no paraHzar los traba- 
jos de los cajistas, me impide extenderme en nuevas consultas 
y acopiar más datos relativos á la significación é historia del 
Ibis, y por ende del basilisco, en Egipto, averiguando también 
quién fué Prierio y tomando conocimiento de sus escritos. 

(3) Véase el párrafo segundo del cap. VIL 

(4) En vano he trabajado para averiguar quién es el tal 
Eugubino. 



72 BIBLIOTECA 



IV. Consecuencias y ampliación. — Volvemos á en- 
contrar otra referencia al basilisco natural en la re- 
ceta de Eraristrato, la cual nada ó muy poco se re- 
lacionará con el fabuloso ó el célebre, puesto que si 
este mataba con la vista, no daba tiempo al observa- 
dor para ser mordido, y menos aún para curarse, 
cuando el veneno de aquel animal era tan eficaz y te- 
rrible. 

Las palabras de Prierio y la tradición egipcia qui- 
tan base á la opinión de que el basilisco fué un fan- 
tasma creado por la imaginación de griegos y roma- 
nos. En otro lugar dije que habría necesidad de ir más 
lejos á buscar el origen del mito, en el caso de que al- 
gún investigador se propusiese indagarlo. No sólo es 
más antiguo el culto á los animales en Egipto que 
las mitologías de Europa, sino que también podemos 
observar, en apoyo de lo indicado, que los datos y re- 
laciones suministradas por los más antiguos autores 
que lie podido copiar, nos dan la cosa formada , \}0i' 
decirlo así; en ninguno se descubre referencia á pun- 
to de partida determinado ó lugar de donde se des- 
prendan las subsiguientes noticias y transforma- 
ciones. 

Respecto á la peregrina creencia de Eugubino, pa- 
réceme debemos tenerla por conjetura propia más ó 
menos exacta y no por dato cierto; entendiendo aquí 
por dato cierto el dato cuando tuviera referencia con 
alguna tradición ó antigua creencia liistórico-popular. 



DEL FOLK-LORE 7o 



Al efecto, consulté las tradiciones varias que se re- 
fieren al estado primitivo del hombre, en algunas de 
las cuales el árbol del Paraíso juega tanto papel, y no 
he hallado cosa relativa al basilisco ni á su nombre; 
tanto en la tan conocida hebrea, la árabe, la péi-sica^ 
la búdhica y la griega, que convienen en señalar al 
primer hombre un estado feliz y de bienaventuranza, 
como en la egipcia, la caldea, la china y la peruana, 
que, oponiéndose á las anteriores, afirman el estado 
salvaje como peculiar d.el hombre primitivo. Tanto el 
uno como el otro extremo^ dicen los historiadores, no 
puede resolverse por ellos mismos, sino por el estu- 
dio de los hechos. La ciencia destruye todas las pri- 
meras (1). 

CAPÍTULO XYT 
El basilisco relacionado. 

I. Consideraciones. — De las descripciones y doc- 
trina expuestas se deduce que el basilisco no tiene 
igualen la tierra. ¿Dónde otro silbido, dónde otra 
mirada tan venenosa y sutil como la del basilisco, 
tan fuerte al mismo tiempo, y tan activa que produce 
sus terribles efectos en el mismo animal que la po- 



(1) Consúltese para ainpliar este punto la. Mytliologíe des 
Plantes^ de Angelo de Gubernatis. (Tomo I, París, 1878); 
y en particular El liomhre x>rimitivo y las tradiciones orien- 
tales^ por Ma-nnel Sales y Ferré. (Se\álla. 1881). 



74 BIBLIOTECA 



see? Dentro del reino animal no existe ser igual al 
basilisco, ni se conserva memoria de haber existido, 
pues aun en los períodos de la mal llamada edad pre- 
histórica, QA\jo conocimiento ha motivado una revolu- 
ción científica tan inmensa como útil , no hubo un in- 
dividuo de su Zoología que tuviese la terrible propie- 
dad característica del basilisco. 

Aparte de representaciones simbólicas que se le 
han atribuido y de creencias algo variadas que acer- 
ca de él se han tenido, en ningún otro orden de cono- 
cimientos, en ninguna otra esfera délo real podemos 
liallar relaciones directas con nuestro fabuloso ani- 
nialejo. Tan sólo en el terreno de lo mitológico se en- 
cuentran, no como concepciones idénticas, sino como 
puntos de semejanza, las relaciones que el mito del 
basilisco tenga con otros, á fin de establecer compa- 
ración. De ésta resulta, en efecto, que aquél es muy 
singular. Algunos de esos puntos de semejanza los 
encontramos, dentro de la mitología griega, en la 
cabeza de Medusa (1). j dentro de la verdadera- 
mente popular antigua, en la Catoblepa, al decir de 
algunos, aunque pocos, escritores y recopiladores. 

Veamos aparte ambos asuntos. 

II. La cahe.m de Medusa (2) . — El origen que le sefia- 



( 1 ) Ya llamó la atención de mi querido amigo , el repu- 
tado folldorista D. Eugenio de Olavarría y Huarte, la rela- 
ción, no inmediata, entre el basilisco y la cabeza de Medusa. 

(2) Enlre otras muchas obras, pueden verse grabados de 



DEL FOLK-LORE 7e5 



la la Mitología está contenido en los datos siguientes: 
Ceto y su esposo Torco, hijo de Xeptuno, primero 
rey de Córcega y de Cerdeña y después dios marino, 
caudillo de los tritones y á las órdenes de su padre, 
tuvieron tres hijas: Medusa, Euriale y Estenio, que se 
conocen reunidas con el nombre de Gorgonas. Neptu- 
no abusó de Medusa en el templo de Minerva, é irrita- 
da esta diosa con tal sacrilegio, convirtiólos cabellos 
de Medusa en serpientes y concedió á su cabeza la 
célebre virtud que la distingue. Creíaseles á las Gor- 
gonas con un solo ojo, del cual se iban sirviendo por 
su turno, con la cabeza rodeada de culebras, alas 
grandes, colmillos de jabalí con dientes y con garras 
de león en pies y manos. Como asolaban los campos 
y excitaban su crueldad en todos los caminantes, 
Perseo vistió los talares de Mercurio, las mató y 
cortó especialmente la cabeza de Medusa, de cuya 
sangre nació el caballo Pegaso^ el cual , dando una 
coz en la tierra, hizo brotar la fuente Hipocrene. 

Júpiter dio á Minerva la Egide, escudo cubierto 
con la piel de la cabra Amaltea, y la diosa clavó en 
él la cabeza de Medusa, para hacerla más terrible en 
la virtud que le concedió, y que consistía en el po- 
der de convertir instantáneamente en piedras á cuan- 
tos la miraban ( 1 ). 



esta cabeza en la Mytliologie figuré e de la Gréce , por Max. 
Collignon, (pág. 345. — París. 1883). 

( 1 ) Los datos están tomados del Diccionario mitológico, 



76 BIBLIOTECA 



La relación, pues, está marcada entre los térmi- 
nos consistentes en el poder de petrificar la cabeza 
de Medusa á quien la miraba y el de matar el basi- 
lisco á quien éste miraba, relación que no es suficien- 
te para ocultar la diferencia habida entre ambas con- 
cepciones. Además el elemento mitológico primero es 
bastante posterior al del basilisco, procediendo cada 
uno de distinto estado del pensamiento humano en la 
antigüedad. 

III. La CatoUepci. — Algunos de los escritores 
que hemos leído en anteriores capítulos no hallan 
otro punto de comparación con la mirada atribuida 
al basilisco más que la Catoblepa, en la que se ocu- 
pan ligeramente. Las obras enciclopédicas sólo dicen 
de ella que es una ñera de la Etiopía, á cuyos ojos el 
vulgo atribuía la facultad de matar con su ponzoña 
á los que la miraban, diferenciándose del basilisco 
en que éste mata á quien mira. Pero aún se acentúa 
la diferencia considerando que á nuestro reyezuelo 
no se le reconocen obstáculos que se opongan á los 
efectos de su mirada, mientras que la Catablepa tie- 
ne una cabeza tan grande y pesada que, no pudiendo 
levantarla^ le impide realizar su poder: de lo que se 
deduce que no puede ser temible, y que poca impor- 
tancia tiene la facultad de que no puede hacer uso. 



inserto en la obra Los héroes y las grancJe::as de la Tierra, 
por el doctor D. Manuel Ortiz de la Vega, (págs. 722 y 740 del 
tomo octavo, — Barcelona. 1850). 



DEL FOLK-LORE 77 



Ni conozco, ni sé que tenga nuestro pueblo conoci- 
miento ele la existencia de la Catoblepa ó un recuer- 
do siquiera del poder que se le atribuye, y que puede 
denominarse poder impotente. Qué concordancia pue- 
da existir entre los dos anima -es , aparte del punto de 
semejanza en lo de las facultades de su vista, ó qué 
consecuencia se pueda sacar de ellos, no es fácil de- 
terminarla con datos escasos y sin un estudio parti- 
cular. Todos los autores son parcos en hablar de la 
Catoblepa. Y, por último, en ninguna de las obras 
modernas de Historia natural que lie consultado se 
liace referencia, como sucede en contrario con el ba- 
silisco, á antiguas creencias ó datos mitológicos per- 
tinentes á la fiera, cuj^o nombre significa etimológi- 
camente mirar hacia alojo. Con buen criterio dijo 
Feijóo (í) que la « fábula del basilisco puede ser 
que baya engendrado la déla Catoblepa, que es co- 
rrelativa su3^a en la ponzoña, porque así como los 
ojos del basilisco matan á quien miran, los de la Ca- 
toblepa matan á quien los mira. Esto es lo que dice 
Plinio, aunque algunos autores posteriores, citándo- 
lo infielmente, le atribuyen la misma actividad que 
al basilisco de matar mirando. » 

De este último párrafo se deduce que la Catoblepa no 
es comparable con el basilisco, así como de cuanto se 
lleva expuesto, que la fábula del segundo es singular. 



Véase el párrafo segundo del capitulo VII. 



78 BIBLIOTECA 



A fin de tener un conocimiento más completo de la 
Catoblepa, veamos qué dicen los naturalistas acerca 
de la no fabulosa, extractando tres ó cuatro ideas ge- 
nerales que basten al caso. 

Las CatoUeiKLS constituyen una muy curiosa fami- 
lia de los mamíferos. Mezcla de antílope, de buey y 
de caballo, distinguiéndose por su extraña y grande 
cabeza, son una verdadera caricatura de todos aque- 
llos animales tan nobles y agra<dados. Hay tres espe- 
cies: elgmi, el cocim y el gorgon ó gnu rayado. To- 
dos son raros en sus costumbres y movimientos; sus 
saltos y piruetas provocan la risa; lejos de acometer 
al hombre le tienen miedo^ y muchas veces demues- 
tran ser muy poco avisados, dejándose cazar á corta 
distancia. El gnu está^ muy bien dotado en los sen- 
tidos de la vista, el oído y el olíato, pero no lo estd 
tanto por su inteligencia, pareciendo su mirada la de 
un animal loco. Los liotentotes cuentan mil fábulas 
acerca de este rumiante, y hasta los cazadores mis- 
mos, seducidos sin duda por el aspecto fantástico del 
aninial, conviértenle en héroe de las más extrañas 
aventuras (1). 



(1 ) La Creación, Historia Natural, escrita por ufia so- 
ciedad de naturalistas y publicada bajo la dirección del doc- 
tor D. Juan Vilanova y Piera, (págs. IGü y 100 del tomo 
segundo. — Barcelona , 1873 ). 



DEL FOLK-LORE 79 



CAPITULO XVII. 
El mito del basilisco. 

I. Opinión. — El mito del basilisco opino que no 
debe buscarse en la tierra, es decir, que su origen no 
lia tenido lugar en virtud de contemplación á cosas 
cercanas á la mano de los liombres que lo crearon, 
ni tuvo por objeto simbolizar un ser, fenómeno ó re- 
lación existente en la superficie de nuestro globo. Al 
menos esto es lo que parece desprenderse de la reco- 
pilación que he hecho y de los datos que he podido 
ordenar. Si la opinión expuesta no resulta equivoca- 
da, por estar fundada en íalsa hipótesis ó estudio de- 
ficiente, después que nuevas pruebas y hechos vinie- 
sen á demostrar lo contrario á lo en ella contenido, 
forzoso será buscar el origen del mito en la llamada 
por los poetas bóveda azul. ¿Con qué determinacio- 
nes de tiempo y de lugar pudiéramos hallarlo? Para 
contestar se necesita más estudio y conocimiento del 
asunto. Tal vez se creara el mito cuando nuestras ra- 
zas abuelas construían sus religiones y cosmologías 
con la observación celeste. 

II. Advertencia. — Mas antes de pasar adelante, 
debo hacer una advertencia dirigida á los mitógrafos 
y no al vulgo erudito. Según he deseado dar á enten- 
der durante el curso de este material, y nada más que 



80 BIBLIOTECA 



material, trabajo, debemos liuir de afirmar como cierto 
lo que no esté suficientemente probado con los hechos 
y los datos: el proceso científico actual, proceso de 
verdadera regeneración y reconstrucción, no tiene un 
rincón para dar posada á las visiones, fantasías, -ctñr- 
m-Acioiies jwrque si , deducciones atrevidas y doctrinas 
intencioualmente dirigidas y encaminadas. Por eso no 
debemos dar hoy como artículo de fe lo que mañana 
SQi'á pai'ecer vergonzante; por eso dije y repito que lo 
expuesto en este capítulo no es más que una opinión 
particular, y añado que debo exponerla por tres ra- 
zones: primera, porque se generalice y extienda esta 
clase de estudios con motivo de aclarar, afirmar ó 
destruir lo contenido en estas líneas y lo relativo á 
otios múltiples asuntos de lo maravilloso popular ; se- 
gunda, porque se utilice cualquiera indicación que 
haya resultado buena y sirva para el plan general; 
tercera , porque se enmiende lo que deba ser enmen- 
dado. 

III. ¿El hasilisco en el cielo? — Habrá podido ob- 
servarse que en el concepto formado por los pueblos 
acerca del basilisco, y en las descripciones de los es- 
critores y los recopiladores, aparte de pequeñas di- 
ferencias y apreciaciones que desaparecen ante la co 
munión de ideas y conformidad en la tradición , sobre- 
salen entre todas las condiciones y caracteres del ba- 
silisco mitológico dos de los mismos, que aparecen 
como permanentes: uno relativo á su forma, la de 



DEL FOLK-LORE 81 



serpiente; otro á su manifestación de vida potente, lo 
que algunos dirían su misión , el poder de mcdar con 
su vista, poder que constituiré el sello singular del 
basilisco. 

Ahora bien : ¿qué liay en el llamado cielo que ten- 
ga esas dos propiedades? ¿Qué fenómeno natural pu- 
dieron observar los hombres de la antigüedad en la 
grandiosa bóveda que los subyugaba , que tuviese for- 
ma de serpiente ó apareciese anguloso y que con su 
vista ó brillo inmediato, penetrante, inconcebible, 
produjese con su fuerza incontrastable la ceguera del 
momento unas veces, ó la muerte incontinenti, la 
destrucción completa, el asolamiento total, otras no 
menos frecuentes?... Uno solo. El rayo. 

Relacione el lector con esto el proceso y significa- 
ción de las religiones primitivas, como la del ani- 
mismo, originada por la tendencia del hombre, en la 
infancia de su vida, á personificarlo todo, primero los 
seres y objetos terrenos, después los astros, espe- 
cialmente el sol , por ser el más hermoso y bienhe- 
chor que observaba; y como la del cidto á los anima- 
les, común á todos los pueblos y posterior á la ado- 
ración del mundo inorgánico y del reino vegetal. Y 
relacione también el lectorios hechos que, pudiéndo- 
se citar entre muchos de igual índole, reproduzco á 
continuación sin comentarios. 

I Y. El fuego. — « Los habitantes de las islas Ma- 
rianas creyeron que el fuego encendido por Magalla- 

TOT.ro III G 

rr\ 
)^ 
rc 



H*2 BIBLIOTECA 



lies era un animal que se tragaba la madera, y ha- 
biéndose quemado los primeros que se acercaron á él, 
ninguno se atrevió á mirarlo sino de lejos, temiendo 
ser mordidos por el terrible animal. » 

El descubrimiento del fuego fué para la humanidad 
el más importante adelanto en su civilización, ha- 
ciéndole, hasta cierto punto, reina en la escahx zoo- 
lógica. Ejemplo muy curioso de la trascendencia que 
tuvo el mencionado descubrimiento en la educación 
es el hecho de haber originado algunas concepciones 
religiosas en la raza aria. Helo aquí : 

« El aparato ([ue usaban los arias para encender 
fuego se componía del pramantlid, palo giratorio , y 
del swastlha, (araní según Kühn), dos maderos co- 
locados el uno sobre el otro en forma de cruz, con 
un pequeño hueco en el punto de intersección, en el 
que se apoyaba la punta del pramantM. — El fuego 
tuvo su madre, Maj/a, y su padre, Tivastri, el divino 
carpintero que ñibricaba el itramauthd y el swasülca, 
cuyo frotamiento engendraba al hijo divino , Agnl, (en 
latín, Ignls), el cual se llamaba Alda [ungido, Kris- 
Tos), cuando los sacerdotes derramaban sobre su ca- 
beza el espirituoso soma, y sobre su cuerpo la mante- 
ca purificada del sacricio. — Este procedimiento para 
encender fuego condujo á la idea de la reproducción 
sexual, como muestra un himno del Rigveda... » (1 ) 



( 1 ) Batofí toiiindos dr la PreJiisforin y Origen de In ri- 



DEL FOLK-LOIIE 88 



Tales son los datos que lie recogido y las conside- 
raciones que me han sugerido los mismos, sobre lo 
que no he vacilado en llamare? w//o de hasilisco. Como 
decía en el prólogo, á otros toca ampliar 3^ aclarar- 
lo que tan ligeramente dejo apuntado. 



viUzación , por Manuel Sales y Ferré, (págs. 251 y 257 del 
tomo primero. — Sevilla , 1880). 



JUEGOS INFANTILES 



DE 



RECOGIDOS Y ANOTADOS 



POR 



SEEGIO HERNÁNDEZ DE SOTO, 

Socio del Folk-Lore Andaluz 
y honorario del E xtremeño 



TKRCEIIA sElíll-: 



Juegos de niñas de cinco años en adelante. 

1. 

.i. la (uitón. 

Divídense las niñas eu dos bandas, (jiie se youeu 
frente á trente cogidas de la mano. Una de las bandas 
se adelanta hacia la otra y vuelve á retroceder, di- 
ciendo : 

1.* — A la limón , á la limón , 
La fuente se ha caído. 

Rei)ite la otra banda el mismo movimiento de avan- 
ce y retroceso, diciendo: 

2.* — A la limón, á la limón, 

Mandarla componer. 
1.*— A la limón, á la limón, 

Xü tenemos dinero. 
2.^ — A la limón, á la limón. 

Nosotros lo tenemos. 
1.* — A la limón, á la limón, 

Pasen los caballeros. 
2.* — A la limón, á la limón, 

Nosotros pasaremos. 



88 BIBLIOTECA 



Las niñas de la primera banda, levantan los bra- 
zos formando arcos, por bajo de los cuales pasan las 
de la segunda, soltando las manos, y empieza de nue- 
vo el juego (1). 

Zafra. 

San Serení. 

En este juego , se cogen las niñas de la mano , for- 
mando rueda ^ y al par que van dando vueltas, dicen: 

— San Serení, 

A la buena, buena vida, 

Hacen así, 
Así los zapateros 

x\sí , así , así. 

Sueltan las manos, é inclinando el cuerpo, imitan 
con los brazos á los zapateros cuando están cosiendo. 
Vuelven á cogerse, y anda la rueda. 

— San Serení , 

A la buena, buena ^ida, 

Hacen así, 
Así los carpinteros 

Así , así , así. 

Imitan á los carpinteros cuando cepillan ó asiei'ran, 
y de este modo van enumerando el trabajo de la cos- 
turera, planchadora, herrador, escribano, etc., etc. 

Zafra. 

(1) Este juego, así como .los números siguientes hasta 
el 8.°, son conocidos en Andalucía. 



DEL rOLK-LOKE 89 



El Mamhri'i. 

Cógeuse de las manos formando rueda. }- haciéndo- 
la girar, dicen : 

— Este es el Mambrú señores, 
Que se cantará al revés. 

¿Ha visto V. á mi marido 
En la guerra alguna vez? 
Mi marido es un buen mozo 
Vestido de aragonés, 
Y en la punta de la lanza 
Lleva mi pañuelo ü'landés , 
Que le bordé cuando niña 
Cuando niña le bordé. 

Zafra. 

( Variante.) 

— Mambrú se fué á la guerra 

/ Viva el amor ! 
No sé cuando vendrá, 
¡ Viva la rosa de su rosal ! 
Si vendrá por la Pascua 

/ Viva el amor ! 
O por la Navidad, 
¡ Viva la rosa de su rosal ! 
Vel ai/í viene un paje 

/ Viva el amor ! 
¿Que noticias traerá? 
¡ Viva la rosa de su rosal ! 
La noticia que traigo 

; Viva el amor ! 



90 J'.IBLIOTECA 



Mrtinbrú s' ha muerto j'a, 
¡ ^'iva la rosa de su rosal! 
Vel ayi con la caja 

/ Viva el amor ! 
Un pajarito va, 
j Viva la rosa tle su rosal ! 
Cíintando el pío , pío , 

/ Viva el amor ! 
Cantando el pío , pá , 
¡ Yiva la rosa de su rosal ! 



Alauc/c. 



( Otra cariante. ) 

— Mauíbrú se fué á la guerra 
Montado en una perra , 
La perra se cayó 
Mambn'i se reventó. 

A esta última palabra, todos se tiran al suelo, y 
después continúa el juego. 

Merída, 

4. 
El Carabi 

Juégase en rueda como los dos anteriores. 

— Qué hermoso pelo tienes, 

Carabi. 
¿Quién te lo peinará? 
Carabi, hurí, hurí, hurú. 

Elisa , Elisa , 
La del Manibrú. 
Lo peinará mi tía , 
( -a rabí , 



DEL F()i-K-LOi;j': ni 



Con peine de cristal, 
Carabí, hurí, hurí, hura. 

Elisa, Elisa, 
La del Mambrú. 



O. 
CarriÓH. 



Zafra. 



Este juego suelen las niñas jugarlo, unas veces 
formando rueda como los números 2, o 5^ 4; y otras 
se dividen en dos grupos como en el núm. 1. En am- 
bas formas, cantan lo siguiente: 

1 

— Carrión , tira del cordón 
Cordón de la Italia, 
¿ Dónde vas amor mío 
Sin que yo vaj'^a? 

Carrión, tira del cordón 
Cordón de Valencia, 
¿ Dónde vas amor mío 
Sin mi licencia? 

En el Último caso , se cruzaii las dos bandas , pa 
sando una bajo los arcos que forma la otra. 

Villafra?ica. 

Ü. 

La Viudiia. 

Las jugadoras, en número impar, forman corro co- 
gidas de la mano, quedando dentro de la rueda una 



0'2 BIBLIOTECA 



niña que es la viuda. Empieza á girar la rueda, can- 
tando al mismo tiempo todas : 

— Soy viudita 
Lo manda la ley 
Quiero casarme 
No encuentro con (juieii. 

La de dentro, señalando á una y á otra, dice : 

— No es contigo, ni contigo. 
Ni contigo , ni contigo , 
Solo contigo me casaré. 

Se abraza auna niña, todas hacen lo mismo, y la 
que se queda sin pareja entra en la rueda y sigue el 
juego (1). 

Zafra. 

(1) El Sr. Giusseppe Pitre, en su ya citada colección, 
trae varios juegos de rueda, entre ellos los mimeros 150, lól 
y 152, que son mu}'' semejantes cá los nuestros, y en los que el 
número de los jugadores es impar. 

Polux en su obra Onomasticóu (IX, 114) hal>la ya de estos 
juegos y cita el de Los besos, como muy conocido en Grecia y 
Turquía. Más adelante (IX, 125) habla de otro que titula La 
tortuga, y lo describe en esta forma: 

« Se forma un corro de niñas , y en el centro se sienta otra 
que es la tortuga. El corro da vueltas y dice: 

— Torti-tortuga, ¿qué haces ahí? 

— Estoy dividiendo la lana y el hilo de Milet. 

— ¿Cómo ha muerto tu hijo? 

— Desde lo alto de los caballos blancos (las olas) se arrojó 
al mar. » 

L. Becq de Fouquieres, al ocuparse de este juego en su obra 
(Les jeux des anriens, Vaiiñ. 1869, pág. 38), dice que cree 
ver en él un recuerdo de la batalla naval de Salamina , donde 
fué derrotada la Ilota de Xerxes el año 480 antes de J. C. 

«Cuando Xerxes — dice — volvió derrotado á la Corte, ésta le 
preguntó : 



DEL FOLK-LOEE 93 



El Conde de Caira. 

Se juega en la misma forma y con número igual co- 
mo el anterior. A medida que anda la rueda, van can- 
tando: 

La nieda. — La viudita, la viudita 

La viudita se quiere casar, 
Con el conde , conde de Cabra, 
Conde de Cabra se le dará. 

La viuda. — Yo no quiero al conde de Cal» a 
Conde de Cabi'a ¡triste de mí! 
Yo no quiero al conde de Cabra 
Conde de Cabra , si no es á tí. 

Abraza á una nina de las del corro, que se suelta, 
volviendo á, cerrarse la rueda, y siguen cantando 
mientras las dos que están dentro valsan al compás 
del canto : 

Corro. — La hora callada 

Mi prenda querida, 
Gustosa á mi lado 
Por toda la vida. 
Contigo sí, es contigo 
Con quien no casaré yo. 

»> — ¿Dónde están tus imiumerables compañeros? 

Y él respondió : 

)) — No existen; han perecido en las olas y sus cuerpos han 
sido arrojados á la playa. Yo vengo solo, sin escolta.» 

El autor cree ver representado á Xerxes en la niña que hace 
la tortuca. 



94: BIBLIOTECA 

Se sueltan todas y se abrazan á la que está á su 
lado, la que queda sola entra en el corro. 

Zafra. 

(Variante.) 

— Qiiien dii'á de la carLonerita 
Quien dirá de la del carbón 
Quien dirá que yo soy casada 
Quien dirá que yo tengo amor. 

La viutíita, viudita 
Se quiere casar, 
Con el conde, conde de Cabra 
Conde de Cabra de está ciudad. 

Yo no quiero al conde de Cabra 
Conde de Cabra, ¡ triste de mí ! 
Yo no quiero al conde de Cabra 
Conde de Cabra, si no es á tí. 

Esta variante se juega en la misma forma que el 
número G. 

Zafra, 

8. 
Arroz con leche. 

La forma del juego es como el anterior. 

— Arroz con leche 
Me quiero casar 
Con una mocita 
De este lugar. 

No es con ésta, 
Ni con ésta, 
Sólo con ésta 
Quiero casar. 



DEL FüLK-LOIiE 



Se abrazti á la elegida, las demás le imitan, y la 
que queda de non entra en la rueda. 

Mérida. 
9. 

El Eomero. 

El número de niñas en este juego es también impar 
como en los anteriores, y al final se abraza la que es- 
tá dentro siguiendo las demás el ejemplo. 

— A la mata , á la mata , 

Romero verde , 
Si el romero se seca 
No hay quien lo rie^riie. 

¡ Cielo ! 
;Ay! qaa se va 
Mi amor al estudio. 
¡Ay! que se va 
Sin libro ninguno. 
Déjame entrar 
Contigo en la iglesia 
Déjame entrar 
Haré penitencia. (1) 

Zafra. 



(1) En la miscelánea del núm. 9 de la revista FolJc-Lore 
Andaluz (Sevilla, 188, pág. 374, suscrita por Micrófilo), se 
encuentra una variante de este juego , que es como sigue : 
— A la mata, á la mata 
Romero verde. 
Que el romero se seca 
No hay quien lo riegue. 

Cielo. 
¡ Ay, que se va 



9í> BIBLIOTECA 



10. 

El jardín de Venus. 

Es de rueda, y es indiferente el número de niñas 
que en él toman parte. Al girar la rueda, todas 
cantan : 

Si queréis al conde de Cabra 
Conde de Cabra y puede ser: 
En el jardín de Venus, 
Tres maravillas van 
Y la que va en el medio 
Hija es de un capitán, 
Sobrina de un alfére?., 
Nieta de un coronel. 
Soldado de á caballo 
Retírate al cuartel. 
Ya me voy retirando 
Y^a me retiraré, 
Que voy á ver la novia 



Mi claro lucero ! 
¡ Ay, que se va , 
Sólita me quedo ! 
Vente á mis brazos. 
Yo te amaré. 
Serás mi gloria, 
Serás mi bien : 
Serás lucero 
Del amanecer. 
Ni contigo. 
Ni contigo, 
Sólo contigo 
Que eres mi bien. 



DEL FOLK-LORE 97 



Que está frente al cuartel. 
Á la de haijolita, 
A la de hay ole. (1) 

Acabada la canción, vuelven á repetirla, y sigue 

la rueda. 

Alange, 

11. 

Tiirnmtuntü. 

Formada la rueda, va girando, y las niñas cantan: 

Las cortinas de mi alcoba, 
Son de terciopelo azul, 
Entre cortina y cortina 
Se pasea un andaluz ; 
Coche de oro, — para el moro. 
Coche de plata, — para la mata. 
Turruntuntú , — que vuelvas tú. 

La niíía señalada se suelta, y vuelve á agarrar, 
quedando con el rostro vuelto hacia fuera. La muta- 
ción se repite en todas, pero una á una, después de 
cantar la rima, hasta que se vuelven todas. Entonces 
dicen sin parar la rueda : 

A los bollitos de miel, 
A los de San Miguel, 
A los de pan dm'o, 
Que se vuelva (el nombre de la niña) de c. 



( 1 ) Subraj^amos esta palabra , que no sabemos el sentido 
que tiene, y que ponemos tal como la hemos oído pronun- 
ciar. 



TOMO III 



i)y BIBLIOTECA 



Conforme las van nombrando, se van volviendo de 
espaldas una á otra, y así que están todas, dicen: 

Diu'o, duro, 
C... con c... 

Se dan golpes espalda con espalda, y vuelven á 
ei'pezar de nuevo. 

Zií/ra. 

( Varl'T,)!.-. ) 
La rueda San Miguel. 

A la rueda San Miguel 
Que los santo 5 quieren ver, 
Duro, duro, 
Que f?e vuelva (el nombre de \x niña) de e... 

\ferifln. 

lí?. 

La rxcda d" I.<¡abel . 

Kw ]\ladrid liay un palo ció 
Que le llaman de oropel. 
Donde vive una señora 
(¿ue le llaman Isabel. 
Su padre no quería darla 
Ni pó el conde ni el marqués. 
Ni por el oro que valija 
La corona de Isabel. 
Estando mi día jugand(t 
Vn jueíTo del alfiler. 



DEL FOLK-LOIÍE U\) 



Ha pasado un chico mozo, 
Chico mozo aragonés, 
I^a ha cogido de la mano 

Y la ha ilcAadü al cuartel, 
En el medio del camino 
Llora la triste Isabel. 

— ¿Por qué lloras, hija mía? 
¿Por qué lloras, Isabel? 

Si lloras por tus hermanos 
Xo los volverás á ver. 

Y si lloras por cu pad.'c 
Prisionero lo has de ver. 

— Xo lloro por nada de eso, 
Ni por ningún interés, 
Lloro i)or un puñal de oro. 

— ¿ Puñal de oro para qué ? 

— Para partir esta pera 
Que vengo muerta de sed. 
El se lo ha dado al derechc) 

Y ella lo toma al revés. 

Rri de rueda este juego , como los anteriores. 

Vd. 

Los cualro novios. 
También es de rueda, y cantan lo signitjnte: 

En el jardm de lulo 
Se pasean los coleginlea, 
por las orülas, 

¡Ja,jay! 
por la? orilUs. 



100 BIBLIOTECA 



Le preguntan á nna niña 
si tiene novio 

si tiene novio. 
Respondió la sin vergüenza 

3'o tengo cuatro. 
Es el primero un hijo 

(le un boticario, 
Que me da los jarabes 

para el catarro. 
El segundo es un hijo 

de un comerciante, 
Que me da los vestidos 

muy alegantes. 
El tercero es un hijo 

de un cordonero, 
Que rae hace cordones 

para mi pelo. 
Es el cuarto un hijo 

de un peluquero. 
Que me hace pelucas, 

me riza el pelo. 

El estribillo ¡ja, jay! que ponemos al principio, se 
repite á cada dos versos, hasta concluir. 

Alange. 
14. 
La Mariposa. 

Se forma una rueda de niñas, dejando dentro una 
de ellas. Las de la rueda tiene cogido el vestido de la 



DEL FOLK-LOKE 101 



mariposa (que es la que está dentro) por la orilla y 
levantado á la altura de las manos. La rueda está pa- 
rada, y otra niña va dando vueltas por fuera, can- 
tando : 

— Quién es esta gente 
Que pasa por aquí, 
Ni de día ni de noche 
Me deja dormir. 
— Son las hijas del rey moro 
Que vienen por D.* Ana. 
D.* Ana no está en casa 
Que está en el jardín 
Abriendo la rosa 
Cerrando el jazmín. 

Las ninas del corro juntan las manos sobre la ca- 
beza de la que está dentro, de modo que ésta quede 
cubierta con el vestido. La de fuera continúa: 

— Mariposa, posa, 
Vestida de rosa, 
A la luz del candil 
¿ Está mi mariposita aquí ? 

— Sí señor. 

— ¿ Cuántas camisas ha hecho ? 

— Una. 

— Para cuando vuelva que tenga dos. 

Sigue dando vueltas y preguntando en la misma 
forma, desde «mariposa, posa,» etc., hasta que son 
siete las camisas hechas. Entonces dicen todas: 



102 



BIBLIOTECA 



— Estando D.^ Ana 
Metida en el verjel, 
Cogiendo rositas 
Al amanecer 
Tapar y esconder, 
Tapar y esconder. 

Tapan á la mariposa y se esconden todas. La que 
después se deja coger, hace de mariposa en el juego 
sis:uiente: 



Zafra. 



La galüiui pajyujá. 

La gallina pa^juja 
Pone huevos en el corral. 
Pone uno, pone dos, 
Pone tres, pone cuatro , 
Pone cinco, pone seis, 

Pone siete, pone ocho 

Tapa bizcocho. (1) 



(1) Llaman á este juego los sevillanos Lus jjoLUtos sa- 
ín and. (Véase el t. I de la obra citada del íSr. Eodríguez Ma- 
rín, págs. 40 y 50). 

En Cataluña, según dice el Sr. Maspons, se llvanaha fjalli- 
na lyitritana. He aquí la fórmula (pág. 20): 

— La gallina puritana 
Pon un ou cada scmmana, 
Ponlu un , ponhi dos , ponhi tres, 
Ponlii quatre, ponhi cinch, 
Ponlii sis, ponhi set, ponhi vuji;, 
Ponhi non, ponhi deu, 
Tja gidiina de la Sou 
Din (ju" :nn;!gui nquest l)on pni. 



dp:l folk-loep: 108 



10. 

Los Colores. 



Se ponen las niñas en fila. Una liace de dueña de 
ellas y otras dos niñas representan á un ángel y al 
demonio; ésta última tiene en la mano un tenedor. 
Sin que lo sepan estas últimas, la directora lia dado 
tí cada una de las otras por nombre un color. Llega 
el ángel \ pide un color, si lo hay se lo lleva, y si no, 
se va sin él. Después llega el demonio y hace lo mis- 
mo. El interés del juego está en ver cuál de los dos 
se lleva más niñas. ( 1) 



(1) El Sr. ívíaspons, en la pág. 91 de su obiita citada, 
trae este juego, en que las niñas toman cada una el color de 
una cinta, una de ellas, con una palma, íigura ser un ángel, y 
otra, con ima horquilla, el demonio. Estas dos alternativa- 
inoite se acercan á la que dirige el juego y entablan el siguien- 
te diálogo: 

— Pim, pum. 

— ¿ Qui hi ha ? 

— ün ángel con palma. 

— ¿Qué vol? 

— Una cinta. 

— ¿De quin color"? 

Dicen el color, y si lo ha}* se lo llevan. 

En Sicilia, según el Sr. Pitre, se llama A U culúra. Es el 
número 139, pág. 261 de su colección, y lo describe así: «El 
ángel , figurando las alas con las manos , llega , pide un color, 
y si lo hay se lo lleva. Cuando el diablo , que figura los cuernos 
con las manos, se acerca á pedirlo, si lo hay se lo dan dicien- 
do : — Vete al infierno, maldito. — Cuando concluyen, el diablo 



101 



BIBLIOTECA 



17. 

La tienda. 

Sentadas en sillas en dos hileras , espalda con es- 
palda^ se ponen las niñas , cada nna de las cuales to- 
ma el nombre de una tela, generalmente las más vis- 
tosas. La que dirige el juego da vueltas alrededor de 
las otras diciendo : 

— Yendo por la calle arriba, yendo por la caUe abajo, me 
encontré (v. gr.) con el tercio|)elo. 

La niña que tomó este nombre se levanta y sigue 
á la directora. Así va nombrando á las otras, que á 
su vez la siguen, j cuando todas están ya en movi- 
miento, la que dirige se sienta, las demás la imitan, 
y como hay una silla de menos, la que se queda. sin 
asiento es la que dirige el juego la segunda vez. 



empieza á picar las almas que tiene , y éstas huyen hacia don- 
de está la directora. » 

También el Sr. Corazzini en su ya mencionada obra, pág. 84, 
trae un juego muy semejante á este de que nos ocupamos. 

«Las niñas — dice el Sr. Corazzini — se dan el nombre de una 
flor y se ponen en fila; llega otra y dice: 

» — Entro en un bello jardín, tres pasos do}', busco una rara 
flor y no la encuentro. 

» — Qué flor buscáis? 

» — La magnolia. 

))Y si la hay ésta contesta: 

» — Esa rara flor soy yo , la ríverisco , adiós. » 

Este juego lo recogió el colector en Siena, y cita otra va- 
riante de Verona. El Sr. Corazzini hace constar en una nota su 
duda de que sea este juego de origen popular. 



DEL FOLK-LOKE 105 



18. 

La Jnierta. • 

En este juego una niña hace de hortelana, y otras 
varias toman el nombre de una legumbre. Hay oti-as 
que van á comprarlas , pero creyendo la huerta mal 
guardada, tratan de cogerlas por sí, lo que impide el 
perro, (otra niña). Las compradoras, en vista de es- 
to, se deciden á matar al animal que impide sus des- 
afueros; lo realizan, y entonces el dueño de la huer- 
ta da cuenta del hecho al juez. Se celebra juicio, se 
alegan razones en pro y en contra, y al fin salen con- 
denados los matadores, no sin ver si el perro .está 
efectivamente muerto. Pero resulta que el perro está 
vivo, y entonces el juez reconviene al dueño por su 
ligereza. 

19. 

La lavandera. 

Se cogen las niñas de la mano y forman una rue- 
da, dentro de esta rueda hay otra niña que se llama 
Mariquilla; por fuera está otra que es la madre. Esta 
última dice á la hija; 

— Mariquilla yo voy á lavar , mientras yo lavo , barre y 
limjiia la casa. 

— Bueno, madre. 



106 iíBiilOTECA 



Se ya la iiuidie^ ándala rueda, y Maiiquilla .se po- 
no á saltar, diciendo: 

— Mientras mi niaclre fué á lavar, yo quiero jugar. 

— Mientras mi madre fué á lavar , ete. 

Vuelve la madre, la rueda para, y Mariquilla se 
pone á barrer. 

— ¿Mari quilla que estás haciendo? 

— Madre, barriendo. 

— Pues si me dijo un fraile que catabas jugando- 

— Miente V. y el fraile. 

— ¿ Y si es de misa ? 
— -Sin camisa. 

— ¿ Y si es de serm('>n ? 

— Sin camisón. 

— Toma , Ma;riquilla de mi corazón. 

La pega, y luego dice: 

— Para cuando venga , que tengas cernida la harina. 

Se va la madre, y vuelve á repetirse la misma es- 
cena, con la única diferencia que, á la pregunta de 
la madre, contesta: 

— Madre , cirniendo. 

E imita el movimiento del cedazo. Desi»ués la ma- 
dre le manda que amase y cueza el pan, y ella , al ser 
preguntada, responde sucesivamente: 

— Madre , amasavjclo. 

— Madre, cociendo. 



DEL FOLK-LOKE 1U7 



Entonces las del corro gritan : 

— ¡ Madre ! yo quiero comer. 

— Toma ?»Iariqmlla, vmi y miel, 
para que les des á las niñas de comer. 

Vuelve á irse ki madre, 3* Mariqnilla so pone á 
saltar de nuevo: 

— Mientras mi madre íué á lavar 
yo ([uiero jngar. 

En esto ve venir á la niadso, é imitando darle al- 
go á las demás jugadoras, las recorre todas una á 
unii diciéndi)les : 

— ¡ Toma ! pan y gicl 
y no se lo digas á madre. 
¡Toma! pan y ¡jiel , etc. 
— ¿ Mariqnilla, que estás haciendo ? 

— Madre , comiendo. 

— ¿ Le has dado á las niñas de comer ? 

— Sí, señora, pan y miel. 

Las demás jugadoras levantan hs brazos en fur- 
nia de arcos, y gritan todas: 

— No, señora, madre, 
Pan y gtel. 
Madre , pan y g¿cl. 

— ¡Ah, picara! ¿no te dije que les dieras pan y miel"? ¡To- 
ma, pan y giel! ¡Toma, pan y (/i el! 

Saie tras ella á pegarle, y una tras otra , entran v 



108 BIBLIOTECA 



salen en la rueda por bajo de los arcos, hasta que 
dos de ellas se sueltan las manos , y Mariquilla se 
agarra y queda en el corro. 

Hay otra versión que es enteramente igual, con la 
sola diferencia de que á la segunda vez que vuelve la 
madre, le dice á Mariquilla. 

— Para cuando vuelva, tienes que cernir, amasar, cocer el 
pan y ciarle la bollita á abuela. Si te da pan y miel , ]j<i las 
niñas , y para tí »pan y giel. 

Zafra. 

20. 
Zarcillos de oro. 

Una niña que hace de madre, se sienta, y delante 
de ella la hij£^ menor, luego otra y otra, por orden de 
edad. Otras dos niñas cogen un pañuelo por las pun- 
tas, y formando un arco, andan de arriba abajo de 
las que están sentadas, cantando: 

Niñas. — De Francia vengo señora, 
. Traigo un hijo portugués , 
Y en el camino me habla 
De las hijitas de V. 
Madre. — Si las tengo ó no las tengo, 
No las tengo para V. , 
Medio pan que yo tuviere 
Lo reparto entre las tres. 

Las de el pañuelo se retiran, y la madre prosigue: 



DEL FOLK-LORE 109 



Venga V. caballerito , 
No sea tan descortés, 
De las hijitas que tengo 
Escoi'a la más mujer. 
Cuidado , caballerito 
Que me la cuide V. bien. 
Niñas. — Bien cuidadiía estará, 

Bien cuidadita , muy bien , 
Sentada en sillón de oro 
Bordando puños al rey, 
Azotitos con correa 
C Liando sea menester, 
Mojaditas en vinagre 
Para que le sienten bien. 
Esta cojo por esposa, 
Esta cojo por clavel, 
Esta cojo por esposa, 
Pues me ha parecido bien. 

La coge de la mano y le dice: 

Levanta clavel. ' 

La iiifia no contesta, y vuelve á decirle: 

Levanta clavel, 
— Me levantaré. 

Se levanta y se la llevan ; después vuelven pidien- 
do una rosa, y la madre contesta: 

Madre. — ¿ Y la que le di á V. ayer ? 
Niñas. — La entré en la cama 
y se la llevó la lana. 

Se llevan la segunda, y vuelven por la pequeña, 



lio ]:ii;LIoTj:c'A 



que la madre no quiere entregar , por muchos ofreci- 
nnentos que le hacen; pero .se queda dormida, y en- 
tonces se la roban ; despierta y sale á buscarhi. Las 
otras le rodean, diciendo que no hi han visto; pero 
la sacan de paseo, y entonces la madre la rescata. 

( Variante J 

Se ponen las niñas en la forma que ya se ha ex- 
presado , y dicen : 

Niuíis. — De Francia vengo seuoi'es. 
De por hilo portugués, 

Y en el camino me kan dicho 
Buenas hijas tiene V. 

INIadre. — Que las tenga ó no las tenga. 
Yo las sabré mantener. 
Con un pan que Dios me ha dado 

Y otro que yo ganaré, 
Ninas. — A Francia vuelvo señores , 

A los palacios del rey , 

Que las hij V6 del rey moro 

No me las dejaron ver, 
Madre. — Vuelva, vuelva, caballero, 

No sea tan descortés , 

De las tres hijas que tengo 

Tome la que guste V. 
Niñas. — Esta tomo por esposa, 

Por esposa y por mujer , 

Me ha parecido una rosa. 

Me lia parecido un clavel, 
lyíính'e. — Lo que le encargo señore» 

Que me la traten muy bien. 



1)EL FOLK-LOKE 111 



Niñas. — Bien tratadita señora, 
Bien comidita también, 
Sentada en silla de plata 
Haciendo puños de vf' , 
Azotitos con correa , 
Cuando lo sea menester. 
Levanta nabo. 
Hija. — Estoy sentado, 
Xiüas. — Levanta cebolla. 
Hija. — Estoy en la olla. 
N iñas. — Levanta peregil . 
Hija. — Eso sí, que me gusta á mí. 

Se levanta la uiüa y se la llevan ; hacen la misma 
operación con la segunda, y cnando le toca ála clii- 
ca, al terminar la rima anterior, se dirigen las emba- 
jadoras á la madre, y dicen: 

Niñas. — Que venimos por la reina, 
aladre. — Que la están peinando. 
Xiuas. — Que vonimo;? por la reina. 
Madre. — Que le están poniendo el vestido de piara. 
Niñas. — Que venimos por la reina. 
Malrc. — Que lo están poniendo la corona de oro. 
NÍHa>. — En sillita de oro y plata 

á llevar á la reina á su bonita casa. 

Entre las dos niñas hacen la silla descrita eu la 
segunda serie, y se la llevan. 

Zafra. 

(Otra variante.) 

Niñas. — De Francia vengo señores, 
De por hilo portugués , 



112 



BIBLIOTECA 



En el camino me han dicho 

Que tres hijas tiene V. 
Madre. — Que las tenga ó no las tenga 

Que las deje de tener, 

Medio pan que yo tuviere 

Con ellas lo comeré. 
Niñas. — Muy enojado me voy 

A los palacios del rey , 

Que las hijas del rey moro 

No me las dan á escoger. 
Madre. — Vuelva, vuelva, caballero 

No sea tan descortés , 

De las tres hijas que tengo 

Escoja la más mujer. 
Niñas. — Esta cojo por bonita, 

Por bonita y por clavel , 

Mo ha parecido una rosa 

Acabada de nacer. 

Levanta clavo , 
Hija. — No quiero , que estoy hincado. 
Niñas. — Levanta, clavel. 
Hija. — Yo me levantaré. 
Niñas. — ¿ Qué quieres , harina ó artesona ? 

Si la niña dice: harina, le dicen : 

— A la puerta la cocina. 

Si dice: artesona: 

— A la puerta la corona. 

Se llevan la niña primera, y después de repetir lo 
dicho, se lleA^an la segunda, quedando sola la chica. 
Vuelven las embajadoras y dicen: 



DEL FOLK-LOKE ll-í 



Niñas. — Zapatitos ele oro 

traigo á la niña. 
Madi-e. — No va la niña. 
Niñas. — Un p... pa la madre 

y otro pa la niña. 
Madre. — Y otro va la real cochhia. 

En esto se duerme la madre, roban á la niña, y la 
esconden en un rincón. Otras tres se ponen delante, 
3^ la de en medio, recogiéndose el vestido, separa las 
piernas figurando la boca de un horno. La madre 
despierta, y al ver que no está la hija sale á buscar- 
la. Llega donde están las otras y les pregunta : 

Madre. — ¿Ha visto V. mi niña? 
Niñas. — Por la calle de las pulgas. 

La madre se sacude la ropa, y dice: 

Madre. — ; Ay , qué de pulgas ! 
Niñas. — Por la calle los piojos. 
Madre. — j Ay , que de piojos ! 

— ¿ Me da V. ima brasita de lumbre ? 
Niñas. — Tengo un perro. 
Madre. — Yo le echaré pan y queso. 

Entra la mano por debajo de la niña que está en 
el medio, la que está escondida la araña, sale co- 
rriendo, y todas las demás tras ella gritando. 

Mé riela. 

Como se ve , la última parte de esta variante no se 
encuentra en las anteriores. Aunque confusamente, 

TOMO III 8 



114 BIBLIOTECA 



creemos recordar que las niñas jugaban en Zafra un 
juego muy semejante á esta última parte, pero aun- 
que hemos tratado de enterarnos de ello , ninguna de 
las niñas á quien hemos preguntado ^ ha podido dar- 
nos razón. (1) 

21. 

Las climas. 

Se ponen varias niñas sentadas en el suelo alrede- 
dor de una lancha (losa), y empiezan el juego. Las 
chinas son cinco piedrecitas del tamaño de un huevo 
de paloma poco más ó menos, que tienen casi la mis- 
ma forma. Estas piedras suelen recogerlas en las ri- 
beras ó grandes. arroyos , donde, arrastradas por la 
corriente^ se han redondeado , perdiendo los cantos 
más ó menos pronunciados que antes tenían. Son 
muy estimadas en Extremadura las que se cogen en 
el lecho del río Guadiana cuando éste se encuentra 



(1) Este juego es conocido también en Andalucía. En el 
número 6 de la revista Folk-Lore Andaluz , págs. 196 y 218, 
se encuentran dos variantes publicadas respectivamente por 
los Sres. Palomo y Machado. En el mismo número , pág. 216, 
se encuentra otra variante portuguesa , publicada por el dis- 
tinguido escritor portugués tír. D. Joaquín de Araujo. En el 
número 8 de la misma revista, págs. 314 y 315, presenta el 
Sr. Machado otras dos variantes recogidas, la primera en 
Huelva y la segunda en Villa viciosa (Asturias). 

El Sr. Maspons lo trae también en su obrita , págs. 47 á 
la 49. He aquí la versión catalana : 



DEL FOLK-LORE 115 



descrecido, y que son una especie de guijarro muy 
duro y fino , de color de chocolate, que se conocen con 
el nombre genérico de roijos de Guadiana. Esta mis- 



Conversa del rey moro. 

— Uno, dos, tres. 

— Tres passos n' he fet en térra 
No se '1 rey si 'm dirá res. 
Aqui t' envío la conversa. 

La conversa del' rey moro: 
De dos hijas que tá tienes 
id me quieres dar la una.-a 

— Si las tengo, no las tengo. 
No las tengo x>ara dar; 

Si las tengo , no las tengo , 
No las tengo ^ara tí ; 
Que del jpan que yo he comido 
Ellas también comerán. (-•=) 
— Jo men vaig mol descontenta 
Dret '1 palacio del rey. 

— Torna, torna, esciidereta, 
La mes Hnda te 'n daré , 

La mes Hnda y la mes guapa 

La mes guapa del roser. 

— Aquesta li 'n prendí per esposa, 

Per esposa y per mulle. 

— Lo que 't suplico, escudera, 

Que me la gohernis bé. 

— Bé 'n será ben contemplada 

En cadira d' or sentada , 

Dormirá en brassos del rey 

A Deu perla y clavell. 

El ilustre mitógrafo italiano Sr. Giusseppe Pitre en su últi- 
ma colección, tantas veces citada, pág. 258, trae un juego con 
elnúm. 137, titulado A Santa Catarijia di Sena, que es muy 
semejante á ésta. Una niña que hace de Santa Catalina, se va 
llevando las niñas una á una , y cuando solo queda la última, 
la madre no quiere darla y se disculpa. 

(*) Estos versos los trae subraj^ados el Sr. Maspons, 



IIG Lill3LlUlECA 



iiia piedra, pero de gran tamaño, es de la que se sir- 
ven los zapateros para batir la suela. 

Este juego se compone de cinco partes , á saber: 
Las íoias, las dos, las tres, el pon y el arco. La niña 
que es mano, que por lo general lo es siempre la due- 
ña de las chinas, es la que empieza y dice: 

— A mis unas. 

Coge las chinas con la mano derecha y las echa 
sobre la lancha, procurando que todas caigan separa- 
das: coge una de las dos que estén más próximas, la 
tira por alto, y en el breA'e tiempo que ésta está en el 
aire, coge otra de las del suelo, acudiendo á parar 
la que viene bajando , repitiendo la operación hasta 
cogerlas cuatro, una á una. Si al coger alguna de 
las que están en el suelo toca con los dedos á otra, 
pierde^ y si la que está en el aire se cae antes de co- 
gerla, también pierde, y sigue otra el juego. 

Terminada esta parte, dice: 

— A mis dos. 

Vuelve á echar las chinas, procurando que no es- 
tén muy separadas^ pues tiene que recogerlas dos á 
dos, ínterin la quinta está en el aire. 

— A mis tres. 

Tiene que coger primero una, y después las tres 
que quedan , de una sola vez. 

— A mi pon. 



1>EL FOLK-LOlíE 117 



Tira la china por alto, y pone en el suelo las otras 
cuatro, vuelve á tirarlas 3^ las recoge. Esta parte del 
juego es de las más comprometidas , pues si la juga- 
dora se precipita al ponerlas en el suelo , suelen ro- 
dar y separarse, impidiendo de este modo el poderlas 
recoger con facilidad en el breve tiempo que le con- 
cede la china que va por el aire, y en e?le caso, 
pierde. 

— A mi arco. 

Échanse las chinas en el suelo como para las iinas, 
se coge la que más estorbe para la figura , se monta el 
dedo índice de la mano izquierda sobre el de corazón; 
se apoyan éste y el pulgar en el suelo formando un 
arco y lanzando la quinta china por alto con la mano 
derecha, se hace pasar por el arco una de las que es- 
tán en el suelo , recogiendo después la que está en el 
aire, vuelve á tirarla y pasar otra china, hasta que 
pasan las cuatro, y con esto tiene ganado un juego. 

Cuando la niña ha perdido , y al llegarle la vez de 
volver á jugar no se recuerda en que parte ó figura 
perdió, ó las demás no están conformes con lo que 
ella dice, para resolver la cuestión lo echan á la 
suerte. Pone en el suelo cuatro chinas amontonadas, 
quedándose con la quinta en la mano, y dice-. 

— Señor San Marcos , 
Dime la verdad , si no te mato. 
Si me voy á mis unas , 



Í18 BIBLIOTECA 



Si me voy á mis dos , 

Si me voy á mis tres , 

Si me voy á mi pon , 

Si me voy á mi arco. 

Dime la verdad , si no te mato. 

Al decir esto, arroja la quinta china sobre las 
otras cuatro, y según en la forma que éstas quedan, 
así reanuda el juego. 

Hemos dicho que se compone de cinco partes por- 
que éstas son las que generalmente se juegan ; no 
obstante, tiene otras varias figuras extraordinarias, 
y sobre ellas hemos podido adquirir los siguientes 
datos: 

Cuando las jugadoras son ya mayorcitas, ponen la 
partida á seis juegos; pero aun ganados éstos, para* 
)a decisión, tienen la figura del huevo. Si en esta figu- 
ra llega á perder, pierde á la vez todos los juegos 
ganados. 

El huevo. 

Ponen la mano izquierda con los dedos apoyados 
en el suelo y separados, en forma de tienda de cam- 
paña. Colocan después una china en cada espacio que 
dejan los dedos, excepto el comprendido entre el dedo 
imlgar y el pequeño , por el cual han de salir todas al 
i'ecibir el impulso de la mano derecha. Una vez colo- 
cadas las cuatro chinas, dicen , tirando por alto y re- 
cogiendo, á cada frase, la quinta china: 



DEL FOLK-LORE 119 



— Garabatito ( ó garrapatita ) , una. 
Garabatito, dos. 
Garabatito, tres. 
Garabatito , cuatro. 
En el medio pongo mi arco , 
Con perejil y cilanero , 
Dame el cuarto. 
No quiero 

Boticario embustero , 
Patas de guita, 
No quiero más ingüente 
De tu botica. 
Por aquí pasa esta chinita. 

Cada vez que termina la oración , le van dando con 
la mano derecha á ias chinas , empezando por la que 
está entre el dedo pequeño y el anular. Todas cuatro 
tienen que salir como hemos dicho, por entre los de- 
dos pulgar y miñique ; si sale por otro lado ó se que- 
da dentro, pierds. En este último caso, dicen que está 
la china ahorcada. Una vez pasadas todas, tienen 
que recogerlas de una vez, echando por alto la quinta. 

Otra de las figuras extraordinarias , es poner el 
arco sobre el pecho, en vez de ponerlo en el suelo, y 
por allí tienen que ir pasando las cuatro chinas una 
á una , siempre tirando al aire la otra. 

Zafra. 

En Alange se juega del mismo modo, solo que á la 
figura delj7o;?., le llaman escogidíllas , y puente al arco. 
La partida es de hienas y malas, y una de las figu- 



l'iO tnüLIOTECA 

ras extraordinarias , además del huevo , es poner el 
arco sobre el suelo montando sobre el dedo de cora- 
zón el índice, y sobre éste, el anular; colocan des- 
\nfés una china en el hueco que forman estos dos últi- 
mos en la parte superior, }' tirando por alto la quinta 
china, á la que denominan ;)(7(7>us7/y), tienen que ir 
pasando las otras tres por bajo del puente sin que se 
caiga la de arriba, pues si se cae, pierden. (1) 

Las mil Pi >'(■{(>:. 

E.s este uno de los juegos Á que más afu-ionadas se 
nniestran las niñas. Puede derirse que es su juego üi- . 



(1) Creemos haber leído el principio de un artículo pu- 
blicado por el Sr. D. Fraiieisoo Rodríguez Marín en la revistii 
italiana Arcliivio ikv lo studio dellc tradi :: tone 2>02)0u(r t , P/i- 
iernio, en que diclio señor se ocupa en esíe juego. 

El'Sr. Pitre, en su colección, págs. 110 á la 117, trae tres 
voriantes con los números 54, 55 y 5G. Los dos iiltimas son 
como el nuestro, aunque quizás algo nuis complicadas. 

Este juego es tan antiguo, que ya lo cita Polux en su Ono- 
maslicóu (IX, 120). Al hablar de la manera do jugarlo, dice: 
«Se les echa al aire (las chinas), y se procura recogerlas en el 
dorso de la mano. Si se caen algunas es necesario recogerlas 
con los dedos.» 

En el Museo de Ñapóles (Hercul. y l\nnp. ,11, pl. 17), 
existe xma pintura monocroma sobre mármol, ñrmada Alejan- 
dro de Atenas. Esta pintura representa cinco diosas: Lato)ia, 
Niobe, Aglae, Diana é Hilercerea, entre las cuales Aglae é 
ilileron-ea se encuentran en primer término jugando este jue- 
go. Cada una tiene sus cinco chinas. 



DEL FOLK-LORE 1¿1 



vorito. Cuando se las mira embebidas en la contem- 
plación de esos monigotes qne se llaman muñecas , se 
comprende que están en su elemento. Si al hombre le 
fuese dado en esos instantes elegir la que ha de ser 
la compañera de su vida, ¡con qué facilidad podría 
l'.acer la elección de esa media naranja que, debiendo 
ser de almibarado zumo, resulta la mayor parte de 
las Víices de ácido prúsico , que viene á matar las más 
dulces ilusiones, los más bellos sentimientos del al- 
ma! Por desgracia, el hombre no puede hacer esa 
elección prematura, y tiene que hacerla cuando ya 
esas niñas, o la mayor parte de ellas, han sustituido 
á la ingenuidad de la infancia, el disimulo de la edad 
adulta; á la sencillez de la niña, la coquetería de la 
"mujer; es decir, cuando han llegado á esa edad en 
que procuran disfrazar sus verdaderos sentimientos, 
sacrificando muchas veces la convicción á la conve- 
niencia. De ahí esa serie de lamentables equivocacio- 
nes, que convierten en un infierno lo que debió ser 
un paraíso. 

El juego de las muñecas es una fotografía de la vi- 
da doméstica; en él están reproducidos todos los ac- 
tos de la familia, excepto uno, el del alumbramien- 
to. Y es que este es quizás el único acto de la vida en 
que se prescinde de la presencia de los niños, por 
más que hoy, por desgracia, se vaya perdiendo por 
algunos esa moralizadora costumbre , y como no lo 
presencian, y su naciente inteligencia no le permite 



122 • BIBLIOTECA 



aún penetrar esos secretos de la naturaleza, de ahí 
el que prescindan de él. 

Pero salvo este incidente, las niñas educadas en 
el catolicismo saben que uno de los primeros actos 
(para ellas el primero) de su vida social es el bau- 
tismo, y por eso cuando tienen una muñeca, no coni- 
p.renden que pueda estar sola, y compran, ó hacen 
como Dios y su habilidad les dan á entender, un pe- 
queño monigote^ lo visten de una manera adecuada, 
y hacen decir á una de sus muñecas, que es la madre: 
— Ya está el niño vestido, llevarlo á la iglesia que 
lo bauticen. — Y el niño es llevado á la iglesia por 
otra muñeca , porque la niña sabe que la madre ha de 
quedarse en casa para preparar la sala y los dulces 
del bautismo. 

La niña sabe también que los niños no se mantie- 
nen del aire, sino que tiene que alimentarlos la ma- 
dre, y así, acercándolo al pecho de la muñeca, dicen, 
como si fuese ésta la que habla: — \ Pobrecito ! ... i ea !, 
no llores, toma tetita. — una vez callado el niño, 
ellas conciben que éste debe dormir, porque la madre 
tiene que atender á los quehaceres de la casa, y, en 
efecto, arreglan la cuna, y con una solicitud digna de 
ser imitada por algunas madres, acuestan el muñe- 
co, y para que se duerma pronto, mecen la pequeña 
cuna y ponen eii los labios de la madre estas palabras: 
■ — Duerme nanita, duerme nanita. — Y como saben 
que no es suficiente el decirlo, cantan lo siguiente: 



DEL FOLE-LOEE 123 



Eaaa... 

Nanita nana, 
Nanita nana , 
Duérmete lucerito 
De la mañana. 

Duérmete niño 
Que viene el coco , 
Y se lleva los niños 
Que duermen poco. 

La niña sabe también que el sár humano, como las 
plantas, no permanece in statu qito, sino que crece y 
se desarrolla, llegando á convertirse en hombres .y 
mujeres, por eso no siempre sus mimecos se reducen á 
la madre y el niño , sino que , al lado de la madre de 
quien nunca prescinde, como si instintivamente com- 
prendiera qne esa es la verdadera misión de la mujer, 
pone otras veces hijas casaderas á las que llama las 
'¡¡íñas, y á las que adjudica el cargo de ayudar tá la 
madre en sus trabajos domésticos, por eso pone en 
boca de la madre estas palabras, dirigiéndose á las 
hijas: — Tú, fulanita, friega los platos j arregla la 
comida, y tú, zutanita, barre y limpia la casa. — 

8abe que no todo ha de ser trabajar, que el espíri- 
tu (de que ella aún no se da cuenta) necesita sus ra- 
tos de expansión, de esparcimiento, y por eso dice^ 
siempre como intérprete de su muñeca: — Niñas, 
arreglarse, que vamos á ir al paseo, ó al teatro. — 
Pero también saben que hay que cumplir los deberes 
religiosos, por cuanto otras veces dicen: — Fulanita, 



12-1 BIBLIOTÍíCA 



ponte la toca, ó la mantilla, que vamos á misa. — Es 
muy raro el caso en que las niüas hacen intervenir en 
sus muñecas el sexo masculino, y no es ciertamente 
porque lo echen en olvido, no; prueba de ello es que, 
algunas veces , hacen decir a la madre : — Niña , arre- 
gla la comida para cuando venga tu padre, — ó bien, 
— plancha esa camisa para que tu padre se vista de 
limpio. — Esto, y el tener siempre una camita mayor 
que las otras, destinada al padre y á la madre, de- 
muestra bien claro que las niñas no prescinden de la 
intervenciíju del padre en el hogar doméstico, sino 
que comprenden por costumbre, más bien que por 
instinto, que el padre está continuamente en su tra- 
bajo, y solo viene á casa á las horas de comer ó de 
acostarse. 

Tampoco ignoran que el destino de la mujer es el 
matrimonio , y aquí creen ya necesaria la interven- 
ción en sus juegos del sexo masculino, repi'esentado 
por el novio de una de las niñas. Se verifica el casa- 
miento, y saben que en ese caso ha de haber refresco 
y comida, que ellas arreglan á veces con hojas de le- 
chuga ó yerba? , si no tienen otra cosa á la mano. 

Sus muñecas van á la plaza, lavan la ropa, reciben 
y hacen visitas, bailan, cantan, tocan la guitarra ó 
el piano, y en fin, reproducen todos esos actos de la 
vida social. 

Y, ¿para en esto el juego de que nos ocupamo.s? 
No. Las ninas saben, á su manera , que la humani- 



DEL l'OLK LOKE 125 



(liid erstá sujeta á toda clase de vicisitudes, y por eso 
sus muñecas se caen, se lastiman, (3 caen enfermas, y 
entonces es de ver la solicitud con que la madre acu- 
de á la cabecera de la cama, donde no faltan (ideal- 
mente por supuesto) las tazas de caldo de gallina, el 
jamón, los dulces, y todo cuanto ellas creen que pue- 
de apetecer un enfermo, ó ser beneficioso ásu salud. 

Y saben más, saben que el ser liumano no es eter- 
no, y sus muñecas se mueren, y entonces el lecho 
mortuorio se ve rodeado de los seres queridos que 
lloran sin consuelo aquella desgracia: el cadáver es 
amortajado; á la cabecera y á los pies se le ponen las 
corresi)ondientes velas, y por último, es llevado al 
cementerio. 

Este es, en suma, el juego de las muñecas breve y 
burdamente descrito. Si al hombre, como hemos di- 
cho al principio, le fuera dado en esa edad de las mu- 
ñecas elegir la que haya de ser madre de sus hijos, 
llevaría siempre probabilidades de acierto , porque la 
niña que hace que su muñeca inculque á las hijas ideas 
de trabajo y respeto, esa niña parece que debe ser 
buena bija. La niña que trata de que su muñeca cuide 
de que nada falte al padre de sus hiios, encargando 
alas niñas que háganla cama^ arreglen la comida, 
planchen la ropa, etc.; ó haciéndolo por sí misma, 
esa niña creemos que ha de ser buena esposa. Y , por 
último, la niña que hace que su muñeca trate cou dul- 
zura á su hijo, que procura que le dé el pecho para 



126 BIBLIOTECA 



alimentarlo y vele solícita y cariñosa su sueño, esa 
niña, podrá no serlo, por uno de esos arcanos miste- 
riosos del corazón que hace á las veces que los senti- 
mientos humanos se modifiquen ó sufran una desvia- 
ción de su verdadero cauce; esa niña, repetimos, po- 
drá no serlo, pero indudablemente que tiene mucho 
andado para ser una verdadera madre. Este es , vol- 
vemos á decir , el juego de las muñecas. 

Zafra, 
23. 
H. 1. J. K 

Este juego es también de rueda. Cogidas las niñas 
por la mano , se ponen á dar vueltas , al mismo tiem- 
po que cantan lo siguiente : 

— Señoras que pasáis 
Venir á escuchar 
Las niñas de este corro , 
Que van á cantar. 
Peregrina hermosa , 
Si vas á Eoma , 
No te cautiven niña 
En Barcelona. 
Que detrás de la sierra 
Hay un bandido 
Que de todas las niñas 
Saca partido. ( 1 ) 



( 1 ) Los versos que subrayamos , están tomados del bolero 
de la zarzuela Los ¿llamantes de la Corona. 



DEL FOLK-LOKE 127 



Saca partido , sí , 

Saca partido , no , 

Niña de mi corazón. 

H. I. J. K. 

L. LL. M. A. 

Que si V. no me quiere 

Otro amante me querrá. 



Llerena, 



CÜAETI SEEIE 



Juegos de niños de cinco años en adelante. 

1. 

Los soldados. 

Así como las niñas clan su predilección al juego de 
las muñecas, el de los soldados es el juego favorito de 
los niños. 

Este juego, cuyo argumento es tan sencillo, que 
bastan dos palabras para explicarlo, lo liemos elegido 
de exprofeso para ponerlo á la cabeza de esta serie 
por considerarlo , si no el que más , por lo menos uno 
de los de mayor interés para el Folh-Lore, pues á 
nuestro juicio, se encuentra íntimamente enlazado á 
la historia, si no es ya la historia misma de la huma- 
nidad, el eterno principio de la sociedad reproducido 
por la infancia de siglo en siglo. 

Y, antes de entrar en materia, advertimos que do 
tenemos la pretensión de haber hecho ningún descu- 
brimiento, que no hacemos afirmaciones, que solo tra. 
tamos de manifestar las impresiones que nos causa y 

TOMO III . 9 



180 BIBLIOTECA 



reflexiones que nos sugiere este juego, impresiones 
y reflexiones que ni aun el mérito tienen de la ori- 
g'inaliclad, pues antes que á nosotros le habrá ocu- 
rrido lo mismo á todo el que de este juego se haya 
ocupado. 

— « Todos los hombres son hermanos, porque todos 
son hijos de Dios» — ha dicho Jesucristo: — «todos 
los hombres son iguales» — se ha dicho también, y 
nosotros, que inclinamos la cabeza ante la sentencia 
bíblica, no estamos conformes hasta cierto punto con 
lo segundo. Procuraremos explicarnos. Si la palabra 
igualdad se refiere solamente á que todos pertenece- 
mos á la raza humana y que tenemos un mismo ori- 
gen, ó á que debemos ser juzgados todos por la mis- 
ma ley, la aceptamos ; pero si igualdad se toma en el 
sentido absoluto, moral y material de hi palabra, no 
estamos de acuerdo , porque esta igualdad no puede 
existir. La misma naturaleza se ha encargado de de- 
mostrárnoslo clara y distintamente. Buscad, sino, dos 
hombres iguales en la parte física y no los hallaréis; 
buscadlos en la unidad de ideas y os será imposible el 
encentrarlos. Y esa misma desigualdad, establecida 
sabiamente por la Naturaleza, de la que resulta ese 
hermoso conjunto que se llama armonía del Univer- 
so, la hallaréis en todos los actos del hombre, en sus 
gustos, en sus aficiones, en sus caracteres y en su 
inteligencia. Hay hombres que nacen para gobernar 
y otros que vienen al mundo para ser gobernados. 



DEL FOLK-LüiíE 181 



]Slngiiii ejeiiiplo puede deinostrar mejor este aserto 
que el juego en que nos ocupamos. 

Los niños, en nuestra humilde opinión, son los ge- 
nuiíios representantes de la infancia; (¿cómo no, si 
son la infancia misma?) en todas las generaciones, 
del mismo modo que los hombres primitivos, fueron 
ios verdaderos niños de la infancia social. Estos de- 
bieron vivir aislados en sus chozas, como aquéllos en 
sus casas, ínterin no encontraron seres semejantes 
con quienes jugar los unos, ó comunicar sus ideas los 
otros. De la reunión de aquéllos como de la de éstos, 
debió resultar la necesidad de asociarse. Y aquí cree- 
mos nosotros ver el principio de la sociedad. ¿Cómo 
pudo ésta formarse? ¿Precedió á su formación algún 
congreso? ¿Fué el resultado de alguna votación? Tal 
vez estemos equivocados, pero creemos que no. En 
aquellos tiempos no debía conocerse lo que era mo- 
narquía absoluta ni constitucional, república federal 
ó unitaria, ni es fácil que hubiese Cortes, ni estaba 
en boga el sistema parlamentario. El verdadero siste- 
ma, el único procedimiento empleado por aquellos 
primeros hombres, creemos nosotros verlo reprodu- 
cido de generación en generación , en el juego infan- 
til en que nos ocupamos, el juego de los soldados. 
Veamos como es éste. 

Se reúnen los niños de un barrio ó de una ó más 
calles y al hallarse reunidos , la misma ociosidad que 
los aburre, le hace decir á uno : — ¿Yamos á jugar? — 



132 DIBLIOTECA 



Y esta idea que quizá estaba en la mente de todos, 
se liace camino con la rapidez del raj^o, hasta el pun- 
to de que, no bien es formulada^ contestan todos á 
coro: — Vamos. — Pero, ¿á qué jugamos? — A los 
soldados, — contesta alguno que tal vez lleva en ello 
su mira particular. Convienen todos en ello, y enton- 
ces quizás aquel que ha indicado el juego, sin previa 
consulta ni elección, sino ante sí 3' por sí dice: — Yo 
soy el general y vosotros los soldados. — Esto es: yo 
soy el re}^ y vosotros los vasallos; 3^0 soy el jefe y 
vosotros los subordinados; yo soy el que mando y 
vosotros los que obedecéis. 

No le preguntéis á ese niño en virtud de qué dere- 
cho se ha erigido á sí propio en jefe de ios otros ; su 
joven inteligencia no sabría explicároslo; ha obedeci- 
do, quizá sin darse cuenta de ello, á un impulso de 
su alma, á una inspiración súbita de esa misma inte- 
ligencia. Sella sentido superior álos demás, ha visto 
ó comprendido que hay ó puede haber un puesto más 
elevado, se considera con dotes de mando y antes que 
se lo den, lo toma, como si de derecho le pertenecie- 
se. Y no es lo más raro del caso que él se lo tome, 
sino que, sintiéndose los demás subyugados por 
aquel rasgo de audacia , lo confirman en él , confor- 
mándose la mayoría con el humilde puesto de solda- 
dos. Hemos dicho la mayoría , porque hay unos cuan- 
tos que , sin el valor suficiente para erigirse en jefe 
supremo , no se avienen tampoco con el oscuro uom- 



DEL FOLK-LORE l'óij 



bre de soldados, y gritan: — yo quiero ser oficial — 
proposición ó solicitud que es escuchada por el jefe, 
el cual , eligiendo entre ellos los que le son más afec- 
tos ó considera más aptos, nombra jefes, oficiales y 
clases, los cuales vienen á cubrir esa gran distancia 
que media entre el general y el simple soldado , for- 
mando con sus distintas graduaciones los peldaños 
de esa inmensa serie que llamamos escala social. 

Xo pudiera ser una cosa semejante el origen de las 
gerarquías? Porque parece que en esos jefes y oficia- 
les se reñeja esa raza privilegiada conocida por aris- 
tocracia de sangre azul, en sus distintos rangos ge- 
rárquicos; y en los sargentos y cabos, esas clases 
medias que esperan hora para elevarse y confundirse 
á su vez con la aristocracia, por más que ésta los de- 
nomine aristocracia del dinero, del mismo modo que 
llaman ]}cdateros á los oficiales ó jefes que proceden 
de sargentos. 

A partir de este instante, el regimiento infantil 
queda formado. ¿No ha podido ser idéntico en su for- 
mación el principio de la sociedad? Una inteligencia 
superior ó un espíritu audaz, erigiéndose en jefe y 
anteponiéndose á esa gran masa humana que se lla- 
ma pueblo, cuya cólera es terrible si se le irrita, aun- 
que, para el que sabe manejarla, es dócil como un ni- 
ño, se ha impuesto en virtud de su peculiar arranque 
y demostrada superioridad. De este modo , así como 
el regimiento en los niños, la sociedad pudo quedar 



1B4 r.IBLIOTECA 



formada con sus jefes reconocidos, 3'a se llamasen 
Jueces, HejeH ó Emperadores. 

Suele suceder algunas veces que, cuando uno de 
los niños dice: — yo soy el jefe — ^hay otro tan osado 
como él que le disputa el puesto y entonces se somete 
la cuestión al arbitraje de los demás niños, que ejer- 
cen, sin saberlo, el primero de los derechos indivi- 
duales, el sufragio, acto que constiluye como un paso 
dado en pro de la civilización, decidiendo en favor de 
aquel que merece más sus simpatías, y espulsan de la 
reunión al adversario, medida que trae á nuestra 
imaginación la idea del destierro, ya sea perpetuo ó 
temporal. Otras veces , las simpatías se dividen entre 
los dos pretendientes ; no baj'^ por lo tanto, conformi- 
dad de pareceres, y entre los partidarios de uno y otro 
dirimen la cuestión á pedrada limpia Este procedi- 
miento nos bace pensar en el origen de los bandos y 
de las guerras civiles. 

Otro dato nos falta que consignar, y es que. algu- 
nas veces, suele presentarse, sin saber cómo ni cuan- 
do, un chico de otro barrio que no pertenece á la re- 
unión y que se convida por sí propio á jugar; perú 
los otros niños, que consideran al recién llegado co- 
mo intruso^ le niegan la participación en el juego, di- 
ciéndole : 

— Tú no juegas; vete á tu barrio á jugar. 

¿No da esto una idea de las nacionalidades? Por 
el contrario, cuando el niño extiaño es presentado 



DEL FOLK-LORE 135 



por uno de los jugadores, que dice que es amigo suyo, 
lo aceptan todos con caiiño, en cuyo acto se ve clara- 
mente practicada la idea de la hospitalidad. 

No era ciertamente nuestro propósito estender- 
nos tanto en estas consideraciones que pudiéramos- 
hacer interminables , porque la índole de nuestro tra- 
bajo no nos permite hacer otra cosa que un extracto 
incompleto de los puntos de contacto más culminantes 
que creemos encontrar entre los actos verificados por 
la infancia de todas las generaciones y lo que á nues- 
tro juicio debió de ser la infancia social de la raza 
humana. 

Zafra. 



El toro. 

Este juego tiene muchos puntos de afinidad con el 
anterior, por observarse en los niños la misma ten- 
dencia de elevarse sobre los demás y ponerse de mani- 
fiesto los gustos y aficiones de cada uno. Hay quienes 
reclaman para sí el puesto de matadores , otros de- 
sean ser banderilleros^ éstos aceptan el de chulillos, 
aquéllos quieren ser picadores, y no faltan algunos 
que se ofrecen á servir de caballos; hay quien solicita 
ser toro, mulillas, etc.; y por último, otro que, aspi- 
rando á ser mayoral de diligencias , desea ser el con- 
ductor de las muías , con la sana intención , por su- 



180 BIDLIOTECA 



puesto, de arrimar á éstas un par de latigazos. Por lo 
demás, el juego no es en sí otra cosa que una copia 
más ó menos exacta de nuestro espectáculo taurino. 

Zafra. 



La Villanía. 

Para practicar este juego cortan los niños dos pa- 
los de un grueso regular, uno de cuarenta á cincuenta 
centímetros de largo, que llaman él palo, y otro de 
unos quince á diez y seis centímetros, aguzado por 
las dos extremidades en disposición de que al caer al 
suelo queden las dos puntas de modo que, al dar con 
el palo sobre una de ellas, salte. Este pequeño palo 
es el que denominan hiUarda. 

Al empezar el juego, colocan dos piedras separa- 
das, tanto como lo permita el largo de la hillarda que 
es colocada sobre las piedras; introducen el palo por 
entre las piedras, y elevan la híllarda, aprovechando 
el tiempo que ésta está en el aire para despedirla con 
el palo todo lo más lejos que les es posible. Si al tra- 
tar de despedirla no le da, pierde, y otro es el que 
juega. Una vez despedida, sigue la operación dando 
con el palo sobre una de las puntas de ia hillarda pa- 
ra que de nuevo salte y despedirla, si le es posible, aún 
más lejos. Cinco son los golpes que hay que dar, di- 
ciendo: — Uno, dos, tros, e/adro, y el .tapido. — ('uan- 



DEL roLK-Loi;]: lo7 



do se dice el mpafo, que es el quinto golpe, hay que 
hacerlo metiendo la mano que tiene el palo (la dere- 
cha) por debajo de la pierna y sacándola rápidamen- 
te pai'.'i despedir la billarda , si posible es. Concluido 
esto, el jugador calcula la distancia que media entre 
el punto de donde salió y aquél donde se encuentra, y 
con arreglo á ella, pide un número de juegos. Si los 
otros jugadores se conforman, se los conceden; pero 
si creen el cálcalo exagerado, optan por medirlos. 
Cada jiiefio se compone de nueve palos medidos á lo 
largo, operación que hacen los chicos de este modo: 
— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, 
y el mocho. — Si hay los juegos pedidos, sigue ju- 
gando el mismo, pero si no los hay, no solo pierde los 
que pidió, sino que á más tiene que ceder los útiles 
del juego.' 

Zafra. 

En Mérida (Badajoz) llaman á este juego la P¿- 
coía. 

p]n Estepa (Sevilla) la Pinganéf. ( 1 ) 



(1 ) Este juego tan conocido en España lo es asmiismo en 
Italia. Es el núm. 83 de la colección del Sr. Pitre, pág. 151, 
titulado A Manciuggliia, que dice ser conocido en toda Sicilia 
con diferentes nombres. También lo trae el Sr. Ferraro en su 
artículo Cincuenta juegos , etc., con el número XXXVII, ti- 
tulado LipiKi'Si{pxm, y añade que existe en Ferrara, Siena y 
Castellazzo d' Alessandría, con los nombres de Z(/7;^«-Pa?ií7o'?t, 
Giromuso-fuso y Socu , respectivamente. 

Hemos tenido también ocasión de vérselo jugar á unos ehi- 



188 BIBLIOTECA 



4. 

El cuerno. 

Ponen los niños un asta de carnero , apoyando en 
el suelo las dos extremidades, eligiendo un sitio á 
propósito para que quede visible y con la parte com- 
ba hacia arriba ; después cogen una piedra redonda, 
y desde una distancia convencional, despiden la pie- 
dra con toda su fuerza sobre el cuerno , de modo que 
éste vaya á parar á larga distancia. Una vez despe- 
dido, sigue el juego en la misma forma que el ante- 
rior, esto es, piden juegos con arreglo á la distancia 
que hay, y si no existe conformidad de partes, se mi- 



cos del departamento de la Gii'ouda (Francia) , pero lo iviegan 
de otro modo. Señalan nn cuadrado en el suelo y dentro de él 
se sitúa el jugador que lleA"a la mano; éste echa al aire la bi- 
llarda, y con el palo que tiene en la mano derecha la despide 
todo lo más lejos posible. El contrario va á buscarla, y desde 
aquel punto la arroja , procurando que entre en el cuadrado y 
el otro trat a de impedirlo con el palo , porque si entra , tiene 
que ceder el puesto al contrario. Cuando la billarda no entra 
en el cuadro , el que tiene el palo sale y le da tres golpes en 
uno de los extremos , diciendo : una , dos y tres ; procurando 
despedirla de nuevo cada vez que salta. Si al arrojar el contra- 
rio la billarda sobre el cuadro, ésta cae en raya, el mano no 
pierde, pero sólo tiene derecho á darle un golpe, lo que re- 
dunda en beneficio del j^íovtíi, que tiene más probabilidad de 
})oderla entrar en el cuadro. Puedo hacer perder al compañero 
de dos modos: una metiendo en el cuadro la liillarda, y otra 
recogiéndí^la en el sombrero cuando \a por el aire. En los dos 
casos, el mano tiene que ceder el iniesto. 



DEL FOLK-LOEE 139 



(leu, tomando por medida el pie, en Ingar de el palo 
que se usa en la hülarda. 

Este juego pocas veces se lo dt^jan jugar en las ca- 
lles, por el riesgo que corren los cristales de las ven- 
tanas y las cspiíriUas de los transeúntes. 

Zafra. 
5. 

La i^elola. 

Es este juego tan universalmente conocido, que 
creemos casi inútil su descripción. Eligen los juga- 
dores una pared elevada y sin huecos : á una altura 
convencional, de unos dos metros, por ejemplo, ti- 
ran una raya liorizontal , y desviándose unos diez ó 
doce pasos, toman la pelota, y liaciéndola botar en 
el suelo , la despiden con fuei'za sobre la pared. La 
jielota, rechazada por el obstáculo que encuentra, 
viene á caer otra vez al suelo , botando de nuevo , y 
allí tiene que ir á buscarla el compañero del pri- 
mero que tiró , para volver á enviarla á la pared, 
siguiendo el juego en esta forma y alternando los ju- 
gadores. Cuando uno de éstos no acierta á dar á la 
pelota, cuando ésta salta en el suelo y se le escapa, 
ha perdido, y cuando la x>elota al ser despedida por el 
jugador contra la pared da por bajo de la raya men- 
cionada, hay que apuntarle una/aZ/a, en cuyo caso 
pierde un tanto ó los que se hayan convenido. 



140 BIBLIOTECA 



De este juego, como de el de la barra, hacen más 
uso los hombres que los niños. En España está este 
juego consignado en la historia, como causa princi- 
pal déla muerte de Felipe I (el Hermoso), archidu- 
que de Austria, j esposo que fué de D.^^ Juana T de 
Castilla, reina de Es])aña. 

Zafra. 

G. 

Los capellanes. 

Es otra forma del juego de la pelota, y del que solo 
hacen uso los niños. Hacen en el suelo un 1103^0 para 
cada uno de los jugadores, en línea recta ó circular. 
Cada jugador á su vez tira la pelota rodando en di- 
rección á los hoyos desde una distancia convenida, 
procurando cada uno de por sí tirarla de modo que 
no entre en su hoyo. Cada vez que la pelota entra en 
uno de los hoyos, echan una china. El primero que 
reúne doce es el que pierde , el cual tiene que ponerse 
en una pared vuelto de espaldas, en tanto que los de- 
más jugadores, desde una distancia que antes han 
convenido , le tira cada uno un pelotazo. 

Otras veces no echan chinas, sino que al tirarla pe- 
lota, procura cada uno que entre en su hoyo, pues en 
este caso, la recoge y tira con ella al que encuentra 
más próximo^ pei'o si la pelota cae en un hoyo que no 
es el suyo, tiene que salir huyendo como los demás. 



DEL JbOLK-LÜlíK 141 



pues el dueño del hoyo favorecido con la pelota, 
es el que la coge para tirar al que puede. El que re- 
coge eutouces la pelota, es el que tira después. 

Hay además otra forma de juego de pelota, que 
consiáte en ponerse cuatro chicos formando un cuadro 
bastante extenso y enviarse uno á otro la pelota me- 
diante el bote que ésta da en el suelo al ser despedida 
por el conipañero. A esto le dicen jii(jcir al hote. (1) 

7. 
La barra . 

La barra es juego de fuerza, un ejercicio gimnás- 
tico para desarrollar las fuerzas musculares, y del 
que hacen más uso los hombres que los niños, según 
dejamos dicho en el número 5 de esta serie. La ba- 
rra, Wíimsiá-djKdanca, es un barrote de hierro, redon- 
do , de una vara de largo y cuatro ó cinco pulgadas de 
grueso , con una de las extremidades aguzada y la 
otra en forma de paleta. El jugador la coge por el 
medio con la mano derecha, y separando las piernas. 



(1) El núiu. XXIII de los juegos inonferrinos del seiior 
Ferraro, titulado Le Pietruzze, es muy semejante á éste, 
sólo que en lugar de pelota , usan un trozo de madera. Las 
piedras que echan en el hoyo son diez. La penitencia es re- 
coger las piedras de los compañeros , sufriendo las bujrlas do 
éstos. 



142 BIBLIOTECA 



la pasa por debajo, é imprimiéndole un movimiento 
de avance y retroceso , así que toma vuelo , la despide 
cuan largo le es posible. Aquél que al despedir la 
barra salva más distancia, gana la partida. 

Zafra. 

8. 
El Hepión. 

El reiríón es un juguete de madera de forma cónica 
Y base esférica muy semejante á la de un globo, solo 
que la parte estrecha acaba en una punta de hierro ó 
acero que llaman púa y puya. Esta púa tiene á raíz 
de la madera una pequeña garganta para sujetar en 
ella el cordel con que se le hace npiar. Este cordel, 
que tiene las dimensiones con arreglo al tamaño del 
repión , lleva en un extremo un nudo , en el cual se 
sujeta una redondela de cuero que llaman .zapatilla. 
Por el otro extremo se empieza á liar sobre la púa 
hasta terminar el cordel, el cual queda sujeto por la 
.mpatiUa entre los dedos anular y meñique. Después, 
elevando la mano y trazando un círculo en el espacio, 
se arroja sobre el suelo, quedando el cordel en la ma- 
no, y merced al impulso de ésta, elrepion sale dando 
vueltas con tanta rapidez, que le permite sostenerse 
largo tiempo en equilibrio sobre Vcipua, hasta que se 
apaga, que es cuando, perdiendo la fuerza, cesa de 



DEL FOLK-LORE 143 



girar. Llaman á esto repiar el repldu. En i^ndalncía 

dicen hailar el trompo. ( 1 ) 

Zafra . 

t). 
El Tango. 

Se coloca de pie un tarnguito de madera redondo ó 
cuadrado, al que llaman tango; sobre éste se ponen 
tantas monedas de cobre <iomo jugadores haj^ Estos, 
que se hallan provistos de una piedra plana , á la que 
llaman tanga y la arrojan sobre el tango desde una 
distancia conveniente, y si no le da, tira otro. Cuan- 
do un jugador le da , claro es que tango 3' monedas 
salen rodando, y entonces las monedas que están mas* 
próximas al tango, vuelven á ponerse sobre éste, 
guardándose el jugador las que se hallan más cerca 
de la tanga. Como los chiquillos por lo general no tie- 
nen dinero, lo sustituyen con tejoletas de barro cocido 
del tamaño y forma de las monedas. 

También suelen jugarlo sin monedas, y entonces, 
al despedirlo con la tanga, miden los juegos desde el 
sitio donde el tangp se pone hasta donde ha ido á parar 
á impulso del golpe. Cada juego se compone de doce 
pies. (2) 

Zafra, 

(1) En Andalucía le Uaman El trompo. 

El Sr. Pitre lo titula A la strúmmula (niun. 83, p. 158); 
trae varias formas de este juego. 

(2) En el Monferrato (Italia), segim el Sr. Ferrare (nú- 



111 JJIliHÜTKCA 



10 

Cara ij cruz. 

Se juega generaliiiente con dos monedas de cobre. 
Uno de los jugadores las coge con los dedos pulgar, 
índice y corazón de la mano derecha, y pregunta al 
compañero: — ¿Qué pides, cara ó criizl — y éste con- 
testa, cara 6 cruz, según le parece. El primero las 
arroja por alto , y si sale lo que ha pedido el segundo, 
éste gana ; en caso contrario , gana el que tira. Si al- 
guna de las veces sale cara y cruz, hay empate y no 
sirve , á no ser que el compañero haya pedido cara y 
cruz, que también es permitido, del mismo modo que 
en el juego que sigue , de los alfileres, puede pedirse á 
la par xmntas y cabezas. ( 1 ) 

Zafra. 

mero XXXV) , se llama II Bollino ó BrolUno, y en Toscaiia 
II Husí. El Sr. Pitre lo titula A lu Torna (mim. 7, x). 33). 

(1) Es el mun. XXXVl de los juegos del Sr. Ferrare, que 
lo denomina Crus e griff. En Ferrara se llama Arma e lettra, 
en Sicilia Acula e Cruel, en Francia Croix et loile y en Ingla- 
terra King or croum. 

Ad Acula ó cruci lo titula el Sr. Pitre, núm. 33, p. 92 de 
su colección. El ilustre mitógrafo , al ocuparse de este juego 
en el prólogo de su colección ya citada, dice que el juego ¿de 
cara ó cruz? se llamaba en España antiguamente Castilla 
o León, en recuerdo de la unión de los dos reinos. Respetamos 
la autorizada opinión del eminente escritor italiano ; pero en 
nuestro sentir , este juego toma el nombre de las monedas con 
que se juega. Las monedas antiguas de Castilla que hemos te- 
nido ocasión de ver ostentaban por un lado un castillo y por el 



DEL FOLK-LORE 14í 



11. 

Los (dfileres. 

Hay dos modos de jugarlos, al xniño y al nñate ó 
á la cruceta. Para la primera forma, toma el jugador 
uno ó más alfileres en cada mano , se coloca éstas en la 
espalda para evitar que el contrario vea la colocación 
de los alfileres, y presenta los puños cerrados á éste. 
El compañero coloca otros dos alfileres sobre la par- 
te que queda libre en la palma de las manos , y pide 
cabezas ó xmntaSj según le parece. El primero abre las 
manos , y se ve quien gana. Si las cabezas de los de 
dentro salen unidas á los de fuera, son cahems; si es- 
tán en situación inversa, son puntas. Otras veces, 
como sucede en el juego anterior, suele pedirse las 



otro un león; así como las más modernas, hasta el reinado de 
Doña Isabel II (de dos cuartos), ostentan por el anverso el 
busto (la cara, que decimos comunmente) , del rey ó reina, y 
por el reverso cuatro Uses en forma de cruz con el escudo de la 
casa real en el centro , por lo que decimos cruz. Pues bien; así 
como ahora decimos ¿ cara 6 cruz ? , tomándolo de las mone- 
das , creemos que por la misma razón pudo decirse en lo anti- 
guo , no Castilla , sino i castillo ó león / 

El Sr. Pitre añade, que este juego es conocido en Francia, In- 
glaterra , Germania , Finlandia y Rusia , y era muy popular en 
tiempo de los romanos con el nombre de Caput aut navis , por 
tener las monedas con que tiraban , de un lado el busto de 
Jano, y del otro la figura de un navio. Esto precisamente co- 
rrobora nuestra opinión sobre el nombre que le damos los es. 
pañoles. 

TOMO III 10 



14(> BIBLIOTECA 



dos cosas á un tiempo, así se evita el empate, aunque 
por lo general en este juego, se indica el puño donde 
se pide caberas, y el en que se piden puntas. 

El uñate ó cruceta se juega sobre una losa, una me- 
sa, una tabla, etc. Se ponen dos alfileres separados, 
y con la una del dedo pulgar de la mano derecha, se 
les va dando alternativamente para aproximarlos, 
procurando montar uno sobre otro^ en forma de cruz. 
De aquí se derivan los nombres de uñate y cruceta. 
Al tiempo de irle dando, los jugadores van diciendo: 

— Uñate. 

— Calabazate. 

— Inglés. 

— Entra , portugués. 

Zafra. 

12. 

El tieso. 

Se tienden los niños en el suelo ; dos hacen de di- 
rectores , y pasan por entre ellos tocando un tambor, 
más no dan señales de vida. Suena una corneta , y los 
tendidos se mueven , y entonces los directores, co- 
giéndolos cada uno por un brazo , los levantan. Si al 
levantarlos no doblan el cuerpo , van á la Gloria ; pe- 
ro si lo doblan, van al Infierno. Después los directo- 
res, sin ser vistos, ponen dos señales á las que dan 
á su antojo el nombre de Gloria é Infierno , y liay una 



DEL FOLK-LORE 147 



nueva elección , según que aciertan ó no cuál es la 
Gloria ó el Infierno. ( 1 ) 

13. 
El Hoyo. 

Hacen los niños un hoj^o en el suelo , y cogiendo 
algunas monedas las arrojan á él desde una distancia 
determinada. Las monedas que quedan dentro del 
hoyo significan los tantos ganados, no contando las 
que quedan fuera. Llaman también á este juego las 
chapas, nombre que deriva de unas redondelas de plo- 
mo denominadas chapas , con las que reemplazan á 
las monedas. 

Zafra. 
14. 
Feña Bonca. 

Este juego es de china; al que le toca, ese se que- 
da. Otro niño, generalmente el más pacífico, dice: 
— Yo soy la madre. — Se sientan en el umbral de una 
puerta, y aquel que le ha tocado la china, se arrodilla 
ante él y oculta la cara entre sus rodillas ; los demás 
jugadores se ponen detrás del arrodillado , uno des- 



(1) Recordamos que en Zafra se jugaba un juego muy 
semejante á éste , con el nombre de Levantamuertos. 



148 BIBLIOTECA 

pues del otro. Una vez colocados en esta posición, 
entre la madre y el último de los chiquillos se entabla 
el siguiente diálogo : 

— Peña Eonca. 

— Cucumhé. 

— Pega un saltito y vete á esconder. 

— ¿ Chico ó gi'ande '? 

— Hasta que te salte la sangre. 

El aludido da un salto y marcha á esconderse. 
Vuelve á reproducirse el diálogo tantas veces como 
muchachos hay detrás del que está arrodillado. Cuan- 
do la madre ve que están todos escondidos, dice: 

— Pajaritos del monte 
Que suelto la jaula. 
— Pajaritos del monte 
Que ya está soltada. 

Suelta entonces al chico que tiene sujeto, el cual 
va en busca de los que están escondidos , ocupando 
después su puesto aquel que se ha dejado coger. 

Zafra. 

( Variante). 

Otras veces, aunque el juego es el mismo, al em- 
pezar dicen esta otra formulilla : 

— Aceitera, 

Vinagrera , 
Bás con ras , 
Amenazar y no dar. 
Dar sin temer , 



DEL FOLK-LORE 149 



Dar sin hablar , 

Un pellisconcito en el e... 

Y echar á volar. 

Esto áke ]a> madre y los demás lo repiten, excep- 
to el (lar sin hahiar, porque el que lo dice pierde, y 
como á cada cosa que dicen van dando un golpecito 
sobre el que está arrodillado, si lo dan cuando dicen 
amenazar y no dar, también pierden. En los dos casos, 
el que pierde sustituj^e al arrodillado. 

El resto del juego es igual. 

Zafra. 

Otra variante. 

La forma del juego es también igual, sin más dife- 
rencia que la fórmula, que es así: 

— Cantimplora , 
Cantimploremos , 
Buenos hijos tendremos 
Sin hablar , 
Sin reir , 

Un peUizquito en el o... 
Y echar á juir. ( 1 ) 



Villafranca. 



(1) En Sevilla se conoce con el nombre de La Cantim- 
plora, como en Villafranca, y la fórnmla que emplean es muy 
parecida á la de este illtimo punto. La madre va diciendo y los 
demás repitiendo : 

— A la Cantimplora 
A la mazmorra. 
¡ Cuántos juef^os tenemos 



150 BIBLIOTECA 



15. 

SctUa picón. 

Se sientan todos los niños en el suelo, bien forman- 
do círculo ó en línea recta, escepto el director que 
queda de pie. Éste va recorriendo la línea ó el corro 



Y no sabemos jugar ! 

¡ Amagar y no dar ! (a) 
Dar sin reir. ( b ) 
Dar sin hablar. ( c ) 
Un golpecito en el c... 

Y echar á volar. 

Vánse á esconder todos , y luego de escondidos , se entabla 
el siguiente diálogo : 

— ¿ Hay pájaro' 'n el monte? 

— Bastantes hay. 
— ¿ Suelto la red? 

— Su¿4tela V. 

En Cataluña , según el Sr. Maspons , se llama esto juego 
Cmiillcts , y es de este modo : 

— Cmiillet amaga , amaga, 
que la Hebra va á cassá , 
de nits y de días , 
cscorxa botinas , 
escorxa butons ; 
si no trobas cunillets , 
t' estiraré las orellets , 
si no trobas cunillons , 
t' estiraré los orellons. 

Se van todos á esconder , y después siguen : 

(a) Extienden la mano, pero no tocan para no pcv.lor. 

ib) El quo so ríe , piei-de, 

(c ) El 0"c repite la frase, también pierde. 



DEL rOLK-LORE 151 



y tocando con la mano la cabeza de los jugadores , co- 
mo si los fuese contando, diciendo al mismo tiempo: 

— Cucharón, ron, ron, 
Salta picón. 

El Último niño que ha tocado se levanta, contes- 
tando después á las preguntas que les hace el di- 
rector : 



— Cunillets , cimiUets , 
¿ estén Len amagadets ? 

— Sí. 

— Aniaf^iiens be , 
que la Uebreta vé. 

El Sr. D. Giiisseppe Pitre trae dos juegos , uno con el nú- 
mero 93 , p. 182 , titulado A Caca-Linusa : y otro con el nú- 
mero 94, p. 184, titulado A Piimu riissu. El primero escomo 
sigue: 

El escondido. — Caca Hnusa. 

Caca litusa. 
Todos — Non parrati , 

non riditi ; 

Datici un pugnu , 

E vi ni ñiiti. 

El segundo , helo aquí : 

La madre. . . — ¡ Pimm russu ! 
El último. . . — Priminti. 

— ¿ Sai canta' ? 

— Sacciu cantari 

— Canta un pocu 

— ¡ Cucurucú ! 

— Dacci un cáuciu 
E un pugnu di cchiú. 

Como se ve , la primera fórmula es muy parecida á La Can- 
timplora j la segunda es semejante al Peña ronca. 

Cita además el Sr. Pitre las variantes de Ahmena, Mazza- 
ra , Acireale , Módica y Sir acusa. 



152 BIBLIOTECA 



— Madre mía , dame pan. 

— ¿ Y el que te di ? 

— Me lo comí. 

— ¿ Y el que te sobró ? 

— Periquillo se lo comió. 

— ¿ Dónde está Periquillo ? 

— Pelando un gallo. 

— ¿Y su mujer? 

— Haciendo hiñuelos. 

— ¿ Cuántos te dio ? 

— Uno y medio. 

— ¿Y para mí ? 

• — Cagajones de albañil. 



±\ 



Al decir esto, el director, que tiene una correa en 
la mano, sale detrás del otro dándole correazos cuando 
lo alcanza. El perseguido procura evitarlos dando 
vueltas á la rueda ó línea, hasta que consigue sentar- 
se en su sitio. Una vez sentado ya no hay derecho á 
pegarle. Vuelven á contar de nuevo y sigue el juego 
en la misma forma, aunque alternaudo los jugadores. 

Este era el juego según lo recordamos, pero inte- 
rrogados sobre ello algunos niños de ahora, nos dicen 
que el anterior diálogo no termina en alhamí, sino que 
continúa en esta forma: 

— ¿Y la sal? 

— En el costal. 

— ¿ Y el aceite ? 

— En el pucherete. 

— Siéntate Mariquillii. 
De mi mollete. 



DEL FOLK-LORE 153 



En honor de la verdad , confesamos no recordar si 
en otros tiempos se hacía mención de este último 
trozo. (1) 

Zafra. 

IG. 
La rueda de la correa. 

Damos tal nombre á este juego en reemplazo del 
suyo propio, que no recordamos. 

Es este uno de los juegos que han desaparecido de 
las costumbres, al menos en Zafra y otros pueblos 
de Extremadura, pues como no lo recordamos bien, 
hemos tratado de informarnos, no sólo de los niños, 
sino de otros que ya han dejado de serlo; sin que ha- 
yamos podido agregar ningún nuevo dato á los pocos 
que conserva nuestra decaída memoria. Helo aquí se- 
gún lo recordamos: 

Unos cuantos niños se cogían de la mano y forma- 
ban rueda; otro que tenía en la mano una correa, daba 
vueltas alrededor del círculo. Como en toda clase de 
juegos, los intereses entre unos y otros eran encontra- 
dos. El uno procuraba ver cuál de los de la rueda es- 
taba más descuidado para echar detrás de él la correa 
sin que se apercibiera de ello, y por su parte los otros, 
trataban de no descuidarse y observaban sus movi- 



( 1 ) El mini. 163 , p. 286 de la colección del Sr. Pitre, ti- 
tulado A Figgiau 'a jiatta, es igual á este juego extremeño. 



154 BIBLIOTECA 



mientos. Cuando el que llevaba la correa la arrojaba 
detrás de uno, éste, si la veía, se soltaba, la recogía 
y salía detrás del que la arrojaba, dándole correazos; 
pero si al echarla no la veía el interesado, el que la 
había echado volvía atrás, la cogía y empezaba á sacu- 
dir correazos sobre el descuidado jugador, el cual, al 
sentir la correa, salía Imj^endo. En uno y otro caso la 
persecución cesaba cuando el perseguido podía aga- 
rrarse á los de la rueda , ocupando el puesto que ha- 
bía quedado vacante. Si para practicar esta operación 
existía ó no alguna formulilla semejante á la del jue- 
go anterior no lo recordamos; pero, aunque sin darlo 
por seguro, creemos que había algo de esto. (1) 

Zafra. 



( 1 ) Este juego es tan antiguo , que ya se ocupaba en 
él Polux ( Onomasticón , IX. 115.) «Se forma un círculo — 
dice — alrededor del cual da vueltas un niño, que tiene en la 
mano una cuerda que trata de colocar detrás de uno de los ju- 
gadores, sin que éste lo vea. Si, en efecto, éste no se aperci- 
be , es condenado á dar una vuelta al círculo seguido del di- 
rector, que le da golpes con la cuerda, pero si se apercibe, en- 
tonces él es el que toma la ciierda y persigue al director, pe- 
gándole. » 

Es, pues, igual exactamente al nuestro. 

El Sr. Pitre también lo trae en su colección, p. 27G, núme- 
ro 15f3. Según el escritor italiano, formada la rueda, el direc- 
tor echa la correa , y si el niño no la ve , el maestro la recoge 
y sale persiguiéndolo, entrando y saliendo en la rueda; cuan- 
do el perseguido se ve apurado, dice á otro de los del corro: 
Vacci tu : el interpelado deja su puesto al otro y sale á su vez 
persiguiendo al director. 

El final del juego siciliano se parece mucho al nuestro de La 
liucda de socorro , núm. ¿59 de esta serie. 



DEL FOLK-LOKE 155 



17. 

Esconde correa. 

Después de dar la china los niños, el último que se 
queda con ella es el que empieza el juego. 

El jugador favorecido por la suerte, toma la correa 
y va á esconderla á un sitio donde los otros no lo 
vean ; una vez escondida , se separa un poco y dice: 
— ¡Ya! — Los demás jugadores corren á buscarla, 
empresa no muy fácil que digamos, aunque, para no 
hacer su tarea imposible, ei que la esconde tiene obli- 
gación de hacer las siguientes indicaciones, según que 
los buscadores se alejan ó se aproximan á la correa: 

— Frío, frío, frío, 
Como las aguas del río. 
— Calor, calor, calor, etc. 

y á mayor abundamiento, al decir calor, tiene que in- 
dicar el nombre de aquel que esta más cerca. Hecha 
esta indicación, todos, naturalmente, se agolpan á 
aquel sitio, y el encuentro de la correa es inminente. 
El autor del escondite sigue de lejos las peripecias 
del juego, diciendo á medida que se aumentan las 
probabilidades del encuentro : 

— Calor, calor, calor, 

Que se quema , que se quema. 
¡Que se quemó! 



156 BIBLIOTECA 



Al oir esto, todos huj^en hacia el punto donde em- 
pezaron liasta donde los persigue el que encontró la 
correa. Algunas veces sucede que alguno de los ju- 
gadores, creyéndose aludido con else quemó, sigue 
buscando hasta tanto que viene á advertirle su error, 
con un correazo, aquel que ha conseguido coger la co- 
rrea. (1) 

Za/ra. 
18. 
Pares ó nones. 

Coge un niilo en la mano algunos alfileres, garban- 
zos, avellanas, monedas ú otras cosas por el estilo, 
y presentando á otro niño los puños cerrados con el 
dorso de la mano hacia arriba, le pregunta: 

— ¿Pares ó nones, 
Ó titiritones? 

Si el preguntado acierta el número de los objetos 



(1) También conocen este juego los sevillanos. El señor 
Maspons en su obrita citada , pág. 82 , lo da á conocer como 
juego catalán con el nombre de Campaneta la nincli ninch. 
Dice así el que esconde la correa : 

— La campaneta la nicli , ninch , 
qui la trova ja la tincli, 
y á medida que los jugadores se van acercando al sitio donde 
está escondida , dice : 

— Ja 's creman. 
Ja 's creman mes. 
Ja 's creman menos, etc. 



DEL FOLK-LORE lt57 



contenidos en la mano, gana y se los lleva; mas, si no 

acierta, tiene que dar un número de objetos de la 

misma especie, á los que contiene en las manos el 

otro jugador, (1 ) 

Zafra. 

19. 

Saltar á píe junüifO. 

Convenido por los niños el objeto ó distancia que 
hay que saltar, tienen que verificarlo con los pies 
unidos, pues el que al saltar los separa, ese lia per- 
dido. Unas veces bacen en el suelo dos rayas hori- 
zontales separadas, y poniendo los pies al nivel de 
una de ellas , tienen que salvar la distancia que existe 
entre las dos. Otras veces sólo hacen una raya, y el 
objeto es ver cuál salva más espacio al saltar, ó bien 
es un poyete, una mesa lí otro objeto el que hay que 
saltar, sin tocarlo con los pies. Es un ejercicio gim- 
nástico que suele ser peligroso , toda vez que algu- 
nas veces los jugadores suelen poner en el suelo la ca- 
beza antes que los pies. 

Zafra. 

( 1 ) El núm. XIV de los juegos monferrinos , publicados 
en el Archivio por el Sr. Ferraro , es igual á éste ; sólo que en 
lugar de pares ó nones , el jugador tiene que acertar el número 
de avellanas, botones, céntimos ú otros objetos que encierra 
en la mano. 

El Sr. Pitre, en su última colección de juegos, ya citada, 
pág. 85 , núm. 27 , trae uno como este en que nos ocupamos , y 
que titula A paru e sj>aru. 



158 BiíLIOTECA 

20. 

A la una anda la imda. 

Eeimidos los niños para jugar, echan la china para 
ver cuál es el que se 2^0726 de burro. Al que le toca tiene 
que ponerse con el cuerpo inclinado hacia adelante, 
formando una especie de arco, con las manos apoya- 
das sobre las rodillas , y los demás niños van saltando 
por encima de él de un lado para otro, apoyando al 
hacerlo las manos en la espalda del burro, pero sin 
tocarle con las piernas , pues entonces pierde y tiene 
que cambiar de puesto con el que está debajo. Al sal- 
tar el primero, dice: 

— A la una anda la muía. 

Todos tienen que repetir lo mismo que dice el pri- 
mero, y lo mismo sucede en todas las vueltas sucesi- 
vas hasta concluir toda la relación , que es como sigue: 

— A las dos , el reloj. 

— A las tres, machaca, machaca el ahmrez. 

— A las cuatro , brinco y salto. 

— A las cinco , salto y brinco. 

— A las seis, el mejor vino que bebe el rey. 

— A las siete , salto y pongo mi capiruchete. 

— A las ocho , salto y quito mi bizcocho. 

— A las nueve , desata la burra y bebe. 

— A las diez , otra vez , si tiene sé. 

— A las once , y ama el conde. 



DEL POLK-LOEE 159 



— A las doce , le responde. 

— El conde de Inf/alaterra , 
Mandó desollar una perra , 
Con un cucliiijo de caña. 

— Aya 'rriba en la raontaua, 

Hay un pino , 

En el pino un nido , 

En el nido un huevo , 

En el huevo un pelo. 

— Tirando de este pelito 

Salen los pajaritos. 

— Pún-pún, que tocan á fuego. 

— Pún-pim, que ya están aquí. 

— Pún-pún, que echen ájuir. 



A medida que van saltando al decir esto últo últi- 
mo , salen todos huyendo, y para dar tiempo á que hu- 
ya el último que salta, el que ha hecho el burro tiene 
obligación de dar tres vueltas , saliendo después en 
persecución de los otros, siendo sustituido por aquel 
que logra alcanzar. 

Los jugadores tienen que imitar todo aquello que 
dicen cuando van saltando. Al sétimo salto, tienen 
que dejar un sombrero sobre la espalda del hurro y 
quitarlo después al octavo salto, pero sin dejarlo 
caer al suelo, pues el que lo deja caer, pierde. 

.Hay otra variante que es exactamente igual en to- 
do, excepto en el final, que es como sigue: 

— A las doce , le responde. 

— A las trece, le amanece. 

— A las catorce , huir ladrones^ 



ICO BIBLIOTECA 



Que le roban los calzones. 

— A las quince, repartirse. 

Todos se van á esconder, y cuando llaman va el 
otro íi buscarlos. 

Zafra. 

Variante. 

Se ponen los niños en la misma forma que en el 
anterior, y al saltar van diciendo: 

— Linaje, de lino forraje. 

— Culá , que no vale dar. 

— Chiquitita , pero asenta. 
— Primera rodiyá. 

— Segunda r o cí¿?/á. 

— Sexta , noru , noru , 
La robinsona postetoru. 

— J'uir, que vienen los moros. 
— Jiiir, que ya están aquí. 

— Juir , que me dan á mí. 

Salen todos huyendo y el otro los persigue. Al de- 
cir j^jriw^era rodiyá tienen que doblar la rodilla dere- 
cha sobre la espalda del paciente y la izquierda en el 
salto siguiente. (1) 

Ttafra. 

( 1 ) Llámase este juego en Sevilla A Piola y Salto de la 
comba. El Sr. Rodríguez Marín, en su obra citada, t. I, pá- 
ginas 103 á la 106, trae tres variantes. También el señor 
Palomo Ruiz, en su articulito del Folk-Lore Andaluz ya cita- 
do , pág. 198 , trae una versión sevillana , que es parecida ú la 
variante extremeña. Hela aquí: 



DEL FOLK-LORE 161 



21. 

El cJdncliela JA^K. 

Se pone lili iiiilo, que hace de hurro, cogido á una 
ventana, con el cuerpo doblado. Los demás juga- 
dores se van escarvancliando sobre él , unos encima 



— Candaje. 

Linaje. 

San Bísente 

Agua caliente. 

San Blas 

una media é pan. 

A la güerta verás. 

La c... que te voy á da. 

1^ 1 • k perdona. 

Ln la primera ]\ , 
^ Kla. 



En la sextai^]. 

Los frailes capuchinos 

Ban á pica er pepino. 

Los frailes de San Bísente 

Ban á bebé agua caliente. 

Los frailes de Sanluca 

Ban á come asuca. 

El rey tenía una siya 

Que se sentaba él; 

Daba tres güerta 

Y echaba á corre. 
En los Jocha de la Infancia^ de Maspons, págs. 85 y 86, 
haj' un juego igual á cate con pequeñas variantes, que deno- 
minan los catalanes Saltar jñlans. Dice el Sr. Maspons : 
« Hay un niño que por la suerte es designado para que sal- 
TOMO III 11 



162 BIBLIOTECA 



de otros. Cuando todos están subidos, el de abajo pre- 
gunta y el de arriba contesta lo siguiente: 

— ¿ Hay uvas ? 

— No están maduras. 

— ¿ Hay peroR ? 

— Entre V. por ellos. 

— ¿ Y si me muerde el perro ? 

— Tírele V. con un leño. 

— ¿ Y si me muerde la jaca ? 



ten sobre él los demás niños, cada uno de los cuales elige un 
número, desde el uno hasta el que alcance, segi'm los jugadores 
que hay, y entonces van saltando correlativamente. Excep- 
tuando al que le toca saltar , todos gritan : 

— A la una. 

A lo que tiene que ir contestando el que salta. 

— Lo sol y la lluna. 
— A las dos. 
— La cara de gos. 
— A lastres. 

— Saltar y no dir res. 
— A las quatre. 

— Lo gat y la rat. 

— A las cinch. 

— Passa que ja 't tinch. 

— A las sis. 

— Lo peu de 'n Lluis. 

— A las set. 

— Lo senyoret. 

— A las vuyt. 

— Lo dina ja es cuyt. 

— A las non. 

— Lo sopa ja 's cou. 

— A las deu. 

— Lo salt de lo guineo. 

Y signen de esto modo hasta que saltan todos, » 

Dice el Sr. Maspons que, á medida que van saltando , se van 



DEL FOLK-LOEE 163 



— Tírele V. con una estaca. 

— ¿Y si me da una pata ? 

— Eche V. el borriquito á respingar. 

El de abajo empieza á movei'se, hasta que los que 
están encima pierden el equilibrio \ vienen al suelo. 

Zafra. 
(Variante.) 

¿Quién engrima? 

Se pone un niño en la forma que ya liemos indica- 
do, pero con los ojos vendados, otro de los jugadores 
salta sobre él y queda montado , en tanto que uno de 
los otros dice: 

— ¿ Quién engrima ? 

El paciente tiene que decir quién es el que ha sal- 
tado; si acierta ; cambian de puesto uno y otro; pero 



poniendo en la misma forma que aquel sobre que lian saltado, 
para que el que venga detrás vaj^a saltando por encima de 
ellos, h&ciéndose así el juego interminable. 

Este último se hace también en Extremadura; pero forma 
juego aparte llamado Quita y 2>07i, el cual damos á conocer 
con el núm. 22 de esta serie. 

Los números 123 y 124 de la colección del Sr. Pitre son muy 
semejantes al nuestro (págs. 220 á la 228). 

En la Marca italiana, según el Sr. Nazareno Angeletti, se 
conoce con el nombre de Saltamuletta. También en el Mon- 
ferrato existe con el nombre de II Volteggio , señalado con el 
núm. XII en el artículo ya citado del Sr. Ferraro , quien afir- 
ma haberlo también en Ferrara con el nombre de Spanon. 

Según Tommaseo , ( canti pop. greci , pág. 88 ) , este juego se 
usaba en Grecia como medio de eiercitarse en el salto. 



164 BIBLIOTECA 



si 110 acierta, dice el de arriba para que conozca que 
se lia equivocado : 

— Otro encima, 

y salta otro, repitiéndose la misma pregunta siempre 
que sube alguno, hasta que acierta. 

Zafra. 
22. 

Quita y pon. 

Se ponen los niños íb;mando una especie de cor- 
dón , pero separados uno de otro , todos con el cuerpo 
inclinado, como en los juegos anteriores, excepto 
uno, que es el primero que salta. Este los va saltan- 
do todos uno después de otro, y á medida que salta 
va diciendo: 

— Quita y pon. 

A lo que contesta el de debajo. 

— Las doce son. 

A medida que va saltando el que está inclinado, 
se levanta y sigue el ejemplo, saltando después de él, 
y todos van haciendo la misma operación. Cuando el 
jugador no encuentra niños que saltar, se pone él pa- 
ra que los otros salten, y lo mismo van ejecutando 
los demás, formando así una cadena interminable. ( 1 ) 

Zafra. 

(1) El Sr. Maspons trae un juego titulado Cahall fort, 
que es muy parecido al nuestro. El que salta dice : 



DEL FOLK-LOEE 16« 



23. 



Fam gente. 

Se reduce este juego á lo siguiente. Se ponen dos 
niños en una esquina, se escarrancha el uno sobre el 
otro, hasta que pasa un transeúnte. Cuando esto su- 
cede, cambian de puesto, quedando entonces debajo 
el que estaba encima, y este cambio se repite siem- 
pre que pasa alguno, en cuj-o caso el de debajo dice: 

— Mosca. 

— Abajo la rosa, — 

contesta el de arriba, y se baja. 

Zafra, 

24. 
Bopa, que hay poca. 

Este, más que juego, es un incidente casual délos 
demás juegos. Cuando uno ó dos jugadores se caen, 
otro de ellos se echa encima diciendo : 

Eopa, que hay poca, 



— Caball fort, tente fort, 
si per cas caus , 
digas fava , del ten cor. 

El de debajo, asi que no puede aguantar y para que se ba- 
jen, dice: 

— Fava. 



100 BIBLIOTECA 



íl cuyo grito los demás acuden echándose unos sobre 
otros, hasta que el primeramente caído, pide por 
Dios que se levanten. 

Otras veces lo emplean como juego. 

Zafra. 

25. 

La soga. 

Se ponen los niños en fila cogidos de la mano. Los 
dos de los extremos, dirigen el juego y representan 
el uno á San Miguel y el otro al Demonio. Entre es- 
tos dos se entabla el siguiente diálogo: 

— Mozo mocejao. 

— ¿ Que manda el reinao ? 

— ¿Cuántos panes hay en el arca? 
— Veintimio y el quemao. 

— -¿Quién lo quemó? 

—El latlrón. 

— ¿Con qué dinero? 

— Con el cascarón de huevo. 

— Que pase por aquí mi caballero. 

Éste, éste, ('sfe, van repitiendo todos á medida 
que pasan precedidos de el demonio , por entre San 
Miguel y el chico que está á su lado, de modo que al 
pasar todos hacen dar á este último media vuelta sin 
soltarse, quedando con los brazos cruzados y la es- 
palda vuelta. A esta posición le dicen estar casado, 
por eso al tien^.po de ir pasando le dicen todos (supo- 
niendo que el aludido se llame ^Fanuel) : 



DEL FOLK-LOEE 167 



— Adiós , Manolito del alma , 
Que te casaste y no me convidastes. 

Cruzado el primero , sigue la misma operación con 
los otros, hasta que todos quedan vueltos de espal- 
das, excepto San Miguel y el Diablo. El primero dice 
al segundo , que contesta lo siguiente : 

— ¿ Me compra V. esta soga ? 

— ¿Cuánto quiere V. por ella? 

— Cinco dm'os. 

— ¿Es ñierte? 

— Tire V. á ver si se rompe. 

Tiran los dos con toda su fuerza, hasta que el más 
débil de los jugadores no puede sostener la tirantez, 
y suelta la mano, en cuj^o caso cada uno de los di- 
rectores arrastra consigo un grupo de chiquillos. És- 
tos se ponen respectivamente detrás de San Miguel 
y el Diablo , y agarrándose unos á otros por la cintu- 
ra. Los directores se ponen frente á frente, y el De- 
monio dice: 

— Angelitos del Cielo 
Venii* al Infierno. 
Angelitos del Cielo, etc. 

Se cogen de la mano derecha , y tiran hacia sí, ayu- 
dado cada uno de los que tienen detrás, y el grupo 
mayor concluye por arrastrar consigo al otro. 

Suele suceder algunas veces que las fuerzas están 
niveladas, y no cede ninguna de las partes, y á una 
contracción de los músculos causado por los esfuerzos 



168 BIBLIOTECA 



que hcacen, se les sueltan las manos y salen todos ro- 
dando, lo que forma la parte cómica del juego. 

Zafra. 

( Vnrianle.) 

Los niños se ponen eii la misma forma, y los de 
lop. extremos dicen : 

— ¿San Juan de las cadenetas '? 

— ¿ Qué manda mi seaor ? 

— ¿ Cuántos panes haj' en la cesta? 
— Veintiuno y el quemón. 

— ¿ Quién lo quemó ? 

— La perrilla del mesón. 

— Pues allá voy jo. 

Pasan, y dejan uno cruzado. Cuando todos están 
en la misma forma , dicen .- 

— ¿ Me empresta V. una soga ? 
— Tiene muchos nuos. 

— No importa , tire V. 

Tiran, y así que la soga se rompe, salen todos co- 
rriendo tras los directores, diciendo: 

— A repelar la madre , 
A repelar la madre, etc. (1) 

MérícJa. 



(1) Llámase este juego en Sevilla La cadena ^ y hemos 
pre.^t;a:•iado la manera de jugarlo. Los chicos se ponen en Ir. 
misma forma que en Extremadura, y dicen: 



DEL FOLK-LOBE 1C9 



26. 

El arholito. 

Eeiinidos los jugadores, uno que hace de director 
y que por lo general es el más ingenioso, plantea el 
juego de la manera siguiente : 

— Tengo un arbolito, tan alto^ tan alio, como... 



— Compadre ajo. 

— ¿ Qué manda el ajo ? 

— ¿ Cuántos panes hay en el horno? 
— Veintmno quemaos. 

— ¿ Quién los quemó ? 

— La perriya e tío Simón. 

— ¿Quién da la huerta': 
— lja,i:)erriya tuerta. 

— ¿A quién 1' ha tocao .^ 
— Ar paña c... 

— Préndelo, préndelo, por sordao. 

Y pasan por el arco hasta formar la cadena como en el ex- 
tremeño , coneluj'endo con la rotura de la cadena. 

El Sr. Rodríguez Marín, en sus Cantos j^ojndares españo- 
les , t. I , págs, 99 y 100 , trae algunas variantes. 

En Olvera, pueblo de la provincia de Cádiz, según un ami- 
go nuestro natural de dicho pueblo, lo juegan de este modo: 

— Compadre, ajo, 

— Matemelobón. 

— ¿ Cuántos panes hay en el arcón ? 

— Veintiuno y el quemón. 

— Matemelobón. 

Forman la cadena y luego dicen : 

— ¿, Compra V. mía soga ? 

— Tiene muchos nuos. 

— Tire V. á ver si se rompe. 

Tiran , y á los que se sueltan les imponen un castigo, ó les 



170 BIBLIOTECA 



esa pared, (y. gr.) que tiene las hojas verdes y 
brillantes, que da una flor blanca, chiquitita y que 



dan á escoger entre el Cielo ó el Infierno. Si eligen el primero, 
le tocan las palmas, si el segundo, le dan una grita. 

Este juego en Cataluña, según el Sr. Maspons (pág. 37), es 
de este modo : 

— Mossen Joan de las Abadessas: 

— ¿ Qué mana mi Sen3-ó ? 

— ¿ Quantas fullas hi ha al arbre ? 

— Trinta mil y un cañó , 

— ¿Per quin pont passarém? 

— Peí pont de las formigas. 

Van pasando para hacer la cadena, y al pasar van diciendo: 

— ¡ Ay, que pican ! 

— ¡ Ay, que pican ! 

El Sr. Rodríguez Marín, al ocuparse de este juego como 
rima infantil , en su obra citada, hace notar que todas estas 
versiones son derivadas de la fórmula recogida por Alonso de 
Ledesma á principios del siglo xvii en su obra (Juegos, etcé- 
tera). Hela aquí: 

— ¡ Ali, fray Juan de las Cadenetas ! 

— ¿Qué mandáis, señor? 

— ¿ Cuántos panes hay en el arca ? 

— Veinte y un quemados. 

— ¿ Quién los quemó ? 

— Ese ladrón que está cabe vos, 

— Pues pase las penas que nunca pasó. 

Pasan los niños , y queda cruzado el aludido. 
En el Monferrato, según el Sr. Ferraro, (núm. XXIV de sus 
juegos monferrinos) se llama II Fovnaio. He aquí la fórmula: 

— ¿O fornaio é cotto il pane? 

— Si, ma é un po bruciato. 

— - ¿Chi lo brució? 

— Questo bel giovane. 

Pasan formando la cadena, y concluida ésta, dicen: 



DEL FOLK-LORE 171 



huele mucho, y la fruta es redonda, color de oro. 
— ¿Qué es? — 

Aquí empiezan todos á dar tormento á la imagina- 
ción para ver qué árbol será el descrito (las descrip- 
ciones son siempre variadas), y no falta alguno que, 
con la mayor frescura, emite su opinión diciendo: 



— ¿Diaino la corda ó il cordone? etc. 

En Calabria le llaman La catina. 

El Sr. Pitre en su colección (pag. 241, núm. 132) presenta 
este juego ilustrado, como otros muchos, con una lámina en 
fototipia que representa á los niños en aptitud de jugarlo. Lo 
titula, A tila, tila, tila. Cita las variantes de Avola, Ciancia- 
na y Mazzara. Las dos viltimas son las más parecidas al juego 
nuestro. Helas aqui: 

C¿ancia7ia. 

1." parte. — ¡O de celu e celu! 

— ¿Chi cumanna ssu celu? 

— ¿Quantu pañi ce' é supra la banca? 

— Un pañi e mezzu. 

— ¿L' autru mezzu cu' si lu mancia? 

— Ssu canuzzu ch' aviti á hi giru. 

2.* parte. — ¿Aviti vistu 'na ritina di muli? 

— Cumpa' li vitti. 
--¿Com' eranu? 

— tíenza capristi. 

— ¿D' unni pigliáru? 

— A jiri ddocu. 

Maz^^ara. 

2.* parte. — ¿A cu' havi curdicedda? 

— Vi la vimiu jeu. 

— ¿A quantu? 

— A tri granu ; scorcia d' o\'U. 

— ¿ Ad un granu mi la dati? etc. 



172 BIBLIOTECA 



— ¿Será la calabaza? — Opinión que le vale el 
epíteto ¡ animal ! , con que le bautizan los otros. Cada 
cual va diciendo lo que le parece, hasta que uno más 
afortunado llega á decir : — ¡El naranjo ! — 

Al ver que uno acierta , dice el director : 

¡Hilo morao 
Traérmelo atao! 

Al escuchar hilo morao , sale á escape el que acer- 
tó, huyendo de los otros que lo persiguen para traer- 
lo atao, según dice el director. Si lo consiguen, lo 
traen sujeto por las orejas, pero esto rara vez sucede 
toda vez que, para dar auxilio al que huye, cuando el 
director lo ve muy acosado, grita: — ¡Roma! ¡Ro- 
ma 1 — á cuya voz , el perseguido se convierte á su 
vez en perseguidor de los otros. Para prolongar el 
juego, el director vuelve á gritar:- — ¡Hilo morao, 
etcétera! — repitiendo este cambio de palabras cuan- 
tas veces lo cree oportuno. Cuando alguno de los per- 
seguidos se deja coger, es llevado al director para que 
éste le imponga un castigo que, por lo general, se re- 
duce á que lleve encuestas (á cabrito) á los otros chi- 
quillos, diez ó doce pasos, ó cosas parecidas. 

Zafra. 
( Variante.) 

La arboleda . 

El que hace de director se pone en medio con un 
pañuelo anudado por una punta, y la otra extremi- 



DEL FOLK-LORE 173 



dad la entrega sucesivamente á los que pregunta , di- 
ciendo : 

— Niños que van 
Niños que vuelan 
Es un árbol 
De esta mauera. 

Hace la descripción de un árbol ó frulo , y sigue: 

— ¿ Qué es ? 

Si no acierta el preguntado , pasa el pañuelo á otro 
para que conteste, hasta que uno acierta diciendo, 
por ejemplo: 

— ¡ Nogal ! 

— Pues da nueces, 

dice el director, y suelta el pañuelo para que el que 
ha acertado salga pegando á los demás que huyen 
delante de él. Cuando están á distancia oportuna á 
juicio del director, éste dice: 

— Con hilo verde 
Con hilo encarnado, 
Traérmelo atado. 

Corren entonces los otros tras el del pañuelo, y si 
lo alcanzan, lo cogen de las orejas hasta que llegan y 
repite delante del director el nombre del árbol ó 
fruta. 

Como se ve, la diferencia entre el juego y la va- 
riante consiste solamente en que, la pregunta que en 
el primero es general , es particular en la segunda, 



174 



BIBLIOTECA 



en la variación de la fórmula y en hallarse invertida 
la especie, pues así como en el primero el que acierta 
es el que primeramente es perseguido, en la segunda 
es él el que persigue. Por lo demás, el juego es el 
mismo. 

(Otra variante.) 

Es exactamente igual al de Zafra , con la sola di- 
ferencia de que la fórmula es como sigue: 

— Ciminin cerra (1) 
Tengo un arbolito 
De esta manera. 
Ni más chica ni más grande, 

y hace la descripción. Después, cuando uno de los ju- 
gadores acierta, dice el director: 

— Ciminin cerra, 
Ciminin cerra, etc. 

y el chico que acertó sale perseguido por los otros. 
Para variar y que no se alejen demasiado, dicen: 

— Cera, cera, cera, etc. (2) 

Méricla, 



(1) Ciminin -cerra, corrupción de las palabras latinas si- 
tnilis herba, esto es, semejante yerba, una yerba ó planta de 
esta clase, etc. Esta frase solía aplicarse al principio de toda 
adivinan/a que se refería á los árboles, plantas ó frutas. 

(2) También lo hemos visto jugar en Sevilla. La madre 
(director) propone el juego de este modo : 

— Ciminin -cerra 
Cantaba una perra 



DEL FOLK-LORE 175 



27. 

El jinque. 

Este juego, generalmente no lo juegan los niños 
más que cuando la tierra está liúmeda. Preparan en 

Es un arbolito 
De esta manera. 

Hacía la descripción del árbol, y cuando uno conseguía adi- 
vinarlo, la waííre decía: 

— ¡A oreja! 

y el que había adivinado salía huyendo de los otros que trata- 
ban de cogerlo. Cuando la madre lo veía muy apurado, gri- 
taba : 

— ¡Canuto! 

y entonces el perseguido salía detrás de sus perseguidores. 

En Sevilla, como en Zatra, el que acierta la adivinanza es 
el que primeramente sale perseguido, al contrario de lo que 
sucede en la variante que debemos al Sr. D. Joaquín Sama, 
en la cual el que acierta es el que persigue primero. La misma 
interpretación que en este último le dan en Cataluña, donde es 
conocido este juego con el nombre de Bomamá, según el señor 
Maspons (Jochs de la Infancia, pág. 83) en que el que acierta 
la adivinanza (que no dice el Sr. Maspons cómo es), sale pe- 
gando á los otros en tanto que el director dice: 

— ¡Eomamá, romamá! 
Pero cuando dice: 

— ¡Romamí, romamí! 

los perseguidos se vuelven contra el perseguidor que huye has- 
ta que el director dice : 

— Romamí tocam á mí, 

en cuj^o caso acuden todos y empiezan el juego de nuevo. 
El Sr. Pitre lo trae también en su colección con el título de 



176 BIBLIOTECA 



lili sitio tsrrizo una especie de hoyo, donde la tierra 
mojada se hace un barro pegajoso y de bastante con- 
sistencia, para que al tirar sobre él un jinque quede 
clavado por una punta sin caerse. El jinque, es un 
palo de unas veinte pulgadas de largo , algo grueso 
y aguzado por uno de los extremos. Para arrojar- 
lo , se coge por el extremo más grueso y se tira con 
fuerza sobre la tierra de modo que quede clavado per- 
pendicularmeente, y entonces el compañero tira el 
suyo en la misma forma, pero procurando dar un 
golpe al otro, á ver si lo hace saltar. Si no lo consi- 
gue, vuelve á tirar el otro jugador, que lleva el mis- 
mo interés, con el palo del contrario. Cuando por la 
violencia del golpe se hace saltar el palo del compa- 
ñero, se toma cou la mano izquierda y cogiendo el 
piDpio con la derecha, se despide el del contrario todo 
lo lejos que sea posible para que su dueño vaj^a á 
recogerlo. Este juego lo hemos visto jugar también 
en Yillafranca, donde le llaman él jincote, y en He- 
rida. En este último punto, cuando despiden el palo 
contrario mientras el dueño va á recogerlo, el que lo 



A Biimé (núm. 154, pág. 278). Es muy semejante á la vai'ian- 
te extremeña, La arboleda. Para llamar dicen : 

— ¡ Eunic, ch'u mastru é siilu! ¡Rumé! 

El Sr. Pitre dice que es conocido en Avola con el nombre 
(le A liicmeiL, en Chiaramonte y Ragusa, A Eamti, en Mar- 
sala, A onerrameii spagiiolu, en Mesina, Cumióla laasa e 
pegghia^ en Girgenti, ó nerbu, en Siracusa, ó Mazíiuni, en 
Módica, ¿íuriccia y en Catania, a li frutti. 



DEL FOLK-LORE 177 



despide tiene que clavar cuatro veces el suyo, di- 
ciendo : 

— So7i, cañórit Talavera y Lobún. (1) 

Zafra. 

28. 

El caballo de caita. 

Este es un juguete que se hace de una caña larga, 
á la cual se le pone en uno de los extremos otro trozo 
de cafía de unas cuatro ó cinco pulgadas , figurando 
la cabeza de un caballo^ á la que con una guita ó co- 
rrea, se le simula una especie de brida. Suelen hacer- 
lo los mismos niños , unas veces para jugar solos y 
otras para jugar varios á los soldados de caballería. (2) 

Zafra. 

(1) Es otro de los juegos citados por Polux (IX, 120), y 
lo explica de este modo : « Se juega con estacas aguzadas, y 
es preciso, no sólo clavar la estaca en el suelo húmedo, sino 
hacer saltar las otras estacas que están clavadas, dándoles en 
la parte superior.» 

El mismo Polux dice que este juego dio origen al refrán tan 
conocido de «un clavo saca otro clavo,» «una estaca saca otra 
estaca. » 

(2) Es tan antiguo este juego, que ya Plutarco en su 
obra (Apophth, lacón LXX), cüce hablando de la vida de Agó- 
lisas: «Agélisa amaba mucho á sus pequeños hijos y tomaba 
parte en sus juegos cabalgando sobre una caña á estilo de ca- 
ballo. Como uno de sus amigos lo sorprendiese un día en esta 
ocupación, le rogó á este amigo que nada dijese á nadie has- 
ta que él mismo tuviese hijos.» 

Valerio Máximo (VIII , viii) refiere también esta anécdota, 
pero se la atribuye á Sócrates, á quien Alcibiades sorprendió 

TOMO lU 12 



178 ' BIBLIOTECA 



29. 

El taco. 

Éste, más que juego, es un pasatiempo de los chi- 
quillos. Cortan un trozo de sanco de siete ú ocho pul- 
gadas de largo, y sacándole el corazón que es esto- 
póse como el de la higuera , queda convertido en una 
especie de cañón. Este es el taco. Después cortan un 
palo delgado algo más grueso que el hueco que deja 
la parte estraída, se adelgaza por un lado en una lon- 
gitud algo más corta que el taco, de modo que pueda 
penetrar por el hueco ya indicado, sujetándose en la 
parte más gruesa. Esta es la baqueta. Introdúcele 
en el hueco del taco, y con auxilio de la baqueta, 
una bala de estopa humedecida en la boca, obligán- 
dola á que asome por el otro extremo, pero sin que 
salga, para lo cual la parte de la baqueta es un centí- 
metro más corta que el taco. Cogen otra bala y la 
introducen del mismo modo , teuiendo antes cuidado 
de llenar de aire el cañón, á fin de que el aire com- 
primido haga saltar con estrépito la primera bala al 
impulso de la segunda. Los muchachos suelen desa- 
fiarse unos á otros para ver cual de los tacos hace 



montado sobre una caña. Horacio (que era célibe) encontraba 
esto ridículo en un hombre con barbas. 

Es el núm. 12 de la colección del íSr. Pitre, titiilado: Lii 
cavaddu. 



DEL FOLK-LORE 179 



subir ó alejar más la bala. Estos juguetes se constru- 
yen también de otra madera más dura que el saúco, 
en cuyo caso el tubo del centro se le hace con una ba- 
rrena ó tarraja. Ea Villafranca le llaman el trahu- 
co. (1) 

Zafra, 

30. 

El jahalero. 

Se juega, por lo general, las noches de luna. La 
parte iluminada por este astro es el habal, donde 
uno de los niños, que es el jahalero, guarda las ha- 
bas. Los otros chicos, que están en la sombra, van á 
robarlas. El guarda se hace el dormido para que se 
acerquen mucho á ver si los coge, y los otros, fiados 
en la ligereza de sus pies , se suelen acercar algunas 
veces demasiado. Los ladrones, haciendo demostra- 
ción de coger habas , dicen : 

— Tío jahalero , 
Que le roban á V. las jabas. 

Cuando el guarda cree que están más descuidados, 
sale tras los ladrones , que huyen á ampararse de la 
sombra que proyectan las paredes cercanas , terreno 
á donde no alcanza la persecución del guarda, pero si 



(1) En el Monferrato se llama I Mortareti^ nóm. XLIV 
de los del Sr. Ferrare. 



180 BIBLIOTECA 



alguno se deja coger, eu la parte iluminada por el 
astro nocturno, tiene que reemplazar al guarda en su 
puesto, y sigue el juego en la misma forma. 

31. 

Tai sombrerillo. 

Consiste este juego en poner todos los sombreros 
en el suelo, dejando entre uno y otro el espacio sufi- 
ciente para que quepa un pie de lado. Colocados en es- 
ta disposición, el jugador, con un solo pie (el derecho) 
va saltando de uno en otro espacio , pero sin pisar 
los sombreros, pues si los pisa, pierde. Cuando llega 
al último , despide con el pie el sombrero que está de 
punta, y vuelve retrocediendo del mismo modo á des- 
pedir el del otro extremo , hasta que los despide to- 
dos , pero sin que le sea permitido descansar. 

Zafra. 

En Olvera (Oádiz), existe también este juego, co- 
nocido por la tanganillo , si bien fijan el número de 
siete á los sombreros. 

32. 

Tm pina. 

En un suelo terrizo , señalan los niños un redon- 
del de regulares dimensiones con un hoyo en el cen- 
tro, que se llama el moso, y un niño , que está dentro 



DEL FOLK-LORE 181 



de este círculo, se nombra el mosero. Los demás juga- 
dores dan la china, y el último que se queda con ella, 
es el jjjorm, y le toca guardar lampina, que es un tro- 
zo de madera pesada, ó una piedra ; los otros niños 
quedan óseos, (libres). A una distancia convenida del 
redondel, hacen una raya recta en el suelo. Todos los 
niños están armados de varas con una porreta en la 
punta. El mosero coge la^;¿wa, y con el palo la despi- 
de en dirección á la raya, y d porra tiene que ir á 
traérsela dándole con la porreta, pero los demás pro- 
curan impedirlo dándole del mismo modo en direción 
contraria, esto es, hacia la raya dicha. Como ellos 
son muchos y el otro es solo, claro es que se la lleva- 
rían en seguida; pero el caso es, que para darle, tie- 
nen que andar con cuidado, porque si al tiempo de 
hacerlo, el porra les toca con la punta de la vara, el 
que se ha dejado tocar se convierte en porra. Por eso 
procuran al darle, huir el cuerpo, puesto que el 
otro no puede perseguirlos, por no dejar abandonada 
la pina. Cuando consiguen hacerle pasar la raya 
entonces el p>orra ha perdido y lleva la palera, que 
es el castigo que se le impone al que pierde. Pero si 
por el contrario el p^orra es listo y logra hacerla en- 
trar en el círculo, dándole con la vara, gana, y dan 
de nuevo la china. Si al darle á la pina ésta pasa del 
redondel , el porra tiene derecho á echarla á mano, 
no solo en el redondel , sino , si le es posible, en el 
7noso, lo que trata de impedir el mosero moviendo la 



182 BIBLIOTECA 



Tara en todas direcciones , porque si la pina entra en 
el hoj'O, el mosero y el ]}orra cambian de puesto, y 
empiezan de nuevo. 

Para dar Isijjalcra, el que ha perdido coge su vara 
y la despide cuan lejos le es posible, y hasta tanto 
que llega al sitio donde la vara cae, los demás se es- 
tán quietos; pero en el momento de llegar^ todos arro- 
jan sobre él las varas , procurando el castigado esca- 
par á los palos. 

Villa/ranea. 

En Zafra se juega también este juego casi en igual 
forma. (1) 

Arranca fmra. 

Se trazan en un suelo terrizo , formando un gran 
círculo, tantos Jiües (redondeles) cuantos niños to- 
man parte en el juego. Cada jugador tiene una vara 
igual á las que usan en el juego anterior, y tam- 
bién un trozo de madera al que igualmente dan el 
nombre de pina. Las varas están aguzadas por uno 
de los extremos. Para empezar ponen la pina en el 
suelo , y cogiendo las varas á estilo de pluma, las van 



(1) El Sr. Ferrare trae uno con el núm. XXXVIII, que 
titula Ohin-nha, que es muy parecido. Los niños, divididos en 
dos facciones, se colocan á veinte pasos. El director arroja 
un trozo de madera contra los contrarios, y unos y otros 
se disputan el arrojarlo fuera de la liza con los palos. 



DEL FOLK-LOKE 183 



arrojando de punta uno á uno sobre la 2^ina. El que 
dé más cerca es el 7nano, y el que dé más lejos, el 
2)orra. Pasan entonces cada uno á su hile, y cogiendo 
el 2^orra Va. pina , se la echa al memo, que la recibe con 
la vara y tiene que darle, pues si no lo logra, se con- 
vierte enj^jorra. Éste procura tirarla de modo que el 
otro no le dé, pero á su vez el mano tiene derecho á 
decir: — no la quiero, — cuando vé que viene mal di- 
rigida, solo que ha de decirlo antes de amagar, por- 
que si hace la tentativa, no le sirve, y pierde. Una 
vez tirada la ¿una, y recibida en el palo por el con- 
trario, éste la coge, y sirviéndose de la vara, la des- 
pide tan lejos como le es posible, y allí tiene que ir 
el porra á recogerla. Mientras éste va por ella, los 
demás jugadores , valiéndose del extremo aguzado de 
la vara, empiezan á arrancar tierra en el hile del que 
ha ido por la^^ma, retirándose á sus respectivos hiles 
cuando lo ven venir. Si alguno se distrae y el porra 
consigue echar lampina en el hile del distraído, cam- 
bian los papeles , y éste último tiene que coger la^)¿>2a 
y quedarse áQiwrra. Cuando ya todos tienen tierra 
arrancada en sus redondeles, ó cuando les parece, 
van á ver quien tiene mayor cantidad , la miden , can 
más ó menos trampa, y el que tiene más tierra, sufre 
\3i palera, como en el juego anterior. (1) 

Zafra. 

(1) En Italia hay un juego muy parecido, solo que en lu- 
gar de arrancar tierra lo que hacen es robársela unos á otros. 



184 



BIBLIOTECA 



34. 
Los perros y las liebres. 

Se reduce este juego á que los niños divididos en 
dos bandos, figuran unos ser las liebres y otros los 
perros. Hay un espacio que denominan las cuevas , y 
lo demás es monte. Cuando las liebres salen al monte 
y son perseguidas por los perros , procuran refugiar- 
se en las cuevas donde éstos no pueden perseguirlas. 
Toda liebre cogida en el monte, queda fuera de com- 
bate. 

Zafra. 

35. 

La Justicia y los ladrones. 

Los niños se dividen en dos bandos, como en el 
juego anterior , sólo que uno de éstos es una partida 
de ladrones y el otro representa la guardia civil; ésta 
persigue á aquéllos , sólo que hay un sitio determi- 
nado donde cesa la persecución. Cuando la guardia 
apresa algún ladrón, lo llevan á presencia del juez, 
papel que desempeña otro niño , acompañado de un 
escribano y un alguacil. Se forma la causa y el reo es 
condenado á presidio. Después siguen persiguiendo á 
los demás , hasta que los cogen á todos. (1 ) 

Zafra. 
(1) Esta clase de juegos se hallan en todas parte». Lo 



DEL FOLK-LORE 185 



oo. 
Contrabandistas y carabineros. 

En este juego, á semejanza de los dos que le pre- 
ceden y conforme lo indica el título , los niños se di- 
viden en carabineros y contrabandistas. Desde luego, 
y de común acuerdo , señalan una línea que indica la 
frontera, la cual está guardada por los primeros. 
Los segundos tratan de atravesarla para introducir 
el contrabando , y los carabineros se oponen ; vienen 
á las manos los dos grupos, y aquel que puede más 
es el que vence. 

Zafra. 
37. 
Moros y cristianos. 

Este juego es una viva reproducción de nuestras 
antiguas luchas con los árabes durante la dominación 
sarracena en nuestra península, lucha en que siem- 
pre quedan vencidos los moros. El juego reviste mu- 
chas formas, pues unas veces es una altura la que 
hay que tomar, otras una boca calle la que se disputan, 
ya es un castillo ó una ciudad que hay que entrar á 



trae el Sr. Ferraro en sus juegos inonferrinos y lo mismo su- 
cede al Sr. Pitre, que trae cinco ó seis variantes. 



186 BIBLIOTECA 



saco , ó bien una batalla campal la que se libra ; pero 
en todas ellas, como liemos dicho, salen siempre per- 
diendo los moros , que están representados por el 
grupo menos numeroso. ( 1 ) 

Zafra. 
oo. 

Correr la rata. 

Se toma un objeto cualquiera para figurar la rata, 
generalmente una correa, un zapato ó un pañuelo 
anudado por una punta , uno de los chicos designado 
por la suerte es el encargado de buscar la rata ; los 
demás , de correrla. Para ello se sientan todos, de es- 
paldas, á lo largo de una pared, uno esconde la rata 
entre la pared y su cuerpo , y de este modo va pa- 
sando de mano en mano, sin dejarla ver del que la 
busca. Cuando éste lo hace en sitio donde no está, el 
que la tiene, si se encuentra cerca, se la hace sentir 
dándole con ella en la espalda y vuelve á esconderla 
rápidamente, diciendo: 



(1) Este iuego es también general en todas partes y en 
cada nación toma el nombre de las guerras más importantes 
que han sostenido, ya civiles ó extranjeras. Así en Grecia, por 
ejemplo, se llama Turcos y Griegos, y como en España son 
los moros los que quedan vencidos, en Grecia lo son los 
turcos. 

El núm. XVII de los juegos monferrinos, titulado La 
torre, es igual á éste. Es un castillo que á la vez es atacado 
y defendido por las dos facciones. 



DEL FOLK-LORE 187 



— Ahí va la rata; el que se la deje coger tiene que bus- 
carla. (1) 

Zafra» 

39, 
La Bueda de Socorro. 

Se ponen en rueda , pero en grupos separados de 
dos en dos, ó de tres en tres, etc. Uno, á quien de- 
signa la suerte, coge una correa y corre tras otro, 
también designado por suerte. Corre el uno á dar al 
otro, y éste, cuando se ve acosado, se entra en la 
rueda, y se coloca delante de uno de los dos grupos. 
En el momento tiene que salir el de detrás , para que 
no le peguen con la correa si se deja alcanzar. Cuan- 
do van muy distantes el perseguidor y el perseguido, 
aquél pide « i manos atrás ! » para entregar la correa 
y que se encuentre con ella el perseguido. 

Zafra. 

Como se ve, este juego tiene algunos puntos de con- 
tacto con el núm. 16 de esta serie. 

40. 
La Rueda de las coces. 

Se cogen los niños de la mano, excepto uno, y em- 
piezan á dar vueltas con la rapidez que les es posi- 

(1) Muy parecido á este juego es el núm. 90, pág. 176 de 
la colección del Sr. Pitre, titulado 2x la Frischietta. 



188 BIBLIOTECA 



ble. El niño que ha quedado fuera tiene que tocar con 
la mano á uno de los del círculo , misión que no es 
muy fácil conseguir sin exponerse á recibir un golpe, 
porque los de la rueda, para evitarlo, al dar vuelta 
van soltando talonazos, ó como dicen los chicos, ^a- 
tás, extendiendo las piernas para no dejarlo aproxi- 
mar. Cuando, á pesar de todo, consigue tocar á uno, 
entra á formar parte de la rueda, siendo reemplaza- 
do por el que se dejó tocar. ( 1 ) 

Zafra. 
41. 

El OJicialito. 

Keunidos los niños que han de jugar, proceden al 
acto de dar la china con objeto de ver cuál es el que 
ha de hacer de Oficialito. Uno de los niños hace de 
maestro y no toma parte en la china ni en los saltos. 
Designado por la suerte el oficialito , lo llama aparte 
el maestro, y sin que los otros lo oigan , le indica el 
oficio que ha de tomar y la herramienta con que, al 
saltar, ha de perder el que la nombre. Después el ofi- 
cialito se pone inclinado en la misma forma que en el 
núm. 20 de esta serie, para que los demás vayan sal- 
tando sobre él. Al ir saltando, los jugadores dicen: 

— Oficialito nuevo , 
¡ qué lindo lo tenemos I 

(1) En Sicilia le llaman a lii liipu, según ol Sr. Pitre, 
núm. 167, pág. 200. 



DEL FOLi:-LORE 189 

Vuelven á saltar para el otro lado y le preguntan: 

— ¿, De qué oficio ? 

— Carpintero , 

contesta el oficialito, suponiendo que éste sea el ofi- 
cio indicado por el maestro. 

Ya, al volver á saltar, cada uno le va haciendo 
una pregunta acerca de las herramientas de su ofi- 
cio^ cuidando de nombrar una distinta cada jugador, 
porque si hay repetición , el que incurre en ella, pier- 
de. Dicen así : 

— ¿ Tendrá V. buenas sierras ? 

y el oficialito contesta: 

— Muy buenas. 

— ¿Tendrá V. buenos cepillos? 

— Muy buenos. 

y así van nombrando los demás utensilios del oficio, 
hasta que uno acierta á nombrar el que el maestro 
señaló para que pierdan; por ejemplo, el escoplo, y 
al decir uno de los niños, 

— ¿ Tendrá V. buenos escoplos ? 

— Aquí se vende eso. 

dice entonces el maestro, y el oficialito es sustituido 
por el que nombró los escoplos. (1) 

Zafra. 

(1) Es el núm. 126, pág. 229 de la colección citada del 
Sr. Pitre, titulado: ¡A scavic su' mastru! 



190 



BIBLIOTECA 



42. 

Las tres en raya. 

Este juego que en Andalucía, ó al menos en Sevi- 
lla, conocen con el nombre de trincarro (tres en ca- 
rro) y nosotros denominamos quizá más gráficamen- 
te tres en raya, se juega del modo siguiente : 

Sobre una losa, una tabla ó una mesa, se dibuja 
con tiza ó lápiz un cuadro ; este cuadro se cruza por 
dos rayas diagonales y dos perpendiculares, quedan- 
do de este modo el cuadro dividido en ocho espacios 
triangulares, siendo ocho también los puntos donde 
las rayas se tocan, cuatro en los ángulos, cuatro en 
las mitades de los lados del cuadro y un quinto pun- 
to, centro de la figura donde se cortan, como puede 
verse en el siguiente modelo:- 



\ 




■ 





\ 
\ 

w 

/ 


■^ 


y 


/ 


o 



El juego se verifica entre dos niños; cada uno dis- 
pone de tres fichas. Estas fichas, que podemos dividií* 
en negras y blancas, se van poniendo una á una y al- 



DEL FOLK-LORE 191 



ternativamente por los jugadores sobre los puntos en 
que las rayas se unen , empezando siempre por el cen- 
tral, y como éstos son nueve, resultan seis ocupados 
y tres libres para la defensa del juego. Este consiste 
en colocar el jugador sus tres fichas en línea recta, 
operación que el contrario procura evitar al mismo 
tiempo que tiende á colocar las suyas. Si los jugado- 
res son listos,. la operación es difícil, pues las fichas 
no pueden levantarse ni saltar ningún punto , sino so- 
lamente puede ser corrida á uno de los puntos inme- 
diatos ó al centro, si éste está vacante, procurando 
no sólo que sea el más conveniente para su juego, sino 
á la vez ver el medio de no quedar en descubierto con 
el enemigo. Cuando uno de los jugadores consigue, 
como se ve en el modelo , poner sus tres fichas ( las ne- 
gras) sobre una de las ocho rayas que forman la figu- 
ra, está conseguido el objeto, y dice: — ¡Tres en ra- 
ya! — y gana un juego, volviendo á empezar de nue- 

Zafra. 

43. 

La llayuéla. 

Este juego consiste en señalar sobre el suelo con 
una piedra, si es terrizo, ó con tiza, si está enlosa- 



(1) En la miscelánea del núni. 3 de la Eevista del Folk- 
Lore Andaluz y en la pág. 80, se ocupa el Sr. Machado y ^1- 
varez de este luego, llamado en Andalucía el Trincarro. 



19*¿ BIBLIOTECA 



do, una figura rectangular, uno de cuyos de extre- 
mos está terminado por un medio punto, como puede 
verse en los modelos que presentamos más adelante. 
Esta figura está dividida en varios compartimientos, 
figurando una escalera. Cada división, como severa, 
tiene su nombre particular. El modo de jugarlo es el 
siguiente : 

El jugador, empezando por la parte inferior ó recta 
del rectángulo , echa una pequeña piedra plana , re- 
donda ó cuadrada, sobre la primera división, y pene- 
trando en ella sostenido solamente sobre el pie dere- 
clio, (1) tiene que hacer salir la piedra por el sitio 
donde entró. Concluido esto, la arroja á la segunda 
división y hace lo mismo, y sucesivamente va efec- 
tuando la misma operación en los demás espacios de 
la figura, aumentando la dificultada medida que avan- 
za. Como la posición no deja de ser molesta, le está 
permitido á los jugadores descansar en el espacio 
cuarto y en el sétimo, con prohibición absoluta de 
hacerlo en los otros cinco. 

El jugador pierde en los casos siguientes : l.o Cuan- 
do descansa en las divisiones 1.^, 2.3-, 3.*, 5.a y 6.^ 

2.0 Cuando pisa alguna de las rayas de que cons- 
ta la figura. 

3.0 Cuando pisa la piedra, ó ésta, al ser despedi- 



(1) Pijoleando, decimos los extremeños. A pie cogetá, 
dicen en Olvera (Cádiz), y á jjé zopett dicen en Italia los ni- 
ños parmesanos. 



DEL FOLK-LORE 193 



da, se para sobre una raya, lo que los niños llaman 
caer en raya, ó sale por uno de los lados laterales ; y, 
4.0. Cuando al echar la piedra á uno de los espa- 
cios , ésta rueda y pasa á otro que no le pertenece , ó 
sale de la figura. 

Poseemos unas cuantas variantes de este juego 
pertenecientes á diversos puntos de la Península y 
del extranjero, como verán los lectores más adelante, 
y es de notar que, si bien se dan diferentes nombres 
y formas á los espacios, y aun hasta el mismo juego, 
todos, sin embargo, coinciden en la configuración del 
trazado general, que es un rectángulo redondeado 
por uno de los extremos, salvo raras excepciones, 
como son el de Utrera (Sevilla), Yillafranca (Bada- 
joz) y Palermo (Sicilia, Italia). En cuanto al modo 
de jugarlo, en todas partes es igual. 

Este juego tiene un remoto abolengo, pues según 
el escritor italiano Sr. Giusseppe Ferraro, (Archivio 
per lo studio delle tradizioni popólari, p. 246. Paler- 
mo, 1882), era ya de antiguo conocido entre los grie- 
gos y egipcios. El mismo señor nos lo presenta con el 
nombre de El Bisco, (número XXI de sus juegos 
monferrinos). 

Se conoce además este juego en varios puntos de Ita- 
lia con los nombres siguientes, según el Sr. Ferraro: 



En Eoma. ....... La Campana. 

» Palermo Nnicchia lu pálasu. 

» Toscana II Truccino. 

TOMO III 13 



194 BIBLIOTECA 



En Venecia El Campanon. 

» Bergamo. ...... El Mond. 

» La Marca La Campana. 

Y según el Sr. Giusseppe Pitre .- 

En Licata A Paradisu. 

» Mazzara A Franza. 

» Girgenti A strittula. 

» Biceglie La Campana. 

» Parma Al mont ó mond. 

» San Giusseppe Jato ... A sciancarelia. 

¡) CoUe di Val d' Elsa ... La settimana. 

Eespecto á nuestra Península, también se conoce 
con distintos nombres , según los datos que hemos 
podido recoger. Helos aquí: 

Alange El Calajanso. 

Almendralejo » » 

Fregenal La Teta. 

Badajoz. ( Llerena El Calajanso. 

Mérida » » 

Villafranca El Chmclie. 

Zafra La Rayuela. 

^ Olvera El Futi. 

Cádiz . . ^ u^j.i^^^^g ^ ^ El Tejo. 

Andújar La Cruceta. 



Córdoba. 1 j^^ j.^^^j.^ La Coroza. 

Granada. ¡ Malaha La Rayuela. 

Huelva . j La Palma La Escanchuela. 

Logroño. • Hornillo El Truco. 



DEL FOLK-LORE 19t 



Arahal El Teje. 

Dos HermanaB La Soria. 

Sevilla. . ^ Estepa Las Toldas. 

j Osmia La Teta. 

I Sevüla El Pico y El Tejo. 

Utrera El Pique. 

Soria. . . J Soria El Calderón. 

Avila.. . .• Avila El Pitajuelo. 

Madrid.. .) Madrid El Truquemele. 



Como hemos dicho , se observa que en la forma ge- 
neral de la figura, todas obedecen á un solo tipo, pe- 
ro no deja de ser curioso el modo cómo cada pueblo 
ha distribuido ese espacio , ofreciendo en ello una idea 
de sus caracteres. Así vemos que, mientras en unos 
se le ha dado forma sencilla como sucede en el Mon- 
ferratO; Olvera, Sevilla, Zafra, etc., en otros, como 
Andújar, Granada y La Eambla, han hecho una dis- 
tribución muy caprichosa de la figura, sobre todo en 
este último punto , que es complicadísima. Esta dis- 
tribución demuestra el ingenio de sus autores, y 
más que nada su paciencia , porque bien la necesitan 
para andar sobre un pie entre los múltiples espacios 
de esa figura^ qne se parece al célebre laberinto de 
Creta. 

Vista esta figura^ no pueden extrañarnos esas pre- 
ciosas vasijas de barro blanco que de multitud de for- 
mas expenden en Sevilla, procedentes de La Eambla. 
Estas vasijas , adornadas en el exterior por capricho- 



196 



BIBLIOTECA 



SOS dibujos hechos con un hilo sumamente delgado 
del mismo barro , no serán ciertamente una obra maes- 
tra, ni pueden serlo, toda vez que se trata de objetos 
de escaso valor; pero hay que reconocer que, á más 
de mucho ingenio, representan un trabajo ímprobo, 
una gran dosis de paciencia , pues todo está hecho á 
mano, lo cual demuestra su aptitud para otra clase de 
trabajos más delicados, y prueba que esos obreros son 
de la madera de donde se hacen los buenos artistas. 

En Zafra existen dos variantes de este juego, no 
por la forma que es exactamente igual, excepción he- 
cha del déla quinta división, que en uno es más es- 
trecha que en el otro , sino por los nombres aplicados 
á esas divisiones. (Véanse, si no, las figuran 1 y 2de 
la lámina colocada al final de este tomo. ) 

El número 1, como se vé por los nombres de los es- 
pacios, aunque no igual, parece obedecer á la regla ge- 
neral de los que presentamos, no así el número 2, que 
parece ser una originalidad de los hijos de aquella an- 
tigua villa. Fué la primera forma que conocimos , y en 
la que más jugábamos en nuestro tiempo, pero jamás 
se nos ocurrió averiguar el por qué de haber aplicado 
el nombre de los días de la semana á los siete espa- 
cios de que se componía la figura. Así lo encontra- 
mos, y asilo dejábamos, sin meternos en más dibu- 
jos. Después, cuando hemos pensado en ello, creemos 
haberlo comprendido. A nuestro entender, esta cla- 
sificación debió salir de las escuelas. Siendo siete los 



DEL FOLK-LOEE 197 



espacios de la figura, y siete los días de la semana, 
los nombres de estos últimos los aplicaron á los pri- 
meros. Hasta aquí nada hay que llame la atención. 
Pero las siete divisiones de la figura, ¿son iguales? 
lN"o, ciertamente; y por eso creemos que la aplicación 
de esos nombres haya salido de las escuelas, por la 
relación que parece existir entre una cosa y otra. 

Desde luego se observa que las dimensiones de los 
espacios l.f>, 2:^, 3.o, o.o y 6.0, en los que el jugador 
está en continuo ejercicio , y no le es permitido des- 
cansar son exactamente iguales, así como iguales 
también son para los niños en la escuela los días co- 
rrespondientes á esos espacios que para ellos signifi- 
can días completos de estudio y sujeción, por maña- 
na y tarde. Examinando la 4.a división, encontramos 
que, no solo es de más dimensiones que las cinco men- 
cionadas, sino que además le es permitido al jugador 
descansar el tiempo que necesite para ello. Y esto 
guarda perfecta analogía con lo que para los niños 
significaba el jueves. Ya se sabe que de muy antiguo 
en algunos pueblos, (no sabemos si en todos) , existía 
la costumbre de que los jueves no había clase más que 
por la mañana , la tarde la tenían libre , ó cuando más 
venían á clase, pero era para ir con el profesor al 
campo á divertirse ; por lo que el jueves lo considera- 
ban como día grande, esto es, de asueto. Nada dire- 
mos del 7.0 espacio, que en forma de medio punto 
prolongado en la parte inferior, termina la figura. Sus 



198 ' BIBLIOTECA 



dimensiones son mayores que las de los otros, y pue- 
de el jugador, no solo revolverse con máS' desahogo 
en tanto está sobre un pie, sino descansar con los dos 
el tieijipo que crea conveniente. Es, por lo tanto, el 
espacio de la figura, que reúne más ventajas para los 
jugadores, del mismo modo que el domingo para los 
muchachos es el día magno de la semana, toda vez 
que á ninguna hora del día tienen que habérselas con 
el profesor, pudiendo, por el contrario, jugar, como 
vulgarmente se dice, á casqiiele qu'dao. 

Entre todas las formas que conocemos , solo una 
hallamos igual á la de Zafra núm. 2 ; la de CoUe di 
Val cT Elsa, en Italia, donde, según el ilustre escritor 
Sr. Giusseppe Pitre, no sólo le dan los mismos nombres 
á los espacios , sino que la misma figura se llama la 
seitímana. Lo que no nos dice el Sr. Pitre, son las di- 
mensiones de esos espacios. Sin que podamos expli- 
cárnoslo, no deja de llamar nuestra atenci(3n esta ex- 
traña coincidencia. 

La siguiente descripción y la figura á que ésta se re- 
fiere (véase la figura núm. 3) la debemos á la galante- 
ría de nuestro amigo el dignísimo Presidente del Fóllc- 
Lore Extremeño, Sr. D. Luis Romero y Espinosa, ilus- 
trado jurisconsulto de Fregenal de la Sierra, que, 
accediendo á nuestros deseos, y no obstante sus mu- 
chas ocupaciones, ha tenido la bondad de dedicarnos 
por un momento su actividad y reconocida competen- 
cia en estos asuntos. 



DEL FOLK-LORE 199 



Juego de la teta. 

El jugador que por la suerte le toca ser mano tira 
la china [a) á los cuatro triángulos A, B, CjD (véa- 
se la figura 3.^ de la lámina) por su orden, cuidando 
de que no caiga en raya^ y la saca pijoleando sin pi- 
sar las rayas. Los saltos en esta primera división de 
los cuatro triángulos comprendidos dentro del primer 
cuadro deben darse del modo siguiente : 

1.0, al triángulo A; 2.o, al B, sin pisar la raya que 
los separa; S.^al C, cuidando de hacer lo mismo ;4.o, 
al D, sin pisar la intersección de las dos diagonales. 

Luego va pasando la teta á los seis espacios si- 
guientes, y en todos ellos hay que saltar sin pisar la 
raya que los separa, ni el aspa de la primera división 
triangular. 

Al llegar al Cielo termina el juego, y el que pri- 
mero se sale despide desde allí, pijoleando su teta, y 
pijoleando cruza los espacios rayados. Así continúa 
hasta que e\2)orra coge la teta dejándola en el pri- 
mer espacio y puede dar alcance al mano, que sale en 
dirección contraria de aquella en que arrojó la china; 
una vez cogido el mano por e\]oorra, éste lleva á aquél 
en cuestas desde el sitio en que le da alcance hasta 
donde está la figura que sirve para el juego. 



(a) Tejoleta: rodaja de barro cocido ó de pizarra blanda. 



2Ó0 



BIBLIOTECA 



Nota. Se pierde al pisar las rayas, al montar (pisar la te- 
joleta) ó al sacar la teta por los pucheros, indicados por dos 
pequeños círculos en la figura. 

Los demás modelos extremeños que hemos podido adquirir 
van insertos en la lámina con los números 4 , 5 , G , 7 , 8 y 9. 

La 'p¡úa.hi& pelulta de la figura 4." significa ^ení/Zíw? a. 

Como se ve en dichas figuras, aunque las de Alan- 
je, Almendralejo, Llerena y Mérida llevan el iiiismo 
nombre, no sucede lo propio con los espacios, ni aún 
con la distribución de ellos, que es diferente. El 
método del juego es igual que en Zafra, si bien en 
Llerena, como lo indica el nombre de dos espacios, la 
partida es de malas y hienas, como en el juego de 
naipes llamado ¡as cuarenta. 

En Vil laf ranea, además del juego en que nos ocu- 
pamos, y que denominan el chinche, conocen ese otro 
que llaman /a /e/a, que sólo varía en la forma, pero 
no en el modo de jugarlo. 

Ponemos las demás formas españolas que nos han 
sido facilitadas por varios amigos, naturales todos 
de los puntos respectivos de donde aquéllas proceden. 
(Véanse las figuras 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18 
y 19 de la lámina). 

A los seis redondeles de la figura de Andújar le 
llaman Infierjio. 

Como se ve, la de Estepa se parece mucho á la de 
Mazzara (Italia). En cuanto al modo de jugarlo es 
el siguiente : 

En los seis espacios primeros se tira la tolda (tejo- 



DEL FOLK-LORE 201 



leta), y se saca con el pie como en Zafra y Fregenal. 
Al tirarla al 7.o espacio, sin descansar hay que coger 
la tolda y ponérsela en la corba de la pierna que está 
en el aire, y sin que se caiga salirse de la figura pi- 
joleando. En Caliente, se pone la tejoleta en la boca, 
y por último, en Mocha, después de quitarse el som- 
brero se pone la tolda en la cabeza, bien entendido 
que si cae de alguna de estas tres partes, pierde el ju- 
gador y empieza el compañero. 

Eenunciamos á hacer la descripción particular de 
los juegos en cada punto por no cansar álos lectores, 
pues poco más ó menos tendríamos qne reproducir lo 
que 3^a dejamos dicho sobre los de Zafra, Fregenal y 
Estepa; no obstante haremos algunas observaciones 
que creemos necesarias para la inteligencia de los que 
se dedican á estos estudios. En Almendralejo descan- 
san en la A.^ y 6.^ división; en Llerena, en los dos 
medios puntos de la 3.^ y en la 6.^; en Mérida, en el 
círculo de la 1.^ y en Gloria; en Alange en la 4.a 
y en el Cielo; en Villafranca, en los mismos espacios 
é igual hacen en Olvera; en Malaha, en Míis y en 
Idina; en Hornillo, en los dos triángulos centrales 
de la 2.^ división y en el triángulo central de la 
4.a; en Sevilla en la 4.a y 7.a; en Dos Hermanas, 
en la 5.a y no sabemos si en la 7.a; en Utrera, en los 
dos triángulos donde dice Infierno; en La Rambla, 
en Chiriemhusfes y en Corona; en Soria en la 4.a y 
G.a, y en Andújar, en Bescansaderas y Torre-campo, 



202 BIBLIOTECA 



Por lo que reopecta á Italia, sólo sabemos sino que 
descansan todos en el último espacio , y en el jue- 
go de Mazzara, descansan además del 0.^, en el 5.« 
y 8.0. 

Los círculos que aparecen en el centro de las figu- 
ras de Olvera y La Rambla, son boyos que sirven 
para ecbar la cbina y saber cual ba de empezar el 
juego. Los dos cuartos de círculos que tienen las fi- 
guras de Sevilla y Dos Hermanas en los ángulos in- 
feriores del rectángulo, se llaman los recobecos^ y 
pierde el jugador cuando la piedra, al salir despedi- 
da , toca en alguno de ellos. Lo mismo sucede con los 
círculos señalados con el número 7 en el de La Ram- 
bla, á que llaman los quiricoles. Las rayas de esta úl- 
tima señaladas con el número 8 las denominan mer- 
nos. Al* jugar, empiezan por 1.^ y siguen á ^^, 5.^ 
4.^, emMdo, cldriemhustes , migas, aruñagatos, mojo, 
7.0, ^.0, 5.0^ 40^ 5.0 y corona. Las cinco subdivisio- 
nes del 4.0 espacio, los denominan l.o, 2.o y 3.o rea- 
ños , chica y grande. Aunque el modo de jugarlo es 
como en todas partes [pijoJeando], se bace el juego 
más difícil por la complicación de espacios; no obstan- 
te , como si quisieran bacer un alarde de babilidad, 
cuando el jugador tiene ganado un juego de la ma- 
nera que ya bemos explicado , lo someten á dos prue- 
bas más, sin las cuales no puede ganarlo. 

1 .a La Punta. — Poniéndose el jugador en el lado 
de 1.a . poro fuera del rectángulo, y, colocando la cbi- 



r>EL FOLK-LORE 203 



lia ó tejoleta sobre la punta del pie derecho, tiene que 
arrojarla á la corona, bien entendido que si cae ñiera 
del espacio indicado, pierde. Una vez la china en su 
puesto, atraviesa sobre un pie la figura, y al llegar 
ala corona sin descansar, da un puntapié á la china, 
que tiene que salir recta y de una vez por la 1 a sin 
tocar á los qulricoles. 

2.^ La Ciega. — Consiste en repetir la misma ope- 
ración, pero con los ojos vendados. Al considerar la 
dificultad de salir airoso de esta última jugada, no 
pudimos menos de hacer á nuestro amigo esta obser- 
vación: 

— ]^os parece así como imposible, el poder sacar 
la china de ese modo. 

— Pues se saca: — nos contestó con ese aplomo 
propio del jugador que tiene completa confianza en su 
destreza. 

En cuanto al castigo impuesto al que pierde, se 
reduce á que , llevando en cuestas al favorecido por 
la suerte , dé, alrededor de la figura, las vueltas con. 
venidas antes de empezar. 

Véanse ahora las formas italianas que conocemos, 
debidas las del Monferrato y Marca italiana al señor 
Giusseppe Ferraro, y las otras tres al Sr. Giusseppe 
Pitre. (Figuras 20, 21, 22, 23 y 24.) 

Respecto á las analogías que se observan en las 
figuras , creemos inútil analizarlas , toda vez que los 
lectores pueden darse cuenta de ellas á la vista de 



^04 BIBLIOTECA 



los modelos, no obstante, haremos constar, que de 
los españoles que anotamos, solo el de Malaha, coin- 
cide con el de Zafra, si bien discrepan mucho en la 
distribución de los espacios. El espacio cruzado por 
dos diagonales que se observa en la figura italiana de 
La Marca , lo encontramos también en las correspon- 
dientes á Fregenal, Llerena, Mérida, La Eambla, 
Andujar, Malaha, Hornillo y Utrera. Los nom- 
bres Gloria, Cielo, Infierno, etc., se encuentran en 
muchos de ellos, así en los españoles como en el 
italiano mencionado. Del mismo modo observamos 
que en las figuras referentes á Zafra, La Rambla, 
Malaha y Hornillo, se encuentra un espacio más 
estrecho que los otros, y que respectivamente lle- 
van los nombres de angosla, embudo, á Fílalos y es- 
trecha. 

Otra cosa nos ha llamado la atención, y es que en 
las cinco subdivisiones en que está compartido el 
cuarto espacio de la figura de La Rambla, el niim. 1 
ocupa el centro, hallándose los impares á la derecha 
y los pares á la izquierda, encontrándose en el mismo 
caso la figura veneciana y la de Andújar. — En la 
figura granadina por hallarse divididos los citados 
espacios; lo hacen en el lado de la izquierda , esto es, 
al lado de los pares. 

No somos nosotros, ciertamente, los llamados 
á descifrar estos problemas, y solo tratamos de 
llenar, en la medida de nuestras fuerzas , la tarea 



DEL FOLK-LORE 205 



que nos habíamos impuesto, que era simplemen- 
te recoger unos (mantos juegos infantiles extreme- 
ños. (1) 



(1) El insigne escritor italiano Sr. Giusseppe Pitre al ocu- 
parse de este juego en el urólogo de su preciosa colección 
( XXXVII ) dice, sin asegurarlo , que el juego de La rayuela^ 
llamado en Francia LaMereUe, en Inglaterra Hof scotsch, en 
Suecia Hoppa hage, y en Finlandia Hoppa morsgryta, que 
tiene de siete á doce compartimientos; es simbólico y debe te- 
ner su origen en la práctica astrológica de los antiguos. Añade 
que si como en Bermagasco, es apellidado Mond (mundo) y 
aun Moni (monte) , y los espacios son doce, es de creer que en 
eUos estén representados los doce signos del Zodiaco, y la pie- 
dra redonda y plana con que se juega, figure el sol que cuan- 
do recorre los doce espacios muere. Creemos que es digna do 
tenerse en cuenta esta opinión del ilustre mitógrafo italiano, 
no obstante que en las figuras españolas que damos á conocer, 
las hay, como la de Soria, que tienen menos de siete espacios, 
y como las de Malatia y la Rambla, que tienen catorce y quin- 
ce respectivamente. 



APÉNDICE 



Al final de la colección dé juegos infantiles del fe- 
cundo escritor italiano Sr. Giusseppe Pitre , se en- 
cuentran unas láminas litografiadas que representan 
gran número de esos juguetes de palo , caña y papel 
que fabrican los niños por sí propios para su entrete- 
nimiento. Todos ellos son conocidos de los niños ex- 
tremeños, y aun algunos más. 

Habíamos heclio propósito de reproducirlos en li- 
tografía para incluirlos en esta colecioncita; pero 
causas ajenas á nuestra voluntad nos impiden satis- 
facer este deseo. En su defecto, procuraremos anotar 
todos aquellos que nos son conocidos. 

Juguetes de papel. 

La paloma , ( de movimiento ) . 

La pájara sencilla. 

La pájara doble ó de bolsillos. 

Las aguaderas. 

El carro. 

La artesa. 



208 BIBLIOTECA 



El cajón. 

El espejo. 

El barco. 

El farol. 

La flecha. 

La cadena, (para cola de cometas) 

La gorra, (para soldado y torero). 

La cometa, (tres formas). 



Juguetes de caria. 



El caballo. 
El rifle. 
La escopeta. 
El sable. 
La cincharía. 

Juguetes de madera. 

El arco y la flecha. 

La ballesta, (para cazar pájaros). 

El retaco ó trabuco. 

El sable. 

M pito y (de huesos de albaricoque ó de guinda y 
cereza). 

Otro pito ó castañuela. (Se hace con la cuarta par- 
te de una cascara de nuez, á la que atan un hilo con 
cuatro ó seis vueltas ; luego introducen un palito por 
entre este hilo en la parte hueca de la cascara, y le 
dan vueltas quedando en la misma disposición que el 



DEL FOLK-LORE 209 



palo con que los carpinteros aprietan la sierra. Para 
tocarlo pasan los cuatro dedos de la mano derecha 
(sin el pulgar) sobre la punta del palo que está al 
aire, y produce un repiqueteo parecido al de una 
castañuela). 

Laflmita. (La hacen con la corteza déla adelfa, 
sacándola enteriza). 

El coclúniio. (La forman de una bellota, cuatro al- 
fileres, que son las patas y un palito por rabo). 

El repion. (Parten la bellota por el medio, y en la 
parte inferior le introducen por el lado de la sección 
un palito, y se valen de él para repiarlo). 

El fraile. (Pelan la bellota, y valiéndose de los 
dientes, le hacen una incisión todo en redondo en la 
parte superior, firmando una especie de cabeza). 

No recordamos el nombre de otro juguete, que se 
compone de este modo: una chapa redonda de plomo 
con dos agujeros en el centro, por los que se pasa un 
hilo, que después se ata por los dos extremos. Se 
coge este hilo con los dedos índices, y haciendo bajar 
la chapa al centro del hilo , se le dan multitud de 
vueltas , y así que el hilo está convertido en una es- 
pecie de cordón, se estira, y, merced á un movimien- 
to pocompasado de los dedos , se hace girar la chapa 
hacia delante y hacia detrás. 

Además hacen la sierra con una hebra de hilo ata- 
do por los dos extremos. Uno de los niños la coge 
con la boca y las dos manos, y otro con la mano de- 

TOMO III 14 



210 BIBLIOTECA 



recha imprime el movimiento semejante al de esta 
herramienta. También con la misma hebra de hilo , y 
entre dos niños , hacen varias figuras : merced á la 
colocación de los dedos, cada vez que pasa de las ma- 
nos de un niño á las del otro , sufre el hilo una trans- 
formación. Una de éstas se llama la cuna. 



DE LOS MALEFICIOS Y LOS DEMONIOS 

LIBRO QUINTO «DEL HORMIGUERO» 

escrito por el Prior Fr. Juan Nyder, del Orden de Predieadore§ 
y trasladado del idioma latino al castellano 

CON INTERESANTES ADICIONES 
POB 

DON JOSÉ MAEÍA MONTOTO 

(Mesen Oja Timorato) 



TELADA CUAETA 



E. — Suspendimos anoclie la sesión cuando V. , se- 
OTjr M. , nos estaba refiriendo lo que dice respecto á 
duendes el Sr. Covarrubias; y si algo más añade 
autor tan respetable, ruego á Y. que no lo omita. 

M. — Más dice, y en verdad que no es para omiti- 
do, y que bien merece la pena de esperar un tanto la 
lectura del capítulo III del Hormiguero. 

«Alejandro de Alejandris, continúa el citado au- 
tor, menciona, como cosa conocida y vulgar, que en 
Eoma liabía ciertas casas tan infames por esta causa, 
que nadie se atrevía á vivirlas. San Gregorio , en el 
libro III de los Diálogos, capítulo lY , dice^ que Da- 
cio. Obispo de Milán, habiendo llegado á Corinto, y 
no encontrando apenas casa que habitar, supo de una 
que hacía muchos años que estaba vacía , porque na- 
die se atrevía á vivir en ella á causa de varias ilu- 
siones del demonio y varios espectros que en la mis- 
ma aparecían. Entró Dacio en aquella casa, y en una 
noche tempestuosa, fué molestado por inmensas vo- 



214 BIBLIOTECA 



ees , grandes clamores , que imitaban rugidos de leo- 
nes , balidos de ovejas , silbidos de serpientes y gru- 
ñidos de puercos ; y habiendo él hablado al demonio 
coii divinas palabras, por fin lo expulsó de la casa, 
la cual fué habitada en lo sucesivo , sin tem.or de ta- 
les ilusiones. 

» Luciano, refiriéndose á Arignoto, aunque lo cuen- 
ta entre los más embusteros , dice que en Corinto te- 
nía Ebatida cierta casa que nadie se atrevía á habi- 
tar, por las mismas causas antes referidas, hasta que 
el mismo Arignoto, platónico, echó al demonio con 
algunos versos mágicos y egipcios, y que al día si- 
guiente se halló en aquel lugar el cadáver de un 
hombre, que fué sepultado en otro sitio, pudiendo 
desde entonces habitarse la casa libre de semejantes 
ilusiones. 

Aun cuando algunas veces, y acaso con frecuen- 
cia, sean falsas, no negaré, en manera alguna, que 
puedan acontecer, pues las he leído en muchos auto- 
res de probadísima fe. Los demonios nada pueden 
obrar, según la potencia de su naturaleza, que es la 
misma materia angélica, maligna por propio vicio, 
sino lo que Dios permite, cuyos juicios, muchos son 
ocultos, ninguno injusto. San Gregorio escribe que 
algunas veces los demonios son enviados por Dios 
para castigar á los hombres, como fué enviado un 
espíritu embustero para castigar á Achab, y que esto 
se hace, según la justicia divina, por los pecados, 



DEL rOLK-LORE 215 



aunque el demonio entonces castigue, aterre é infes- 
te á los hombres por odio y envidia. Pero a veces el 
mismo demonio, como enseña Sto. Tomás, no envia- 
do por Dios, sino por permisión divina, por razones 
que nos son ocultas, tientan á los hombres , instigán- 
dolos al pecado , ó los aterran y los ilusionan con va- 
rias imágenes, espectros, terroríficas figuras, é in- 
numerables fantasías, y no solamente á los hombres 
malos, sino también á los santos. No hay cuestión 
entre los teólogos sobre si los demonios tienen esta 
potestad por permisión de Dios. El autor del Martillo 
íle inaléficas y otros que escribieron de lo mismo , y 
principalmente Francisco Victoria, que enseñó teolo- 
gía en Salamanca con público aplauso j gran utili- 
dad de la república cristiana, lo afirman. Esto mis- 
mo sintieron contra Aristóteles los autores infieles, 
atendiendo á secretos arcanos de la filosofía, y á ve- 
ces lo profesaron clara y manifiestamente , como prue- 
ba Agustino Eugubino en el libro VIH de perenni fi- 
losofía. Coustaque Temesa, ciudad de los Loerenses, 
en Italia, de tal suerte fué vejada por cierto Genio, 
que los Temesenses, para huir de tal peste, pensa- 
ron muchas veces dejar su patria, hasta que recibida 
respuesta de Apolo , se les mandó aplacar aquel de- 
monio con la oblación en cada año de una virgen que 
ofrecían en el templo dedicado á aquel Geuio, el cual, 
vencido por el ánimo y fortaleza de cierto Eutimio, 
abandonó al fin aquella ciudad. La causa que de ello 



216 BIBLIOTECA 



se da por los historiadores gentiles es, que un com- 
paüero de Clises, á quien Stratón llama Palito, y 
Pausania, Lebante^ habiendo por medio del vino vio- 
lado á una virgen , fué en pena muerto á pedradas por 
los Temesenses, á quienes amenazó que sus manes da- 
ñarían siempre á los hombres de cualquiera edad en 
aquel campo , de donde nació el proverbio de que ha- 
bía que guardarse del Genio Temesense, de lo cual 
hacen mención Pausanias, Eliano, Estrabón y Leoni- 
do. Plinio, en el libro Vil, carta á Sura, habla mu- 
cho de esto , y principalmente escribe que en Atenas 
había cierta casa, espaciosa, pero pestilente é infa- 
me, por cuanto en el silencio de la noche se oían en 
ella sonidos de hierro' y de grillos, primero alo lejos 
y después más próximos, hasta que aparecía un fan- 
tasma con la figura de un viejo flaco y asqueroso , con 
barba y cabello horrible, que llevaba grillos en los 
pies y cadenas en las manos^ dando golpes, con que 
despertaban los habitantes, á quienes hacía el miedo 
pasar noches tristes y desdichadas. Cuenta después 
que aquella casa, condenada á la soledad y dejada 
toda á aquel monstruo, se anunció en arrendamiento, 
y Ateuodoro , cierto de lo que en ella pasaba, la arren- 
dó, y en el silencio de la noche, habiéndosele apare- 
cido aquella terrible imagen, no se acobardó, antes 
bien, llamado por ella, la siguió hasta un sitio, en 
que desapareció, dejando solo al filósofo, que puso 
allí una señal. Al día siguiente, habiendo ido á la 



DEL FOLK-LORE 217 



casa uii magistrado, maudó cavar en el sitio señala- 
do, y se hallaron, con cadenas y grillos, Imesos de 
un cuerpo que el tiempo y la tierra habían consumi- 
do, los cuales fueron recogidos y públicamente se- 
pultados, viéndose desde entonces la casa libre de 
aquellos espectros y terrores. 

R. — El P. M. Fr. Benito Jerónimo Feijóo, se 
muestra completamente incrédulo en materia de 
duendes. 

M. — Sin embargo , parece que se inclina á creer lo 
del duende de Barcelona , que tanto dio qué hacer á 
un militar. 

G. — Pues con que se dé por cierto un solo caso^ 
no podrá decirse en absoluto que es falso cuanto de 
los duendes se cuenta. 

C. — Dejemos ya este asunto, y sírvase Y. abrir 
el Hormiguero , Sr. M. , pues tengo deseos vivísimos 
de saber lo que dice el P. Nyder en el capítulo III de 
su insigne libro. 

M. — Dice lo siguiente: 

CAPÍTULO III. 

Sobreviniendo un frío grande á los huevos de las 
hormigas, impide la prole, ó retarda su nacimiento, 
ó del todo la mata, porque la intensidad del frío y el 
excesivo que tiene la nieve, quita el ser á los vivientes 
y daña muchas veces á los que han de ser vivificados. 



218 BIBLIOTECA 



Mas en el frío pueden entenderse los corazones de 
los malos, que, ajenos al calor de la caridad y al sol 
de la justicia, están llenos del entumecimiento de la 
malicia ó de la perfidia; al contrario de lo que se dice 
déla mujer fuerte en el capítulo último de los Frover- 
hios con aquellas palabras : « No temerá para los de 
su casa, los fríos de las nieves. » A lo que añade la glo- 
sa: «Los fríos de la nieve, son los corazones de los 
malos, que están muy fríos con el entumecimiento de 
la perfidia. » 

Por el frío, pues, en cuanto es nocivo á la procrea- 
ción de las hormigas , pueden entenderse las supers- 
ticiones de los maléficos. Se dice maléfico el que hace 
mal , ó el que guarda mal la fe , pues ambas cosas se 
hallan en los maléficos , que afligen al prójimo con sus 
supersticiones y con sus obras. 

Perezoso. — Sé por San Isidoro que hay muchas 
especies de supersticiones; pero ya que has hecho 
mención de los maléficos, díme de cuantos modos pue- 
den dañar á los hombres. 

Teólogo. — Siete se me ocurren con que pueden 
causar mal, aunque nunca sin permitirlo Dios. Uno, 
es cuando infunden un mal amor en un hombre hacia 
una mujer, ó en una mujer h¿icia un l\ombre. Otro 
es cuando procuran que se conciba algún odio ó envi- 
dia. El tercero está en el que es maleficiado para que 
no pueda engendrar. El cuarto, cuando hacen enfer- 
mar á uno de algún miembro. El quinto, cuando pri- 



DEL FOLK-LOKE 219 



van de la vida. El sexto, cuando privan á alguno de 
lausuración. El sétimo, cuando por cualquiera de los 
medios referidos dañan á alguno en sus cosas ó en sus 
miembros. 

Perezoso. — Quiero enterarme bien de todas esas 
cosas, porque hay quien las niega por completo, quien 
las concede crédito solo en parte, y quien las atri- 
buye á causas naturales. 

Teólogo. — El saberlas á fondo, perjudicaría; pues 
para ello sería preciso inspeccionar libros prohibidos 
y algunas cosas supersticiosas, cu3^a lectura sería 
un cargo de conciencia. Xo es necesario tampoco el 
que se sepan con mucha minuciosidad, principalmen- 
te tratándose de tí, que, por la condición de tu esta- 
do, no tienes tal obligación. Sin embargo, te daré al- 
gunos ejemplos y doctrinas acomodadas á tu petición, 
y que yo he adquirido, en parte de los doctores de 
mi facultad, y en parte de la experiencia de cierto 
juez secular, probo y fidedigno, que aprendió mucho 
en cuestiones y experiencias públicas y privadas 
acerca de esta materia , con el cual he conferenciado 
amplia y profundamente. Es este juez Pedro, ciuda- 
dano de Berna, en la diócesis Lausanense, que ente- 
rró á muchos maléficos de uno y otro sexo, é hizo á 
otros huir del territorio. También he conferenciado 
con el Sr. Benedicto, monje de la Orden de San Be- 
nito, que, aun cuando está ahora de religioso en el 
Monasterio reformado de Viceuza, sin embargo? 



220 BIBLIOTECA 



cuando diez años antes vivía en el siglo , fué nigro- 
mante y juglar insigne y experto entre los nobles se- 
ñores. Asimismo he oído algunas cosas de las que 
voy á referir al inquisidor Eduense que fué devoto 
reformador de nuestra Orden en el convento de León 
de Francia, y procesó á muchos reos de maleficios. 

Hay, pues, ó había hace poco, como el mismo in- 
quisidor y el Sr. Pedro me refirieron, y es fama co- 
mún, cerca del distrito perteneciente á Berna, cier- 
tos maléficos de ambos sexos que, contra la inclina- 
ción de la naturaleza humana, y aun contra las con- 
diciones de todo género de animales, á excepción so- 
lamente de los lobos, tragan álos pequeñuelos de su 
misma especie. En la ciudad de Bottigen, de la dióce- 
sis de Lausana, cierto hombre llamado Staecledln, 
gran maléfico , preso por el citado Pedro , juez de 
aquella localidad, confesó que en una casa en que vi- 
vían un marido y su mujer, había matado en el vien- 
tre de ésta unos siete niños, de suerte, que en el es- 
pacio de muchos años solo tuvo abortos. Lo mismo 
hizo en dicha casa con los fetos de los animales , de 
los cuales en aquellos años , ni uno solo nació vivo, 
según lo probaban los hechos. Preguntado cómo hacía 
estas cosas, contestó que debajo del umbral de la 
puerta de la casa había colocado una lagartija, y que 
si ésta se quitaba de allí , desde luego sería restituida 
la fecundidad á los habitantes. Como se buscase 
aquel animal y no se hallase, quizás porque se había 



nr-L Foi.K-LOP.E 221 



reducido á polvo , se quitó éste , y la tierra que en 
aquel sitio existía, y en aquel año mismo volvió la 
fecundidad á la mujer y á todos los animales de la 
casa , siendo el maléfico entregado al fuego por el di- 
cho juez, después de habérsele aplicado el tormento, 
en el cual no confesó. 

Oí además al citado inquisidor referirme este afío 
que en el ducado Lausanense ciertos maléficos ha- 
bían cocido y comido á sus propios hijos pequefíitos. 
Aprendían tal arte, según dijo, concurriendo á cier- 
ta reunión, donde por obra de los maléficos aparecía 
en figura de hombre el demonio, á quienes los discí- 
pulos hacían promesa de renegar del Cristianismo, 
no adorar jamás la Eucaristía y pisar sobre la Cruz, 
cuando ocultamente pudieran hacerlo. 

Fué también fama común, según me dijo el juez 
Pedro, que en el territorio de Berna habían sido de- 
vorados por los maléficos en el espacio de poco tiempo 
trece niños; por cuya causa obró la justicia rigurosa- 
mente contra los parricidas , y como Pedro pregun- 
tase á una maléfica de qué modo comían los niños, le 
contestó : « El modo es éste: Ponemos asechanzas á 
los no bautizados , y aun á los bautizados , principal- 
mente si no están defendidos con el signo de la cruz 
y con oraciones; los matamos con nuestras ceremo- 
nias cuando están en la cuna ó durmiendo al lado de 
sus padres , creyéndose luego que murieron oprimidos 
ó por cualquiera otro accidente , los robamos clandes- 



222 UIBLIOTECA 



tinaraente de las sepulturas, los cocemos en un cal- 
dero, hasta que, desprendidos los huesos, casi toda 
la carne se hace líquida y potahle; de la parte más 
sólida de esta materia, hacemos un ungüento acomo- 
dado á nuestras voluntades, artes y transformacio- 
nes; de lo más líquido llenamos un odre, y cualquiera 
que de él bebiere, añadidas algunas ceremonias, al 
instante se hace sabio y maestro de nuestra secta. Lo 
mismo me manifestó más distintamente otro maléfico 
joven, que fué preso y quemado, aunque creo que al 
fin murió verdaderamente arrepentido. Detenido con 
su mujer, y puesto en distinta torre que ésta, dijo: 
« Si pudiese conseguir perdón de mis maldades , de 
buen grado declararía todas las cosas que sé de ma- 
léficos; pero ya veo que convendrá el que yo muera. » 
Mas , como oyese que si verdaderamente se arrepen- 
tía , podía obtener completo perdón , se ofreció ale- 
gremente á la muerte, y declaró en estos términos: 
«El orden, dijo, con que yo también fui seducido, es 
éste: Conviene en primer lugar que en un día que sea 
domingo , antes de que se consagre el agua bendita, 
entre en la iglesia el futuro discípulo con los maes- 
tros, y allí reniegue delante de ellos de Cristo, de su 
fe, del bautismo y de la iglesia universal. Después, 
que preste homenaje al MaestriUo, esto es, al peque- 
ño maestro, (que así y no de otra manera llaman al 
diablo). Por último, que beba del odre referido; he- 
cho lo cual , al momento siente en su interior concebir 



DEL FOLK-LORE 22 



Q 



y retener la imagen de nuestro arte y los principales 
ritos de esta secta. De este modo he sido seducido, y 
mi mujer igualmente, á quien creo tan pertinaz, que 
sufrirá la hoguera antes de confesar lo más mínimo. 
Pero ¡ay 1 los dos somos reos. » Como el joven lo dijo, 
así se halló en todo la verdad , muriendo él con gran 
contrición, al paso que su mujer, convicta por decla- 
raciones de testigos, ni en la misma tortura, ni en la 
muerte quiso confesar, y pereció maldiciendo al que 
ordenaba el incendio, ó lictor. 

De lo dicho aparece cuan nocivo sea el frío de la 
perfidia, que suele matar los niños é impedir los 
partos. 

Perezoso.— ¿Es, por ventura, lícito quitar de su 
lugar el maleficio? 

Teólogo, — Los antiguos lo niegan, los modernos 
lo conceden , y unos y otros tienen razón; pero es ne- 
cesario distinguir; porque, ó se puede quitar por otro 
maleficio, lo cual no es permitido, antes bien debe el 
hombre primero morir que consentir en ello ; ó se pue- 
de quitar sin nuevas obras de superstición , como por 
movimiento local , según se dijo del polvo de la lagar- 
tija , y esto es lícito. 

Sobre el primer caso me refirió el inquisidor Eduen- 
se que el modo de quitar el maleficio ó de vengarse 
del maléfico se practicaba en su tiempo de la manera 
siguiente: Iba uno dañado en sí ó en sus cosas, á 
una maléfica, excitándola á que dijese quien era el 



224 BIBLIOTECA 



malhechor; la maléfica entonces agitaba en el agua 
un plomo, hasta que por obra del demonio se veía en 
él una figura, y en el momento preguntaba la maléfi- 
ca al explorante: «¿En qué parte quiere que sea da- 
fiado el maléfico, y conocerle por la misma herida?» 
Y luego que el preguntado decía el lugar, la maléfica 
hacía una cisura con un cuchillo en la figura del plo- 
mo, é indicaba el punto donde se hallaría al reo, sin 
nombrarle, y siempre acreditó la experiencia que se 
hallaba el maléfico herido como su imagen de plomo. 

M. — Termina aquí el capítulo III, y supuesto que 
tan corto ha sido, y que todavía falta algún tiempo 
para que quede invertido el acostumbrado de nues- 
tras veladas , lo completaré explicando á Yds. los di- 
ferentes nombres de maleficios de que los autores 
hablan. 

Llámase maleficio el daño causado con la coopera- 
ción del demonio y con pacto con él mismo; cuando 
tiene por objeto el amor, se dice filtro, y cuando hacer 
mal en uno, en su persona ó en sus bienes, heneficio. 

Hay aclivinacidn cuando alguno invoca^ expresa ó 
tácitamente, la ayuda del demonio para conocer las 
cosas contingentes, que pueden ó no suceder, y que 
son ocultas y naturalmente inconoscibles. 

Cuando la invocación se expresa y se hace por me- 
dio de ídolos, se llama oráculo; si se hace por la apa- 
rente resurrección de los muei'tos , nigromancia en es- 
pecial; si por los sueños, necromancia\ si por figuras 



DEL FOLK-LORE 



225 



fingidas, prestigio; si por las entrañas de los anima- 
les, aiirisiúcina ; si por figuras en la tierra, geoman- 
cia; si por figuras en el agua, Jiidromancia ; si se ha- 
cen en el aire, aeromancia, y si en el fuego , j?wo- 
mancia. 

Cuando la invocación de la ayuda del demonio es 
tácita, y se hace por el lugar y movimiento de los 
astros, se llama astrologla; si por el vuelo de las aves, 
agüero; si por la suerte, como abriendo un libro ó 
arrojando los dados, sortilegio; si por el rostro, dispo- 
sición ó habitud del q,VíQ\^o ^ fisionomía ; si por las lí- 
neas ó rayas de las manos, quiromancia; y si para 
curar á un enfermo , se usa de las palabras de los sal- 
mos, ensalmo; el cual no se considera ilícito , si no 
intervienen otras palabras ; y se hace pidiendo á Dios 
por la salud del paciente. 

« Crommiomancia , dice el P. Feijóo, es una especie 
de adivinación por las cebollas que he leído ; es ahora 
aún muy común en Alemania entre las doncellas de- 
seosas de saber quiénes les han de tocar por maridos. 
La que por este medio supersticioso quiere averiguar 
su destino , escribe en distintas cebollas los nombres 
de todos aquellos que probablemente pueden lograr su 
mano. No quiero decir lo demás que se sigue en esta 
damnable práctica, porque considero en esta materia 
tan ardiente la curiosidad de algunas doncellas, que 
si llega á su noticia, querrán hacer la experiencia 
atropellando leyes divinas y humanas. » 

TOMO III 15 



22G BIBLIOTECA 



¿Hay fascinación natural? Hace esta pregunta 
cierto autor, que la contesta con las siguientes pala- 
bras : « Dicen teólogos eminentes que hay ojos que in- 
ficcionan el aire hasta determinado espacio, y acon- 
sejan que los que sepan que poseen esta pestífera cua- 
lidad, deben abstenerse del demasiado contacto con 
los demás y bajar los ojos; pero es general la creen- 
cia de que no hay tal fascinación. » 

E. — Gracias á Dios que en cuanto á esto podemos 
vivir tranquilos. 

M. — Pues, para que ustedes se admiren hasta don- 
de puedan admirarse, han de saber que en el siglo xvi 
se publicó un libro de filosofía y medicina, escrito, al 
parecer, por doña Oliva Sabuco de Nantes Barrera, 
natural de la ciudad de Alcaráz, la cual en una car- 
ta dirigida á Felipe II, tiene la modestia de decir: 
« Este libro faltaba en el mundo , así como otros mu- 
chos sobran. Todo este libro faltó á Galeno, á Platón 
y á Hipócrates en sus tratados de natura humana, y 
á Aristóteles, cuando trató de anima y de vita et mor- 
te. Faltó también á los naturales Plinio, Eliano y los 
demás , cuando trataron de liomine. Esta era la filoso- 
fía necesaria, y la mejor y de más fruto para el hom- 
bre, y ésta toda se dejaron intacta los grandes filóso- 
fos antiguos. De este Coloquio del conocimiento de sí 
mismo y naturaleza del hombre, resultó el Bicdogo de 
la vera medicina, que allí se vino nacida, no acordán- 
dome yo de medicina, porque nunca la estudié; pero 



DEL FOLK-LORE 227 



resulta muy clara y evidentemente, como resulta la 
luz del sol, es tan errada la medicina antigua, que se 
lee y estudia en sus fundamentos principales, por no 
haber entendido ni alcanzado los filósofos antiguos y 
médicos su naturaleza propia , donde se funda y tie- 
ne su origen la medicina. » 

Ahora juzguen ustedes del mérito del libro, por lo 
que dice respecto á \?i fascinación, que es lo siguiente: 

«El aojar también es un veneno, que se pega por 
el aire y entra por los ojos, aliento ó narices (median- 
te el tocamiento del aire) sin sentirlo, y llegando al 
cerebro hace el mismo daño, derribando y haciendo 
fluxo ó decremento de jugo de cerebro, porque es cosa 
tan delicada, que fácilmente se apega este daño de 
hacerse caduca y vicioso por tocamiento del aire, por 
ojos ó respiración, como por el cuero y sangre; y no 
es de espantar, considerando aquello del betún nom- 
brado Naphta, al cual se pega el fuego y arde desde 
muy lejos por el aire, aunque sea de un cerro á otro, 
ó de cualquier lugar que se vean. Esto hacen las per- 
sonas llenas de mal humor, que están catarrizando 
siempre, y pégaseles á los niños y animales tiernos, 
á más y menos, y así mata en breve tiempo ó da en- 
fermedad, según fué la calidad de catarrizar que se 
le pegó á la cosa tierna. Cuenta Plinio de una familia 
de gente en África, que todos los de aquel linaje ao- 
jan, y todo lo que alaban, árboles, animales y niños, 
todo muere. Y otro linaje en Iliria, que mueren todos 



228 BBLIOTECA 



los que éstos miran ahincadamente, y más con ojos 
airados; el cual daño sienten más los mozos , y dicen 
que tienen dos niñetas en cada ojo, y de otro género 
de gente, nombrados Tibios, que tienen dos niñetas en 
el ojo y en el otro una figura de caballo, y hacen el mis- 
mo daño, y que todas las hembras que tuvieren dos 
niñetas harán lo mismo. Cuenta el mismo Plinio que 
el basilisco en la provincia Cirenáica es una serpien- 
te de doce dedos no más , con una mancha redonda y 
blanca en la cabeza como diadema, el cual mata con 
la vista, y que de su silbo huyen las serpientes, que 
mata los árboles con su resuello , abraza las yerbas 
y quiebra las peñas. El animal Catoblepas mata con 
la vista, y por esto tiene (providente natura) tan 
gran cabeza y pesada : que siempre mira á la tierra y 
con dificultad la alza ; críase cerca de la fuente Ni- 
gris, cabeza del río Nilo.» 

G. — ¿Y un libro que tales cosas dice era el que 
faltaba en el mundo? Como no consistiese la falta en 
que había pocos que quemar, no comprendo la verdad 
del jactancioso dicho de la tal señora doña Oliva. 

M. — Me parece excusado el decir á ustedes los re- 
medios que esa médica-filósofa propina para la cura- 
ción del aojamiento. 

G. — Si, sí, suprímalos usted, porque creemos que, 
Dios mediante, no hemos de necesitar de echar mano 
de ellos. 
M. — También lo creo yo; pero no suprimiré un 



DEL FOLK-LOKE 229 



caso extraordinario de sortilegio, que acabo de leer 
en un periódico déla corte, y que considero digno de 
la atención de ustedes. Dice así el diario aludido: 
«Carlos I. 

Las suertes virgiUanas olvidadas por espacio de al- 
gunos siglos, fueron consultadas por Carlos 1, Eey 
de Inglaterra, en una circunstancia solemne, y la res- 
puesta que obtuvo fué justificada por los sucesos ul- 
teriores con una exactitud maravillosa. Jamás una 
adivinación accidental puede llegarse á comparar á 
las predicciones dadas en aquel caso á la ciencia ó á 
la inspiración. 

En el año de 1643, al comenzar el mes de Septiem- 
bre, Carlos I acababa de empezar la guerra con el 
Parlamento, y reunía todas sus tropas en Oxford. 
Para distraerse de sus graves preocupaciones, quiso 
visitar la magnífica biblioteca de la Universidad é hí- 
zolo en compañía de Lucio Cari, vizconde de Fal- 
kland, primer gentil-hombre de su cámara. 

En esta época los puritanos habían recurrido á la 
costumbre de adivinar , por medio de las suertes de 
que hemos hablado. Después de haber examinado 
aquellos manuscritos, el Rey fijó su atención sobre un 
original ejemplar de Virgilio, escrito y adornado con 
viñetas en el siglo vi, por un copista de la abadía de 
Northamptón. Le chocó sobremanera, y dijo, volvién- 
dose al favorito : 

— Gran parte de los hombres serios, que no dan eré- 



230 BIBLIOTECA 



dito á los agüeros, han recurrido, sin embargo, á este 
libro, y yo creo que ya que la ocasión nos lo depara, 
debemos dar crédito á los ancianos que achacan á 
sus predicciones el resultado de las grandes batallas. 
Abridlo, pues, y veamos qué suerte nos vaticina. 

< — Sire — replicó Falkland, — permitidme haceros 
observar que sería una superstición vana, y adopta- 
ríamos el método usado por nuestros enemigos. 

— JN'o importa — replicó Carlos Stuardo: — quiero 
ver si la casualidad me depara algún párrafo en el 
que encuentre alguna predicción útil. 

El vizconde abrió el volumen y leyó varios versícu- 
los, á partir del 52 del libro XI de la Eneida: «Evan- 
dro, Eey de Arcadia, estrechaba entre sus brazos el 
frío cuerpo de su hijo Pallas, á quien Turno había 
quitado la vida, y exclamaba: — ¡Oh, Pallas 1 Me 
has hecho promesas que no has cumplido : te has ex- 
puesto imprudentemente al furor de Marte. » 

— No es este paraje muy agradable — dijo el rey; 
sin duda por eso se estremece vuestra mano, pero de- 
jadme ámí; tal vez encuentre otro caj^a lectura sea 
para nosotros de mejor augurio. 

Carlos entreabrió el libro á su gusto, y su vista 
cayó sobre el verso 614 del libro IV. 

«Así lo quieren los destinos; ellos han señalado el 
término de tu carrera: tm puehlo audaz te declarará la 
guerra, y vencido por las armas , errante de comarca 
en comarca, privado de los abrazos de Julio, verás á 



DEL FOLK-LüPtE 231 



los tuyos perecer miserablemente : en vano te sujeta- 
rás á las leyes de un país inicuo, xyerderás tu reino y la 
vida, pues sucunibirás prematuramente.'» 

Una singular concordancia reinó entre estos dos 
fragmentos y los sucesos ulteriores. Atacado como 
Pallas de una muerte imprevista el vizconde de Fal- 
kland^ antes de terminar el mes de Setiembre, pere- 
ció en el campo de batalla de Newbnir. Los más acé- 
rrimos partidarios de Carlos Stuardo, el coronel 
Margand, los condes de Sunderland y de Carnavan 
fueron muertos en diversos combates. En fin, el pue- 
blo en masa se sublevó contra el infortunado Monar- 
ca, que quiso en vano apaciguarlo. 

Se sabe que después de una encarnizada lucha, fué 
vencido, juzgado por el Parlamento y decapitado 
en 1649, á la edad de cincuenta y un años. (E. de 
la B. traducción del francés por S. Y.) » 



VELADA QUINTA. 



CAPÍTULO IV. 

Las hormigas que carecen de alas , ó que salen de- 
masiado al público, son muertas fácilmente por otros 
animales ; pero las aladas se elevan para no ser presa 
desús enemigos (1). 

Entiéndense por alas las virtudes , porque por ellas 
se obtiene muclio bien; por lo cual dice Ezequiel: «y 



( 1 ) No está esto muy en consonancia con el adagio , re- 
frán ó proverbio que se habla entre los que recopiló el Co- 
mendador Hernán Núñez , que después incluyó en su Filoso- 
fía Vulgar Juan de Malhara y que dice: 

«Dánse alas á la hormiga, 
para que se pierda más aina.» 

Pero no hay contradicción algmia atendiendo á que la pala- 
bra alas se dice en diversos sentidos ó acepciones, j así como 
á veces se entiende por alas lo mismo que por virtudes , otras 
sucede que se entiende por soberbia y atre^'imiento ; como el 
mismo Malhara escribe con estas palabras : «Alas en muchas 
maneras de hablar quieren decir soberbia y atrevimiento, 
pues tomar mía cosa tan pequeña como la hormiga alas , vie- 
ne á perderse muy presto. Consejo es para que los bajos se 
tengan en aquel adagio : Nosce te ijpsum. ( Conócete ; ) y que 
consideren los subidos en alto qué caídas dan tan grandes.» 



234 BIBLIOTECA 



arrebatóme el espíritu , y oí detrás de mí una voz 
muy estrepitosa que decía: «Bendita sea la gloria 
del Señor que se va de su lugar. » Y oí el ruido de 
las alas de los animales , de las cuales la una batía 
con la otra, y el ruido de las ruedas que seguían á 
los animales, y el ruido de su grande estruendo.» 

Así expone esto S. Gregorio en el libro XXIY de 
sus llórales: «¿Qué debemos entender por alas de 
animales, sino las virtudes de los santos^ que cuan- 
do desprecian las coscis terrenas, vuelan á las celes- 
tiales?» Y por eso se dice rectamente por Isaías: 
«Los que confien en el Señor mudarán la fortaleza, 
tomando alas como águilas. Los animales que vuelan, 
á veces se hieren con sus alas; y las mentes de los 
santos, consideradas en cuanto apetecen las cosas 
superiores, se excitan mutuamente con diferentes 
virtudes. Aquel me hiere con su ala que me incita á 
lo mejor con el ejemplo de su propia santidad, y hie- 
ro con mi ala al vecino, cuando manifiesto alguna 
buena obra para que se incite. 

Pero aquellas hormigas monjas , que no están ala- 
das con las plumas de las virtudes , ó que salen con 
írecuencia incautamente de su casa , esto es de la 
Iglesia católica, caj'endo en la perfidia, son devora- 
das 'por los osos fácilmente, pudiéndose entender por 
osos los maléficos y nigrománticos, como sucedió á 
aquellos simples muchachos , que saliendo de casa de 
sus padres y burlándose de Elises, fueron devorados' 



DEL FOLK-LORE 235 



por los osos, según se refiere en el libro IV de los 
Boyes. 

Perezoso. — Ya que has mencionado á los nigro- 
mánticos, dime si se diferencian de los maléficos, y 
si así es, cuales son sus obras. 

Teólogo. — Llámanse propiamente nigrománticos 
los que ostentan con ritos y supersticiones que pue- 
den levantar de sus sepulcros á los muertos , para 
que digan las cosas ocultas; cual lo fué en otro 
riempo aquella Pitonisa , á quien rogó Saúl que hi- 
ciese aparecer á Samuel, para que le dijese el éxito 
que tendría la guerra, cual lo fué también el malva- 
do Simón Mago, que, atribuyéndose más poder que 
el que tenía el príncipe de los Apóstoles , fingió que 
había resucitado á un difunto. 

Pero conmunmente aquellos se dicen nigrománti- 
cos , que por pacto con los demonios predicen las co- 
sas futuras , ó que por revelación del demonio mani- 
fiestan algunas ocultas , ó que dañan á sus prójimos 
con maleficios , y muchas veces son dañados por los 
demonios. 

Hubo, y hoy vive en Viena, en el Monasterio di- 
cho ad Scotos, el hermano, de quien en el capítulo an- 
terior dije que era de la Orden de S. Benito, el cual, 
cuando estaba en el siglo , era famosísimo nigromán- 
tico , porque tuvo de los demonios libros de nigro- 
mancia y vivió mucho tiempo , conforme á ellos , bas- 
tante miserable y disolutamente. Tuvo una herma- 



236 BIBLIOTECA 



na, virgen muy devota de la Orden de los Peniten- 
tes, por cuyas oraciones creo que fué él sacado de 
las fauces del demonio. Fué compungido, á los monas- 
terios reformados de varios puntos, pidiendo se le 
concediese el hábito de la santa conversión; mas, co- 
mo era de gigantesca estatura y de terrible aspecto, 
y conocido como el primero, respecto á maleficios y 
cosas de joglar, apenas había quien le diese crédito. 
Admitido, por fin, en el monasterio antes dicho, al 
ingresar mudó de nombre y de vida, llamándose Be- 
nedicto ; y de tal manera aprovechó en la regla del 
Santo Padre Benito, que á los pocos años, hecho es- 
pejo de la religión, fué elegido prior, y habiendo par- 
tido á Ambona para asuntos seculares , se captó las 
voluntades del pueblo con sus sermones. Este, pues, 
siendo aún novicio, según él mismo me contó, sostu- 
vo muchas vejaciones délos demonios, á quienes ha- 
bía dejado. Se confesó un día sacramentalmente, vo- 
mitando el virus de su perversa vida con la esperan- 
za del perdón; y llevando la noche siguiente una lu- 
cerna en la mano, sintió la presencia del demonio, 
que con violento ímpetu, hizo que se cayese la lucer- 
na al suelo, y la emprendió con él á golpes. Pero el 
soldado de Cristo venció la tiranía de aquel oso , por- 
que ya había tomado las alas de las virtudes por las 
que, con sagradas oraciones, se libró de la boca de la 
bestia. 
Además, según oí, á dicho juez Pedro, en elterri- 



DEL FOLK-LORE 237 



torio de Berna y en los lugares á él cercanos , hace 
sesenta años, fueron practicados por muchos los re- 
feridos maleficios, de los cuales fué el principal autor 
un tal llamado Escalio , el cual se atrevió á gloriar- 
se públicamente de que cuando quisiera podía conver- 
tirse en ratón á los ojos de todos sus émulos y desli- 
zarse de las manos de sus enemigos, como en efecto 
se dice que se escapó así muchas veces. Mas cuando 
la justicia divina quiso poner término á su malicia, 
hallándose sentado cerca de una ventana , los que le 
acechaban entraron por ella inopinadamente, y cuan- 
do él menos lo temía, y murió miserablemente á los 
golpes de las lanzas y de las espadas. Dejó, sin em- 
bargo, sus malas artes á un su discípulo llamado 
Hoppo, é hizo maestro en maleficios al referido Stae- 
delin. 

Supieron estos dos , siempre que quisieron llevarse 
del campo ajeno al suyo, granos, heno y otras cosas, 
sin que nadie los viese, promover grandes graniza- 
das y nocivos vientos, arrojar á los niños, en presen- 
cia de sus padres , al agua , cerca de la cual andaban, 
hacer estériles á los hombres y á los animales, dañar 
á los demás en sus bienes y en sus cuerpos , emitir 
de sí pestilentísimos olores cuando iban á ser cogi- 
dos, hacer frenéticos á los caballos, cuando tenían el 
pie á los que los montaban, los cuales creían que 
eran trasportados por los aires de un lugar á otro, ha- 
cer temblar las manos y los ánimos de los que los co- 



238 BIBLIOTECA 



gíaii; manifestar á otros cosas ocultas, predecir las 
futuras, ver las ausentes, como si estuvieran pre- 
sentes, matar á veces con un rayo; y supieron, en 
fin, hacer otras cosas pestíferas dónde y cuándo la 
justicia de Dios permitió que se hiciesen. 

Perezoso. — Dos cosas quisiera saber aquí. Pri- 
mera, si los demonios y sus discípulos pueden hacer 
los maleficios que has dicho en rayos, tormentas y 
otras cosas semejantes, de lo cual dudan algunos; y 
segundo, si confesaban aquellos miserables cuales 
eran las obras divinas con que se impedían aquellas 
maquinaciones. 

Teólogo. — A la primera te respondo, que sin du- 
da pueden; pero permitiéndolo Dios. Así vemos, que, 
recibida de Dios la potestad, al instante el demonio 
hizo que los Sábeos quitasen á Job los bueyes y los 
jumentos, que el fuego consumiese las ovejas del mis- 
mo y aun á los pastores , que los Caldeos se llevasen 
los camellos , pasando á cuchillo á los que los guar- 
daban, que los hijos pereciesen bajo los escombros 
de una casa, y que el mismo Job fuese ulcerado des- 
de la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. 
Por lo cual el santo doctor dice : « Preciso es confe- 
sar que, permitiéndolo Dios, pueden los demonios 
perturbar los aires, concitar los vientos y hacer que 
caiga fuego del cielo. Aun cuando la naturaleza cor- 
pórea no obedece á la voluntad de los ángeles buenos 
ni malos^ para recibir forma, sino sólo á Dios cria- 



DEL POLK-LORE 239 



dor, sin embargo, en cuanto al movimiento local, la 
naturaleza corporal es nacida para obedecer á la es- 
piritual, como lo vemos en el hombre, pues al sólo 
imperio de la voluntad se mueven los miembros para 
ejecutar lo que ella dispone. Cualesquiera cosas por 
consiguiente, que pueden hacerse con sólo el movi- 
miento local, las pueden hacer por natural virtud tan- 
to los ángeles buenos , como los malos , á no ser que 
divinamente se prohiba; es así que los vientos, las 
lluvias y otras semejantes perturbaciones del aire 
pueden hacerse por el sólo movimiento de los vapores 
exhalados de la tierra y el agua; luego para procu- 
rar tales cosas basta la natural virtud del demonio.» 
Hasta aquí Santo Tomás. 

Suele Dios castigar con los males correspondientes 
á nuestros pecados , valiéndose para ello de los de- 
monios, como de sus atormentadores ó ministros de 
tormentos; y por eso dice la glosa sobre aquellas pa- 
labras del salmo 104: Hizo venir elhomhre sobre la 
tierra y destruyó todo sustento. «Dios permite estos 
males por medio de los ángeles malos, que son los 
destinados átales cosas. Llama, pues, al hambre, es- 
to es, al ángel destinado á causar mal por el hambre.» 

Finalmente, en cuanto á la segunda duda, cono- 
cerás que se puede contrarrestar á los maléficos de 
muchas maneras; pues así lo confiesan muchos en 
los tormentos, algunos con dificultad, y otros es- 
pontáneamente. Y en cuanto en suma pude colegir 



240 BIBLIOTECA 



de las palabras del mencionado Pedro , cineo medios 
hay para impedir las obras maléficas, á veces en to- 
do, á veces en parte, á veces el qne se hagan en la 
persona de uno , ó en sus amigos ; y esos cinco me- 
dios son : guardar íntegra la fe ó los preceptos de 
Dios en caridad , armarse con la señal de la cruz y 
con la oración , reverenciar los ritos y ceremonias de 
la Iglesia, administrar bien la justicia pública, y 
repasar verbal ó mentalmente la pasión de Cristo. 

Del primero y segundo me refirió Pedro los si- 
guientes ejemplos, que había él oído de los maléficos. 

«Conocí, dijo uno, á cierto simple, que vino á pe- 
dirme que privase de la vida á su enemigo ó le daña- 
se en su cuerpo con un rayo, ó de otra manera; Llamé 
al MaestriUo, esto es, al demonio, el cual me respon- 
dió, que ni una ni otra cosa podía hacer. «Tiene, dijo, 
buena fe , y se defiende diligentemente con la señal 
de la cruz; por lo tanto, no en el cuerpo, sino en la 
undécima parte de sus frutos del campo , si se quiere, 
le podré dañar. » 

Conocí á cierta virgen veterana, que se llamaba Se- 
riosa , en los confines de la diócesis de Constancia, 
madre y espejo de todas las vírgenes del pueblo, la 
cual tenía gran confianza en el signo de la cruz y en 
la pasión de Cristo, vivía en un miserable tugurio 
de una aldea pobre y pobre ella misma voluntaria- 
mente, en una tierra donde se sabe que algunas ve- 
ces tenían lugar bastantes maleficios. Un amigo su- 



DEL FOLK-LORE 241 



3^0 fué dañado en un pie con grave maleficio, de que 
por arte ninguno podía sanar. Después de aplicados 
muchos remedios, visitó dicha virgen al enfermo, 
quien le pidió que aplicase al pie alguna bendición, 
á lo que ella accedió, y silenciosamente aplicó la ora- 
ción dominical y el símbolo de los apóstoles , con re- 
petidos signos de la vivificadora Cruz. Sintiéndose el 
paciente curado en aquel instante , quiso saber , para 
lo sucesivo , qué clase de versos había aplicado la 
virgen , y ésta le dijo : « vos , por debilidad ó por ma- 
la fe, no os adherís á los ejercicios aprobados por la 
Iglesia^ y aplicáis frecuentemente á vuestras enfer- 
medades versos y remedios prohibidos, que, sin 
obrar en el cuerpo sino rara vez, perjudican á vues- 
tra alma; pero, si confiaseis en la eficacia de las ora- 
ciones y de los signos lícitos, muchas veces sana- 
ríais. Nada os he aplicado más que la oración domi- 
nical y el símbolo de los Apóstoles , y ya estáis cu- 
rado.» 

Consta además, por confesión de los maléficos, 
que son vencidos sus maleficios con los ritos de la 
Iglesia, guardados y venerados , como por la asper- 
sión del agua bendita , la toma de la sal consagrada, 
el uso lícito de las luces y palmas consagradas en los 
días de la Purificación ydeEamos, y por otros se- 
mejantes; porque la Iglesia exorcisa estas cosas, 
para que disminuyan las fuerzas del demonio. 

De la justicia pública dicen todos los maléficos , y 

TOMO III 16 



242 BIBLIOTECA 



10 dice la experiencia también , que en el mismo ins" 
tante en que aquellos son cogidos por los oficiales de 
justicia déla república, queda enervada toda su po- 
testad. Por lo cual; como muchas veces el dicho juez 
Pedro quisiese coger, por medio de sus criados, al ci- 
tado Staedelin, tanto hedor percibieron, que no se 
determinaron á acometerle; y diciéndoles el juez que 
le echasen mano, pues, tocado por la justicia, al ins. 
tante perdería todas sus fuerzas, hiciéronlo así, y 
quedó probado el dicho del juez. 

Éste mismo refirió lo siguiente: « Habiendo cogido 
á Staedelin , que había dañado gravemente con grani- 
zos, causado hambre, y ocasionado con rajaos muchas 
devastaciones , le pregunté cuál era la verdad en esto, 
y me contestó : « Procuro con facilidad los granizos ; pe- 
ro no puedo dañar á mi arbitrio sino á aquellos que 
están destituidos del auxilio divino : los que se defien- 
den con la señal de la cruz, no morirán con mi rayo.» 
Y preguntándole luego que cómo procedía para con- 
citar las tempestades y granizos, dijo: «En primer 
lugar invocamos en el campo al príncipe de todos los 
demonios , para que nos envíe á uno de los suyos ; des- 
pués, viniendo cierto demonio, inmolamos un pollo 
negro, tirándolo á lo alto, y tomado por el demonio 
obedece éste al instante y concita el viento, arrojan- 
do rajaos y granizos, no siempre á los lugares por 
nosotros designados, sino donde el Dios vivo lo per- 
mite. » Preguntóle, por tercera vez, si podían reme- 



DEL FOLK-LOEE 2^3 



diarse de alguna manera tales tempestades concitadas 
por los maléficos y por los demonios, y respondió: 
«Pueden remediarse, pronunciando estas palabras: 
«Os conjuro, granizos y vientos, por los tres divi- 
nos clavos , que taladraron las manos y los pies de 
Cristo , y por los cuatro santos Evangelistas , Mateo, 
Marcos, Lucas y Juan, para que descendáis resuel- 
tos en agua.» 

Ya aparece de lo diclio que la sabiduría y clemen- 
cia de Dios, dispone suavemente los maleficios délos 
hombres pésimos y de los demonios , de tal manera 
que cuando busquen con su perfidia el disminuir y 
enfermar el reino y la fe de Cristo , se afirmen uno y 
otra y echen mayores raíces en el corazón de muchos. 
Pueden venir á los fieles muchas utilidades de los 
males referidos^ porque así se robustece la fe, se ve 
la malicia del demonio , se manifiestan la misericor- 
dia y potestad divinas, miran los hombres por guar- 
darse y se acercan á la reverenda pasión de Cristo y 
á las ceremonias de la Iglesia. 

M. — No pasa de aquí el capítulo cuarto; y ya que 
en él se habla de las tempestades concitadas por los 
demonios á ruego de los maléficos , voy á referirles 
á ustedes un caso que he leído en el Martillo, que no 
deja de ser gracioso. 

Cuentan los autores de aquel prodigioso libro , que 
en una ciudad próxima á las orillas del Khin había 
una maléfica que era sumamente odiosa á sus conve- 



241 BIBLIOTECA 



cilios ; y como no hubiese sido convidada á ciertas bo- 
das, á que lo habían sido casi todos los del pueblo, 
quiso, indignada, vengarse de tamaño desaire. Al 
efecto, llamó al diablo, le contó su cuita y le pidió 
hiciese caer una granizada sobre los que en las bodas 
se encontraban. Accedió el demonio ala petición de 
su devota, á quien elevó y llevó por los aires has- 
ta un monte inmediato á la ciudad , en cuya cumbre 
la depositó. Luego que ella se vio en el suelo hizo un 
hoyo, donde vertió agua, y con el dedo empezó á re- 
volver el líquido á presencia del mismo demonio, el 
cual , elevando el vapor que de tal laboratorio salía y 
convirtiéndolo en grueso granizo, lo arrojó sobre los 
que, muy alegres y contentos, cantaban y bailaban 
en las bodas. Estos , al grito de «sálvese el que pue- 
da,» se dispersaron en completa derrota llevando á 
su casa la cabeza llena de los golpes con que el gra- 
nizo los había atormentado. 

Discurriendo sobre tan extraño suceso, todos sos- 
pechaban de la maléfica , hasta que por la declaración 
de unos pastores que casualmente se hallaron en el 
monte cuando se confeccionó la tormenta, y tuvieron 
ocasión de ver sin ser vistos el diabólico artificio , las 
sospechas se convirtieron en evidencia; por lo cual, 
y por otras habilidades por el estilo que se averigua- 
ron, á aquella infernal mujer, la llevaron al quemade- 
ro, donde pagó todo lo que debía ala justicia humana, 
partiendo al tribunal donde la divina se administra. 



DEL FOLK-LOEE 215 



R. — Siento que no se haj^a detenido Fr. Juan Ny- 
der en decir algo sobre los llamados propiamente ni- 
gramánticos , y en especial sobre el suceso de la Pi- 
tonisa de Eudor^que, aun cuando nunca me lo he 
podido explicar satisfactoriamente, siempre he creído 
que no debe entenderse tal como suena. 

M. — Pues procuraré suplir en esta parte el silen- 
cio del autor con algo de lo que en otros he leído. 

Uno dice: «El evocar las almas de los muertos, 
para que digan las cosas ocultas y futuras llamábase 
nigromancia, y es muy antigua. Este arte tuvo ori- 
gen del error de aquellas que creían que las almas 
existían desde la eternidad y eran partícipes de la 
sustancia divina, y libres del cuerpo, como que con- 
seguían la divinidad; por lo cual los romanos y los 
hebreos creían que, no con lamentos, sino con him- 
nos y cánticos se habían de celebrar las defunciones. 
Mas como dicho fundamento sea falso , ni está en po- 
testad de las almas el aparecer cuando quieran , de 
aquí es que no son las almas de los muertos las qua 
aparecen, sino los demonios.» 

Prohibe el canon XEV del concilio iliberitano el 
que se enciendan cirios en los cementerios porque no 
dehen inquietarse ¡os es]}iritus de los santos , y con oca- 
sión de esto, dice un escritor: « Obsérvese que no se 
prohiben los cirios dentro de las iglesias , en las cua- 
les , ni en tiempo del concilio iliberitano , ni en los si- 
guientes se permitía enterrar los cuerpos de los fieles, 



246 BIBLIOTECA 



sino sólo en los cementerios. Porque este canon no 
prohibe las ceremonias del culto divino , sino los pres- 
tigios de la nigromántica impiedad y de la adivina- 
ción demoniaca de que usalaan muchos , género de ví- 
boras nacidas de la escuela de Simón Mago y de sus 
discípulos Basilides, Menandro y Saturnino, de la 
que surgió en España la diabólica propagación de los 
Priscilianistas, dados á las encantaciones y adivina- 
ciones. En los mismos sacrilegios consistía la curiosa 
evocación de los muertos por medio de los demonios, 
de quienes , como de oráculos , decían que se podían 
saber los más ocultos misterios y los sucesos futuros. 
Las sagradas historias de los Reyes refieren que el 
infelicísimo rey Saúl, el día antes de su muerte y de 
aquel funesto conflicto con los filisteos, sintiéndose 
abandonado de Dios y que á él y á los suj^os amena- 
zaban grandes peligros , salió de los reales en una 
noche tempestuosa y fué á Eudor á pedir á una Pito- 
nisa que evocase el alma de Samuel , para saber por 
sus respuestas la suerte que le esperaba. De Apión 
escribe Plinio que evocó los manes de Homero, para 
que le dijesen cuál era su patria y otras cosas vanas 
y de ninguna importancia, sin atreverse después á 
manifestar lo que le hubiesen respondido. De Apolo- 
nio de Tiana, escribe Filostrato, que fué al sepulcro 
de iVquiles y evocó sus manes, para que se le presen- 
tase á la vista la imagen de aquel héroe tal cual ha- 
bía sido en vida. Cuenta Tertuliano que los Nosamo- 



DEL FOLK-LORE 247 



nos, según las historias de Heraclido , Nynfodoro y 
Herodoto, acostumbraban consultará los oráculos, 
pernoctando junto al sepulcro de sus padres. Lo mis- 
mo dice de los celtas, citando á Nicandro. Enseña 
que las imágenes de los muertos , aparecidos á estos 
evocadores , en manera alguna son las almas de los 
difuntos, sino vanos espectros, con que el demonio 
fascina su vista. Añade el mismo Tertuliano que no 
fué el alma de Samuel la que apareció á Saúl , sino 
su mentida efigie, y que no fueron en realidad conver- 
tidas en serpientes las varas de los magos de Faraón, 
sino que los demonios las hicieron aparecer tales, 
fascinando al efecto los ojos de los que estaban pre- 
sentes. Finalmente, los santos, que este canon dice, 
que no se han de inquietar, deben entenderse los mis- 
mos fieles, á quienes las sagradas escrituras suelen 
muchas veces significar con el nombre de santos, co- 
mo hace también írecuentísimamente el apóstol San 
Pablo en sus epístolas.» 

M. — Es interesantísimo un diálogo de San Cirilo 
sobre esta materia; y aunque no todo, porque es bas- 
tante largo y ya se va acercando la hora de nuestra 
retirada, creo que no ha de pesar á ustedes eloir al- 
guna parte de él. Es como sigue. 

«Pal. — ¿Quién vendría á tal grado de demencia 
que creyese que los ventrílocuos y encantadores que 
vaticinan délos muertos, hacen semejantes portentos 
por medio de Dios, que por su ley condenó al último 



248 BIBLIOTECA 



suplicio á los que á estas cosas se aplican? Entonces 
sucedería que iba contra sus propias leyes. 

«Cir. — Piensas perfectamente. Pero ¿juzgaremos, 
por ventura, que las almas de los santo>j son tan ab- 
yectas y de ningún precio , ó más bien que han venido 
átal miseria, que estén sujetas á los malos é inmun- 
dos espíritus, á cuyo arbitrio sean llevados de aquí 
para allí? El libro del Apocalipsis, que San Juan 
nos escribió y los santos Padres aprobaron, manifies- 
tamente afirma que las almas de los santos se miran 
ante el mismo altar divino. Si, pues, las arrebatan 
de las mansiones celestes y de los sacratísimos luga- 
res, é impunemente, sin que ninguno se oponga, los 
llevan á otra parte, se sigue que el cielo está franco 
á todos los demonios y verosímilmente les está abier- 
ta á éstos la puerta del paraíso, cediendo ante elles la 
espada de fuego , y que no sólo les está libre la entra- 
da y la salida, sino que también pueden sacar á su 
arbitrio á los que están dentro. Pero ¿no es esto 
arrancar la esperanza en Cristo y constituir á los 
santos en cierta vida miserable? 

»Pal. — Así parece. 

»Cir. — Ninguna duda cabe. Mas si después que nos 
hemos separado de los vivos y nos hemos asociado á 
Cristo , hemos de venir á estar bajo la potestad de 
espíritus enemigos, irrita nuestra fe, según la escri- 
tura, y nadie después dejaría de juzgar que valía 
incomparablemente más el que nuestra alma estuvie- 



DEL FOLK-LORE 249 

se siempre en el cuerpo y no se asociase á Cristo ; y, 
lo que es más grave é intolerable: cuando aún goza- 
mos ele esta vida mortal, ningún derecho tiene sobre 
nosotros el diablo , antes bien pisamos sobre serpien- 
tes y escorpiones, y sobre toda potestad del enemigo, 
según la voz del Salvador ; pero después , cuando me- 
recemos reunidos con Cristo, ¿cómo hemos de estar 
en peor lugar? El cómo Él mismo lo dice con estas 
palabras : « Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, 
y me siguen , y yo les doy la vida eterna , y no pere- 
cerán en el siglo, ni nadie las arrebatará de mis ma- 
nos. Mi padre que me las dio es superior á todos , y 
nadie arrebatará cosa alguna de la mano de mi pa- 
dre. » ; Y engañaría acaso á los que pelean por su fe 
en Cristo el sapientísimo Pedro, que escribe así: «Por 
tanto , aquellos mismos que padecen por la voluntad 
de Dios , encomienden por medio de las buenas obras 
sus almas al Criador, el cual es fiel. » Si, pues, Sa- 
tanás hace fuerza al alma encomendada á Dios, lle- 
vándola donde quiere, ¿cómo se ha de creer preferida 
el alma del santo, al ser puesta como en depósito 
ante Dios? Es, pues, necio delirio el creer que el al- 
ma del Profeta fué verdaderamente sacada de los lu- 
gares, á la misma designados, por las profanas en- 
cantaciones de una impurísima mujer. 

»PaL — ;Cuál es entonces la manera de resolver 
esta cuestión?; pues creo estas cosas tan torpes, que 
ninguna razón de ellas puede concebir el ánimo. 



250 BIBLIOTECA 



«Cir. — Puesto en primer lugar el texto déla Sa 
grada Escritura, saquemos el sentido, y tendremos 
fijamente la verdad. Dice así: «Había ya muerto Sa. 
muel y Horadóle todo Israel amargamente , habiéndo- 
le sepultado en Famatlia, su patria. Saúl, por conse- 
jo suyo, liabía limpiado el reino de magos y adivinos.» 

«Eeunidos, pues, los filisteos, fueron y plantaron 
sus reales en Sunam. Asimismo Saúl ^'untando todas 
las tropas de Israel, fué á Gelboe. » 

«Y visto el grande ejército de los filisteos, temió 
y desmayó su corazón sobremanera. » 

«Consultó, pues, ál Señor; mas no le respondió, 
ni por sueños, ni por los sacerdotes, ni por los pro- 
fetas. » 

« Dijo entonces Saúl á sus criados: Buscadme una 
mujer que tenga espíritu de Pithon, (1) é iré á en 
contraria y á consultar al espíritu por medio de ella. 
Respondieron sus criados: En Eudor hay una mujer 
que tiene espíritu pitónico. » 

«Disfrazóse luego, y mudado el traje, se puso en 
camisa, acompañado de dos hombres. Fué de noche á 
casa de la mujer y díjola: Adivíname por el espíritu 
de Pithón, y hazme aparecer quien yo te dijese. » 

«Respondióle la mujer: Sabes bien cuanto ha he- 
cho Saúl por estirpar de todo el país los magos y 



( 1 ) El espíritu de Pithon, quiere decir el esi^íritu de Apo- 
lo, divinidad famosa entre los gentiles, por razón de sus orá- 
culos. Véase Act. XVI. v. 16. ( Torres Amat. ) 



DEL folk-loue 251 



adivinos; ¿por qué, pnes, vienes á armarme un lazo, 
para hacerme perder la vida?» 

«Mas Saúl le juró por el Señor ^ diciendo: vive 
Dios que no te vendrá por esto mal ninguno. » 

«Díjole entonces la mujer: ¿Quién es el que debo 
hacer aparecer? Respondióle: Haz que se me aparez- 
ca Samuel. » 

«Mas luego que la mujer vio á Samuel, exclamó á 
grandes gritos: ¿Por qué me has engañado? Tú eres 
Saúl. » 

«Y díjola el Eey: No temas. ¿Qué es lo que has 
visto? fie visto, respondió la mujer, como un dios 
que salía de dentro de la tierra. » 

« Respondió Saúl: ¿ Qué figura tiene? La de un va- 
rón anciano, dijo ella, cubierto con un manto. Reco- 
noció , pues , Saúl que era Samuel , y le hizo una pro- 
funda reverencia, postrándose en tierra sobre su 
rostro. » 

«Pero Samuel dijo á Saúl: ¿Por qué has turbado 
mi reposo haciéndome levantar? Respondió Saúl. Me 
veo en un estrechísimo apuro: los filisteos me han 
movido guerra, y Dios se ha retirado de mí, y no ha 
querido responderme, ni por medio de los profetas, 
ni por sueños : por esta razón te he llamado , á fin de 
que me declares lo que debo hacer. » 

«Respondióle Samuel: ¿A qué viene el consultar 
conmigo, cuando el Señor te ha desamparado y pa- 
sádose átu rival?» 



252 BIBLIOTECA 



« Porque el Sefíor te tratam como te predije yo de 
su parte. Arrancará de tus manos el reino, y le daná 
á tu prójiniQ, á David, tu yerno. » 

«Por cuanto no obedeciste á la voz del Señor, ni 
quisiste hacer lo que la indignación de su ira exigía 
contra los Amalecitas : por esto el Señor ha hecho 
contigo lo que estás padeciendo. » 

« Y además , el Señor te entregará á tí y á Israel 
en manos de los filisteos. Mariana, tú y tus hijos es- 
taréis conmigo, y también el campamento de Israel 
le abandonará el Señor en poder de los filisteos. » 

«Cayó Saúl al instante, tendido en tierra, despa- 
vorido al oir las palabras de Samuel , y estaba ade- 
más falto de fuerzas , á causa de no haber comido en 
todo el día? » 

«¿Puede todavía caberte duda de que Saúl pagó 
las penas, condenado por su propio juicio? Cuando 
temió á los enemigos que contra él se habían congre- 
gado , cierto de su debilidad para la batalla , procu- 
raba saber de Dios lo que había de suceder, y como 
Dios callase, sin revelarle cosa alguna, para vejará 
aquel que se había propuesto el silencio, fué á la mu- 
jer que vaticinaba por los muertos, por aquéllos dice, 
que se creen peritos en las cosas futuras. Después 
dijo: «Tráeme á Samuel,» no porque el arte encanta- 
dora ó mágica pudiese sacar el alma del santo ^ sino 
porque muchos de los que vaticinan usan de semejan- 
te voz. Oí, sin embargo, que aquellos á quienes los 



DEL FOLK-LOEE 253 



demonios fascinan y encantan con el agua, ven en 
ésta como en un espejo, ciertas figuras y sombras, 
que no son otra cosa que los demonios que procuran 
parecerse á aquellos de quienes se dice ser las figu- 
ras. Dijo primero la mujer: «veo que salen dioses de 
la tierra; » después dijo: « Y vio la mujer á Samuel.» 
No es difícil que se hubiese visto una sombra que re- 
presentase una figura igual al beato Samuel y un si- 
mulacro hecho por arte diabólica. 

« Sí, pues, si alguno cree que el alma del profeta 
fué realmente evocada, y da fe á las palabras de la 
mujer, cuando dice que ve ascender dioses de la tie- 
rra, no atribuirá mentira á los ritos del vaticinio ; pe- 
ro creerá que hay ciertos dioses con el cargo de le- 
vantarse de la tierra, aunque, según la naturaleza, 
existe Dios único y sólo. » 

«Pal. — Dices rectamente; pero dirá alguno : Todo 
lo que se le dijo á Saúl que había de sucederle , salió 
cierto, y, sin embargo, se ensena que nada de ver- 
dad hay en los espíritus impuros. » 

«Cir. — Y así es en efecto. No hay conveniencia 
ni sociedad alguna entre la luz y las tinieblas, ó 
Cristo ó Belial ; pero á veces los encantadores predi- 
cen por permisión de Dios cosas verdaderas. » 

M. — Por lo dicho hasta aquí por San Cirilo, com- 
prenderán Yds. que las respuestas que los espiritis- 
tas dicen que les dan los espíritus que evocan, son 
respuestas dadas por los demonios. 



254 BIBLIOTECA 



R. — ¿Luego deben ser contados los espiritistas 
éntrelos nigrománticos, encantadores y adivinos? 

M. — Sin duda, como que lo que ellos hacen no es 
otra cosa que lo que siempre se ha conocido con el 
nombre de magia. Esto lo oirían Yds. perfectamente 
expuesto en pocas palabras , si les lej^ese lo que sobre 
el particular publicó un autor anónimo en el Boletín 
eclesiástico de Zaragoza con el título de El magnetis- 
mo^ sonamhulismo y espirifisíjw. Pero, aun cuando he 
traído ese escrito con ánimo de leérselo a Yds. , no lo 
consiente el tiempo trascurrido, y habré de dejarlo 
para mejor ocasión. 

C. — Ninguna mejor que mañana mismo; y así, 
ruego á Yds. que dé principio á la próxima velada 
con esa lectura, pues me perezco de curiosidad por 
saber algo del tal espiritismo. 

M. — Así lo haré sin falta. 

Conforme á lo prometido, lej^ó M. en la noche si- 
guiente el escrito del autor anónimo, concebido en 
estos términos. 



VELADA SEXTA 



¿Qué son el magnetismo, el sonaníbiiVismo y el espiri- 
tismo? 

Son tres de los auxiliares de que en nuestros días 
se vale principalmente el demonio para perder las al- 
mas. El desarrollo que teórica y prácticamente han 
tomado y van tomando cada día; la pertinacia con 
que se defienden y los funestos estragos que en el or- 
den moral y religioso han producido, muestran á las 
claras que no son un enemigo despreciable, sino que, 
al contrario, importa mucho estar prevenidos contra 
sus insidiosos ataques. 

Tal es lo que nos proponemos manifestar en este 
breve escrito, explicando la naturaleza de estos erro- 
res y la línea de conducta que los católicos deben se- 
guir en presencia de los mismos. 

El magnetismo, sonambulismo y espiritismo no 
son, como podría alguno figurarse, tres cosas esen- 
cialmente distintas, sino simplemente tres retoños de 
un árbol muy antiguo, á saber: la antigua magia. 
Este error suele predominar en las épocas de infideli- 
dad, por cuanto es el medio más adecuado con que el 



256 BIBLIOTECA 



demonio puede llenar el vacío que la falta de fe deja 
en los entendimientos, toda vez que el entendimien- 
to humano tiene una tendencia irresistible á lo so- 
brenatural, y cuando no puede satisfacerla experi- 
menta la falta de unacondieiQU esencial de vida. Esta 
es la sencilla explicación del predominio de la magia 
ó comercio del hombre con el diablo en los últimos 
tiempos antidiluvianos y en los largos siglos del pa- 
ganismo, como lo es también de su visible decadencia 
y casi completa extinción en los primeros tiempos del 
Cristianismo^ y por consiguiente la fe ha menguado 
tan considerablemente en las conciencias. 

A mediados del siglo pasado fué cuando Mesmer 
empezó á enseñar su sistema sobre el magnetismo, 
que luego se llamó mesmerismo, del nombre de su au- 
tor; y aunque éste calificaba su sistema de meramen- 
te científico , bien pronto acreditaron los hechos que 
distaba mucho de poderse explicar por causas pura- 
mente naturales. 

El mesmerismo, que se manifestaba especialmente 
en las extraordinarias curaciones de enfermos que 
debían colocarse alrededor de una tinaja, de la que 
se desprendía el pretendido ñúido magnético, se con- 
virtió en sonambulismo bajo la dirección de M. Puy- 
segur, discípulo de Mesmer. El sonambulismo no es 
más que el mesmerismo perfeccionado, por cuanto en 
él no se requieren los utensilios que Mesmer necesi- 
taba para producir sus maravillosos efectos^ sino que 



DEL FOLK-LüEE 257 



basta para esto simplemente infundir el sueño uiag- 
nético á la persona sobre la cual se quieren verificar 
los experimentos. 

El espiritismo propiamente diclio, que consiste en 
la comunicación directa con los seres invisibles, na- 
ció en Xorte- América á mediados de este siglo, sien- 
do principalmente importado á Europa por Mr. Du- 
glas-Home. 

II. 

¿Qué fenómenos se atribuyen- al magnetismo, so- 
nambulismo y espiritismo, y qué debe pensarse de los 
mismos? 

Los principales atribuidos al magnetismo son: l.o, 
movimientos extraños de mesas y otros objetos, sin 
causa visible que los produzca; y 2. o, contestaciones 
dadas por los mismos á las preguntas que se les diri- 
gen. Los que se atribuyen al sonambulismo, sobre 
todo si se trata , no del sonambulismo común ó sim- 
ple sueño magnético, sino del llamado sonambulismo 
lúcido, son, además de una especie de sopor en el so- 
námbulo, del cual ninguna fuerza puede despertarlo, 
1.0, una lucidez que él mismo se dice que posee, la 
cual le permite ver á larga distancia, aunque haya 
objetos intermedios; y 2. o, adivinación por parte de 
los médiums de cosas ocultas. Por último, los que di- 
rectamente se atribuyen al espiritismo son: l.o, mo- 
vimientos de lápices producidos por agentes iuvisi- 
TOMo m 17 



258 BIBLIOTECA 



bles, que reproducen exactamente el carácter de le- 
tra de una persona difunta; y 2.^^; aparición de fan- 
tasmas ó presencia invisible de espíritus, preten- 
diendo unos y otros ser las almas de personas di- 
funtas. 

Concediendo que no pocas veces la farsa y la pres- 
tidigitación juegan un papel importante en estos fe- 
nómenos (1) es, sin embargo, imposible negar en ab- 
soluto su realidad. Muchos de ellos vienen atestigua- 
dos por centenares de testigos mayores de excepción 
por su capacidad y honradez; los tribunales de jus- 
ticia más competentes han conocido de los mismos; 
los escritores católicos, al combatir el espiritismo, 
nunca ponen en cuestión la realidad de los hechos 
que éste se atribuye, reduciéndose tan solo la polé- 
mica á investigar y explicar su causa; y sobre todo, 
los Prelados de la Iglesia y la Sagrada Congrega- 
ción, al ser consultados sobre el particular, tampoco 
han puesto en tela de juicio la realidad de dichos fe* 
nómenos, limitándose á reprobarlos y á declarar su 
ilicitud. 

En presencia de estos datos , atribuir á la super- 
chería todos los fenómenos del espiritismo, sería re- 
sistir á la evidencia. 



(1) Y tanto es así, que aun en los casos de posesión diabó- 
lica, la Iglesia, sumamente previsora, no pennite á los sacer- 
dotes el uso de los exorcismos sin autorización especial. 



DEL FOLK-LOKE 259 



III. 



Pero si son verdaderos, ¿cómo deben explicarse? 

Sus partidarios se dividen en dos clases: primera, 
la de los que quieren explicarlo todo por causas na- 
turales, que en su concepto no son otras que las ma- 
nifestaciones del fiíiido magnético; menos aún, sim- 
ples alucinaciones, como pretende Mr. Litré; y se- 
gunda, la de los que suponen la intervención de las 
almas de los difuntos, 3' estos son los espiritistas pro- 
piamente dichos. 

Desde luego es inadmisible la primera explicación, 
porque este fluido, sea lo que fuere de sus fuerzas 
ocultas, no pasa, por confesión de todos, de ser un 
fluido no espiritual; es, si acaso, una de tantas fuer- 
zas de la naturaleza, y no más, y por tanto incapaz 
á radíce de producir efectos que revelan necesaria- 
mente inteligencia é intención en su causa, según 
aquel sabido axioma: ningún efecto xmede ser jamás 
superior á la cansa qtie lo ha producido. 

Tocante á la hipótesis de la alucinación inventada 
por Mr. Litré, será, si se quiere, un expediente muy 
cómodo para salir de apuros, pero no creemos que na- 
die pueda tomar en serio la existencia, ni siquiera 
la posibilidad de una alucinación tan sui generis que 
ataca á centenares y millares de personas, sin que 
pueda señalarse causa , razón ni pretexto alguno de 



260 



BIBLIOTECA 



un efecto semejante, y sobre todo una alucinación 
que enseña repentinamente á hablar idiomas desco- 
nocidos y descubrir cosas ignoradas. 

Igualmente es inadmisible la segunda explicación, 
porque, como enseña Santo Tomás, según los princi- 
pios de la sana filosofía, el alma liumana^ destinada 
como está á informar un solo cuerpo, no puede obrar 
en manera alguna sobre las demás sino por medio de 
los órganos del cuerpo á que está sustancialmente 
unida, y por ende carece de todo medio de acción 
sobre aquéllas cuando está separada de su cuerpo. 
Como la índole de este escrito no nos permite engol- 
farnos en especulaciones filosóficas, basta para con- 
firmar lo dicho consignar un hecho atestiguado por 
la experiencia, á saber: que el alma, mientras está 
unida al cuerpo^ tiene acción sobre este cuerpo que 
ella anima, pero no sobre ningún otro, hasta tal pun- 
to, que si á una persona se le amputa un miembro, ó 
aun sin amputársele, si por una enfermedad cual- 
quiera pierde enteramente dicho miembro, la sensibi- 
lidad, el alma deja ya de tener acción sobre el mismo 
desde que deja de vivificarlo. 

Luego el alma sólo tiene acción sobre el cuerpo que 
vivifica; es así que después de la muerte de una per- 
sona su alma ya no vivifica ningún cuerpo; luego las 
almas de los difuntos no tienen acción sobre ningún 
cuerpo; luego es falso que sean las almas de los di- 
funtos las que se aparecen por las evocaciones de los 



1)Í!L FOLK-LOÍtE 261 



espiritistas, las que contestan á sus preguntas, etcé- 
tera, etc. Y nada vale decir que lo que las almas no 
pueden por naturaleza lo pueden por permisión de 
Dios; porque si bien es cierto que algunas veces Dios 
ha permitido, por motivos especiales, y siempre de 
grande importancia, la aparición de algún alma, se- 
ría ridículo y altamente injurioso y depresivo del 
concepto que debemos tener de Dios, suponerle á dis- 
posición de cualquier médium para que le sirviera de 
cómplice en sus especulaciones, ó cuando menos en 
sus caprichos (1). 

Desechadas, pues, ambas explicaciones, sólo que- 
da una^ que es la que damos los católicos, á saber: la 
intervención del maligno espíritu. 

En primer lugar, esta intervención es posible, por- 
que el diablo, como es un puro espíritu, tiene acción 
sobre los cuerpos. A diferencia del alma humana, el 
diablo no tiene su fuerza circunscrita ó limitada sobre 
un cuerpo solo; y como por otra parte, al ser despo- 
jado desús prerogativas de gracia, conservó las do- 
tes de su naturaleza angélica, tiene, por consiguien- 
te, el poder de cambiar de lugar los cuerpos casi ins- 
tantáneamente, de realizar con suma rapidez lo que 



(1) Estas líltimas razones que apuntamos sirven á mayor 
abundamiento para rechazar la hipótesis que atribuye á los 
ángeles buenos los fenómenos del espiritismo. Esta hipótesis 
fué ideada por Mr. Billot, y ha sido poco seguida, que se- 
pamos. 



20*2 BIBLIOTECA 

las fuerzas de la naturaleza ejecutan con suma lenti- 
tud, j por último, de producir vehementes ilusiones 
en los hombres, ya sea inmutando sus sentidos, ya 
excitando su fantasía. 

En segundo lugar, esta intervención del dem.onio 
no sólo es posible , sino real y verdad de fe en cier- 
tos casos. Basta para probarlo recorrer las Sagradas 
Escrituras, en cuyas páginas se pueden leer los pres- 
tigios obrados por los magos de Egipto, los mil casos 
de personas presas por el demonio, y sobre todo las 
tentaciones que padeció Nuestro Señor Jesucristo. 

En tercer lugar, la Iglesia siempre ha creído en la 
persistencia de esta intervención, como lo prueban 
las doctrinas de los Santos Padres, las decisiones de 
los Concilios contra los magos y hechiceros y la fór- 
mula de los exorcismos que pone en todos los Ri- 
tuales. 

IV. 

¿Qué conduela deben, pues, seguir los calóllcos res- 
pecto ahnognetismo, sonamhdísmo y espiritismo? 

Contestamos á esta pregunta transciibiendo las si- 
guientes disposiciones de la Iglesia, advirtiendo que 
antes que se sometiera la cuestión al oráculo de la 
Santa Sede, ya los teólogos y los Obispos, según lo 
que les correspondía por razón de su ministerio, se 
habían pronunciado muy claramente sobre el parti- 
cular, reprobando las prácticas del magnetismo, so- 



DEL FOLK-LORE 263 



nambulisrao y espiritismo como perniciosas por lo 
que toca á la fe y peligrosas en lo que se refiere á la 
moral. 

Lo que clió origen á la primera decisión de Eoraa 
fué la consulta lieclia en 1841 por el Obispo deLau- 
sana ó la Sagrada Penitenciaria, exponiendo los fe- 
nómenos que sus adeptos atribuyen al magnetismo, 
la cual obtuvo la siguiente respuesta: Scmda Peniten- 
ciaria, matiiré perx^ensis expositis, respondendiim cénsete 
prout respondet; lismn magnetismi proíd in casii expo- 
niiurnon licere. Después, en 1856, la Sagrada Congre- 
gación de la Inquisición romana expidió una Carta 
Encíclica á todos los obispos, en la cual, después de 
haber enumerado los varios fenómenos atribuidos al 
magnetismo, dice: In liisce oninihiis, qiia ciimque de- 
mum utantur arte, vel iUiisioni^ cum ordinenitir media 
XiMsica ad effectus non naturales^ reperitar decepcio om- 
niño iUicita, et hcereticalis , et scandalitm contra lionesta- 
tem morum. Y concluye excitando el celo y vigilancia 
de los obispos , para que aparten de los fieles la co- 
iTupción de costumbres, que produce semejante mag- 
netismo. Posteriormente, por decreto de 20 de Abril 
de 1864, se condenaron y proscribieron todos los es- 
critos de Alian Kardec sobre el espiritismo. 

De estas decisiones inferimos: í.^, que no es lícito 
nunca tomar parte en los fenómenos j^r^e/er naturales 
atribuidos al magnetismo y espiritismo, aunque se 
haga pacto explícito ó implícito de no querer comuni- 



2G1 BIBLIOTECA 



cación con el maligno espíritu; 2.o, que no es lícito 
asistir como meros espectadores á las reuniones espi- 
ritistas; 3.0, que no es lícito leer ni retenerlas obras 
ó revistas que defienden sus prácticas ; y 4.o, que debe 
inculcarse con toda eficacia á los fieles el peligro gra- 
vísimo de eterna condenación en que se pondrían, si 
no se apartasen de las sugestiones, disfrazadas mu- 
chas veces, de los aficionados á esta secta infernal, 
cu.yo fin último no es otro que reemplazar el culto y 
adoraci('»n de Jesucristo con el culto y adoración de 
Satanás. ;> R. C. 

C. — ]\[e ha satisfecho por completo el escrito leí- 
do, y ya no me queda la menor duda de que los es- 
piritistas son hermanos carnales de la Pitonisa de 
Eudor y de cuantos han ejercido la nigromancia en 
este mundo. 

M. — Para poner término a esta materia de la ni- 
gromancia, leeré á ustedes el siguiente relato, que 
tomaíio de las Memorias inéditas de Lallemand, pone 
en su hjstoria del conde de Cagliostro mi siempre que- 
ridísimo amigo el Sr. D. José Velázquez y Sánchez, 
cuyo fallecimiento, que acabo de saber, me tiene en 
gran manera contristado. 

« Ninguna de las aventuras del Conde hizo mA% 
ruido en París, y aun en el reino, que el convite en- 
tre doce personas de su más íntimo trato, que tuvo 
lugar en una rotonda de su casa, labrada expresa- 
mente en el jardín , para aislar aquella pieza del resto 



DEL FOLK-LORE 



del edificio, que era un caserón espacioso, pero viejo 
y algo sentido en sus muros. El Conde había hablado 
á ciertas personas de su mayor confianza, algunas 
conocidas por su declarado ateísmo, de las aparicio- 
nes de difuntos, para dar testimonio de la otra vida, 
diciendo que el conjuro á que obedecían los espíritus 
era casi familiar en la India y en lo interior del Egip- 
to, y que comunicar con ellos sin hacerles tomar for- 
mas visibles, lo sabían hasta las viejas persas y los 
niños de las costas de Coromandel. Instado por los 
que creían en el poder sobrenatural del noble hechi- 
cero^ y por los que ponían en duda la peregrina facul- 
tad de traer á la tierra cá los emigrados de este valle 
de lágrimas, consintió Cagliostro en someterse á la 
prueba, exigiendo que se diera un banquete en la ro- 
tonda, poniéndose entre los convidados sillones va- 
cíos, que ocuparían los muertos que se lo designaran, 
hasta el numero de seis. Llegado el día del tremendo 
convite, el Conde encargó á sus comensales que no 
se preocuparan de la escena que tendría lugar á los 
postres, y que no frustrasen el efecto de la aparición 
visible con ninguna especie de movimiento arrebatado 
ni de sensación extrema. 

En el momento oportuno se levantó el procer ita- 
liano, y fué llamando á Yoltaire, Diderot, d'Alam- 
bert, Montaigne, Boileau y Moliere, quienes aparecie- 
ron á evocaciones sucesivas en los seis sillones que 
se les tenían dispuestos, perfectamente visibles al 



266 BIBLIOTECA 



través de una especie de neblina, que parecía ser- 
virles de atmósfera particular. — En este hecho están 
conformes todas las referencias de los doce convida- 
dos de la rotonda; pero corren por París algunos di- 
chos agudos puestos en bocas de los muertos, como 
el de Yoltaire sobre haber averiguado en el otro 
mundo que los Papas eran buena gente , el de Dide- 
rot, que declaraba el mérito de su Enciclopedia en el 
redactor del índice, y el de Moliere, llamando á Luis 
XIV el primer cómico de la majestad. — El duque de 
Argensón refirió al Rey los rumores que circulaban 
en París respecto al banquete de los difuntos; pero 
Su Majestad encogiéndose de hombros, contestó al 
duque: — He ahilos espíritus fuertes de nuestra época: 
niegan á Dios para creer en el diahlo. » 

M. — x^hora apuraremos el tiempo que de esta ve- 
lada resta con el capítulo Y del libro insigne que 
dice así: 

CAPÍTULO V. 

Con humores viscosos se les impide á las hormi- 
gas el que puedan trabajar y moverse; pues los ani- 
males débiles, cuando andan por sitios bituminosos, 
se pegan á ellos, así como cuando hay tempestad su- 
fren en sus cuerpos y hallan obstruidos los caminos. 

Por los lugares viscosos ó bituminosos se significa 
la ocasión de las voluptuosidades carnales de los que 
viven fingidamente en la fe cristiana; porque de estos 



DEL FOLK-LORE 267 



halagos no se puede salir para obrar bien, sino que, 
por el contrario, se es cautivado en las mismas te- 
rrenales delicias. 

En figura de esto, en el lugar en que cayeron el 
TLey de Sodoma y de Gomorra con sus cómplices, por 
los que se entienden los lujuriosos é incontinentes, se 
lee que había en un valle inculto muchos pozos de 
betún, en los cuales los que caían se deslizaban en 
varias voluptuosidades del cuerpo; porque las costum- 
bres incultas, como en el mismo lugar dice la glosa, 
atraen á los pertinaces al profundo de los males. Mas 
los que no fueron muertos, huyeron á la montaña, 
esto es, á las alturas de las virtudes. 

A propósito, dice San Bernardo en la homilía IX 
sobre los cantares : « La liga del deseo pervertido no 
permite al alma volar, sino que antes bien atrae la 
mente , si por ventura es alguna vez levantada por 
una tempestad.» 

También se dice que los voluptuosos están impedi- 
dos de ejercer el bien, porque los sectarios de los 
deleites carnales, halagados del humano favor, se 
hacen afeminados para las arduas obras de las virtu- 
des. De ellos se dice en el capítulo 36 de Job: «Mo- 
rirán de muerte violenta y acabarán su vida entre 
hombres afeminados y sodomíticos.» O, como dice 
otra traducción: «Su vida será herida por los ánge- 
les. » Una y otra versión son verdaderas, aun cuando 
las palabras sean distintas, porque la vida de los 



208 BIELIOÍECA 



afeminados es herida por los ángeles, cuando éstos, 
como nuncios de la verdad, la combaten con los dar- 
dos de la santa predicación. 

En el mismo sentido habla San Gregorio en ellibro 
26 de los florales, y el Profeta aconseja á los elegi- 
dos, diciéndoles: «Obrad virilmente, j confórtese 
vuestro corazón, porque la mente lujuriosa se co- 
rrompe si se deleita con cosas transitorias. La vida 
de los que fingen muere entre los afeminados, porque 
se halla corrompida por la lujuria.* 

Perezoso. — Hemos oído que en nuestros tiempos 
hay muchos que de tal manera son encendidos en 
amor por obra de los maléficos hacia las mujeres 
de otros, ó muchas mujeres hacia hombres ajenos, 
que ni con razones , ni con castigos se les puede ha- 
cer desistir. Por el contrario, hemos experimentado 
que entre los casados se suscitan por los maléficos 
tales odios, y también tales frialdades de la potencia 
generativa, que no pueden dar ni pedir el débito pa- 
ra tener prole. El amor y el odio existen en el alma; 
y como , según todos los que son competentes en tu 
profesión, el demonio no puede entrar en el alma, 
conviene saber qué es lo que hay de verdad ó false- 
dad en esto. 

Teólogo. — Aunque, según el unánime sentir de 
los nuestros, el demonio no puede obrar inmediata- 
mente en el entendimiento y voluntad del hombre, 
sin embargo, conforme a la doctrina de los mismos. 



DEL FOLK-LORE 269 



puede obrar en el cuerpo y en las cosas allegadas al 
cuerpo, ya sean sentidos interiores, ya exteriores, 
permitiéndolo Dios. Por eso se lee en Job: «Dijo, 
pues, el Señor á Satanás: Anda, en tu mano está, 
pero consérvale el alma.» Tocas, por lo tanto, con tu 
pregunta tres dificultades, á saber: cómo se causan 
en la potencia generativa el maleficio y en la volun- 
tad el odio y el amor desordenado. 

De la filocapción ó amor desordenado de un sexo á 
otro, debes saber que puede nacer de tres causas, 
cuales son: las incautas miradas, la tentación del 
demonio y el maleficio de los nigrománticos, igual, 
mente que de los demonios. 

En cuanto á lo primero dice Santiago : «Cada uno 
es tentado, siendo atraído y halagado por su concu- 
piscencia; después , cuando la concupiscencia concibe, 
pare el pecado , y éste, cuando se consuma, engendra 
la muerte.» Por eso, como Liciiem viese á Dina, que 
liabía salido á ver las mujeres del país, la amó, la 
robó y durmió con ella, uniéndose sus dos almas. Y, 
según la glosa, sucede al alma enferma, cuando, 
pospuestos los negocios propios, se cuida de los aje- 
nos, ser seducida por las costumbres y consentir en 
las cosas ilícitas. 

Eespecto alo segundo, esto es, al amor desorde- 
nado que nace principalmente de la tentación del de- 
monio, vemos en el libro primero capítulo XIII délos 
Beijes, que Ammón amó á su hermana Thamar, lier- 



270 BIBLIOTECA 



mosaen extremo, concibiendo por ella gran pasión, 
de tal manera, que por este amor enfermó. Ko hubie- 
ra concebido tal maldad, á no haber sido gravemen- 
te tentado por el demonio; y por eso dice allí la glo- 
sa: «Esto nos aconseja el que siempre obremos cau- 
tamente, para que no dominen los vicios en nosotros, 
y el príficipe del pecado, que promete una falsa paz 
á los que peligran , hallándonos preparados , no nos 
acometa de súbito y nos mate cruelmente.» 

De este segundo género de amor está lleno el libro 
de los Santos Padres, el cual refiere, que algunos se 
libraron en los yermos de toda tentación de amor 
carnal ; pues á veces eran tentados en este particular 
más délo que puede creerse. Por eso, en la carta se- 
gunda, capítulo XII, á los Corintios, dice el Após- 
tol: «Se me ha dado el estímulo de mi carne, como 
un ángel de Satanás , para que me abofetee. » Dice 
allí la glosa que la tentación en que no se consiente 
no es pecado, sino materia en que ejercitarla virtud; 
pero has de entender por esto, que si viene del ene- 
migo y no de la carne , es pecado venial cuando no 
se consiente; y de este amor tienes ejemplo en el li- 
bro primero de nuestro Hormiguero. 

De la tercera especie de amor desordenado, que es 
el que proviene de maleficio de los demonios y de los 
idólatras, se presenta ejemplo en Ezequiel 23, bajo 
la metáfora de una jnujer de Israel, cuyo pueblo j^a 
siguió los ídolos y los maleficios de 'os Asirlos. Olla, 



DEL FOLK-LOEE 271 



pues, dice, me fué infiel y perdió el juicio^ yéndose 
tras de sus amantes los asirlos, sus vecinos, que es- 
taban vestidos de púrpura y eran grandes señores y 
de altos destinos, jóvenes, amables , caballeros todos, 
que montaban briosos caballos. » Consta que todos 
ellos tuvieron maléficos é idólatras. 

Pedro de Laguna (1) menciona cinco modos de 
obrar el demonio en la imaginación , en la fantasía y 
en la potencia generativa. Primero: interponiéndose 
entre los cuerpos, para que no se aproximen. Por lo 
mismo que es espíritu, tiene potestad sobre la criatu- 
ra corporal para hacer ó prohibir el movimiento local: 
por lo tanto, puede impedir, directa ó indirectamente, 
el que los cuerpos se aproximen, interponiéndose en 
el de alguno, como sucedió al que, habiéndose des- 
posado con un ídolo, se casó con cierta jovencita, á 
quien no pudo conocer. Segundo : inflamando ó en- 
friando á los hombres por medio de las virtudes ocul- 
tas de las cosas , que él conoce bien. Tercero : turban- 
do la estimación y la imaginación , que hace á la mu- 
jer aborrecer y ser aborrecida. Cuarto: reprimiendo 
directamente el vigor del miembro acomodado á la 
fructificación , como el movimiento local de cada ór- 
gano. Quinto: impidiendo la emisión de los espíritus 
á los miembros en que reside la virtud motiva; lo que 
puede hacer de muchas maneras. 



( 1 ) Petrus de Paliide , dice el autor , y yo lo he traducido 
como se ve. 



272 BIBLIOTECA 



Cuando las mujeres hacen sortilegios con habas ó 
con testículos de gallos, no se ha de creer que hacen 
á alguno impotente por la virtud de esas cosas , sino 
por hi oculta virtud de los demonios, que con ellas se 
burlan de las adivinadoras. Mas permite Dios por es- 
te acto, por el cual se difunde el primer pecado, que 
sobre otros actos humanos; lo mismo que permite 
más sobre las serpientes, que sirven para las encan- 
taciones más que otros animales. 

Acerca de la inflamación para aquel acto, tene- 
mos ejemplo en la leyenda de la Virgen de San Basi- 
lio, la cual, como desease á un siervo de sus padres 
y enfriase al marido , no pudo conocer al siervo, lo 
mismo que sucedió al que, casado con un ídolo, no 
pudo conocer á su esposa. 

Hay también respecto ala mujer, que de tal ma- 
nera puede el diablo tentar su imaginación, que abo- 
rrezca al marido hasta el extremo , que por nada de 
este mundo consienta en que la conozca, y también 
puede maleficiarla, interponiendo un cuerpo, ú obs- 
truyendo el vaso. Al hombre le puede impedir el acto 
de muchas maneras, y por eso es maleficiado más 
veces que la mujer. Y más pei-niite Dios que el de- 
monio se embravezca en los pecadores , que en los 
justos; por lo cual dijo el Ángel á Tobías: «El de- 
monio recibe potestad sobre los que á las liviandades 
se entregan.» A veces también la reciben sobre los 
justos, como sucedió con Job, por lo cual deben cou- 



DEL FOLK-LORE 273 



fesarsey hacer otras cosas semejantes, para que no 
suceda que, permaneciendo el hierro en la herida, 
sea inútil la aplicación de la medicina. 

Perezoso. — Aún me queda una duda sóbrela liga 
del amor carnal, á saber: si los que existen en cari- 
dad pueden ser maleficiados con tal amor. 

Teólogo. — La contestación á eso recibida délas 
palabras de Casiano que en la colación segunda del 
Abtid Sereno concluye con estas palabras: «Define 
San Antonio, que en manera alguna puede el demo- 
nio invadir la mente ó el cuerpo, ni tiene facultad pa- 
ra acometer al alma, sin haberla antes destituido de 
todo pensamiento santo, volviéndola vacía y desnu- 
da de toda contemplación espiritual. » No por eso va- 
yas á entender que los demonios no acometen á los 
que viven en caridad y á otros semejantes; sino úni- 
camente que no los puede acometer, si ellos quieren 
resistir con armas la virtud é impulso de las cosas 
naturales. » Tales armas te habíamos dado, dice la fi- 
losofía á Boecio, que si antes no las arrojases, te 
defenderían con invencible firmeza.» 

Por lo cual, Casiano en el mismo lugar citado ha- 
bla de dos paganos, filósofos y maléficos, los cuales^ 
llenos de odio contra el santo varón San Antonio, 
porque acudía á él todos los días multitud de pueblo 
le enviaron con sus maleficios demonios á la celda, 
para que con sus tentaciones le hiciesen huir de allí; 
los demonios, según los filósofos, convertidos des- 

POMO III 18 



274 BIBLIOTECA 



pues á la fe, confesaron , «liirieron los pensamientos 
del santo con amarguísimos estímulos f pero él los re- 
chazó, haciendo la señal de la cruz en la frente y en 
el pecho, y recitando oraciones.» 

Mas un ejemplo bastante terrible refiere Vicente 
(1) en el espejo historial de los hechos de San Basilio 
Magno, en cuj^o tiempo, cierto lico tuvo una hija 
única, á quien disponía consagrar al Señor. Un es- 
clavo de aquel rico, no pudiendo casarse con la joven, 
fué á un maléfico, invocó al diablo, renegó de la fe y 
obtuvo que el demonio de la fornicación entrase en 
aquélla, encendiéndole de tal manera, que, echada 
en tierra, clamaba que era atormentada por el escla- 
vo, y para libriirle, se le diera en matrimonio. Así lo 
hizo el padre con el corazón entristecido : el siervo^ 
sin embargo , fué librado por San Basilio. 

En el primero de los Diálogos refiere San Gregorio 
que cierto príncipe de los maléficos , llamado Basilio, 
quemados sus compañeros, huyó de Eoma disfrazado 
de monge, y como tal monge fué admitido en un Mo- 
nasterio por San Equicio; y, hallándose éste ausente, 
de tal manera malefició á la más hermosa de un ]\[o- 
nasterio de monjas, que febricitante y llena de ansie- 



(1) Este Vicente es Fr. Vicente Belvacense , del Orden de 
Predicadores, insigne en el siglo xiii. Sobre que el espejo mo- 
ral que una mano pecadora mezcló con los demás esjjejos que 
él compuso , era apócrifo , y sobre si fué ó no fué Obispo , se 
ha escrito mucho y se han revuelto muchas bibliotecas 



DEL FOLK-LÓRE 271 



dad, clamaba con grandes voces: «Pronto moriré, si 
no viene el monge Basilio y me vuelve la salud con su 
curación.» Sabiéndolo San Equicio, la sanó con la 
palabra, aun estando ausente, y mandó espeler del 
Monasterio al maléfico. ( 1 ) 



( 1 ) San Gregorio refiere además que un Obispo recomen- 
dó al maléfico Basilio á fin de que ñiese recibido por San Es- 
quimo, el cual le dijo: «Este que me recomendáis, Padre, no 
veo que sea monge , sino diablo. » Y como el Obispo le repu- 
siere que aquello no era más que un pretexto para no atender 
su recomendación , contestó el santo : <i Os lo denuncio tal cual 
lo veo; mas, para que no creáis que no quiero obedecer, hago 
lo que me decís. » Admitido en la Commiidad el fingido mon- 
ge, sucedió con la religiosa lo que cuenta el autor del Hormi- 
c/nero , y al saberlo San Equicio, exclamó «¿No había j'o di- 
cho que ese no era monge? Id , y arrojadle de la celda.» x\sí lo 
hicieron los monges , y él después dijo, que aimque había sus- 
pendido muchas veces en el aire la celda de San Equicio, nun- 
ca le había podido hacer daño. Al poco tiempo fué quemado 
en Eoma. 

En el tomo V de la Biografía Eclesiástica, publicada en 
Barcelona, se dice: «El Papa San Gregorio el Grande en el 
primer hbro délos Diálogos, cap. IV, entre los muchos pro- 
digios que refiere, obrados por Dios por intercesión de San 
Equicio, al tratar de este suceso, cuenta, que habiendo lie- 
gado á Roma la fama de los sermones de San Equicio , no 
faltaron algunos en acriminarle ante el Pontífice, porque sin 
ser sacerdote, se entregaba á la predicación, principalmente 
siendo hombre de escasos conocimientos , y no estando auto- 
rizado por Su Santidad: que el Papa, queriendo proceder 
con el debido pulso, envió un mensajero al Santo, mandán- 
dole que pasase á Eoma , para dar cuenta de su conducta , y 
al propio tiempo encargó al mensajera se lo trajese consigo, 
pero con decoro y sin la menor violencia , que al llegar el 
mensajero al Monasterio , no haUó á Equicio , pues había sa- 
lido, y sabiendo que á la sazón se encontraba en el campo, 
envióle á buscar con un criado suyo , hombre muy mal edu* 



276 BIBLIOTECA 



Perezoso. — Supuesto que la potestad del demonio 
se impide algunas veces por permisión divina, pre- 
gunto: ¿de cuántas maneras se hace esto? 

Teólogo. — Según Hugo , de cinco maneras : l.o Por 
el límite que á la potestad del diablo pone Dios, co- 
mo se ve en Job; 2.o, por milagro hecho exteriormen- 
te, como en la burra de Balaam; 3.^-, por impedimen- 
to añadido exteriormente, como en los dos discípulos 
heridos de locura , de que habla San Lucas en el ca- 



cado : que éste , apenas vio a los segadores , preguntó en tono 
de desprecio, quién de ellos era Equicio. Mas no bien hubo 
proferido estas palabras , principió á temblar , en términos, 
que cuando estuvo cerca de él , se arrojó á sus pies , los besó 
y le comunicó con todo decoro la orden de su amo. Contestóle 
el Santo que en acabando de segar iría ; y en efecto , cogiendo 
la guadaña , y con los vestidos andrajosos que llevaba , se pre- 
sentó Equicio al enviado del Papa. Que Juliano, (así se lla- 
maba el mensajero) , al verle llegar tan humilde y pobre , for- 
mó de él muy mal concepto , y no sabía cómo tratarle ; mas 
q\ie , al acercársele , infundió Dios á Juliano tal respeto , que 
apenas acertaba á pronunciar siquiera una palabra, hasta 
que echándose á sus pies, le? manifestó el deseo que tenía el 
Humo Pontífice de conocerle : que el Santo Abad entonces , le- 
vantando los ojos al cielo , dio gracias al Señor por la merced 
que le hacía su Vicario en la tierra en haberse acordado de él 
y le mandase llamar , y que en el momento manifestó estar 
pronto para la partida : que Juliano dijo hallarse muy fatiga- 
do , y que podrían aguardar al día siguiente : Mucho me pesa, 
hijo, repuso Equicio; porqué si no vamos hoy, no iremos 
mañana: y que así aconteció; porque al día siguiente, al 
amanecer , llegó un extraordinario de Koma , por cuyo medio 
el Papa mandaba á Juliano que dejase á Equicio y que no le 
molestase. Que no bien lo supo el Santo , cuando , dirigiéndose 
al embajador, exclamó así : ¿ No os lo dije yo , que si ayer no 
íhatnos , no iríamos hoy? Y que quedó en el Monasterio ala- 
bando al Señor por las muchas mercedes que le dispensaba. 



DEL rOLK-LOKE 



277 



pitillo último; 4.0, por juicio de Dios que lo dispone 
interiormente por medio del ángel bueno, como á As- 
modeo, que mató los esposos de Lora, mujer de To- 
bías; 5.0, por cautela del mismo demonio, pues no 
quiere algunas veces lo que puede, para obrar peor, 
como se ve en la carta primera á los Corintios. A ve- 
ces tampoco quieren los ángeles malos, por la noble- 
za del ser en que fueron creados , tentar con viles pe- 
cados, como la sodomía á simple fornicación, ni se 
acercan al hombre cuando ha fornicado , particular- 
mente el primero y segundo día, por lo reciente del 
pecado. Por eso dice Ezequiel: « Multiplicaste las ido- 
latrías para irritarme. » Y allí mismo: < Y te daré á 
las almas de los que te odian, (esto es, al demonio) 
que se avergüenzan en tu malvado camino. » Hasta 
aquí Hugo en el segundo de las sentencias. 



VELADA SÉTIMA. 



CAPITULO YI. 

Las lioriiiigas que no se precaven del vino , caen 
repentinamente en embriaguez, andando pesadamen- 
te y bamboleándose, como perdido el tino, según lo 
vi por experiencia; pues siguen con avidez las cosas 
dulces, que si están rociadas en pan ó vino tinto, se 
emborrachan con estas comidas. 

Por tales hormigas embriagadas convino, pueden 
entenderse aquellos qne , embriagados con las volup- 
tuosidades de este siglo, y como locos, faltos de ra- 
zón , siguen las cosas carnales por falsas locuras , á 
los cuales habla así Dios por boca de Isaías : « Oye 
estas pocas palabras , ebrias , y no de vino. Esto dice 
tu dominador Señor y tu Dios : He aquí que quité de 
su mano el cáliz del sopor: no añadiré el fondo del 
cáliz de mi indignación para que lo bebas en lo suce- 
sivo. » Que por el vino debe entenderse la lujuria, lo 
enseña el proverbio de Salomón, capítulo XX, cuan- 
do dice: Lujuriosa cosa es el vino, y llena está de 



280 BIBLIOTECA 



desórdenes la embriaguez : « no será sabio quien con 
ella se deleite. » Y en el capítulo XXI: « el que gus- 
ta de dar banquetes, parará en mendigo: no será ja- 
más rico el aficionado á vino y á los manjares regala- 
dos. » Y en el salmo CVI dice, por segunda vez, de 
aquellos que están ebrios, y no por el vino: « Llenos 
de turbación^ vacilan como beodos, y se desvaneció 
toda su sabiduría. » Por lo cual, dice el apóstol á los 
efesios: « Ni os entreguéis con exceso al vino, fomen- 
to de la lujuria, sino llevaos del Espíritu-Santo, ha- 
blando entre vosotros y entreteniéndoos con salmos 
y con himnos y canciones espirituales ; cantando y 
loando al Señor en vuestros corazones. » 

Perezoso. — Bien veo ya por lo dicho, que no su- 
fre menos locura ó embriaguez el entregado á los 
amores desordenados , que aquél á quien se mira em- 
briagado de vino. Por lo tanto , quiero ahora saber 
tres cosas, que son: 1.^, qué remedio se ha de aplicar 
á los tales ^ para que sanen ellos, ú otros cualquiera 
maleficiados en la potencia generativa: 2.a, cómo po- 
drán sanar los que, sin maleficio, están poseídos de 
amor desordenado : y o.^- , si el ángel bueno puede ha- 
cer tanto beneficio con la castidad, como mal hace el 
espíritu maligno por medio de los suyos por el male- 
ficio. 

Teólogo. — Por la solución puedes conocer, en pri- 
mer lugar, que hay cinco remedios que pueden apli- 
carse lícitamente, á saber: la peregrinación á los se- 



DEL FOLK-LORE 281 

pulcros de algunos santos ; la multiplicación de la se- 
ñal de la cruz y de una oración devota; la verdadera 
confesión ó contrición de los pecados ; la exorcisación 
lícita con sobrias palabras ; y la cautelosa remoción 
del maleñcio. Del primero ya lias visto ejemplo en el 
capitulo IV del libro I , y lo mismo que la peregrina- 
ción , son remedios los ayunos , abstinencias y otros 
obsequios reverenciales ofrecidos á ciertos santos. 
Del segundo has oído en el capítulo precedente cómo 
se defendió San Antonio del demonio. Del tercero 
también viste allí el consejo de Pedro de Laguna, 
consejo que antes que él dieron Santo Tomás y otros 
doctores. Del último se habló hace poco en el capítulo 
III, y en cuanto al penúltimo, ó sea los exorcismos, 
casi todos los que de esto tratan, admiten que se 
pueden hacer católicamente ; por lo cual Santo To- 
más IV, Dist. 6, dice: «Por el pecado dd hombre 
recibe el diablo potestad sobre el hombre , y en todas 
las cosas que son del uso del hombre , para daño del 
hombre mismo ; y porque no hay convención alguna 
entre Cristo y Belial, por eso, cuando se ha de san- 
tificar algo para el culto divino , primero se exorcisa, 
á fin de que, dejándolo libre de la potestad del demo- 
nio, que se cree lo toma para daño del hombre, se 
consagre á Dios. Y esto se ve en la bendición del 
agua, en la consagración del templo, y en todas las 
cosas de la misma clase; y así como la primera con- 
sagración con que el hombre se consagra á Dios se 



282 BIBLIOTECA 



hace en el bautismo , conviene también que primero 
sea el hombre exorcisado con más razón que las otras 
cosas; porque en el hombre mismo está la causa por 
la que el diablo adquiere potestad sobre el hombre y 
sobre otras cosas que son por el hombre , á saber , el 
pecado original y el actual; y esto significan aquellas 
palabras que se pronuncian en los exorcismos , cuan- 
do se dice: «Retírate de él, Satanás.» Hasta aquí 
Santo Tomás. 

También dicen los doctores que es lícita la aplica- 
ción de los exorcismos contra las potestades del de- 
monio; pero se ha de tener cuidado de que no haj'a 
en ello carácter alguno desconocido, ni desconocidas 
palabras, ni nada supersticioso. 

Pero no obstante la aplicación de todos los reme- 
dios dichos, todavía algunas veces el maleficiado no 
es absuelto de la pena, aun cuando lo sea del recato 
ó pecado por el que ocurre el maleficio; por lo que 
Santo Tomás IV, Disf. 34, dice: « que el maleficio, á 
veces es de tal manera perpetuo, que no puede tener 
remedio por obra humana, si bien Dios puede pres- 
tarlo, obligando al diablo, y también resistiéndole. 
No siempre conviene que lo que se ha hecho por al- 
gún maleficio, pueda destruirse por otro maleficio, 
como los mismos maléficos confiesan. Si se pudiera 
poner remedio por medio de maleficio, se reputaría 

pecado, porque nadie debe invocar por maleficio el 
auxilio del demonio. 



DEL rOLK-LOKK 283 



Tampoco couviene el que, si por el pecado se ha 
dado potestad al diablo sobre alguno , cese esa potes- 
tad cesando el pecado; porque á veces la pena queda, 
pasada la culpa. Tampoco valen siempre los exor- 
cismos de la Iglesia para reprimir al demonio en cuan- 
to á todas las molestias corporales, exigiéndolo así el 
juicio de Dios. Valen, no obstante, siempre contra 
aquellas infestaciones del demonio contra los que 
principalmente se han establecido. » Esto dice aquí 
Santo Tomás. Pero los que anteponen á los remedios 
divinos y de la Iglesia los remedios humanos, han de 
guardarse mucho de invocar los remedios de los ma- 
léficos, porque con tales invocaciones se tienen á ve- 
ces peores resultados; como se ve en el ejemplo que 
pone San Gregorio en el primero de los Diálogos de 
la mujer que, poseída de un demonio cuando se inten- 
taba librarla por medio de maleficios, entró en ella 
una legión por obra de los mismos maléficos. 

Perezoso. — Tengo todavía tres dudas acerca del 
exorcismo: 1.^, si, no teniendo el exorcista orden 
puede lícitamente exorcisar los demonios; 2.a, cual, 
sea la diferencia entre el efecto del agua bendita y 
el exorcismo, supuesto que uno y otro se ordenan 
contraía molestia del demonio; 3.a, si el exorcismo 
es sólo un signo, ó si también es agente. 

Teólogo. — A lo primero contesta el Santo Doctor, 
diciendo que al conferirse cualquiera de las ordenes, 
aun las menores, se adquiere la potestad de esto ó 



281 BIBLIOTECA 



aquello que por oficio se puede hacer, como exorci- 
sar; y también se puede hacer lícitamente por el que 
no tiene ordena no como por oficio, ó aun cuando no 
lo tenga por oficio; así como puede decirse misa en 
casa no consagrada, aun cuando la consagración de 
la Iglesia se ordena para el fin de que en ella se diga 
misa, si bien este pertenece entonces más á la gracia 
gratis dada, que á la gracia del Sacramento. 

Á lo segundo responde el mismo Santo Tomás di- 
ciendo: «El diablo nos combate interior y exteriormen- 
te: el agua bendita se ordena contra el combate ex- 
terior del diablo , pero el exorcismo contra el comba- 
te interior; por lo que aquellos contra quienes se da, 
se dicen energúmenos, esto es, que trabajan interior- 
mente ó por mala incitación ó por la posesión corpo- 
ral del demonio.» 

A lo tercero responde asimismo Santo Tomás, que 
el exorcismo también obra ó es agente, lo cual apa- 
rece de que se dice con modo imperativo y no sólo 
como oración, como: « Sal, diablo maldito. » También 
San Gregorio sobre Ezequiel dice: «El sacerdote, 
cuando impone las manos á los creyentes para exor- 
cisarlos, y prohibe á los malos espíritus el que habi- 
ten en su mente, ¿qué otra cosa hace sino arrojar 
fuera los demonios?» Ni es inconveniente el que se 
exorcise el ya bautizado cuando se omitió el exor- 
cismo el decir que entonces hace algo, cohibiendo 
por impugnación del diablo. Como también después 



% 



DEL FOLK-LORE 28í 



del bautismo se reprime algo la potestad del demonio 
por el agua bendita, si es exorcisado un niño y 
muere antes del bautismo, tanto vale para su vida, 
cuanto la potestad del diablo se ha3"a debilitado. 

Por lo tanto, los exorcismos no sólo significan, 
sino que hacen algo tanto en el cuerpo, como en el 
alma, porque en uno y otra está el veneno de la con- 
cupiscencia. Es efecto del exorcismo el que el dia- 
blo no pueda sobre el bautizado tanto como antes 
del bautismo, ni le impida cosas buenas. Todo esto 
es de Santo Torneas. 

En cuanto al amor liereos ó liistiM[l) como lo dice 
Avicena, que es enfermedad en que uno cae por amor, 
pone el mismo Avicena, entre otros, siete remedios en 
el libro tercero. Uno es conocer á la persona por quien 
se tiene la pación ; lo que se deduce de la fisonomía 
del enfermo ó variedad del pulso al nombrársela, pnes 
así se tiene la raíz de la enfermedad, como lo pone 
San Ambrosio al hablar de la pasión de Santa Inés 
respecto al hijo del juez (2). Otro es el uso del ma- 
trimonio, si puede contraerse; pues con él sanan al- 
gunos , obedeciendo á la naturaleza. El tercero es la 



(1) Otros escriben Jnslithi: pero el doctor Calavenero, 
anotador del Hormiguero, dice que se debe escribir ilisci. 
(N. del T.) 

(2) Procopio, hijo de Sinfronio, Gobernador ó prefecto de 
Eoma. Hermosísima es la relación que de esto hace San Am- 
brosio, como hermosísimo es cuanto escribió aquel elocuentí- 
simo Santo Padre, (N. del T.) 



286 EBLIOÍECA 



aplicación de las medicinas que allí menciona y ense- 
ña. El cuarto es el convertir por medios lícitos el 
amor que á uno se tiene en amor á otro. El quinto, si 
el enamorado es consejible, aconsejarle y hacerle ver 
que el amor es una miseria. El sétimo es que se oci\ 
pede asuntos arduos, de oficios que le distraigan y 
de otras cosas semejantes. Aunque en tales casos de- 
ben consultarse los médicos se ha de dar la preferen- 
cia á la aplicación de los remedios teológicos dichos. 
A la tercera duda sobre si el ángel bueno beneficia 
algunas veces á los justos, como consta que el ángel 
maleficia á los injustos, tienes la respuesta en los 
ejemplos de los Santos Padres, que en número infini- 
to lo afirman. Cualquiera bien, tanto espiritual, co- 
mo corporal, emana de Dios, fuente de toda verdad. 
Todo, según San Dionisio, lo tenemos por ministerio 
de los ángeles, y, como el Santo Doctor, en cierto lu- 
gar sobre el 3.o de las Sentencias, enseña.- « Cuando 
Dios quiere infundir en nuestra mente una gracia no- 
table, aunque á ella no puede extenderse ninguna po- 
testad humana, sin embargo, coopera á eWa. dis^w^iiké 
el ángel bueno. De la misma manera, aun cuando 
para la concepción del Yerbo de Dios en la Bendití- 
sima Virgen, por la que Dios se hizo hombre, sólo 
concuriió eficientemente la virtud divina, no obstan- 
te, la mente de la Virgen fué muy excitada ó predis- 
puesta al bien por la salutación, por la información 
en el ministerio angélico. 



DEL FOLK-LOr.E 287 



Es, además de esto, lo más común 5^ concordante, 
tanto con la Sagrada Escritura, como con la Filoso- 
fía natural, la opinión que enseña que todos los cuer- 
pos celestes se rigen y mueven por la virtud angéli- 
ca, por lo cual, los ángeles se llaman por Cristo y por 
la Iglesia, virtudes de los cielos. Todas las cosas 
corporales de este mundo se rigen simplemente por 
influencias celestes, como atestigua el filósofo en el 
primero de los meteoros. 

Es, además, doctrina del Santo doctor, que hay 
tres cosas en el hombre sobre las que pueden obrar 
los espíritus separados, aunque diferentemente, á sa- 
ber: en la voluntad, el entendimiento y otras poten- 
cias del alma misma, adherentes á los miembros or- 
gánicos y corporales. En la primera, solo Dios puede 
obrar. En el segundo, solo Dios y el ángel bueno pa- 
ra iluminar. En las terceras puede obrar y oprimir 
el espíritu malo, permitiéndolo Dios. Pero en el ar- 
bitrio de la voluntad humana está el rechazar las 
agresiones de los ángeles malos invocando la gracia 
de Dios, así como está el admitirlas descuidando di- 
cha gracia. 

Perezoso. — Aunque haya esos innumerables bene- 
ficios de los ángeles buenos, dispensados aúnalos 
injustos, de lo cual yo ¡ ay de mí! estaba hasta ahora 
ignorante, pero que no olvidaré en lo sucesivo; sin 
embargo, no pregunto principalmente acerca de ellos, 
sino de los que se refieren á los beneficios en la po- 



288 ÉIBLIOTECA 



tencia generativa, á saber: cómo hacen castos á al- 
gunos, así como los demonios hacen á los malos todo 
lo contrario. 

Teólogo, — De que lo hacen no hay duda, mas con- 
viene saber dónde y cuando. Así sucedió con San Se- 
neno Abad, de quien Casiano, cod. alba, Ser.xmm, 
dice: «Este, insistiendo día y noche por la interna 
castidad del corazón y del alma con oraciones, ayu- 
nos y vigilias, percibió que se habían extinguido en 
él por la gracia divina todos los grandes calores de 
la concupiscencia carnal. Después, encendido en ma- 
yor celo de castidad, pidió á Dios que ésta, que inte- 
riormente tenía, redundase en el cuerpo; y en una 
visión nocturna, viniendo á él un ángel, parecióle 
que le abría el vientre, y que, arrancando de sus 
visceras y arrojando cierto tumor de carne encendi- 
do, restituj^endo en su lugar los intestinos como an- 
tes estaban, le dijo: «Mira, han sido cortados los in- 
centivos de tu carne, y conocerás que has obtenido 
en este día la pureza de tu cuerpo, según la petición 
que hicistes, para que en lo sucesivo no sientas el 
impulso ni aun de aquel natural movimiento que se 
excita hasta en los párvulos y en los que maman.» 

San Gregorio, en el libro primero de los Diálogos, 
hablando del Abad Esquicia refiere, que cuando á 
éste, en el tiempo de su juventud, fatigaban con fuer- 
te combate los incentivos de la carne, le hacían me- 
nos diligente en el ejercicio de la oración, y como de 



DEL FOLK-LORE 289 



esto pidiera remedio á Dios con continuas preces, 
tuvo cierta noche la visión de que un ángel le castra- 
ba, hallándose desde entonces tan libre de tentación 
como si no tuviera sexo en el cuerpo ; por lo que, con- 
fiando en el auxilio de Dios omnipotente, así como 
antes había presidido á los varones , empezó á presi- 
dir á las mujeres. 

En las vidas de los Padres, de aquellos que San 
Heraclidas, varón religiosísimo, coleccionó en su libro 
titulado Paraíso, hace mención de cierto santo padre 
y monge, á quien llaman Helio, que, movido de la mi- 
sericordia, reunió trescientas mujeres en un monaste- 
rio y empezó á regirlas. Pasados años, teniendo él de 
edad cerca de treinta y cinco, y siendo tentado por la 
carne, huyó al yermo, donde ayunando, clamó á Dios 
diciendo: << Señor Dios, ó mátame, ó líbrame de esta 
tentación.» Por la tarde le acometió un sueño, en el 
cual vio tres ángeles que se le acercaron , preguntán- 
dole por qué había huido del monasterio de las vírge- 
nes ; y no atreviéndose él á responder, por vergüenza, 
le dijeron los ángeles: « Si fueses librado, ¿volverías 
desde luego á cuidar de las mujeres?» Él respondió 
que con mucho gusto lo liaría ; y entonces aquellos, 
recibiendo de Helio el juramento que le exigieron, co- 
giéndole uno las manos, otro los pies y cortándole el 
tercero los testículos, le castraron, no porque en rea- 
lidad hubiera sido así, sino porque así lo parecía. Pre- 
guntáronle después si sentía remedio, y contestó que 

TOMO III 10 



290 BIUI.IOTECA 



se hallaba muy aliviado. Al quinto día volvió con las 
llorosas mujeres, y en el espacio de cuarenta años que 
sobrevivió no sintió ni una centella de la antigua ten- 
tación. 

No menor beneficio leemos que le fué concedido á 
Santo Tomás, doctor de nuestra Orden, en cuya habi- 
tación, sus parientes, para retraerle del estado religio- 
so y aficionarle á las cosas del mundo, hicieron que en- 
trase una ramera. Viéndola el santo, corrió al hogar, 
cogió un tizón encendido y con él arrojó de la habita- 
ción á aquella mujer; y puesto en seguida en oración, 
pidiendo el don de la castidad, se quedó dormido, y vio 
dos ángeles que se le aparecieron, diciéndole: «He 
aquí que de parte de Dios te ceñimos el cíngnlo de 
castidad, para que en lo sucesivo por ningún combate 
puertas ser atacado; y lo que no se obtiene por mérito de 
la virtud cristiana, se te ha conferido por don de parte 
de Dios. » Sintió entonces el santo varón que le opri- 
mían la cintura, y despertó dando voces. Desde en- 
tonces, de tal manera se halló dotado del don de cas- 
tidad, que aborreció todo deleite. (1) 



'"' (1) En na eloyío leído el 7 de Marzo de 3880, dice el doc- 
tor D. Manuel Polo y Pcyrolón: «Cuando el santo so vio libro 
y solo, trazó una cruz en la pared con el mismo tizón, y ca- 
yendo de rodillas prorumpió en lágrimas pudorosas de grati- 
tud y contusión. Temblando y lloroso pedía Tomás á Dios la 
hermosa virtud de la castidad ; cuando sueño inusitado cerró 
sus parpados , dos espíritus puros le felicitaron por su victoria 
y ciñeron á su cuerpo el cíngulo do la virginidad, Rpretándolo 



DKL FOLK-LOEE 291 



CAPITULO YII 

Las hormigas, comidas por los hombres, les dañan; 
no así á todos los animales, pues á algunos aprove- 
chan, como á los osos, que con avidez las buscan. Con 
el nombre de hormigas se designa á los justos, como 
se ha dicho arriba hace poco. 

Se entiende por comer quitar algo á la vida ajena 
ó en la fama ó en la sana doctrina, de cuj^a comida 
precave al hijo el que en el capítulo XXIII de los 
Froverhios, dice: «No asistas á los convites de los 
beodos , ni á las comilonas de aquellos que contribu- 
yen á escote para los banquetes , porque con la fre- 
cuencia de beber y pagar escotes, vendrán á arrui- 
narse. » Donde dice la glosa: «Llevar carne para co- 
mer, es á veces, en la común opinión, decir vicios de 
los próximos, cuya pena es la de que, haciendo tales 
cosas, se consumen, Conviene en contra de esto ocu- 
parse en buenas palabras que contiene la divina sabi- 
duría, con la que el alma podrá lícitamente saciarse. 
Sobre esto Salomón en el capítulo XXIV de los Pro- 



con tal fuerza, que el dolor despertó é hizo lanzar mi grito á 
nuestro héroe. Únicamente su confesor tuvo noticia de este sin- 
gular privilegio. Durante toda su vida usó Santo Tomás este 
cinturón , que hoy se venera en la iglesia de los dominicos de 
Chieri, cerca de Turín.» Es de creer que no tuviese Nyder no- 
ticia de este cíngulo , cuando no habla de él , lo cual no deja 
de ser extraño. (N. del T.) 



292 BIBLIOTECA 



verhios , dice: « Come , hijo mió , la miel ( Lá glosa : doc- 
trina de la sabiduría), que es cosa buena, gusta del 
panal, que serta dulcísimo á tu paladar. Tal será tam- 
bién para tu alma la doctrina de la sabiduría, con cu- 
ya adquisición tendrás esperanza en los últimos días, 
y esperanza que no será frustrada. » A la miel y al 
panal, dice la glosa, compara la doctrina de la sabi- 
duría, porque así como aquélla, á las demás comidas, 
así ésta aventaja á las demás doctrinas. Y otra vez, 
de los que devoran las carnes humanas con el vicio 
de la detractación y con el maleficio de la supersti- 
ción, se dice en el salmo: «Sus dientes, armas y sae- 
tas, y sus lenguas, aguda espada.» Y en el capítulo 
III de los Proverbios, entre las cuatro generaciones 
perversas, ésta es la última, de la cual dice: «Otra 
casta de hombres hay que tiene los dientes como cu- 
chillos, y despedazan con sus quijadas, y se tragan 
los desvalidos de la tierra y los pobres de entre los 
hombres.» Donde añade la glosa: «La generación 
que tiene espadas por dientes, es aquella que trabaja 
por introducir en otros su perfidia, y á la manera 
que los cuerpos son muertos con espadas , así mata las 
almas de los que la oyen con el veneno de la conver- 
sación; y por eso dice jjam que coma, esto es, para 
devorar á los necesitados, esto es, á los inocentes y 
pobres, esto es, á los humildes. . 

El que la comida de las hormigas no aproveche á 
los hombres, sino á las bestias, como al oso, consiste 



DEL FOLKLORE 298 



en que el oficio de los' maleficios y el vicio de la de- 
tractación, no deleitan á los justos, sino á las pérfi- 
dos. En figura de lo cual , la segunda bestia de Daniel, 
que salió del mar y se puso al lado de la otra, era se- 
mejante aun oso, y había tres órdenes de dientes en 
su boca que le decían así: « Levántate, come carne en 
abundancia. » Por donde se señalan los tres daños que 
hacen los maléficos con sus obras , en los bienes tem- 
porales , en los cuerpos humanos y en las almas de 
los racionales. Por lo cual se dice en el capítulo XYII 
de los Proverhíos: « El malvado anda siempre ar- 
mando pendencias; pero el ángel cruel será enviado 
contra él para castigarle. Mejor es encontrarse con 
una osa, á quien robaron los hijos, que con un fatuo 
presumido en sus necesidades. » En donde dice la 
glosa: «El ángel cruel es el espíritu inmundo que se 
envía por el Señor contra los pecadores , para que al 
presente los añija, como hizo con los egipcios, en- 
viando contra ellos la ira de su indignación por me- 
dio de los ángeles malos. » Y añade: «Puede enten- 
derse por el oso la malicia del antiguo enemigo, cu- 
yos fetos robamos, cuando unimos á los hijos de Dios 
á aquellos que eran sus enemigos , catequizándolos y 
bautizándolos; y esto se hace muchas veces más fá- 
cilmente que el volver á la recta fe al hereje, ó que 
reducir al bien al católico que obra mal. 

Perezoso. — Por los animales, que como dices, co- 
men las hormigas, pueden entenderse los reprobos en 



294 BIBLIOTECA 



la fe y los maléficos: preséntame un ejemplo de có- 
mo éstos llevan á cabo su obra, haciendo daño á los 
cuerpos humanos, convirtiéndoles de sanos en en- 
fermos. 

Teólogo. —Oye, pues, la maldad que tales bestias 
hicieron al juez Pedro, de quien antes he hablado. 
Hacía tiempo que deseaban vengiirse de él ; pero co- 
mo guardaba bien la fe y procuraba guarecerse dili- 
gentemente con la señal de la cruz, y avisado algu- 
nas veces , se abstenía con oportunidad de aquellas 
cosas por las que suelen provenir los maleficios, es- 
capaba ileso por la necedad de aquéllos , excepto en 
un tiempo en que por delito propio mereció no ser del 
todo guardado por el Señor , según él mismo me refi- 
rió. Había acostumbrado residir en el territorio de 
Berna en el castillo de Blanctemburg, cuando go- 
bernaba aquella tierra. Después que resignó el oficio 
y volvió á entrar en la ciudad de Berna y tenía allí 
su domicilio, cierto día, volviendo á dicho castillo, 
donde le había sustituido en el oficio un pariente su- 
yo, quiso despachar allí unos negocios, de que antes 
había conocido. 

Llegada, pues, la noche, fuese á acostar, bendicién- 
dose con la señal de la cruz y proponiéndose levan- 
tarse antes de amanecer, para escribir algunas car- 
tas, que precisamente habían de ser enviadas á su 
destino por la mañana. Despertó en aquella destem- 
plada noche, pareciéndole, engañado por una luz fie- 



DEL FOLK-LORE 295 



ticia, que ya había venido el día, é incomodado por 
creer que el tiempo oportuno para escribir se le había 
pasado, se vistió sin santiguarse, como debía, y des- 
cendiendo por unas grandes escaleras á la habitación 
donde tenía el escritorio; mas como hallase éste ce- 
rrado, se encendió en mayor ira, se volvió murmu- 
rando al lecho por la misma escalera que había baja- 
do, pronunciando indignado una sola maldición, co- 
mo si dijera : « En nombre del diablo ; » y he aquí que 
en el instante, en medio de densísimas tinieblas, fué 
precipitado , rodando los escalones , tan pesadamente, 
que el criado, que cómoda y descuidadamente dormía 
debajo de dicha escalera, se despertó, y encendiendo 
una luz, acudió á ver lo que liabia sucedido, hallan- 
do á su amo solo , tendido en el suelo , privado del 
uso de la razón, con cardenales en todos sus miem- 
bros y arrojando de su cuerpo mucha sangre. Desper- 
tóse luego también la familia , y nadie acertaba la 
causa de la caída. Recuperó al fin Pedro el uso de la 
razón , aunque la salud del cuerpo apenas pudo recu- 
perarla en seis meses ; y si bien sospechaba de los ma- 
léficos, á quienes de todas veras deseaba exterminar, 
ignoraba, sin embargo, quienes fuesen los reos déla 
^ran maldad que con él se había cometido. 

Pero , como nada haya encubierto que no se descu- 
bra, sucedió después, por casualidad, que cierto ocul- 
to maléfico, yendo desde el territorio de Berna, don- 
de tenía su domicilio, á Friburgo, de la diócesis 



296 



BIBLIOTECA 



Lausanense, y hallándose sentado en la taberna 
con otros bebedores, dijo á sus compañeros: «He 
aquí que estoy viendo en este vaso de agua que fula- 
no (á quien nombró) me coge y me roba los anzue- 
los para pescar que puse en mi habitación. » Como 
los lugares distaban entre sí cerca de seis grandes 
millas teutónicas, era claro que aquel hombre no po- 
día haber visto el hurto sino por medio del demonio. 
Publicado esto por los que lo oyeron , fué acusado de 
reo y reducido á prisión, en la que atormentado dos 
días seguidos , apenas quiso confesar cosa alguna so- 
bre sus maldades; mas en el tercer día, el cual era 
sábado, día que se dedica comunmente á la Santísi- 
ma Virgen, atormentado otra vez, vomitó su vene- 
no; pues declaró que era verdad que había dicho 
aquellas palabras y había visto el hurto; y confesó 
que cuatro maléficos y presente una maléfica, á quien 
nombró , habían precipitado por la escalera á dicho 
Pedro , impelido por las manos de la maléfica , cuya 
vejezuela aborrecía á aquél, porque, mientras había 
ejercido la magistratura, no se había administrado á 
gusto de ella la justicia. Añadió que en los dos días 
¿interiores nada había podido contestar en los tormen- 
tos, contenido por las maquinaciones del demonio; 
pero, como en aquél sábado, se celebraba .la fiesta de 
la Santa Virgen , estaba libre para decir la verdad. 
Fué, por último, condenado al fuego, según las leyes 
disponían. 



DEL FOLK-LORE 297 



Se ha de advertir, sin embargo, que tales pseii do- 
profetas, engañados algunas veces por el padre de la 
mentira, suelen decir cosas enteramente contradicto- 
riaS; según dijo el mismo Pedro que tenía acreditada 
la experiencia. Fué por él cogida y quemada cierta 
maléfica, la cual tenía un marido que no entendía de 
semejante maleficio, y éste, movido de curiosidad 
buscó á una vejezuela, de quien todos decían que pre- 
decía las cosas futuras, y habiéndola encontrado, la 
suplicó le dijese si su mujer, que se hallaba en la cár- 
cel, saldría de ella con vida; y la vieja le contestó: 
«No temas porque indudablemente no morirá en este 
cautiverio; » con lo que se fué el hombre más alegre. 
Saliendo al día siguiente al encuentro al juez Pedro, 
le preguntó éste: «¿Dónde fuiste?» A lo que él con- 
testó: « Fui á una profetisa, que me dijo que mi mu- 
jer sería librada de la cárcel y no moriría en ella.» 
Vuelto Pedro á su alojamiento fué llamado desde la 
cárcel por la maléfica , quien le dijo : « He visto que 
mi marido ha ido á una vieja que le aseguró que yo 
sería puesta en libertad, pero sé que miente, porque 
mañana seré quemada por sentencia tuya.» Como 
después dijese el juez esto al marido, esperaba éste 
riendo á ver cual de las dos maléficas decía verdad; 
l)ero al día siguiente dio testimonio la encendida ho- 
guera de que la había dicho la qup tenía marido. 

Empero no debes creer, en cuanto al primer ejem- 
plo que Pedro fué literalmente arrojado por la esca- 



298 BIBLIOTECA 



lera por las manos de los maléficos , los cuales no es- 
taban en el castillo; sino que los demonios allí pre- 
sentes, atraídos por los maleficios y ceremonias de 
los maléficos, fueron los que arrojaron á Pedro, y 
para que se engañasen las mentes de los maléficos, 
hicieron en la imaginación de aquellos hombres su- 
persticiosos que les pareciese que ellos lo hacían. Y 
de la misma manera, respecto al segundo y tercer 
ejemplo, juzgaban que estaban presentes las cosas 
que se hallaban ausentes , según viste arriba en este 
libro y en el capítulo 5.^ por las palabras del Santo^ 
Doctor. 



NDiCE 



EL MITO DEL BASILISCO 



Páginas 

Prólogo 9 

I. Lo que sabe 7iucstro imchlo acerca del basilis- 
co. — Material folklórico. — Frases. —Copla. — 
Adivinanza. — Tradición. — Superstición. — 

Resumen 13 

II. Creeyícias y suijersticiones en otros pueblos ac- 
tuales. — Material foLklorico. — Supersíiciones 
portuguesas. — ídem italianas. — ídem ingle- 
sas. — ídem francesas. — Prácticas supersticio- 
sas en Francia. — Tradición francesa. ~ Resu- 
men 16 

III. El nombre basilisco en nuestros dios. — Eti- 

mología. — El nombre en otros idiomas. . . 20 

IV. Aplicaciones del nombre basilisco. — La ge- 

neralización del nombre. — Arte é industria mi- 
litar. — Astronomía. — Blasón. — Botánica. — 

Farmacia. — Historia. — Zoología 22 

V. Bepresentaciones artísticas del basilisco. — El 

basilisco dibujado. — Preguntas. — Paréntesis. 26 
VI. Qué dicen las fuentes escritas de nuestros días 



SOO BIBLIOTECA 



ráginas 

sobre el basilisco. — Los recopiladores del si- 
glo xix. — Los naturalistas. — Kesumen. . . 29 

VIL El basilisco en el siglo xviii. — Saber popular. — 

Los recopiladores. — Resumen 31 

VIII. El basilisco en la Biblia. — Reyes y profetas 
que lo citan. — El libro de los Psalmos. — El li- 
bro de los proverbios. — La profecía de Isaías. — 
La profecía de Jeremías. — Resumen. — Una 

cuestión 42 

IX. El basilisco en el siglo xvii. — Escritores. — 

Deducciones 45 

X. El basilisco en el siglo x\i. — Saber popular. — 
Viajeros. — Recopiladores. — Resumen y con- 
sideraciones 48 

XI. El basilisco en el siglo de oro de iniestra lite- 
ratura. — Preámbulo. — Los prosistas. — Los 
poetas: Lope de Vega, Calderón. — Un ro- 
mance 55 

XII. El basilisco en el siglo iii. — Los autores lati- 
nos. — Los griegos. — Ampliación 62 

XIII. El basilisco en los siglos ii y i. — Descripción 
de Plinio. — Descripción de Galeno. — Indica- 
ciones 64 

XIV. Nuestra lámina y las descripciones del basi- 
lisco. — El grabado. — Las descripciones com- 
paradas. — Lámina 66 

XV. El basilisco antes de nuestra Era. — Modo de 
curar su mordedura. — El basilisco en Egip- 
to. — Una conjetura oxti'aña. — Consecuencias 
y ampliación 69 

XVI. El basilisco relacionado. — Consideraciones. — 

La cabeza de Medusa. — La Catobiepa. . . 78 



DEL FOLK-LORE 301 



Págiuas 



XVII. El 7nito del basilisco. — Opinióu. — Adverten- 
cia.— ¿El basilisco en el cielo? — El fuego. 79 

JUEGOS INFANTILES DE EXTREMADURA. 



TERCERA SERIE. 

A la limón , 87 

San Serení 8& 

El Mambrú 8» 

Variante I.* ib. 

Variante 2.* 90 

El Carabí ib. 

Carrión 91 

La viudita Ib, 

El Conde de Cabra 93 

Variante ib. 

Arroz con leche 94 

El Romero 95 

El jardín de Venus 9& 

Turnintuntú 97 

Variante 9» 

La rueda de Isabel ib. 

Los cuatro noAdos 99 

La mariposa 100 

La goMvcídk papuja 102 

Los colores 103 

La tienda 104 

La huerta ' 105 

La lavandera ib. 

Zarcillos de oro IOS 

Variante !.• 110 



4i02 BIBLIOTECA 



PágiuaK 

Variante 2.* 111 

Las chinas 114 

El huevo 118 

Las muñecas 120 

H. I. J. K 126 

CUARTA SERIE 

Los soldados . 129 

El toro 135 

La Billarda 130 

El cuerno 138 

La pelota 139 

Los capellanes 140 

La barra 141 

El repión 142 

El tango 143 

Cara y cruz 144 

Los alfileres t6. 

El tieso - 146 

El Hoyo 147 

Peña ronca ib. 

Variante 1.» 148 

Variante 2,» 149 

Salta picón 150 

La rueda de la correa 153 

Esconde correa 155 

Pares ó nones 156 

Saltar á pie juntiyo 157 

A la una anda la muía 158 

Variante 160 

El chinche la jaba 161 



DKL FOLK.-LOP.E 303 

Páginas 

Variante. ¿ Quién fn;jfrima? 161 

Quita y pon 164 

Pasa gente 16o 

Ropa que hay poca ib. 

La soga «... 166 

Variante 168 

El arLolito 169 

Variante 1.* La arboleda 172 

Variante 2.^ 174 

Eljinque 175 

El caballo de caña 177 

El taco 179 

El jabalero ib. 

El sombrerillo 180 

La pina 180 

Arranca tierra . 182 

Los perros y las liebres. 184 

La justicia y los ladrónos ib. 

Contrabandistas y carabineros 185 

Moros y cristianos ib. 

Correr la rata . 186 

La rueda de Socorro 187 

La rueda de las coces ib. 

El oficialito 188 

Los tres en raya 190 

La rayuela 191 

Apékdice 207 



304 MltíLIOTECA 



DE LOS MALEFICIOS Y LOS DEMONIOS. 

VELADA CUARTA. 

3 'Aginas 

Duendes. — Maleñeios. — La iascinaciói] 211 

VELADA QUINTA. 

Kigromantes. — Tempestades producidas por los demo- 
nios. — Evocaciones de los muertos 233 

VELADA SEXTA. 

Magnetismo, sonambulismo, espiritismo.— Filtros. . . 255 

VELADA SÉTIMA. 

Hemedios contra los maleficios. — Exorcismos. — Reme- 
dios contra la lascivia. — De a]<^uios casos de da- 
ños causados por los maléficos 279 




GATO 



AW&05TA 



DESCANSO 



2. 

( DOMINGO 
SÁBADO 



VIERNES 



J.UEVES 



H h 



1l 
2* 



1^ 



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MIERCQLES 

NflARTES 

LUNES 



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ZAFRA 




LLERENA MÉRIDA. 
10. 




/ CORO^/A \ 






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11. 

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4. 

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21. 



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22. 



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2. 


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CAHACOZIA 
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FOSSU NÍCO 



GUAüU 



OLVERA 
19. 



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10. 


9. 


5. 


7. 


6. 


5. 


4. 


3. 


2. 


1. 



16. 



MOCKA 

C/>LIEN TE 

frío. 

CORONA 

descanso 
'costales . 

3? 

2f 

t? 

ESTEPA 
20. 



FllKMTOHlO. 



INFERNO 



pía 



5. 



1 



LA MARCA 
24. 



M0/?7£ 



5. 



4, 



3. 

2. 



1. 



mmmro mazzara 



VENECIA 



PALERMO 



folk-lorí: español 



bujo, taquigrafía, fotogi-afía y demás medios adecuados para obtener 
la fidelidad en la reproducción. 

4.a Para el acopio de materiales cada centro regional se subdividirá 
en tantas secciones cuantas crea necesarias, y extenderá, valiéndose 
de la iniciativa individual y de la cooperación del Gobierno en su caso, 
sus socios corresponsales por el mayor número posible de los pueblos 
de su región , haciendo que todos envíen al centro de aquélla los mate- 
riales recogidos. 

5. a Para la publicación de los materiales de todos géneros que se 
recojan y acopien , cada uno de los centros que se constituyan se valdrá 
de k>s periódicos, revistas y libros que el estado de sus fondos le con- 
sienta ir dando á luz , y de Exposiciones y Congresos regionales y nacio- 
nales. Unas y otros se verificarán cuando los recursos de cada centro lo 
consientan, sin fijación de época determinada. La celebración de Con- 
gresos nacionales será por riguroso turno de antigüedad entre las dife- 
rentes comarcas que formen centros de la clase de los que nos ocupan. 

6.a Estos centros, no sólo publicarán los datos recogidos de la tradi- 
ción oral, sino que, leyendo y revisando todas nuestras obras literarias, 
entresacarán de ellas todos los elementos populares que contengan y 
se hallan declarados en la base primera, elementos que recopilados 
darán á conocer en forma de monografías, libros, etc. ; asimismo reim- 
primirán aquellos libros manuscritos ó cuya edición se haya agotado, 
referentes al objeto de esta Asociación , y publicarán también todas 
las memorias é informes relativos al Folk-Lore ( saber popular ) , que 
consideren dignos de ser conocidos. 

7.a Todos estos centros regionales, á más de mantener entre sí, por 
los medios indicados en la base quinta , una comunicación viva y con- 
tinua , procurarán , por cuantos medios estén á su alcance , promover la 
formación de Sociedades análogas á la presente en todos los jjuntos del 
mundo en que se hable la lengua española , porque allí donde se habla 
nuestro idioma, allí está también el genio de nuestra patria. 

8.a Siendo el objeto de esta Sociedad la reconstitución científica de 
la historia, idioma y cultura nacional, cada región procurará crear, 
dentro del límite de sus fuerzas , Bibliotecas, Conservatorios de música 
popular y Museos etnográficos artísticos y científicos , y remitirán un 
par de ejemplares de las obras que publiquen, á la Academia de la 
Lengua y de la Historia, y, cuando sea posible, una reproducción ó 
descripción de los objetos que recojan, á los Museos nacionales, como 
obsequio debido al Estado por su eficaz cooperación y concurso, si 
llegara á prestarlo. 

9.a Estas bases se revisarán, corregirán y ampliarán en el primer 
Congreso nacional que se celebre , con el concurso de todos los centros 
regionales que hayan llegado á formarse , todos los cuales , como verda- 
deros hermanos, iguales en derecho y miembros activos del Folk-Lore 
JBspa?To¿ , determinarán , silo creen conveniente, la formación de un 
gran centro nacional , donde todos se hallen legítimamente represen- 
tados. 

Sevilla, 3 de Noviembre de 1881, 

Antonio Machado y Álvarez 



V 



BIBLIOTECA FOLKLÓRICA 

A. GUICHOT Y COMPAÑÍA, EDITORES , SEVILLA 



PESETAS 



Biblioteca de las tradiciones populares 
españolas , escrita por todos nuestros mitógra- 
fos y folkloristas. ( En los primeros volinnenes se 
publican, entre otros, trabajos tan importantes 
como Colecciones de cuentos, Fiestas y costum- 
bres, Sujyerstiüiojics , Mitos, Folk-Lwe de Ma- 
drid, Juegos ¡lifantiles, FoIl--Lore Gallego, Folie- 
Lore del D ihu jo , etc.) Publicación trimestral en 
bonitos tomos de 300 páginas , algnmos ilustrados 
con grabados. Precio del tomo para el suscritor. . 2,50 

El Foik-Lore Andaluz, (Archivo de estudios y 
materiales folklóricos de la región andaluza.) Vo- 
lumen de GOO páginas , en 4." mayor 15 

Poesia popular , por Antonio Machado y Alva- 
rez. (Estudio crítico-histórico.) •. 2 

Juan del Pueblo , por Francisco Eodríguez Ma- 
rín. (Historia y coplas populares.). ........ 1 

Colección de Enigmas y Adivinanzas , en 
forma de diccionario, por Demonio. (Contiene 
Adivinan,.zas castellanas, gallegas, .catalanas,, 
mallorquinas , valencianas ,' vascongadas , astu- 
TÍa.nas y rihagorzanas.).. . ....,,'.; 3 

Cantos populares españoles , recógidos'y or- 
denados por Francisco Ivodríguez Marín. Cinco 
tomos, en 8.° mayor, de 500 páginas, con apén- 
dice musical, y un Post-scriptum por Demófilo. . 25 

El Folk-Lore Bético- extremeño. (Archivo 
de estudios y materiale» folklóricos pertenecien- 
tes principalmente á la región extremeña.) Tomo 
primero de 370 páginas, en 4.'* mayor. (El segun- 
do se publica por suscrición en cuadernos men- 
suales) r> 

Calendario popular para 1885, compilado y 
ordenado por Luis Homero y Espinosa. (Contiene 
Aforismos y observaciones de Cronología , Astro- 
nomía, Meteorología, Medicina, Higiene y Agri- 
cultura poj)ular , Adivinanzas, liefrancs, Fra- 
ses, Oraciones , Costumbres, Ceremonias, etc.)..* 1 )